Anti Curriculum Vitae

Terminé el colegio a regañadientes. En quinto de secundaria desaprobé ocho cursos de trece en un bimestre. Mi profesor de física me odiaba y yo lo odiaba más porque obligaba a todos a comprar el libro de física que él había escrito. Mucha gente me dijo: “Cuando dejes el colegio no te imaginas cuanto lo vas a extrañar…” ¿Saben que? No lo extraño una mierda.

Entré a una academia preparatoria para poder postular a la escuela de oficiales de la marina. Estudié un año ahí. No recuerdo un solo concepto de todo lo que repasé ahí. Solo sé que hice trampa en casi todos los exámenes para que mi papá se sienta orgulloso de mí al recibir las notas cada mes.

Seno. Coseno. Tangente. Secante. Cosecante. En medio de un entrenamiento militar bastante arduo era obligado a aprender todos aquellos conceptos y demás mamarrachos matemáticos para poder “destacar” y ser un mejor “militar”. Nunca entendí la relación entre la termodinámica y ser Rambo así que dejé la marina sin gloria y con pena. Perdí un par de meniscos también.

Escuela de derecho. Leyes. Aburrimiento y más aburrimiento. ¿Quién demonios puede ser abogado? Desde que estudié derecho dejé de confiar en los abogados y los empecé a compadecer. Cuanta cochinadilla se puede estudiar en un año de derecho. No recuerdo una sola ley orgánica ni menos aún un solo párrafo de mi libro de derecho Romano. No recuerdo nada de la universidad salvo los Burger Kings que me comía en la avenida Javier Prado.

De paro. Claro con veinte años y sin nada estudiado no podía hacer otra cosa que no hacer nada. Fue la mejor época de mi vida.

Busqué una visa para un sueño. Soñé el sueño americano en una fábrica de lapiceros en New Jersey. Me decían Tortuga porque era muy lento levantando cajas. Mis manos estaban acostumbradas a rascar mis pelotas y no al cartón raspador y formador de cayos. Me dejé la barba y el pelo largo. Era por primera vez yo contra el sistema. De vez en cuando me escondía en algún almacén y me dormía de lo más profundo soñando con volver a Lima.

De vuelta en Lima. De paro nuevamente. Gastando la plata que había ahorrado en EEUU. Me creí un señor millonario. La plata me duro cuatro meses. Al quinto estaba nuevamente “soñando”.

Arkansas. Caballos. Vaqueros. White Trash. Fusiles de retrocarga siendo vendidos en los K-Mart. Trabajé en construcción. Construí bases de cemento en algún sitio cerca a Tenesse. Me accidenté. Me quemé las piernas con algún químico. Un tornado se llevó la casa de al lado de mi casa. Mi vida era un silo lleno de mierda hasta el tope. Extrañé las clases de Derecho Romano.

De vuelta en Lima. Nuevamente gastando el dinero que había ahorrado con tanto sufrimiento y tanto tornado. Se me presentó una oportunidad: Ir a Israel. Me dije a mi mismo: “No puedo perder nada si no tengo nada”.

Israel. Calor. Trabajando en un kibutz en la galilea del sur. Soy un flamante ayudante de cocinero. Cocinamos para novecientas personas cada día. Me gusta lo que hago. Aprendí a cortar como un ninja. Aprendí que la vida da vueltas y que nunca es tarde para comenzar de nuevo. Me gustaba hacer el arroz.

Unidad de paracaidistas del ejercito de Israel. No se como llegué ahí. Soy un veterano combatiente. Me he soplado una guerra completa en el Líbano. He matado gente y la gente me ha querido matar a mi. La vida si que da vueltas y que se vaya a la mierda mi profesor de física del colegio. Creo que trabajar el cemento y el cartón me hicieron más rudo que el resto. Gané demasiado en el ejercito. Amé mi trabajo de punta a punta. Por fin me sentía realizado siendo un francotirador y peleando en una guerra que no era mía pero que pasó a serlo.

Cuerpo de seguridad de la Unión Europea. No se como llegué aquí pero hoy desperté y me di cuenta de que era el jefe. Soy el jefe. No quiero ser el jefe. Quiero ser yo. Estoy realizado con lo que soy. Sencilla y llanamente porque “Soy”. Estoy en una situación realmente increíble. He hecho demasiadas cosas en mi vida. Al fin y al cabo se han terminado entrelazando y han dado lugar al nudo llamado: Yo.

Everest. Un sueño de niño. Lo voy a escalar algún día “en serio”. En Setiembre solo lo voy a acariciar. Mi próximo trabajo: “Montañísta”.

 

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