Des-Conexión

 

Hasta que cumplí diecisiete años no vi un teléfono celular. Cuando cumplí diecinueve comencé a usar la Internet. A los veintiuno abrí mi primer e-mail. A los veintiocho conocí el Facebook. A los veintinueve el twitter. El Facebook ha cambiado mucho en los cuatro años que lo conozco y además de eso nos ha cambiado mucho también. He cerrado mi primer mail y el que uso tiene tres años. Mi nuevo mail es g-mail. El mail de Google. En los últimos cinco años Google ha pasado de ser un buscador de Internet a prácticamente dominar cada nicho informático posible. Es un monstruo que ha superado con creces el pronóstico más optimista el día en el que se creo. En el dos mil nueve los teléfonos inteligentes prácticamente no existían. Hoy no se puede vivir sin uno. Tenemos de pronto un GPS. Una cámara de fotos HD. La fuente de toda la sabiduría humana en el tamaño de la palma de tu mano. Toda la música del planeta. Y todo en un solo aparato que puedes meter en tu bolsillo. Hace diez años todo lo que acabo de enumerar era prácticamente inimaginable y en gran parte “ciencia ficción”.

Y aquí estamos. Los que nacimos y crecimos en una época en que si la gente quería leer algo abría un libro o un periódico. Tuvimos una infancia en una época en la que habían cinco canales de televisión. La radio era predominante aún en nuestras vidas. Y si queríamos hablar por teléfono lo hacíamos en uno público o le pedíamos prestado al vecino. Nacimos y crecimos en una época de simpleza y lentitud. Una época en la que teníamos que “buscar” la información para encontrarla. De pronto me despierto esta mañana y me doy cuenta que hoy por hoy amanecemos cada día en un mundo inundado  de “información”. Sobrecargado de “conexión”. Infestado de “redes sociales”. Un mundo en el que el e-mail se ha vuelto la herramienta más importante en el trabajo. Un mundo en el cual si te olvidas el teléfono en casa estás completamente perdido y desconectado. Te estresas hasta casi llorar si te pasa y te sientes completamente inválido. Hemos pasado de ser unos buscadores de información, a crear  un mundo en el cual la información “te busca” a ti. Te acosa. Te invade. Te rodea. Te ataca por medio de setecientos canales de cable  publicitados. Se te clava en el sub-consciente por medio de la internet y esos anuncios chiquitos que crees que no ves pero que están ahí. Incrustándose bien dentro de tu cerebro. He decidido parar. He decidido dejar de informarme. He decidido “desconectarme” (al menos un poco).

La verdad es que lo vengo haciendo desde hace un par de meses atrás. Mi vida solo ha mejorado desde entonces. Me siento con mucho más tiempo. Leo más. Hago más ejercicio. Hago más el amor. La vida “medio” desconectado es mejor que la de conectado full time. ¿Cómo lo hice? Pues así:

 

