Controlando la Ira

 

 

Respira. Respira. Respira.

Hace unos años atrás era yo la persona más impulsiva y colérica que conocía (además de mi hermano). Cualquier estímulo no grato. Cualquier palabra mal dicha. Cualquier idea “estúpida” me hacia explotar. No necesariamente hacia afuera. Muchas veces no gritaba o me exasperaba. Sencillamente sentía la cólera invadirme el pecho e “implosionar” entre mis pulmones . Me quedaba callado y meditabundo. La mayoría de las veces la gente no podía leer en mi comportamiento que sentía una profunda ira y que en ese preciso momento hubiese podido (con un poquito más de ayuda) romperle el cuello a alguien.

Después de unos momentos la cólera se convertía en dolor. Me dolía el pecho. Me dolía la espalda. Me sentía aporreado por mis propios sentimiento. Me sentía torturado por el hecho de que no había gritado o explotado con la persona “estúpida”. En cambio me había quedado callado y sentía las secuelas físicas de ser iracundo y al mismo tiempo ser una persona que no le quería caer mal a medio mundo. Me dolía aguantarme. Me dolía que la gente sea “idiota”. Me dolía que sean “Vacíos”. Me dolía que sean “incautos”. Me dolía que no se preguntaran “¿Por qué?”. Me dolía que el mundo sea “así”.

Después de la guerra. Del ejercito. De tantas cosas raras que no se suelen ver día a día en una rutina “normal” comencé a leer filosofía. Intenté “entender” el “porque somos así”. Mientras más filósofos me comía menos entendía al mundo y más resentido con él me encontraba. Kant. Descartes. Espinoza. Platón. Aristóteles. Nietzche. Heidegger. Bertrand Russell. Sartre y muchos más me “alejaron” de la realidad y de el “verdadero pensar” de la gente de a pie. Eso más mi forma de ser algo impulsiva. Hicieron que me convierta en una especie de ogro anti-humanidad. Hoy en día lo sigo siendo (al menos un poquito). En determinada instancia entendí que para mi propia salud y la de la gente que me rodea y me quiere no podía vivir colérico con el planeta (así no lo demostrara) así que tomé las riendas  del asunto: Comencé a Respirar.

Sé que muchos han escuchado sobre el hecho de que la respiración puede controlar la cólera e incluso hacerla desaparecer. Pues es verdad. No se si  es el hecho de respirar en si mismo. Pero sí el hecho de tomarte un instante para dejar que el impulso desaparezca antes de que se te clave en el pecho y te haga mierda. La respiración me conllevo a meditar. No de la manera usual de “meditar”. Eso siempre me ha parecido “estúpido” y siempre me ha dado “cólera”. Empecé a mini-meditar. Un ejemplo gráfico de como trabajo con la cólera vendría a ser algo así:

  • Fulano dice que “Puta huevón lo que más quiero es ese Mercedez. ¿Has visto al negro Tomás y cuantas flacas levanta con su carraso?
  • Mi cerebro procesa la información y comienzo a sentir ira. Mucha ira. Sobre la estupidez de fulano. Sobre su falta de profundidad. Sobre su superficialidad. Sobre la facilidad en la que se convierte en parte de esa masa de imbéciles que gustan de lo que el sistema les programa en el cerebro.
  • Siento la cólera fluir del centro de mi pecho hacia mi garganta. Ahí respiro. Una vez profundamente. Dos veces profundamente. Tres veces profundamente. Me siento mucho mejor. Pero la ira aún está ahí asomándose amenazadora.
  • Comienzo a mini-meditar. Por ejemplo:  Pienso en la yema de mis dedos. En las líneas concéntricas de mis huellas dactilares. En como se formaron en el vientre de mi madre. Pienso en el agua primigenia en la que mis dedos estuvieron sumergidos junto con todo mi cuerpo mientras mis pulmones estaban llenos de aquel fluido. Pienso en eso y cuando dejo de hacerlo estoy sonriendo: la ira ha muerto.

En el ejemplo usé una mini-meditación que a veces uso. Mis manos siempre están ahí y siempre me las puedo ver. A veces medito sobre las lineas de la palma de mi mano. A veces sobre la cantidad de aleteos por segundo de las alas de la mosca que se para en mi cabeza. A veces medito sobre la fuerza de mis piernas al correr cientos de kilómetros. A veces miro las arrugas de los labios de alguien y recuerdo que los labios son los únicos músculos que no están cubiertos de piel  y que en vez de darnos asco son una de las partes más bonitas de un ser humano. A veces pienso en las micropartículas que flotan en el aire y que se introducen en mis pulmones con cada respiración que doy. En la cantidad de espermatozoides que mueren de asfixia cada vez que me masturbo. En la cantidad de pelo (en kilos) que mi perro ha botado desde el día que nació hasta hoy. Y así sucesivamente. Respiro. Respiro. Respiro. Mini-medito y la ira y la cólera desaparecen de mi cuerpo.

He ido perfeccionando la técnica con el tiempo. Ya casi no alzo la voz. Ya casi no me enojo con nadie ni conmigo mismo. Si eres colérico o colérica y odias al mundo. La gente te parece estúpida. Los políticos corruptos. Tus amigos papanatas. Respira profundamente y piensa en el compuesto químico de un pedo y vas a comprobar de que todo adquiere una nueva perspectiva de pronto.

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