Eso que tú ves ahí

Mira ahí a toda esa gente elegante que va por ahí. Que bien se ven.

¿Será que se sienten bien también?

Mira sus relojes. Sus autos. Sus casas. Sus percheros. Sus joyeros. Sus cocheras y sus refrigeradores.

¿Será que están tan vacíos que llenan todo a su alrededor?

Fíjate bien en sus yates. En sus sonrisas de foto. En como hablan de su paseo al Louvre. En sus cenas y en sus vinos.

¿Será que están perdidos que buscan encontrarse pagando al tiempo?

Observa su “éxito”. Su oficina limpia. Sus dieciséis horas de trabajo. Su secretaria sonriente. Su vacío frente a la ventana,

¿Será que no llegan a cenar a casa?

Mira sus hogares. Lindos para la foto. Sus edredones de mil dólares embadurnados de lágrimas. Sus mujeres. Sus maridos olvidados. Sus niños no criados. Sus perros no conocidos.

¿Será que están jodidamente equivocados?

Fíjate en sus bronceados de invierno. En sus dientes blanqueados en un dentista caro para formar parte de la función y de la tramoya. Míralos llenar sus bolsas de compras con Loui Vuitton. Con Chanel. Con calzoncillos de Calvin Klein.

¿Será que a veces no piensan en pegarse un tiro y terminar con la farsa?

Fíjate bien hermano o hermana.

Eso que tú ves ahí.

Eso…

Eso no es la felicidad.

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La guerra y la felicidad

La verdad es que no necesito muchas cosas para ser feliz.

Quizás no necesite nada en absoluto.

La felicidad al fin y al cabo es una forma de ver la vida y no un sentimiento propiamente dicho. Y si mi forma de ver la vida me hace feliz entonces las cosas sobran ¿No?

Pero volviendo al principio: No necesito muchas cosas para ser feliz. Necesito cosas sí. Necesito las básicas. Un hogar caliente. Un POCO de ropa. A mis seres queridos vivos y sanos. Y creo que nada más. Tan simple como eso.

Puede haber gente a la cual le puedo parecer un bicho raro. O que quizás digan u opinen  que hablo de cosas irreales. La mayoría de gente que me conoce de niño o de joven puede pensar así y  está bien que lo hagan. Pueden pensar lo que quieran. Esto es un viaje personal y el que me quiere acompañar en el mismo es bienvenido.

Pero dejemos a la gente de lado. Decía que soy feliz. Y soy feliz porque ESTOY SATISFECHO CON LO QUE TENGO. No necesito NADA MÁS. Lo digo en serio. Nada. No me vendría mal tener un avión o una casa en Malibú pero el tenerlos o no, no influenciaría en lo más mínimo en el grado de satisfacción y felicidad que tengo.

Pero ¿Cómo puede ser que sea feliz? ¿Cómo puede ser que no desee las cosas que todo el mundo quiere? ¿Una casa grande? ¿Un auto deportivo equipado a full? ¿Hijos corriendo por el parque? ¿Ser el dueño de una compañía y vestirme a traje a diario? La respuesta es simple: Aprendí que el solo hecho de respirar es un milagro y a la vez un regalo.

¿Y cómo aprendiste eso? Te dirás.

¿Fuiste a un monasterio budista en los Himalayas? ¿Has estado en algún templo Zen del Japón? ¿Has recibido las energías místicas de la tierra santa? Pues no señores y señoras. Sencilla y llanamente….fui a la guerra.

La guerra puede hacer de un hombre dos cosas. O lo mata o lo cambia. A mi me cambió. Y pienso que en el sentido positivo de la palabra CAMBIO. Tengo compañeros que han cambiado para mal. Otros para muy mal. Otros están perfecto y otros están enterrados. Pero NINGUNO de nosotros es lo que solía ser antes de.