  • Corté la televisión por cable: Setecientos canales en los que nunca tenía nada que ver. Las noticias me entretenían. Aunque todos los días eran las mismas. La primera semana sin televisión me sentí como un adicto al crack al que le habían quitado su dosis. Fue difícil dejar de sentarte en el mueble a desperdiciar unas tres horas de tu vida todos los días. Pero al fin y al cabo lo logré. No necesito ni voy a necesitar nunca más la televisión en mi vida. Estoy dejando lo económico de lado. Como habrás deducido la televisión por cable no es gratis en ningún país así que estoy ahorrando una buena pasta dejándola de lado.
  • Horarios para las redes sociales: No me conecto a cada rato. Ni siquiera cuando estoy muy aburrido. Si estoy solo y no tengo nada que hacer prefiero masturbarme antes de meterme al facebook. He preestablecido “horarios de conexión”. Llego todos los días al trabajo a las seis y cuarenta y cinco de la mañana. A las siete me conecto al facebook y a mi mail. Me meto a twitter y leo los periódicos digitales de Israel. De Perú. Y  la pagina web de la agencia de noticias Reuters. “Me tengo permitido” hacerlo hasta las nueve de la mañana. A partir de ahí cierro el mail y no lo abro hasta el día siguiente. El facebook tiene otros diez minutos a las ocho de la noche. Las noticias también esperan hasta el día siguiente.
  • Teléfonos celulares: Tenia dos. Uno del trabajo y uno personal. Me deshice de el teléfono del trabajo. Casi nadie me llamaba a ese número y cuando me llamaban me sentía obligado a responder (porque era el teléfono del trabajo). No más. Me quedé con mi teléfono personal. En él tampoco  abro nada de redes sociales después de las nueve de la mañana.
  • Veinticuatro horas al tanto del teléfono: Mi trabajo esta basado en una disponibilidad de 24/7. Controlo un equipo de seguridad formado por cuarenta personas. Estoy haciendo algo de trampa con respecto a eso. He prohibido rotundamente que ningún trabajador me llame después de las tres de la tarde. Llevo tres meses así y no ha pasado absolutamente nada. Lo que si ha pasado es que tengo menos estrés y los trabajadores al no poder preguntarme cada cinco minutos que demonios deben hacer. Han aprendido a desenvolverse mejor y a ser más responsables. Todos felices.
  • Fines de semana: No me pueden llamar los fines de semana tampoco. Tengo que dejar en claro en este punto de que si pasa una catástrofe. Empieza la tercera guerra mundial. Una invasión alienígena se aproxima. O alguno de los padres de alguno de ellos muere tienen el permiso de hacerlo. No soy tan extremista.
  • Ejercicio: Cuando hago ejercicio llevo el teléfono porque en el él tengo la música y el GPS. Cuando hago ejercicio no le contesto a nadie y pongo el teléfono en silencio. A mi mamá le he contestado un par de veces mientras corro porque me llama desde los Estados Unidos y no quiero que piense que soy un hijo snob y que no quiero hablar con ella. Al resto de personas no les contesto ni de vainas. Mi hora de ejercicio diaria es sagrada.
  • Hora de dormir: Por ende cuando me voy a dormir pongo el teléfono en silencio y me importa un reverendo pepino si destruyen mi trabajo con cohetes LAW o RPGs . Mi sueño también es sagrado.
  • Escritura: Escribo entre cuarenta minutos y una hora y media por día. No menos ni más de eso. Mientras escribo uso el modo anti-distracciones (Una pagina de escribir blanca que ocupa toda la pantalla de la computadora y no deja espacio ni para el buscador ni para nada que no sea escribir). Obviamente mientras escribo mi teléfono también esta apagado o en silencio.

Como lo escribí más arriba desde que comencé a desconectarme soy más creativo. Estoy menos estresado. Duermo mejor. Paso más tiempo con mi mujer. Entreno más. Escribo más. Pienso más. Como mejor. En resumen vivo mejor y soy más feliz.

Hazte un favor y piensa en cuanto tiempo te la pasas “conectado” al día. Date cuenta que con un poco de organización y ganas puedes ganarle muchas horas al día que puedes dedicarlas para ti y para los que quieres: Hijos, esposa, perro, amante o gato. En ese orden.

Hay opciones así que búscalas.

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El corazón de Ringo

 

El corazón de Ringo es más grande de lo normal. Es más grande de lo normal porque tiene una falla congénita. Tiene un soplo y eso evita de que bombee la sangre como debería. Al no poder bombear bien, el corazón de Ringo hace un sobre-esfuerzo continuo y como todo músculo sometido al trabajo: Crece. Al crecer, su corazón ocupa más espacio del que debería. Por lo tanto invade el espacio de los pulmones y el de la traquea. Al rozar constantemente la traquea le produce una tos seca. Una tos de perro. Más en las noches que en los días. Más cuando se agita que cuando está tranquilo. El corazón de Ringo está matándolo de a pocos. Dicho corazón tiene un mal corazón y nos está haciendo pasar un muy mal rato.

Los que lean esto y no sean muy aficionados a los animales les va a ser muy difícil entender lo que es para uno tener un amigo “de cuatro patas” enfermo. Enfermo crónico. Un amigo con cola que nos alegra la vida todos los días aunque a veces se coma las cosas y haga mierda mis libros. Un amigo que llegó para quedarse. Un amigo que cambió las perspectiva con la cual observábamos a la vida “no humana”. En el ejercito uno hace los mejores amigos que uno puede hacer. En el ejercito uno aprende que “Nunca se deja a nadie atrás”. Ringo es mi amigo. Lo quiero como tal. La decisión más fácil en estas instancias sería “mandarlo a dormir”. Hemos decidido que no: “Nunca se deja a nadie atrás”.

