Una semana con mamá

Mi familia es el ejemplo exacto de lo que la globalización le ha hecho al mundo y a la gente.

Hace unas semanas viaje a Carolina del Norte en los Estados Unidos para visitar a mi familia. Mi mamá vive ahí. Mi hermano pasó por Carolina viniendo desde Hawaii rumbo a Qatar. Mi tía, dio el salto desde Lima. Yo, por mi parte, volé desde Tel Aviv vía Munich. Así que creamos una especie de encuentro internacional en un pueblito llamado Concord.

De derecha a izquierda: Mi tía, mi mamá y mi hermano

Mi hermano es militar en los eeuu. Mi tía es tecnóloga médica en Lima. Yo me dedico a la seguridad en Israel. Mi mamá es asistente de personas con discapacidad. La vida nos ha puesto en derroteros bastante diferentes a cada uno. Hemos evolucionado en una realidad distinta los últimos veinte años. Somos un micro experimento evolutivo Darwiniano. Pones a un ser vivo en un ambiente específico y este moldeara su conducta y sus genes de una u otra forma con la intención de adaptarse para sobrevivir.

Después de cuatro días juntos. Riéndonos y dando vueltas por todos lados, mi hermano se fue rumbo a Texas donde comenzaría su periplo rumbo a Qatar. Quedamos en la casa mi madre, mi tía y yo.

Después de cuatro días juntos, mi hermano se fue. Es un hombre, en muchos aspectos, desconocido para mí. En mucho otros, es mi hermano menor, el mismo con el que hacíamos travesuras, peleábamos y jugábamos fútbol por horas. El mismo con el cual pasamos infinitas noches de niñez y adolescencia en Magdalena del Mar viendo “Función Estelar”

Mi tía es y ha sido como una segunda madre para mí. A ella le debo gran parte de lo que soy. A ella le debo todo lo bueno que hay en mí. Pero, estar con dos mamás al mismo tiempo, puede ser frustrante. Más, cuando ya tienes casi 40 años y ellas te tratan como si tuvieses 10.

Hijito toma tu jugo... (tía)

Hijito, no te has bañado hoy día… (mamá)

Hijito que fea esa barba… (tía)

Hijito no debes hablar así de las personas… (Dije que Arafat era un hijo de puta) (mamá)

Hijito ¿hiciste tu caca? (tía)

Mi tía Lucia: Mi segunda madre.

Después de pasarla juntos comiendo y dando vueltas por Walmart y comprar todo tipo de cosas que la gente te pide porque en estados unidos todo es más barato…Mi tía. Mi queridísima tía Lucia, se fue a Lima llena de regalos. Con sobrepeso en el aeropuerto. Un cuasi ekeko regalón. Nos despedimos entre lágrimas, besos, sonrisas, esperando siempre (al menos por mi parte) que esta no sea la última vez que nos veamos.

Y así sin querer queriendo, por primera vez en muchos años, me quedé una semana solo con mi madre.

Como dije hace un rato. Nosotros cambiamos. Con el tiempo y la distancia la gente se empieza a desdibujar. Mi mamá no es la misma mujer que dejé en Lima allá por el 2003. Ni yo soy ese jovenzuelo lleno de ilusiones y alucinaciones que fui por aquellos años. La vida nos ha pasado a los dos por encima y nos ha cambiado. Nos ha cuarteado. Nos ha mejorado y nos ha empeorado.

Pero, si hay un vinculo que es indestructible, que no se cuartea, que no se raja y no importa si no has visto a tu mamá desde el día que naciste, ese es el vinculo materno. Nosotros hemos cambiado. Nuestra unión no.

Después de estar solos un rato, volvimos a ser lo que fuimos. Dejando de lado las evoluciones y los años que nos han pasado por encima, nos reconocimos muy dentro de nosotros como lo que realmente somos: Una madre y un hijo.

Me sentí orgulloso de ver a mi madre trabajar en un trabajo duro mientras mantenía el optimismo y otorgaba cariño y preocupación por sus pacientes.

