Francotirador de Recon

 

A la mayoría de gente la frase “francotirador de reconocimiento” les suena sexy. Al menos interesante. Cuando le cuento a alguien a lo que me dediqué en el ejercito me pide que le cuente detalles. Pormenores. Truquitos e historias interesantes de lo que es ser un “francotirador de reconocimiento” en un país embadurnado de guerra como lo es Israel.

Hay dos tipos de personas en el mundo. A los que le gustan las películas de guerra por ende les encantan mis historias. Y hay los que suelen ser pacifistas y que repudian y hacen puchero cada vez que sale un veterano contando alguna cosa que vio o hizo en la guerra. Si eres un pacifista y haces pucheros cuando escuchas a hablar a alguien de bombas y sangre. Para aquí. Y léeme en otro post o no me leas nunca más. En verdad preferiría que no me leas más. No soy muy participe del pacifismo ya que sé que nunca vamos a vivir en paz así lo intentemos. Siempre “alguien” va a intentar meterle el dedo al resto. Así que si sigues leyendo esta historia estás corriendo tus propios riesgos.

Después de la pequeña advertencia de arriba voy a ir al grano de este post. Una historia de guerra. En Israel a las historias de guerra se les llama Morak. Este es un Morak acerca de ser un francotirador de reconocimiento.

Ser un francotirador de reconocimiento no es sexy. Es más bien. En el mejor de los casos: Bastante tedioso. Sueles ir con la compañía de reconocimiento cargado de equipo. Llevas dos sistemas de armas. El sniper system M-24 o M-40 dentro de una mochila larga como un ataúd. Más tu fusil automático M4 (Obviamente súmenle a eso la munición idónea para cada tipo de arma. Más la comida. Más el agua) Ellos se encargan de “sembrarte” en cierto punto. A partir de ahí tú y tu pareja pasan al estado de autonomía. El estado de autonomía significa que tienes que caminar por lo menos unos diez kilómetros en territorio enemigo sin ser visto (Se hace usualmente de noche. Despacio. Dando prioridad al silencio que a la velocidad de llegada) hasta un punto marcado en el mapa (preferiblemente una cima si es en campo abierto o un edificio si es en terreno urbano) En ese punto debes esperar por ordenes. Las ordenes pueden llegar dos minutos después de nuestro arribo hasta setenta y dos horas después del mismo. Nuestra autonomía no puede durar más de setenta y dos horas. Por la cantidad de comida y agua que traemos con nosotros. Luego de asegurar el perímetro (En campo abierto es mucho más fácil porque prácticamente no te sueles encontrar a civiles subiendo a las laderas de las montañas. Salvo pastores de ovejas y cabras. En cambio en terreno urbano. Si llegas a un edificio y eliges uno de los departamentos. Tienes que neutralizar a los que viven o trabajan ahí. Neutralizar se presta a muchas interpretaciones. Pero lo que solemos hacer es poner a toda la gente en un cuarto. Amarrarles las manos y los pies. Cerrarles  la puerta y comenzamos a hacer nuestro trabajo. Una vez terminado. Los soltamos y les damos las gracias por su cooperación). El trabajo comienza cuando empezamos con las mediciones de diversos puntos hacia los cuales podríamos disparar si se diera el caso. Inventamos un lenguaje común para nosotros. Al edificio de color rosado lo llamamos “rosa”. Al árbol en medio de la plaza los llamamos “solitario”. Al mercado de fruta lo llamamos “plátano”. Y así sucesivamente. Así tenemos que después de unos minutos sabemos que desde nuestra posición a la “rosa” hay cuatrocientos setenta metros. Al “solitario” trescientos cincuenta. Al “plátano” ciento veinte. Sabemos también la velocidad y la dirección del viento en ese determinado instante. Así que si recibimos la orden. Equilibramos un poquito las miras en lo que a nuestro objetivo se refiere. Poso la mira telescópica en su cabeza o en su pecho (depende de  la distancia a la que se encuentre el objetivo. Después de cuatrocientos metros es difícil pegarle a alguien en la cabeza si es que se está moviendo. Si quieres “asegurar el disparo debes apuntarle al pecho que es el lugar donde más “blanco” te ofrece) y esperamos la orden. Una vez recibida la orden. Mi compañero comprueba por última vez las medidas. Me dice que esta “encima”. Yo le respondo que estoy “encima” también. El comienza la cuenta regresiva: 3, 2, 1, fuego. Yo presiono el gatillo. La física se encarga del resto si nuestros cálculos son correctos y no me he movido nada en el momento del disparo. Setenta y dos por ciento de probabilidad que mi bala pegue en la cabeza del objetivo a los cuatrocientos cincuenta metros. Un segundo después observo la pequeña figura caer. Luego moverse un poco en el piso. Luego dejar de hacerlo. Luego silencio. La gente suele salir disparada después de escuchar un disparo y ver morir a alguien cerca suyo. Éxito. El trabajo hecho. La compañía de reconocimiento “aparece” de pronto en la aldea o en el campo para recogernos. Entramos a uno de los Humvee. Salimos volando del lugar antes de que empiece la fiesta y los malos se despierten. Hasta este punto es como se ve en las películas o más o menos lo que la gente suele imaginar.