Y sí, aprendí que el solo hecho de respirar es un regalo. Aprendí que el solo hecho de abrazar a mi esposa y oler la fragancia que emanaba de su cuello me hacía llorar de felicidad. Aprendí a apreciar lo pequeño. Lo microscópico. La voz de mamá en el teléfono. El abrazo de un hermano. Las palabras y sonrisas de los amigos. Aprendí que nuestro tiempo pasa rápido y no voy a desperdiciarlo comprando tonteras o desesperándome por comprarlas. Aprendí a satisfacerme con lo que hay en casa. Con una mirada. Con un café. Con una carrera por el campo. Con una montaña a mi lado. Aprendí que ESTOY VIVO y eso es mi mayor riqueza. A quien demonios le importa un Porsche Panamera si tengo lo único que quiero tener. Si tengo TODO lo que siempre quise.

Es cierto. Tuvieron que pasarme un par de guerras por encima para que tome PERSPECTIVA de lo que realmente importa para mí. Y ahora estoy aquí compartiéndolo contigo querido lector o lectora. Amigo o amiga fiel.

Eres un persona super inteligente y entenderás que no todos necesitamos una guerra (o un par) para entender lo que realmente importa para nosotros. Las guerra déjalas para los cabezas de chorlito como yo. Tú busca por ti mismo lo REALMENTE IMPORTANTE para ti. Mira a los lados. Inspecciona en tu mente. Abre tu corazón. Busca con ahínco esas pequeñas cosas QUE REALMENTE te hacen rico. Tómalas. Arrúllalas. Disfrútalas todo lo que puedas (si te das cuenta son gratis)  y bueno, como ya sabes:  Simplifica el resto…

 

Doce simples pasos para salir de la deuda

Sé lo que es estar endeudado. Sé lo difícil que es abrir los sobres con los estados de cuenta del banco. Sé lo que es sentir la presión del consumo ajeno. Ves lo que otros tienen o hacen y tú lo quieres tener o hacer también. Muchas veces nos endeudamos a causa de sentimientos simples y básicos como la baja autoestima. El deseo de no quedarte atrás. La envidia sana. La bendita “competitividad” que nos programaron en el cerebro cuando eramos unos críos y muchos más.

Mi punto es QUE TE ENDEUDAS CON EL CORAZÓN. Te endeudas cuando no usas la consciencia ni la razón y haces cosas más por impulso que pensando acerca de las consecuencias de las mismas. Es algo así como estar enamorado de la chica mala o del chico malo. Sabes que te hacen daño pero muchas veces te es muy difícil extraerte de una relación nociva.

Con la deuda es exactamente igual. Sabes que te hace daño. Sabes que lo va a hacer mucho más en el futuro. Sabes que deberías meterle una patada y olvidarte de ella, pero no puedes. Vuelves por más y sigues…comprando.

Mi padre me enseño algo que nunca olvido ni voy a olvidar jamás: PARA TODO HAY SOLUCIÓN SALVO PARA LA MUERTE. (aunque algunas corrientes filosóficas nos cuenten que la muerte es la solución…pero, bueno, ese no es el tema ahora :)) Así que para las deudas como para las chicas malas hay también una SOLUCIÓN.

Voy a poner los pasos que he llevado a cabo (y sigo llevando a cabo) para salir de la deuda. Para respirar un poco más con holgura. Para sentir que no trabajo para el banco y un largo etc. Espero de todo corazón que les sirva queridos lectores:

  1. Afrontar el problema. Como en todos los problemas de esta vida, gran parte de la solución de los mismos está en afrontarlos. Podemos no abrir los sobres del banco y dejarlos que se acumulen mes a mes. Pero debemos entender que el problema ESTÁ AHÍ. Haciéndose cada vez más fuerte. Creciendo como un Gremlin. Yo lo veo así. Mientras más crío agarres al monstruo más fácil te va a ser matarlo. Así que primero lo primero: Afrontar y entender que tenemos un PROBLEMA CON LA DEUDA. Otra cosa pequeña que debemos aceptar y entender es que debemos de PAGAR.
  2. Mientras más rápido mejor. Esta es fácil. Sabes lo que son los intereses y sabes que mientras más te demores en pagar. Vas a tener que pagar MUCHO MÁS. Entiende que el BANCO NO ES TU AMIGO. El banco es de gente que sabe hacer dinero y lo único que le importa es HACER DINERO. No caigas en las trampas publicitarias de “Banco tal…Tu banco amigo” Es mucho más posible que hagas amigos en la peor zona de tu ciudad con “la peor gente” que en un banco. Termina lo más PRONTO con ellos.
  3. Deshazte de las tarjetas de crédito. Esta es difícil. Nos hemos acostumbrado a un mundo en el que pagar con tarjetas hasta para comprar un par de caramelos es la regla. LA TARJETA DE CRÉDITO NO ES DINERO REAL. Es fácil pasar la tarjeta sin darte de cuenta de lo que estás gastando realmente. Si tienes una buena línea de crédito te vas a dar cuenta que la jodiste cuando ya tienes una deuda bastante grande. Si no deseas cortarlas y botarlas a la basura en dos y las crees necesarias pues déjalas en casa cuando salgas. Solo USA EFECTIVO. Guárdalas para EMERGENCIAS MÉDICAS. O en caso de una invasión extraterrestre.
  4. Compra menos. Lógico y simple. Gastas menos. Ahorras más.
  5. Come en casa. Olvídate de comer fuera.  La proporción diferencial entre una cena en tu casa y una en un restaurante es de uno a diez. Osea si gastas 100 euros o dólares o intis o la moneda que sea en una cena en un buen restaurante. Vas a gastar 10 cocinándolo tú mismo con los mismos ingredientes en tu propia casa. ¿Pero quieres una noche diferente no? ¿No sales solo por la comida? Pues invita amigos a casa. Compartan los gastos. Cocinen rico. Beban vino y diviértanse. ENTIENDE que NO hay que pagar diez veces más para eso.
  6. Evita las compras impulsivas. Te ha pasado que estás en el centro comercial y te entran ganas de comprarte algo “Solo porque sí” y al día siguiente te dices “¿Para que demonios me compre esto?” ¿Cierto?. Bueno no es tu culpa. Es la publicidad subliminal haciendo su trabajo. Y lo hacen bastante bien. ¿Cómo evitarlo? Usa una libreta o el icono de notas de iphone. Si te entran las ganas desesperadas de comprar determinada cosa por impulso. Apúntala ahí. Respira y sigue tu camino. Cuando vuelvas a casa mira la lista. Puede ser que tengas dos o tres cosas ahí escritas. Espera una semana y vuelve a abrirla. Fíjate si aún una se esas cosas te sigue llamando la atención (lo más probable es que no). Entiende como funciona el proceso y te va ha ser más fácil oponerte a él.
  7. Diviértete en casa. ¿No te gusta e Monopolio y quieres ir al Cine cada dos días? Pues si quieres ver películas. Créeme que con la tecnología de hoy las puedes ver de muy buena calidad en casa. Quizás no el día del estreno. Y quizás no en pantalla gigante. Pero puedes verlas en full HD con muy buen sonido sentado en tu propio sofá comiendo una ensalada de frutas mientras le rascas el pie a tu chico o a tu chica o acaricias a tus hijos. Todo es cuestión de PERSPECTIVA.
  8. Recorta gastos no relevantes en casa. El cable por ejemplo. Hoy en día pagar cable es como regalar el dinero a una empresa que no hace nada que tú no puedas hacer por ti mismo. La internet te brinda de gratis TODO lo que la empresa de cable te da pagando. Además de eso están las suscripciones a los periódicos de papel (igual todo está en internet y mucho más actualizado)
  9. Crea un pequeño fondo de ahorros. No importa si son 50 euros o dólares al mes. Mételos en una alcancía (para los oldfashion) o abre una pequeña cuenta de ahorros. Siempre es bueno tener un colchón para emergencias médicas o de cualquier índole.
  10. Paga las deudas y los ahorros primero. No compres nada. Absolutamente nada (No comida, no pampers, no agua mineral, no cigarros) hasta que no hayas pagado el monto de la deuda mensual que tienes planificado. Paga la deuda. Mete los cincuenta de ahorro. Y ahora recorta (si es que te falta) en las cosas que debes comprar en el mes.
  11. Sé disciplinado. Todo esto es cuestión de disciplina. Es como levantarte todos los días a correr 10 km. A veces no lo vamos a querer hacer y a veces nos vamos a quedar metidos en la cama (o en su defecto comprar algo que no necesitamos). Pero está bien. TODOS NOS EQUIVOCAMOS y TODOS PODEMOS RECAER. Pero hay que volver al ruedo y seguir la pelea porque sino NO NOS VAMOS A PODER A LIBRAR del peso de lo que es estar endeudado.
  12. Sé consciente. Como siempre, uso esta frase SÉ CONSCIENTE. Entiende como funciona el sistema y lo que él espera de ti. Espera que compres, que te endeudes, que mantengas al sistema bancario, para que ellos a su vez usen el dinero en inversiones que les van a aportar aún más dinero. ERES EL POBRE QUE MANTIENE AL RICO. Exactamente como en los viejos tiempos. Lo que sí ha cambiado es que ahora. En esta época de libertad e igualdad. Te puedes liberar y no estás obligado a jugar su juego. Pero para no jugarlo debes de PAGAR TUS DEUDAS.