Nunca antes la había visto en esa faceta trabajadora. Tuvimos la suerte que de niños y jóvenes, nuestra mamá siempre estuvo en casa.

Y para mí, tener la oportunidad de verla trabajar. De poder documentar algunos de sus días. De verla llegar a descansar a casa. De sentir sus dudas y sus aciertos. De compartir momentos juntos caminando por Concord. De ir buscando el café ideal por todos lados; no ha sido, ni más ni menos, que un experiencia vital intensa. Quizás una de las más intensas que he tenido en este último tiempo.

Harold

Harold tuvo una meningitis aguda y grave a los 12 años. Hoy no puede hablar. Camina con dificultad y su motórica fina está bastante dañada. De cuando en cuando tiene convulsiones. Harold necesita el cuidado de otra persona las 24 horas del día. La mayoría del tiempo está rodeado de su familia: Madre y hermanos. En los momentos en los que todos están trabajando, mi mamá está con él.

A mi madre la vi levantarse todos los días. Preparar el desayuno. Irse temprano a ver un paciente. Regresar cuatro horas después. Salir conmigo a ver a Harold. Lidiar con Harold con delicadeza y cariño. Regresar a la casa conmigo. Preparar el almuerzo. Irnos a dar alguna vuelta por el mall. Y por último regresar a dormir para empezar al día siguiente temprano con lo mismo.

Personalmente, no he lidiado con gente con problemas físicos tan complejos como a los que se enfrenta Harold. Ver a mi mamá lidiar con los problemas de una manera tan profesional me impresionó por decirlo menos.

El trabajo de asistente médico abarca un amplio abanico de quehaceres. Desde cuidar de que el paciente no se haga daño a sí mismo, pasando por su limpieza y acicalamiento hasta generarle actividades que lo ayuden en su desarrollo.

Todas las veces que vi a Harold. Lo vi disfrutar de la compañía de mi madre. Lo vi expresar cariño a su manera y lo vi satisfecho con su compañía.

A veces mi mamá quiere perfumar cualquier cosa. Aquí Harold siendo “perfumado”.

Esa semana, visité a Harold cuatro veces. Las cuatro veces me impresionó su resistencia. Su fuerza para lidiar con cosas tan difíciles para él como son fáciles para el resto de humanos: Pararse, caminar, usar los dedos de las manos, comunicarse. Es impresionante como la gente que parece más frágil, si la miras realmente, te das cuenta que son los más fuertes. Porque lidian con la dificultad de su fragilidad y se enfrentan con ella al mundo. Un mundo que es igual de duro para todos.

Mi mamá por su parte me demostró la misma resistencia y fuerza mental y física para lidiar con los problemas de Harold. Mientras estaba con él siempre fue cariñosa, alegre y fuerte.

Mi mamá ayudando a Harold a levantarse.

Ver la dinámica de los dos me hizo sentirme privilegiado en muchos aspectos. Aprendí de los dos, cosas que no conocía de cerca. De mi mamá, una faceta que no había visto en ella jamás y de Harold, el aguante.

Las tardes juntos al final nos llevaron a encontrar un café decente. En eeuu encontrar un café decente es casi tan imposible como ganarte la lotería. Soy un adicto al café pero no puedo ir a Starbucks. Me da asco. Encontrar un café en el centro de Concord nos hizo bien a los dos (más a ella que se queda viviendo ahí). Tomamos unos espressos y charlamos. Caminamos por el pequeño centro del pueblo adornado por Halloween y discutimos de la vida. De nuestras relaciones de familia. De como hemos terminado tan diseminados por el mundo. De que quizás nos llevamos bien de lejos y que quizás es mejor estar lejos que llevarnos mal. Hablamos de nuestros errores y de nuestros aciertos como cabezas de familia. Como padres. Como hijos. Como hermanos.

Fue una catarsis. Quizás más para mí que para ella. Es una catarsis aún, escribir estas lineas un par de semanas después de que la dejé con lágrimas en los ojos en el estacionamiento del aeropuerto de Charlotte.

