Simplificando el éxito

Ser exitoso.

Eso es lo que me dijeron que debía ser. Cuando era un niño. Cuando era un tímido adolescente enclenque. Cuando las personas encargadas de mi crianza y mi entorno parecían enfocados en eso: Hacer de la nueva generación, una generación llena de hombres (y mujeres) exitosos.

¿Pero qué es el éxito?

¿El éxito es tener un doctorado en biología molecular y dar cátedras acerca del tema?

¿El éxito es darle la vuelta al mundo siguiendo tus sueños?

¿El éxito es tener una cuenta bancaria holgada y tener la capacidad de comprarte lo que de la gana?

¿El éxito es ser un buen padre o madre y ofrecerle mejores oportunidades a tus hijos que las que tú tuviste?

¿El éxito es ser el hijo que se hace cargo del padre enfermo?

¿Exitoso es el que tiene muchas parejas casuales a lo largo de la vida o el que tiene solo una?

Podría seguir haciendo mil preguntas más.

Recién entrado a mis treintas me pregunté a mi mismo si me podía considerar “exitoso”.  No importa cuantos logros haya tenido en la vida. De acuerdo a lo que percibo y entiendo de la palabra “éxito”: No soy exitoso.

No lo soy porque no sé lo que el éxito significa. Y según mi experiencia de vida el hecho de ser “exitoso” en el  tener una cuenta bancaria holgada y poder comprarte lo que quieras, no necesariamente implica  que seas “exitoso” como padre. El hecho de que le hayas dado la vuelta al mundo treinta veces no necesariamente te da el “éxito” en el aspecto sentimental. El éxito al fin y al cabo y como yo lo entiendo, es una palabra vaga a la que se le pueden dar millones de connotaciones diferentes.

Tengo un esposa, un perro y estoy sano. Es lo que tengo en la vida y soy feliz. ¿Eso me hace menos exitoso que el cardiólogo que tiene una gran casa, pero que odia a su mujer y se siente miserable cada segundo que está dentro de esa casa? La respuesta es: No lo sé. Como dije antes, el éxito es un concepto tan vago y al mismo tiempo tan puntual que considerarte “exitoso” o considerar al alguien “exitoso” es una reverenda falacia.

Por eso, y como este es un blog que habla de simplificaciones, he decidido quitar el concepto de “exitoso” de mi vida. Obviamente si no puedo ser “exitoso” tampoco puedo ser un “perdedor”. Pero de la palabra “perdedor” hablaremos en otro momento.

Eso es, queridos lectores: Mi punto de vista personal. El que quiera seguir buscando el éxito, bienvenido sea y que tenga mucha suerte. Yo, por mi parte, no tengo tiempo para eso. Tengo demasiadas cosas interesantes que buscar y aprender en la vida.

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Deja de compararte

Deja de compararte.

Deja de compararte con el vecino de al lado.

Deja de compararte con el amigo de Facebook.

Deja de compararte con tu mejor amigo.

Deja de compararte con tu hermano.

Si a ellos les va excelente, eso no implica que a ti te este yendo mal. Sé feliz por ellos y para ellos.

Si a ellos les va mal, eso no implica que a ti te este yendo excelente. Sé compasivo y ayuda.

Trato cada día de no compararme con el resto. Digo que “trato” porque no lo puedo lograr al cien por ciento. Mucha veces suelo compararme con un amigo en Facebook, con algún otro compañero en el trabajo o con el escritor de algún otro blog.

Pero apenas soy consciente de lo que estoy haciendo. Lo dejo ahí. Sé por experiencia propia que el acto de auto-comparación, no es nada más, que dañino y una perdida de tiempo y de energías. Por experiencia soy consciente de que nunca nos comparamos con la persona en sí misma, sino con el ideal que tenemos de ella.

Por ejemplo:

Compararte con tus amigos en las redes sociales es tonto. Ellos muestran lo mejor de sus vidas. Las mejores fotos de sus vacaciones. Lugares increíbles. Situaciones espectaculares. Pero hay que ser conscientes de que esos perfiles de nuestros amigos de facebook no son realmente nuestros amigos. Son una parte realmente ínfima de lo que son. Y esa parte ínfima mostrada, la mayoría de las veces, es la mejor parte.