Bonus: Simplifica tu vida. Disfruta más de los momentos en los que no gastas nada. Como acariciarle las orejas a tu perro. O leyendo un buen libro. Viendo un atardecer en el mar o en el desierto (increíblemente esto es gratis). Tomando un buen café. Haciendo el amor. Manteniendo una excelente conversación con alguien interesante. Corriendo frente al mar o en el campo. Viendo a tus hijos crecer. Sintiendo las caricias del viento en el pelo. El olor de la tierra mojada después del primer día de lluvia…

Hay tanto en este mundo y es tan GRATIS.

Regálate

Poco a poco me he ido deshaciendo de cosas. Solo de cosas que realmente no uso o necesito. Cada fin de semana limpio (a fondo) el departamento con Dafna. Casi siempre encontramos algo que no usamos y que solo guardamos por que nos trae un recuerdo simpático o sencillamente nos zambulle en la nostalgia de un tiempo pasado. Y como dicen por ahí que ” Todo tiempo pasado fue mejor…” Quizás por eso y solo por eso nos es tan difícil desprendernos…

Quizás ese es el problema o gran parte de “nuestro” problema. Solemos identificar los objetos (desde la ropa hasta los recuerdos de viajes) con momentos de nuestro pasado y pensamos que si nos desprendemos del objeto, pues nos estamos desprendiendo del “recuerdo y el momento” en sí mismo.

Para ser sincero. Al principio me fue muy difícil deshacerme de ciertos objetos. Aunque estaba seguro de que no tenían ninguna utilidad para mi. Me fue difícil deshacerme de ropa de una época lejana aunque sabía que no me la volvería a poner jamás. Me dolía botar un recuerdo de algún país que había visitado aunque no hacía más que llenarse de polvo en una esquina. Era muy difícil hasta que aprendí el hábito de dar.

Siempre hay gente que tiene menos que tú. Siempre hay gente que necesita lo que tú ya no necesitas. Aunque a veces es difícil que nos demos cuenta de aquello.

Hace unos años comenzaron a expandirse corrientes alternativas de sostenibilidad y ecología: El minimalismo. El reciclaje. El uso de productos orgánicos. El favorecer a los pequeños productores en vez de a las grandes corporaciones. El ahorro energético. La búsqueda de lo reducido y eficiente al lado de lo aparatoso e inepto. Así, gente empezó a escribir de aquello. Otros empezaron a pelear por ello. Otros nos sentimos identificados e intentamos cambiar de a poquitos. Otros tantos hemos empezado a esparcir la idea a intentar llegar a un poco más de personas que se sientan influenciados para trabajar por todos y para todos.

Cuando leí suficiente y aprendí, me fue mucho más fácil desprenderme de lo sobrante en mi vida. Doné y dono ropa con cariño. Sé que existen personas que la necesitan mucho más que yo. No solo eso. Con esa línea de pensamiento me he deshecho de artefactos y cacharros aparatosos  a los que no les dabamos el más mínimo uso en casa y sabemos que otra gente los podría usar o aprovechar mejor de lo que nosotros lo hacemos.

