La búsqueda de la felicidad.

DSCF9308

Nos han enseñado que merecemos ser felices. Que debemos ser felices. Que por alguna razón, nuestras vidas merecen llenarse de felicidad en algún momento. Y mientras más rápido mejor.

***

Supuestamente la felicidad es un destino al que todos debemos aspirar. La felicidad está ahí, a la vuelta de la esquina. Después de que compres el último modelo de auto. Después de consigas a la pareja ideal. Después de que tengas los abdominales que buscas. Después de que termines tu carrera. Después de que salgas de esa depresión usando esos antidepresivos. Después de que tengas hijos. Después que tus hijos se vayan y te quedes solo. Después de que te divorcies. Y un largo y eterno etcétera que varía de ser humano a ser humano.

No tengo porque mentirte amigo lector: Pero según mi experiencia la felicidad per se no existe como tal. La felicidad no es un lugar al que se llega. No siquiera un momento. La felicidad puede ser un poco de brisa en la cara. Puede ser un orgasmo intenso o puede ser tu hijo mirándote a los ojos y sonriendo. Puede ser cualquier cosa. Pero el común denominador es que es muy efímera.

Al universo le importa un rábano si somos felices o no.

El universo no nos debe nada. Ni nosotros le debemos nada a él. Nuestra existencia es un misterioso azar. Nosotros hemos sido inculcados con el concepto de la felicidad. Pero en macro. A nivel de la biológico, químico o físico, la felicidad suena a concepto de risa. Algo así como el concepto de Dios.

Vivimos en un planeta solitario girando alrededor de una estrella que forma parte del billón de estrellas que forman nuestra galaxia que es parte del billón de galaxias que nosotros conocemos. No somos más que unos primates inteligentes. Aunque por momento nos ahogamos en conceptos tan retorcidos e inútiles como el concepto de la felicidad. Nuestros antepasados no fueron felices. No tenían tiempo para eso. Tenían que sobrevivir. Tenían que matar. Tenían que cazar. Tenían que violar. Reproducirse. Defenderse. No tenían la suerte (buena o mala) de tener tanto tiempo libre como nosotros. No tenían el tiempo de inventar conceptos inútiles.

La felicidad es un concepto renacentista.

Cuando nuestras sociedades se comenzaron a industrializar, el concepto del bienestar común se impuso en las sociedades modernas. En el siglo XX el concepto de que el todo ser humano “merece” ser feliz se extendió como un hongo en los pies de un atleta. Y lo que nosotros tomamos como cierto hoy en día y lo solemos repetir con amigos. Cuando estamos borrachos. Con nuestras parejas. O donde demonios sea sobre que merecemos ser felices, no es más que un triste concepto moderno que no hace más que hacernos infelices. Más de lo que deberíamos ser.

El concepto de que debemos ser felices nos hace más infelices que nunca.

Es verdad. Si no creyeras en que debes ser feliz todo el tiempo, estarías más tranquilo. Menos estresado. Más concentrado en lo que tienes y debes de hacer.

Y por ende, y aunque parezca incongruente, serías más feliz.

Yo personalmente no creo en la felicidad. A veces digo: “Quisiera ser feliz…” Pero automáticamente me doy cuenta que no es más que una programación que tengo. Un concepto aprendido y  bastante dañino. Esa busqueda eterna de la felicidad y el no encontrarla a cada instante, es una de las fuentes más grandes de dolor a la que nos enferentamos como individuales y como sociedad.

Veo mi vida hasta el día de hoy y he tenido una vida rica en experiencias buenas y malas. He sido feliz en muchos instantes. He estado triste en muchos otros. Pero ponderando y resumiendo todo lo que he vivido puedo llegar a la conclusión de que no he sido feliz. Tampoco he sido infeliz. He tenido una excelente vida y punto.

Resumiendo:

No aspires a la felicidad. Aspira al momento feliz. A apreciar el instante en el que te encuentras. A lamer con más ganas ese helado de yogurt. A tener sexo con más ímpetu. A bailar esa pieza con más sentimiento. A vivir dándote cuenta que no “mereces” ser feliz. Y dandote cuenta que  si te sientes feliz todo el tiempo… Quizás seas ezquisofrénico.

Anuncios