Mucha gente que es mi amiga en Facebook, cuando habla conmigo, lo primero que me dice es lo espectacular que es mi vida. Tienen razón, mi vida es espectacular pero no precisamente por mi perfil de facebook. Lo que pongo en facebook es publicidad. Son los mejores instantes de mi vida. Los lugares más bonitos que he visto. Los mejores textos que he escrito. Las mejores fotos que he tomado. No pongo los momentos “reales” y “rutinarios” de mi día. Mis achaques. Mi cansancio. Mi aburrimiento. Mi hastío. Mis problemas en el trabajo. Mis problemas maritales. Mis deudas. Mis dudas. Mis hongos en los pies y un largo etcétera. Todo lo que esta en mi perfil de facebook soy yo. Pero TODO lo que NO esta en mi perfil de facebook también soy yo. Y si sé que casi todo mi YO se encuentra fuera de facebook, entonces entiendo que el resto de perfiles espectaculares de mis amigos, son exactamente iguales al mio: Pura publicidad. No son realmente ellos. El perfil es un espejismo y punto.

Lo mismo sucede cuando te comparas con el vecino. Con tu hermano. Con tu mejor amigo. Tú eres maravilloso como eres. Ellos son maravillosos como son. Pero todos tenemos nuestros lados malos y nuestros lados oscuros. El hecho de compararnos es destructivo por la sencilla razón de que comparamos lo peor de nosotros con lo mejor de ellos. Y eso querido amigo: Es una burda falacia.

Así que hazte un favor y deja de compararte.

 

Una vida simple

Hace menos de una año empecé a simplificar mi vida.

Le quité la televisión. Le quité las dos comidas a la semana que me comía en algún restaurante. Le quité los gastos hormiga (esos que te la pasas haciendo sin que te des cuenta y al fin del día tu billetera ya no tiene billetes). Le quité cosas (me deshice de casi la mitad de mi ropa y de muchas cosas que no me servían para nada y que estaban metidas en casa). Reduje el tamaño de mi departamento (nos mudamos a uno más pequeño). Arranqué de cuajo la publicidad (ya que no veo televisión y la bloqueé en la computadora) y no me dejo dominar por ella. Trabajo menos horas que antes.

En cambio mi vida aumento en:

Tengo más dinero en el banco. Tengo más tiempo. Veo lo que yo decido ver por Internet (y sin publicidad). Me he vuelto más creativo (porque tengo  más tiempo libre). Tengo más tiempo con mi esposa. He adquirido la habilidad de dejar de importarme por las cosas. He sumado a mi vida unos cuantos libros más. Mi estado físico está en el mejor nivel de mi vida (tengo tiempo para entrenar todos los días). Mi mente está buscando una salida para dejar de trabajar (de la manera usual) y pasar a trabajar de lo que me gusta (que es escribir). Y sobre todo he salido del circulo de convenciones preestablecidas por la sociedad de consumo. Ya no estoy ahí.

Una vida simple:

No escribo este blog para hacer dinero. No lo hago siquiera como catarsis. Lo escribo porque tengo ganas de ayudar al resto. No me importa si tomas los consejos que pongo aquí o no. Al fin y al cabo lo que escribo aquí es lo que todo el mundo sabe que se debe hacer.

Todos sabemos que lo material en si mismo no es la fuente de la felicidad ni del placer en la vida.

Todos sabemos que deberíamos ser dueños de nuestro propio tiempo.

Todos sabemos que es mejor tener ahorros que tener deudas.

Todos sabemos que nada es gratis y que los bancos no son tus amigos.

Escribo para dar un testimonio de que si se quiere vivir una vida simple, se puede sin necesidad de sacrificar nada de importancia. Puedes tener más tiempo y más dinero disminuyendo algo tan simple como la televisión por cable.

Yo no llevo a cabo todo lo que esos maestros del minimalismo recomiendan. Estoy muy lejos de ello aún. Y es más, no quiero llegar a ningún límite como esos jamás. Pero he cambiado unos cuantos hábitos simples y pequeños y mi vida es mejor. Y si la mía mejoró, la tuya también puede mejorar y mucho.

Quizás este blog sirva solo como testimonio de una pequeña parte de mi vida. En ese año 2013/14 en el que me incliné por el minimalismo y por una vida más frugal y menos consumista. Quizás en diez años no recuerde en absoluto  todo lo que escribí aquí. Pero si me mantengo en el rumbo. Si no renuncio a como estoy haciendo las cosas, quizás en diez años siga escribiendo este blog (mucho mejor de lo que lo hago hoy en día) y quizás mi vida haya mejorado mucho más de lo que ya ha mejorado hasta hoy.

Estos consejos. Palabras. Recuerdos. Y experiencias están puestos aquí para ti. Nadie me paga un centavo por el tiempo que dedico a esto. No lo busco tampoco. Solo hago lo que cualquier persona simpática hace cuando se encuentra algo realmente bueno. Comparte la marca, el link, la tienda, el restaurante con sus amigos y con los que no son sus amigos. Y por eso después de encontrar el minimalismo, quiero compartir mis experiencias y recomendárselo a todos y a cada uno de ustedes queridos lectores.