Poco a poco mi departamento se ha ido quedando con lo que realmente usamos. Queremos o nos gusta. Ahora hay mucha más luz. Todo se ve más amplio. Más ordenado. Sencillo. Y tranquilo (dejando de lado al pastor alemán loco que corre de un lado a otro).

Si quieres desprenderte de un par de cosas y te es realmente difícil. Piensa en la gente que realmente las podría aprovechar más que tú.

Además de regalarle algo a ellos. Regálate a ti mismo un poco más de espacio. De luz. Y la sensación de que has hecho algo realmente bueno por alguien.

Presente

Estar presente.

Según la filosofía budista hay que intentar estar inmersos en el momento. El momento es la realidad. Es el presente en sí mismo y todo lo que eso significa.

El pasado y el futuro no existen.

Son solo recuerdos y proyecciones de nuestras mentes.

El presente está. Ahí frente a tus ojos. Es lo que ves. Es lo que hueles. Es lo que lees. Es lo que escuchas. Es lo que sientes.

Pero pasamos el tiempo pensando en lo que pudo haber sido. En lo que pudimos hacer diferente. O en su defecto. Pensamos en como se vislumbrará nuestra vida en diez años. En cinco años. El próximo año. O en unos meses. Este tipo de pensamientos nos hacen daño. Nos quitan la simple posibilidad de disfrutar nuestro AHORA. Nos desvían de lo que realmente somos aquí y en ESTE instante.

Entiende:

El presente es la única verdad en tu vida.

No te castigues pensando en que pudiste haber hecho mejor el año pasado. O en la Universidad. O en el colegio. Piensa en lo que puedes hacer mejor HOY. En lo que puedes aprender. En un hábito nuevo que quieres adquirir. En las personas a las que puedes amar más y mejor.

No te castigues pensando en lo que vas a hacer o en como vas a ser en un año. En diez años o en veinte. No puedes controlar las infinitas posibilidades que se pueden dar. Por ende no puedes proyectar( ni siquiera con una mínima certeza) el como va a ser tu vida. Eso de imaginarte manejando un auto lindo por una carretera en el norte de Italia es solo eso. Una Imaginación. Un espejismo de lo que queremos que suceda.

Pero podemos hacer que las cosas sucedan HOY. Aunque aún en el presente no controlamos todo. Las variables son infinitas. Pero tenemos la posibilidad de manejarlas mucho mejor si es que estamos conscientes del momento.

¿Cómo intentamos mantenernos en el presente?

La mente suele divagar. Lo sé. Y mantenerse en el presente cuesta algo de trabajo y práctica (al menos al principio). Pero hay herramientas con las que podemos trabajar.

  1. La meditación es una de las técnicas que ayudan a mantenernos conscientes del momento. No tienes que ser un monje budista para meditar. Puedes tomar un par de minutos en la oficina y concentrarte EN EL MOMENTO y la mejor forma es tomando CONSCIENCIA de tu propia respiración. Tan fácil como eso. Unos diez minutos al día te van a ayudar a estar más PRESENTE.
  2. Se consciente. De que el futuro y el pasado son solo jugarretas de la mente.
  3. Disfruta desde el micro al macro del instante. Te levantas en la mañana. Disfruta como nunca antes de las cosas pequeñas. Del olor del café. De la ducha caliente. Del simple hecho de despertar. Levanta la vista y mira las inmensidades que nos rodean con todo su misterio. Entendiendo la infinidad de tiempo y variables que tomaron para que estés aquí y ahora.
  4. Sonríe…solo porque sí.

Aprende a amar el momento y dar todo de ti en él. Se consciente de su magnitud y de su importancia. No necesitas los problemas futuros. No necesitas los problemas del pasado. Déjalos ir. Simplifícalos.