No somos millonarios. No nos sobra el dinero. Vamos a afrontar lo que sea necesario para que nuestro “amigo querido” viva lo más que pueda lo mejor que pueda. Así nos cueste. Así nos duela. El vínculo de amistad que tenemos es a muerte. Yo sé que él moriría por nosotros. Y por lo tanto estamos dispuestos  a hacer todo lo humanamente posible para que él no tenga que morirse. Lo queremos. Lo estimamos. Lo necesitamos.

 

“Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”

Edward Olivia

Había una vez un pastor

 

Nos dieron la orden de formar una unidad de voluntarios que saliera cada noche a matar perros. Cuando escuché aquella orden por primera vez me dí cuenta de que todo se había ido al garete. No es que me importen demasiado los animales. Es más. No me gustan nada. El problema para mí fue que tenía que matar a los perros para que ellos no me maten a mí. Me sentí en una película de ciencia ficción. De esas en la que el ser humano prácticamente no existe y los animales han vuelto a tomar el control de todo. Jaurías de perros asesinos. Sí. Eso era el Sarajevo del noventa y cuatro. A finales del siglo veinte combatimos contra peligros del siglo tres.

El nombre Sarajevo no te inspiraba más que terror o aburrimiento. Una capa de niebla invadía la ciudad prácticamente todo el año. Mis compañeros de la legión extranjera y yo estábamos instalados en una pequeña aldea entre Zenica y Sarajevo a veinte kilómetros al norte de esta última. Te voy a decir una cosa Tete. Esos bosnios. Croatas. Serbios y albanos estaban demasiado enredados entre si mismos. Cada uno lleno de ira contra las otra etnias. Que si unos musulmanes. Que si otros cristianos ortodoxos. Que si aquellos católicos. Todos estaban entrelazados por las iras del odio étnico y racista y del fanatismo. Si me preguntas a mi como Yugoslavia los mantuvo unidos los unos a los otros sin que se maten. Te voy a responder que no tengo la más puta idea. Esos tipos si que se odiaban. Y nos odiaban a nosotros los cascos azules. No les importaba mucho que fueras americano. Francés. Filipino o inglés. Debías morir por meterte en su conflicto sin sentido. Una vez que nos cargamos a muchos bosnios y serbios en Sarajevo y gran parte de la población civil había huido hacia el campo. Nos quedo lidiar con los francotiradores de los dos bandos. Ellos se mataban entre ellos y entre ellos se dedicaban a matarnos a nosotros. Quedaron los francotiradores y quedaron los perros. Que al fin y al cabo les importaba una mierda que sus dueños hayan sido Croatas o serbios o bosnios o albaneses o cualquier otra cosa. Ellos solo querían comer. Y te lo cuento a ti tete. No se lo cuento a mucha gente. Pero esos perros del demonio se comían a la gente que salía de sus casas en las noches a buscar comida. O invadían una que otra casa y se comían a los niños pequeños. En el mejor de los casos se comían los cadáveres de bosnios o croatas o serbios muertos. A esos perros se les veía grabado en los ojos su retorno al salvajismo. No eran más domésticos ni lo serían jamás. Los perros daban más miedo que los francotiradores bosnios o serbios. No tenían nacionalidad y no les importaba una mierda la tuya. Así que los tuvimos que matar a todos.

