Hace media hora

 

Tenía que arrastrarme una buena parte del tiempo. Su hubiese sabido que de eso se trataba no me hubiese apurado tanto en voluntarisarme al curso. Pero que podía hacer. Ya estaba ahí arrastrándome. Es difícil llegar a estar en un puesto óptimo de disparo. Debes buscar uno que te encubra lo suficiente. Que no este demasiado alto sobre el blanco. Que te facilite las mediciones básicas de distancia y la dirección y velocidad del viento. Corriendo o caminando encontrar un puesto óptimo de disparo no sería tarea demasiado complicada. La raíz de todo problema y de toda incomodidad  es que lo debes hacer arrastrándote. Las razones son simples: No puedes dejar que te vean. No puedes dejar que sospechen ni por un segundo que estás ahí.

Moverte cincuenta metros te puede demandar una hora (a plena luz del día). Si estás bien camuflado nadie se dará cuenta de que estás ahí. Encontrar un puesto de disparo óptimo te puede demandar un par de horas más. Así que una buena aproximación al blanco más la instalación de un puesto de disparo óptimo te puede demandar unas doce o trece horas arrastrándote despacio, muy despacio.

La tarea de aproximación suele ser la más difícil de todas. Demanda paciencia. Demanda buena capacidad en el arte del camuflaje (Sueles tener el equipo y el traje de camuflaje listo el día anterior. El color del traje y el del arma siempre debe ser el mismo que el del terreno por el cual te vas a “deslizar”). Demanda silencio. Demanda aguantar la sed. El calor. El frío. El hambre. Demanda que solo pienses en que no te vean y en que tú los puedas ver muy bien a ellos.

El trabajo siempre se hace de a dos. Uno porta el arma y el sistema de miras diurnos y el otro los accesorios nocturnos más el telescopio de medidas (quizás la herramienta más importante de todas) Mientras te arrastras de a poquitos debes tocar a tu compañero de cuando en cuando para sentir su presencia. Tuve la suerte inigualable de contar con uno de los mejores “medidores” del ejercito. Era un francotirador sin igual y además era un gran tipo. Solíamos entendernos solamente con la mirada o con pequeños “pshhh” y señales. En las aproximaciones el llevaba siempre la delantera porque tenía un instinto excepcional para encontrar el puesto de disparo óptimo.

Instalábamos el puesto despacio y sin romper demasiado los arbustos y evitando que los pájaros salgan huyendo en bandadas. Colocaba mi arma en el piso. Me ponía en posición de disparo. Ponía el ojo en la mira y comenzaba a medir. Mi compañero se sentaba siempre al lado mío con el ojo puesto en el telescopio de medición corroborando sus mediciones con las mías: Distancia al blanco 720. Velocidad del viento 3. Dirección del viento N-S. “Tienes que hacer 3 clicks arriba, 7 izquierda” me decía con una voz casi imperceptible. Yo le respondía con un “copiado” seco y ponía la mira a punto. Ahora solo quedaba esperar.

En cualquier momento el micrófono incrustado en mi oreja debía de recibir la simple orden de “hay A” A de autorización. En ese instante debíamos tomarnos un pequeño tiempo para verificar medidas. Yo me encargaba de poner la cruz de la mira en el pecho del blanco y seguirlo hasta que mi compañero ponía la cruz de su telescopio en el mismo punto. Luego él comenzaba la cuenta regresiva 3,2,1, fuego. Y yo disparaba.  A partir de ahí habían dos opciones. O habíamos pegado en el blanco y en ese preciso instante dábamos paso a retirarnos sigilosamente pero rápido. O había fallado el tiro. Si el tiro se perdía tenia tres segundo para liberar un segundo disparo mientras mi compañero me informaba que  había pegado 20 cm a la izquierda. Una persona que recibe un disparo al lado no puede procesar la información(¿me han disparado?, ¿de donde? ¿qué hago? ¿me agacho aquí? ¿pecho a tierra? ¿correr? ¿hacia donde?) en un tiempo menor de tres segundos (es el tiempo exacto que tiene un francotirador para liberar su segunda bala) la segunda bala nunca falla.

Encontré a mi compañero hace media hora en la calle. Me contó que se casó y que su esposa esta embarazada. Nos abrazamos un buen rato sonriendo mutuamente con cariño. Le dije que se ve muy bien. Él me dijo lo mismo a mí. Cada cual siguió su camino.

 

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