 

 

Baja la velocidad

No hay nada como sorber un café despacio. Tomándose el tiempo necesario para sentir el amargor de su sabor mezclándose con el dulce suave del azúcar. No hay nada como despertarte en la mañana y sentirla limpia. Suave. Silenciosa. No hay nada como salir a trotar sintiendo tu respiración con ritmo. Tu sudor enfriándote. Oliendo el olor de los eucaliptos. Y parando de cuando en cuando a comer una naranja que está a punto de caer de uno de los árboles del camino. Sin apuros. Sin tiempos. Sin estrés. Despacio como debe ser. Despacio.

Cuando me enseñaron de que el “Tiempo es oro” me enseñaron la verdad. “Nuestro tiempo es oro”.  Por lo tanto el mío NO se lo regalo a nadie. El problema es que cuando nos enseñan “Que el tiempo es oro”  nos intentan explicar de que no hay que “desperdiciar el tiempo” .Tienes que seguir los canones de ahorro temporal o algo que se ve más o menos así: Terminar el colegio lo más joven posible y correr a la universidad porque todo es una carrera y si no te apuras no vas a tener espacio “en el campo laboral” ni trabajo “porque los prefieren más jóvenes siempre” y todo es una competencia rápida y brutal donde los lentos mueren en el intento y los rápidos consiguen el éxito. Saliste de la universidad y debes trabajar en una oficina y ser productivo y para ser productivo debes de trabajar más horas sino los jefes te pueden mirar con malos ojos y hasta te pueden despedir por eso. Así que no solo te debes quedar más horas en la oficina. Además de eso debes dar de ti y tratar de sacarle el máximo provecho a esas horas. Generar productividad. Traerle divisas a la empresa. Eso es lo que eres. Eso es lo que debes ser. Luego vas a casa en el auto apurado a ver a la familia y sigues “aprovechando” el tiempo hablando con los colegas sobre trabajos no terminados. Sobre proyectos que se  deben concluir lo más pronto posible. Llegas a casa y chequeas tus emails. No vaya a ser que te mandaron algo más de la oficina y te lo vayas a perder. Besas a tu esposa en la frente. Juegas un rato con tus hijos y estás reventado. No has parado desde la época del colegio en que te daban cursos de “orientación vocacional” y ahora veinte años después estás fundido. No hay tiempo. No hay aire. Hay que esperar las vacaciones. Hay que esperar las vacaciones.

Tu tiempo es oro. El tiempo es lo único valioso que realmente tienes. Cuando me di cuenta de esto me volví (sin quererlo) en un hombre más tranquilo y feliz. Me decidí a bajar la velocidad. A quitar el sabor del estrés en la boca y la presión que en el pecho no me hacia nada bien. Así que quité el pie del acelerador. Hoy por hoy estoy en la mitad del camino. Por momentos aún siento la premura de antaño por finalizar un proyecto o un trabajo On Time.

Pero he aprendido a dejarlo ir. A soltar la rienda de a pocos. A valorar mi propio tiempo. A entender de que es mi vida la que le estoy vendiendo a otros. Así que YO voy a decidir en que condiciones lo hago y cuando lo hago.

Algunos pasos que he dado este año para bajar la velocidad:

Disminuir un día a la semana de trabajo. Antes trabajaba seis días a la semana. Hoy solo cinco.

Manejar de manera responsable mis finanzas. Si tus finanzas están muy mal no te queda otra que trabajar sin fin. Planifica ahora y mañana estarás mucho más holgado en tiempo.

Hacerme  indispensable en el trabajo. No importa de que manera lo hagas. Pero hazlo. Así les sera muy difícil decirte adiós y tú puedes poner tus términos y condiciones con mayor facilidad. Mi técnica es hacerme con información relevante que solo YO conozco. Acaparar información es un gran activo.

Replantear mis prioridades. En mi caso prefiero tener mucho tiempo libre antes de tener un BMW y estar esclavizado pagándolo.

Poner límite al trabajo. Mi trabajo no entra a casa. Lo dejo ahí donde debe estar.

Apago mi teléfono una hora al día. Regálate ese tiempo para que nadie de afuera te moleste. Duérmete una siesta o lee un libro. Ese pequeño tiempo LIBRE es el mejor regalo que te puedas dar. Soy una persona más feliz en esos sesenta minutos.