Salimos de redadas mataperro todas las noches. A veces a la una a veces a las tres de la madrugada. Les dejábamos pedazos de carne envenenada para que los más tontos al menos mueran rápido. Al día siguiente encontrábamos casi siempre unos cinco perros muertos. Lo de la carne no funcionó por mucho tiempo. Los perros no son estúpidos. Son más inteligentes que los lobos. Han vivido demasiado tiempo con nosotros y nos conocen bastante bien. A la semana dejaron de comer las carnes envenenadas. Así que: Salimos a cazar. Los cazamos como en los viejos tiempos. Con francotiradores y miras telescópicas. Les disparábamos directamente en la cabeza para que no sufrieran. Ellos no tenían la culpa de que sus dueños bosnios hayan matado a sus dueños serbios y que sus dueños croatas hayan explotado a todos juntos después. Ellos solo tenían hambre y les habíamos enseñado demasiadas cosas de humanos. Así que les volábamos las cabezas lo mejor que podíamos. Casi sin dolor. Al cabo de un mes Habíamos matado unos cientos. Quedaba una pequeña jauría comandada por un pastor alemán de cuarenta kilos. Mucha gente en las aldeas de alrededor decían que era un lobo que comandaba a los perros. Yo no les creía porque sabía la verdad. Su dueño había sido un bosnio  dueño de una cadena de tiendas de repuestos automotrices. Los croatas mataron a toda su familia  pero antes de eso violaron a su mujer y a sus dos hijas delante de su cara. No le quedo más remedio que tomar si pistola Colt de nueve milímetros. Metérsela a la boca y volarse la cabeza. Nunca critiques a los suicidas tete. Uno nunca sabe cuando se puede encontrar una buena razón para pegarse un buen tiro. Este tipo tenía una linda casa con un lindo jardín y unas lindas begonias. En aquel jardín vivía el pastor alemán que meses más tarde los pobladores confundirían con un lobo y del cual contaban historias. Decían que medía un metro sesenta parado en cuatro patas y que en su hocico podía albergar un cráneo humano. Era un pastor alemán común y corriente tete. Te lo digo yo que lo vi con mis propios ojos el día en  que pasó a mejor vida o a peor. Nadie sabe que nos depara la pelona. Así que era un pastor alemán algo flaco y desgarbado. Pero inteligente como un ingeniero de sistemas de Microsoft. Nos tomó dos meses volarle la cabeza. Al final lo hice y sonreí al verlo ahí terminado. La guerra te hace mierda tete. Llegué de veintitrés años a Sarajevo. Regresé a Francia a los veinticuatro. Había matado bosnios. Serbios. Croatas y a un pastor alemán inteligente.

Fiesta en el Mediterráneo

Fiesta de playa. Arena. Sol. Mar turquesa. El mediterráneo. Chicos guapos. Chicas más guapas todavía. Ya estoy viejo para estos trotes y me siento algo estúpido al principio. La música de un DJ invade el aire calenturoso de las doce y treinta de la tarde. Los bikinis floreados abundan. Los pectorales erectos y con bronceador se lucen bajo el sol. La cerveza se chorrea de a cientos de litros por segundo. La gente esta entrando en calor de a pocos. Están esperando que entré la banda “Balkan Beat Box” y que suba al escenario. Es el medio oriente y hay una interesante mezcla de razas y de colores en la arena caliente. Me fijo en todo eso y en las espectaculares tetas de la chica de la barra. Estoy feliz aunque me doy cuenta de que ya estoy algo cochambroso para estos trotes. Ella está a mi lado bebiendo sin compasión una gran cantidad de cerveza israelí Goldstar. Estamos expectantes de que suba el grupo. No sube. No importa. Seguimos bebiendo y conversando banalidades. Encontramos a un amigo haciendo de Bar-tender en una de las cuatro barras incrustadas en la arena. Nos invitó un par de cervezas y seguimos bebiendo. En algún momento después de tanta bebida nuestras vejigas no dieron más y tuvimos que ir a mear en las aguas tibias del mediterráneo. Ella fue primero. Yo me quedé cuidando el sitio. Miré hacia mi izquierda: Tenía demasiadas chicas demasiado guapas. Miré hacia mi derecha: Más chicas, mas guapas aún. Esperé feliz que ella regresara. Unos diez minutos y un litro de cerveza después ella regresó corriendo. Pensé que estaba muy feliz de verme. Venía con una sonrisa de oreja a oreja. Me dijo que le había pasado la cosa más rara del mundo. Le pregunté que había pasado. Me dijo: “No sabes a quien acabo de ver en la playa, dentro del mar...”. “¿A quién?” le pregunté. “Al ex- presidente del Perú Alejandro Toledo”.

No solo lo vio nadando en el mediterráneo. Se le acercó y la conversación que se dio a continuación fue algo así:

-¿Toledo?…. ¿Alejandro Toledo?- Lo dijo con una sonrisa y extendiendo la mano.

El ex presidente la miró con estupor y se quedo boquiabierto ya que alguien en una fiesta de locura, en la playa, en el medio oriente,  a orillas del mediterráneo,  lo había reconocido.

-¿Sí?…- Respondió dubitativo.

Uno de los efectos del alcohol es que la vergüenza se va al retrete. Ella no tuvo ni el más mínimo descaro en acercarse al ex presidente del Perú y llamarlo por su apellido. Algo así como si fuese su compañero de promoción del colegio.

-¿ Con quién tengo el gusto?- le preguntó el político.

Ella dijo su nombre con voz pastosa. Arrastrando un poco la lengua. Estaba borracha y lo sabía. El ex-presidente continuó.

-¿Y que haces aquí en Israel?

-Vivo aquí- contestó ella.