Nos ha pasado tanto. En el tiempo. Y en lo que nos hace el tiempo. Nuestra familia no es ya, la misma de antes. ¿Es eso necesariamente malo?… No lo creo. Creo, más bien que las familias evolucionan al estilo Darwiniano. Se hacen más fuertes o se desmoronan. Pese a la distancia, nosotros estamos juntos. Nos preocupamos el uno por el otro y nos queremos a nuestra manera. Somos una familia que ha estirado los límites de la distancia al máximo y nos hemos mantenido unidos.

Muchas veces observé a mi madre sin que se diese cuenta. Verla lidiar con la vida completamente sola hizo que me diera cuenta cuan fuerte es.

Y así, terminando estas lineas, cierro un capítulo vital más. Un encuentro más. Esta vez en Concord, NC. El del 2018 fue en Honolulu, Hawaii. El del 2020 donde será? Si será?

Espero ver a mi madre pronto. Espero ver a mi hermano pronto. Espero ver a mi tía pronto. Espero que la vida nos lo permita una vez más. Porque al fin y al cabo, ¿Para qué necesitas el tiempo, si no es para compartirlo con tu familia?

Hoy me levanté hecho polvo

Hoy me levanté hecho polvo y me han dado ganas de volver a correr.

Es a causa del jet lag y es a causa de los años. Son todas las enfermedades y lesiones que me han pasado por encima. Son todos los problemas que aparecen cuando eres adulto. Son los dilemas. Son los sueños rotos. Es el ser papá. Es, en otras palabras: La vida misma la que te hace polvo. Como dicen en un libro al que alguna gente le da demasiada importancia: Del polvo vienes y al polvo volverás.

Hace unos años fui un polvo y un orgasmo. Hace casi cuarenta. A mediados de Junio de 1980. Ahora me estoy convirtiendo en un polvo diferente. Literalmente me estoy haciendo arena. Mis articulaciones me duelen. Y siento que me deben dar el turno preferencial al abordar un avión… ¿Para que esperan a que estés en una silla de ruedas o que tengas un bastón para hacerte subir con los de primera clase? Deberían preguntar: ¿Quién se siente una mierda hoy? ¿A quien le duele el cuerpo mucho o el alma o lo que sea? Hoy día yo alzaria la mano sin roche.

Cuando era adolescente o muy joven y me sentía bajoneado. Lloraba y buscaba sentirme peor bebiendo la mayor cantidad de ron o cerveza posible o peleándome en la calle aunque siempre me pegasen. Ahora que soy un adulto mayor, corro.

Cuando realmente quiero hacerme mierda: Corro. Hoy salí a correr por primera vez en lo que va del año y corrí 10 km. Los últimos dos km con mucho dolor en una pierna que al parecer ya no funciona tan bien. Cada paso de esos últimos dos Km fue un suplicio. Pero los di como si estuviera peregrinando a la meca de rodillas: Con coraje y convicción.

Cuando terminé mi actividad auto destructiva sentí que mi pierna izquierda era prestada. El resto de mi cuerpo estaba bien pero ella no tanto y por mucho.

Mientras estiraba intentando no despedazar algún tendón pensé en esos corredores sin piernas o con una sola pierna. Eso me hizo sacar una sonrisa y me hizo darme cuenta que mis problemas atléticos no son tan graves. Hay gente que corre sin piernas y hay hombres que tienen sexo sin pene. Por el momento tengo pene y mi pierna esta pegada aún a mi cadera así que no tengo porque llorar tanto.

Pese al daño físico que me he causado (Peso 85 kg. En los últimos cuatro años he corrido una sola vez y hoy corrí 10 km) me siento bastante mejor. Menos problemas surcan mi mente. Me siento más relajado. Quizás sea el dolor lo que me mantiene concentrado y pensando en una sola cosa.

Sea como sea. Me han dado ganas de volver a correr como corría antes. Hablo de maratones y demás porquerías que hacía antaño. Cuando tenía 28 años y era un jovencito resuelto a comerse el mundo…