Manejo el auto despacio. Ser puntual no es manejar más rápido. Sal de tu casa cinco minutos antes y anda suave o maneja suave. Deja que la gente se apure y se maten entre ellos. Déjalos ir apurados. Yo manejo despacio porque así  me siento bien.

Escribo. De ideas. Este blog nació este año. Si planificas tu tiempo y te liberas poco a poco. Tienes más tiempo e ideas para ser más creativo. Puedes re-conocerte.

Viajo lo que puedo. Hace ya varios años que intento viajar una vez al año al extranjero o sino cada dos fines de semana a algún rincón del país a conocer o a caminar o solo a gozar de la vista. En resumen desconectarme completamente de la rutina. Aprendes más viajando que en Harvard.

He establecido horarios. Para leer el mail y para usar el Facebook. Trato de no usarlos en casa. Al Facebook. Blogs y demás redes sociales les doy una hora en la tarde. El resto de tiempo. Pongo la pantalla en blanco y escribo o leo.

Bota el tele. No sabes la cantidad de tiempo que te deja el NO tener cable.

Son solo ejemplos personales. Desde que he introducido estos pequeños hábitos en mi vida. Soy más feliz. Estoy más tranquilo. He madurado como persona. Y tengo muchísimo más tiempo para hacer lo que realmente me importa y lo que realmente me gusta. He aprendido a no apurarme y eso me gusta mucho.

Intenta poner en práctica un hábito. Uno solo que te ayude a ahorrarte una hora al día para ti. Baja la velocidad un poquito y disfruta.

No al estrés

El estrés mata. Está comprobado. Si no mueres al menos te enfermas. Y mucho. Yo lo he pasado. Le he sentido  invadirme. Dominarme. Tomar decisiones por mí. Convirtiéndome en un conductor grosero y peligroso. En un jefe gritón. O en un subordinado miedoso.

Algo que intento aplicar en mi  día a día es el estar consciente del instante y si el instante es estresante. Intento dejarlo ir.

Hay momentos en la oficina. En la casa. En el matrimonio. Con los hijos que sencillamente nos abruman. Tendemos a intentar buscar una solución rápida al problema o problemas. Mientras tanto sentimos una pequeña presión en la garganta. En el pecho. El corazón bombea con fuerza. Sudamos un poco más de lo común.  Tensamos gran parte de nuestra musculatura sin darnos cuenta. En resumen: Nos estresamos.

Alguna vez ese estrés fue algo bueno. Hace doscientos años (antes de la revolución industrial) El estrés era una respuesta natural y lógica a una amenaza latente. Un oso frente a tu casa. Una lluvia que te inunda los cultivos. Un cobrador de impuestos pedante que aterrizaba una vez al año. Una tormenta en el medio del mar. Las situaciones estresantes existían pero su presencia a lo largo de nuestras vidas era mínima.

Debido a nuestro modo de vivir actual. A las nuevas tecnologías. A nuestra nueva manera de socializar. A la estructura de nuestros centros de trabajo. A nuestra forma de concebir la familia y la sociedad. Al bombardeo publicitario e informativo. A la gran cantidad de expectativas que tenemos para nosotros y para el resto, el estrés se ha convertido en algo permanente en nuestras vidas. El sentimiento de amenaza es latente y está presente en nuestro  día a día. En nuestro año a año. De muestra un par de botones:

  •  El simple hecho de que el jefe te llame a su oficina no precisamente a felicitarte te hace volar los niveles de estrés. Lo he sentido por mi mismo y lo veo en los que son mis subordinados.
  • Algo tan rutinario como conducir tu automóvil una hora al día  te sumerge en un grado de concentración y de respuesta defensiva parecida a la de una ajedrecista jugando la final mundial de trebejos.
  • Algo más rutinario aún como ver las noticias. No puedes no estresarte viendo asesinatos. Violaciones. Inseguridad. La bolsa que se va al garete. Etc.
  • Pensar constantemente en el futuro y las infinitas posibilidades que nos depara.
  • Pensar constantemente en el pasado. En los errores cometidos. En lo que se pudo haber hecho pero no se hizo.
  • El miedo constante al fracaso. A decepcionar. A no ser relevante.
  • El hecho de sentir que te faltan más cosas para poder satisfacerte a ti y a tu familia.
  • El pensar demasiado en el resto de personas y que ellos se la están pasando mejor que tú.
  • El pensar en el que dirán.
  • Y muchos más…

Toda esta clase de pensamientos y acciones nos llenan de estrés. Los acumulamos  de a pocos en nuestras espaldas y en nuestros corazones. Nos dañan. Nos enferman. Nos hacen sentir mal.