La esposa del ex-presidente escuchaba la conversación a unos metros de distancia. El vaivén de las olas le sacudía el cuerpo con delicadeza.

-¿ Y que hace usted por acá? – repreguntó ella con una sonrisita.

-He llegado para el cumpleaños del presidente Simón Peres…- contestó él.

-Sí!!!! ese Simón Peres es un “tipo” espectacular…- dijo ella refiriéndose al casi centenario político israelí.

-Oh sí… lo es- contestó el ex mandatario peruano. Mostrando su mejor sonrisa Kolynos.

Eliane Karp es la esposa de la Alejandro Toledo. Conociendo bien a su esposo y sus mañosadas de costumbre decidió introducirse en medio de la conversación y decirle a la “señorita” una frase algo cortante pero directa: “Bueno…que tengas buena suerte mamita…” . Ella contestó con un educado “Igualmente para ustedes”. Les dio la mano. Se volteó en dirección a la arena. Sonriendo sin pudor. Dándose cuenta que le había meado encima a un ex presidente y una ex primera dama.

El primer día del resto de tu vida

Hoy es el primer día del resto de tu vida. Hoy es el primer día del resto de tu vida. Hoy es el primer día del resto de tu vida. Piensa. Puedes decidir hoy por hoy empezar de nuevo. Cambiar. Renacer. Nunca es tarde para un nuevo comienzo. O mejor dicho: “Nunca se hace tarde”. No estamos apurados por llegar a ningún sitio. Cada amanecer en tu vida te brinda la posibilidad de re-inventarte. De re-hacerte. De volver a ser lo que nunca has sido. Respira un momento y mira a tu alrededor. ¿Eres todo lo que quieres? ¿Eres lo que te imaginaste que ibas a ser? ¿Estás viviendo o solo respirando? Hoy es el primer día del resto de tu vida. Deja de procrastinar en lo que a vivir se refiere. Hoy es el 19 de Junio del 2013 y el tiempo se pasa rápido. Lo se yo. Lo sabes tú.

Lo que posees

“Lo que posees acabará poseyéndote”. Aquella frase la plasmó Chuck Palahniuk en su libro “Fight Club”. Tyler Durden (el personaje principal del libro e icono cultural de nuestra generación) la escupió con su acostumbrado desprecio por el sistema, por lo que somos, por la cosa blanda e idiota en la que se ha convertido nuestra sociedad. “Lo que posees acabará poseyéndote” Piensa en la profundidad de estás palabras. Piensa en su mensaje intrínseco. Piensa en la forma en la que la materia se adueña de tu espacio. De tu tiempo. De tus fuerzas. Piensa en el peso.

¿Lo sientes? El pago de la hipoteca. Las cuotas del automóvil. Las deudas con el banco. La cantidad de utensilios que existen en el interior de tu casa. ¿Sientes el peso del “tener”?. En determinado instante de mi vida me sentí pesado. Cargando lastres de competitividad con el resto. Lastres de “Desear más y más cosas”. Que un auto nuevo con no se cuantos caballos de fuerza. Que una ropa que este impresa con el apellido de algún diseñador de “renombre”. Que algún vino de una bodega exclusiva. Que decoración por aquí. Que diseño por allá. Me sentí pesado y en cierto grado encorvado con el peso “del querer más”. Con la eterna sensación de insatisfacción que invadía mi pecho antes de irme a dormir cada noche.

No se en que instante descubrí mi inclinación hacia el nihilismo. Pero un día dejé de ver el “sentido” intrínseco de la vida. Entonces hice una deducción lógica bastante simple: “Si la vida no tiene ningún sentido especial o ningún motivo; ¿ Qué sentido puede tener que tenga o no un Porsche Carrera o unos calzoncillos de Calvin Klein?” La respuesta fue simple: Ningún puto sentido. Quizás fue en el ejercito donde descubrí la falta de “orden y sentido” de la vida común y corriente. Quizás fue después. No lo se ni puedo recordar el momento exacto en el cual sucedió. Pero de que pasó, pasó. Puedo afirmar que en estos últimos años me he convertido en un Nihilista feliz.