El problema está en las cosas que no sueles imaginarte (osea las que no salen en las pelis).  Por ejemplo: Las tediosas horas de espera en las que hablas con susurros o algo tan simple como el evacuar: Has estado setenta horas esperando una orden. No puedes dejar solo a tu compañero ni un minuto ni él te puede dejar a ti. ¿Entonces se imaginan lo que es cagar y mear en una situación así? En terreno abierto. Como en todo. Las cosas son más fáciles. Te arrimas hacia un lado  con tu traje camuflado y echado en el piso meas. La tierra sedienta absorbe los meados rápidamente. Cagar es otro cuento. Debes esperar a la noche o cagarte en los pantalones. Sueles esperar a la noche. Sacas una bolsa de nylon. Con ella forras la parte interior de tu casco. Te sientas sobre el y renuncias a todas tus miserias. Luego cierras la bolsa con un buen nudo y la dejas a tu lado expectante. Al fin de la misión te la llevaras contigo en tu mochila. En terreno urbano la cosa se complica. Debes mear en el cuarto en el que has abierto el puesto de francotiro. Este no suele ser un baño. Ya que en los baños no hay muy buenas ventanas. Así que meas en una botella de Nestea sabor durazno. Gran parte de tu pipi se chorrea al piso y más tarde va a oler a Satanás. A veces se acaban las botellas vacías y debes mear en el piso. Después de casi tres días ese sitio huele al demonio. Cagar es lo mismo que en terreno abierto. Tienes unas bolsas de nylon y cagas dentro del casco con ellas puestas. Tu compañero suele taparse la nariz y mirar hacia otro lado en los momento en que pujas y orquestas tu pequeña sinfonía de pedos. Nop. Eso no nos enseñan en las películas. Como tampoco que hacer cuando el ejercito en su inmensa e infalible sabiduría se olvida de ti en territorio enemigo. Digamos en la Franja de Gaza.

Continuará…

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Un comentario en “Francotirador de Recon”

  1. Me dejaste con la boca abierta! estoy impresionado. Toda mi vida quise conocer o al menos leer la opinión de un francotirador y venga! WordPress me lanza la oportunidad en la jeta. Comparto tu opinión acerca de que nunca se está en paz, ni cuando vas a cagar

    Que interesante este artículo, de mis favoritos en tu blog. Me gusta la comparación de realidad vrs. el lado hollywood que conocemos de los francotiradores. Yo soy fan#1 de este tipo de películas. Reconozco que a pesar de ser analítico en muchas cosas, no me había puesto a pensar en detalles como los momentos para cagar u orinar mientras se está en una posición de reconocimiento, la convivencia con el compañero, las ideas, los pensamientos, el lado humano y reflexivo del trabajo militar.

    Siempre vemos que los francotiradores llegan casi a último minuto, son máquinas del asalto sorpresivo, nunca comen, nunca tienen frío, nunca tienen distracciones. Son seres nacidos para realizar tiros certeros, personas sin fallas, militares hasta los huevos.

    Definitivamente no he vivido en carne propia lo que describes, creo que nunca lo haré, aunque creo que estarlo escribiendo ha de ser una experiencia liberadora. Espero con ánsias la segunda parte, tercera parte, cuarta parte y todo lo que vayas a escribir al respecto.

    Esta publicación la comparto en Facebook, Twitter y cuanta puta red social haya para que más gente te lea. Un abrazo Mario, nos estamos leyendo.

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