Planificando aventuras

Cho La Pass en los Annapurnas. Nepal. Uno de los más bellos treks del mundo.
Cho La Pass en los Annapurnas. Nepal. Uno de los más bellos treks del mundo.

Siempre me han llamado la atención las aventuras. Cuando era niño me la pasé leyendo toda la colección de libros de Julio Verne. Creo que esas lecturas primigenias son las que hicieron de mí, en gran parte, la persona que soy. No solo leí las clásicas “La vuelta al mundo en 80 días” o “20000 leguas de viaje submarino” o “Viaje al centro de la tierra”. Leí absolutamente TODA su obra. Julio Verne tenía muchas obras históricas y geográficas de no ficción. Estás fueron las que más me llamaron la atención.

Marineros amotinados. El capitán Cook. Caníbales Hawaianos. Arriesgados tipos que arriesgaban el pellejo por pura y mera curiosidad de saber que había más allá (y por el honor de la reina también). Tipos que “descubrían Australia”. Señores que se congelaban en la Antártida. Marineros consumidos por el escorbuto y alimentados con galleta día y noche. Cientos de amanaceres en medio del mar. Cientos de tormentas y naufragios. Miles de miles de aventuras.

Y como dije al principio: Me gustan las aventuras y siempre me ha gustado tentar un poco a los riesgos. No he sido un escalador intrépido o un navegante bronceado, pero he tenido mis buenas dosis de adrenalina en esta vida. Creo que desde que era un chico tenía ciertas inclinaciones minimalístas. Me gustaba someterme a uno que otro suplicio sin demasiadas comodidades.

Con los años uno suele olvidarse del chico que uno fue. Quizás suelo acordarme de mí mismo con 12 o 13 años de cuando en cuando. Pero conozco mucha gente que ha perdido por completo esa íntima conexión de quien fue con quien es. Creo personalmente, que cuando recuerdo esas inclinaciones primarias a las aventuras locas e intento imprimir esos deseos en mi yo (algo oxidado) del día de hoy, es cuando más feliz soy.

No sé si me logras entender bien. Pero a lo que me refiero es que a veces solemos olvidarnos lo que hemos sido, que es al fin y al cabo, quienes somos debajo de toda la envoltura de responsabilidades, trabajos, corbatas, sueldos, agendas, muebles de Ikea, hijos y hemorroides en la que nos hemos convertido. Somos mucho más que eso o debería decir: Somos mucho menos. Somos lo que fuimos antes de ser lo que somos.

Si algo me emocionaría hoy en día sería emular una que otra aventura no llevada a cabo de niño y que por lo mismo, sabía que tenía que crecer para poder lograrla. ¿He crecido?… Sí. ¿He cruzado el polo norte jalado por perros siberianos?… No. Y si mi pregunto porque no lo he hecho. La respuesta es simple. Porque en algún momento me olvide quien soy. En algún momento la publicidad me cambio las metas. En algún momento el deseo de tener un auto nuevo reemplazo al deseo primario de cruzar el Sahára con un camello.

Cada vez que leo alguna historia de un “explorador” moderno, siento algo de envidia sana. Porque siento que aquel tipo fue más fuerte y más consciente de lo que realmente es o era y que nunca se dejo llevar por la marea del cambio de prioridades a la que a veces la vida nos somete. Y bueno ese es el punto de este post: El hacerme acordar quién soy y cuales son mis verdaderas prioridades. No voy a tener otra vida y no creo que pueda cruzar el polo norte con perros siberianos a los 99 años. La vida. Mi vida, es exactamente el tiempo que está transcurriendo mientras escribo estas lineas que quiero que leas, pero que si no lees, van a quedar solo para mí. Un recordatorio de lo que fui y por consecuencia de lo que soy.

Así que voy a aumentar una meta razonable de aventuras por año. Este año me he propuesto leer 37 libros como lo debes haber leído en algún que otro post que he escrito por ahí. Hoy me voy a proponer tener una gran aventura por mes. Y eso se refiere a los meses que me quedan del año. Me quedan nueve meses lo cual implica que este año debo tener como mínimo 9 aventuras. Y si puedo tener más, mejor aún.

Pero ahora estarás pensando: ¿Qué demonios es una aventura para este tipo?

Bueno una “aventura” es algo subjetivo al fin y al cabo. Para algunos una aventura es pasar un buen rato con la vecina de al lado mientras tu esposa está lavando los platos. Para mí es hacer algo que dependa de un esfuerzo logístico, físico y psicológico mucho mayor al que suelo imprimir a mi día a día.

Voy a dar unos ejemplos concretos de lo que podría ser una aventura para mí:

  1. Cruzar el desierto del Negev de norte a sur y llegar al golfo de Eilat. Son más o menos 450 kilómetros de terreno desértico. (Porque debo trabajar y por cuestiones de tiempo planeo hacerlo en bicicleta)
  2. Cruzar del mar mediterráneo al mar de Galilea, pasando por la pequeña cordillera que conforma la Galilea. Son 70 km de trek por una zona hermosa.
  3. Viajar a un nuevo país. Cualquiera que sea. Y quedarse ahí por más de una semana al estilo mochilero y comiendo en carretillas y paseando a pie.
  4. Escalar una montaña. Le tengo ganas al Kazbek en Georgia. Pero cualquiera que se deje escalar está bien para mí.

Esos más o menos podrían ser ejemplos de lo que son “aventuras” para mí. Aunque en algunos meses voy a tener que usar el concepto de “microaventura” de Alastair Humpreys (Nombrado explorador y aventurero del año 2012 por la National Geographic). Una micro aventura es igual a una aventura pero en vez de pasarte una semana, un mes, un año desfiándote a ti mismo. Pues tratas de realizar un desafío de una horas. Alastair tiene la teoría de que si trabajas de 9:00 de la mañana a 17:00 de la tarde, tienes de las 17:00 de la tarde hasta las 9:00 de la mañana del día siguiente para hacer algo increíble. Puede que llegues al trabajo algo molido a la mañana siguiente pero vas a haber tenido una super aventura en un horario en el que estás acostumbrado a ver Breaking Bad.

Alastair Humpreys
Alastair Humpreys

Y bueno, yo lo considero como un excelente manejo del tiempo. Porque de cuando en cuando no romper la rutina e irnos al río que está a una hora de casa y dormir bajo las estrellas… Porque no hacernos una fogata y comernos dulces mientras contamos historias a los niños. Porque no nos vamos a acampar a la orilla del mar mientras el sonido de las olas nos arrullan. Al día siguiente podemos seguir con nuestra vida de lo más normal. Pero esa aptitud aventurera nos va a haber cambiado completamente la perspectiva con lo que vemos las cosas.

A mí personalmente me haría reconciliarme con quién fui y por ende con quien soy. Haría que vuelva a mirar a ese muchacho de 12 o 13 años a los ojos y hacerle entender que crecer y ser grande tiene un encanto inigualable pese a trabajar de 9:00 a 17:00.

Espero ponerte al tanto pronto acerca de mi primera aventura o microaventura del año.

Gracias por leer.

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4 pensamientos en “Planificando aventuras”

  1. Excelente, apoyo la idea de que subas fotografías de tus próximas aventuras. Me ha gustado mucho el concepto de microaventura, es interesante saber que disponemos de ese tiempo y no lo aprovechamos como debe ser. A tener microaventuras, jeje. Gracias por compartir.

    1. Muchas gracias por leer Leo. El concepto no es mío, sino de una persona a la cual admiro mucho. Aunque es interesántisimo cuando te ves expuesto a él por primera vez y te das cuenta de cuanto puedes hacer en tu tiempo libre. Un abrazo.

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