Comencé hablando del libro “Fight Club”. Hace unos días atrás  he vuelto a ver la película (protagonizada por Brad Pitt y Edward Norton)  después de unos diez años y la he comprendido en su total profundidad e importancia ideológica. Una de las frases que suelo usar en los último años es una de las tantas  joyas anti-sistema que se encuentran en la película (quizás la uso porque se me quedo clavada en el subconsciente desde la primera vez que vi la peli): “Trabajamos en empleos que odiamos y despreciamos para comprar mierda que no necesitamos”. Nuestro sistema de vida nunca mejor resumido. Así es. Nos cargamos de un peso enorme porque sencilla y llanamente nuestros padres y la sociedad nos dijeron que “eso” era lo “correcto”. Compra más es lo mismo que ser “más exitoso”. Gastar más es lo mismo que ser ” más poderoso”. Vivimos en una utopía en la que nuestras cosas dan la forma al molde de nuestra personalidad. “Somos lo que tenemos”. Nuestras propiedades han terminado devorando a nuestras almas y hay muy pocos dispuestos ha mantenerse fuera del juego y no verlo así.

Existe un problema. No nos damos cuenta casi nunca de que estamos metidos hasta el cuello en algo que nuca quisimos. Nadie te ha explicado que no necesariamente las cosas deben ser como son. Te voy a decir una sola cosa: La gente que tiene más dinero y más cosas NO necesariamente es más feliz. Obviamente que la gente que no llega a cubrir sus necesidades básicas es más infeliz que el resto del mundo. Pero una vez cubiertas esas necesidades el grado de felicidad no varia mucho entre una persona que tiene un KIA del dos mil  o un Mercedes-Benz del año. Estoy escribiendo estás lineas porque estoy convencido de que la mayoría de ustedes no suele ver las cosas desde otra óptica y suelen conformarse con lo que “hay” o con lo que la sociedad dice que esta “Bien”.

Resumiendo y poniéndolo en puntos:

  • Mira la película el Club de la Pelea o lee el libro.
  • El Nihilismo no es una corriente filosófica de locos. Considerarse nihilista es una señal profunda de inteligencia.
  • La gente que tiene más dinero NO es necesariamente más feliz que el resto.
  • Ser exitoso en la vida no debe estar relacionado a la cantidad de dinero que tienes en la billetera.
  • No eres lo que tienes.
  • Eres un ser humano inteligente. Piensa por ti mismo y no hagas “todo” lo que el resto hace o te manda a hacer.

Como dijo Epicuro: “Si quieres ser rico no aumentes tus bienes… Disminuye tu codicia.”

 

Debe ser difícil

Debe ser difícil. El que te hayas levantado temprano. Muy temprano todas la mañanas pensando en los pequeños que duermen plácidamente en sus camas. Hubieses querido saludarlos. Al menos darles una caricia. Preferiste no hacerlo. No querías molestarlos y debías aún llegar al trabajo.

Debe ser más difícil todavía ser ejemplo cuando tú mismo te la pasas aprendiendo día a día. Nadie te ha enseñado a ser padre y muchas veces no sabes que demonios hacer o que decir. Pero debes hacerlo. Eres el que debe estar ahí y hacer lo correcto. Debes ser ejemplo de vida y ser ejemplo a la hora de afeitarte. Ser ejemplo a la hora de anudarte la corbata. Ser ejemplo a la hora de opinar. De decir. De tratar. Ser ejemplo de amigo. Ser ejemplo al sacarle brillo a los zapatos. Al recortarte las puntas del bigote. Al acomodarte las canas. Ser ejemplo como consejero. Como mariscal de campo que nunca abandona a sus soldados. Que los recibe acongojado en las victorias. Que los empuja hacia adelante en las derrotas.

Debe ser difícil ser creador de vidas y existencias. Ser guía. Ser monitor y ser ejemplo. Debe ser difícil entregar gran parte de tu existencia para que se dé de la manera más cómoda posible la existencia de otros. De esos pequeños individuos que te arrancan una sonrisa cuando te traen el desayuno a la cama o cuando se les cae un diente. Debe ser más difícil aún verlos hacerse hombres o mujeres y que tomen su rumbo. Verlos salir de debajo de tu capa. Irse hacia lo desconocido como un día tú también lo hiciste.

Eres el héroe de la niñez. El guía de la adolescencia. El amigo de la juventud y el padre de siempre. Debe ser difícil ser todo eso y mucho más. Las pocas palabras existentes en los lenguajes no son capaces de engranar la idea de lo que es ser padre. De lo que tú estás dispuesto a hacer por tus hijos. De todo lo que has dado y de todo lo que vas  dar. Debe ser difícil estar en tu lugar.

Feliz día papá y padres de este mundo.