Pero hay cosas que se pueden hacer y actitudes que se pueden tomar para sentirnos mejor.

 Se consciente: Percibe el momento o momentos más estresantes de tu día. Trata de ser consciente de ellos. Una vez los observes  con ojos conscientes te vas a dar cuenta que no  no tienes de que asustarte ni de que estresarte. Todo siempre va a salir bien.

Respira más: En un momento estresante no hay nada mejor que dar un par de respiraciones profundas para traer a nuestra mente voladora (y eterna calculadora de posibilidades) de nuevo a nuestro cuerpo.

Ni el futuro ni el pasado existen: Aunque no lo creas es la verdad. Según la ciencia y el sentido común: El futuro no son más que una infinita gama de pensamientos e ideas que imaginamos como posibles. El pasado no es más que nuestra memoria contándonos historias que muchas veces no son ciertas. ¿Por qué te tienes que preocupar y estresar por ellos?

Controla los medios de información: Hazte un favor si quieres en verdad bajar el nivel de estrés de tu vida: No veas noticieros ni telediarios ni la BBC. Ni la CNN. Ni nada que sea “Informativo” La mayoría de noticias están manipuladas y son informaciones que “quieren” que veas. Conozcas y adquieras. Entiende que hay gente que juega o quiere jugar con tus miedos más profundos. No les dejes. Hay formas paralelas de información. Abre un buen periódico en internet. Busca agencias de información pequeñas y alternativas.

Come sano: Este es un punto que no merece ser ampliado. Todos conocemos que una dieta sana nos hace sentir mejor física y mentalmente.

Haz deporte: Si no eres deportista no puedes entender la cantidad de estrés que sacas de tu cuerpo con la actividad. Hazlo y siéntete de lo mejor.

Toma perspectiva. Si te sumerges en cada problema como un buzo. Pues es muy difícil ver la boya que es la solución al mismo. Da un respiro. Tómate unos instantes. “Aléjate una buena distancia del problema”. Respira nuevamente y piensa en una solución. Evita el estrés por inercia.

Comunícate. ¿Te sientes estresado. Abrumado y dolido?: Cuéntaselo a alguien y quítate el peso de encima. Habla con tu pareja. Habla con tus hijos. Habla con tus viejos pero dí algo. Puedes escribir un blog sobre eso también.

Duerme más. Cuando se está estresado nunca se puede dormir bien. Y cuando no se duerme bien el cuerpo tiende al estrés. De siete a ocho horas de sueño al día realmente te pueden convertir en una persona feliz y sosegada.

Contempla. Tómate un pequeño instante al día ( pueden ser tres o cinco minutos) para no hacer nada. Me refiero a realmente no hacer nada. Contempla algo. Quizás tu pisapapeles. Respira profundamente. No sabes lo que hace  si es que nunca lo has intentado.

Sonríe más. Sonríe. Si no tienes de que, pues lee chistes. Adopta un perro o un gato. Mira un par de videos graciosos en Youtube. Ríe y sonríe. Al estrés te lo comes de una carcajada.

Baja la velocidad. Tómate un café despacio. Come lento. Saborea. Conduce tu auto disfrutando de la música. Olvídate de lo que pasa afuera. Es el tip más importante de todos. Vive lento. Baja la velocidad de a pocos y llegaras más lejos. Exactamente como en las maratones.

Voy a cerrar este post con una frase de Jhon Lennon:

“La vida es lo que sucede mientras tú estás demasiado ocupado (y estresado) haciendo otros planes”

Despacio es Mejor.