No necesito nada

Y lo he dejado todo de lado. Bueno, no exactamente todo. Tengo cosas (pocas). Tengo esposa. Tengo perro. Tengo familia. Tengo amigos. Pocos pero buenos.

Tengo. Al fin y al cabo TODO lo que tengo lo voy a terminar dejando. Así compre un Porsche Carrera, también se va a terminar quedando aquí. Es injusto lo sé. Pero así lo es y así lo seguirá siendo.

Pero de todo lo que tengo quizás es el tiempo lo que más vale. Quizás los minutos que se escurren entre mis dedos y construyen mi vida son mi verdadera riqueza. Quizás más aún que la esposa, la familia, los amigos y el perro. Los minutos valen más que su peso en oro. No los valoramos como deberíamos creo yo. Da risa que pensemos más en el Porsche Carrera cuando lo más preciado que tenemos: El tiempo, se quede de lado, escapándose de manera desapercibida respiro a respiro. Latido a latido. Ahí mismo va. Despacio, despacio.

Lo que nos diferencia de los animales es que somos conscientes de que un día vamos a morir. De que un día la fiesta se va a terminar. De que un día la función va a dejar de continuar, al menos para nosotros. Ellos no piensan en eso y viven sus vidas de acuerdo a su instinto y la viven bien. Nosotros de tanto pensar hemos dejado de pensar en lo que realmente importa (el entender el peso de nuestra mortalidad) y nos hemos explayado en pensamientos del tipo “que corte de pelo me queda mejor” o “quiero un departamento con vista a..” o una pareja así o asá.

Ja. Somos realmente idiotas. O de tanto pensar nos hemos estupidizado. O quizás  mi perro es más inteligente que yo. Quizás mi perro me mira con lástima mientras contemplo en este preciso instante una propaganda de la nueva Go Pro Hero 3 porque sabe que mientras la miro estoy perdiendo lo más valioso que tengo. Mi tiempo. El mismo que para él es inexistente. Su hermosa vida circular evita que se entere que un día va a morir y que sienta lástima de si mismo.

Pero en este instante estoy escribiendo sobre el tiempo presente y estoy siendo consciente de la fragilidad de la existencia y de lo bello de su simpleza y de que no necesito nada, salvo el respirar hondo para sentirme vivo.

No necesito nada.

 

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