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Viajar para mí

Viajar para mí es vivir. Es respirar aire de otros lados. Enmarañarse en otras lenguas. Embadurnarse de colores nunca antes vistos. Es conocerte a ti mismo de nuevo. Es ir ligero. Sin mucho apuro. Sin mucho estrés. Es ver el mar azul de una isla griega rozándome los dedos de los pies. Es ir por el sencillo placer de estar ahí. Viajar para mí es abrumarte de cosas nuevas. Es rellenar el corazón y la mente de los mejores recuerdos. Es sentirte hijo del planeta. Sintiendo que eres parte del mundo en algún campo helado de Alemania a las seis de la mañana. Viajar para mí es olvidarte de las tonterías que te han enseñado. No es comprar recuerdos ni alocarte en el Duty Free. Es tomarte un café espresso en Roma al lado del Coliseo por un Euro. Es huir de la rutina del año. Escapar de la vorágine de nuestra sociedad. Es ir y leer al mundo como si de un buen libro se tratase. Es probar la mejor ensalada de frutas del mundo en una playa de Ecuador. Es ir a la aventura en una época en la que ya todo es conocido. Viajar para mí es regresar a nuestro estado primigenio puro. Al hecho de ser un nómada imparable e incansable. Es correr peligro a veces. Es enamorarte de lugares mágicos a orillas del mediterráneo. Es ver lo que nunca has visto. Escuchar lo que nunca antes has oído y saborear lo que jamás has probado. Viajar para mí es cumplir sueños de infancia. Ver ruinas en Jordania de las que Indiana Jones peleó y ganó. Es ser yo mismo. Es la más simple de las necesidades que tenemos todos los hombres. Que al fin y al cabo, aquí y ahora, estamos solamente de paso.

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Del Rechazo y el Fracaso

No quiero que me rechacen. No me gusta. Bueno a nadie le gusta. Creo que a mi me gusta  menos. Desde que era un niño odiaba el rechazo. Que los otros se fijaran en mi y me dijeran: “No, tú no juegas…” Dejé de jugar muchos años en el recreo con otros niños porque no me quería acercar siquiera a preguntar “si es que podía jugar…”. Más grande ya. El primer día que se me ocurrió decirle a una niña que me gustaba fui rechazado sin asco y terminé no diciéndole a ninguna chica “te quiero” o “me gustas” en ocho años. Me burlaba de los enamorados y de los que caían en lágrimas intentando conseguir alguna “noviecita”. La derrota y el sufrimiento del resto me hacía sentir bien. Hasta que me enamoré y tuve que hacer la de “idiota” y decir muchos “te quiero” y muchos “te amo” porque así es el amor (pero los cuentos del amor son otros cuentos. Otro día hablamos de ellos…).

Decía que odio el rechazo. No me gusta ir a una entrevista de trabajo y que me digan ya te vamos a llamar y no recibir si quiera eso: Una llamada. La verdad es que nunca me ha tocado estar en ese lado de las entrevistas de trabajo. Casi nunca he aplicado a un trabajo. Soy yo el que rechazo o acepto. A veces no llamo más a los candidatos y ellos se deben sentir una mierda gracias a mi. Lo sé: A veces soy cruel. Dejando de lado eso: Odio el rechazo. Odio que me digan que no. Odio que me digan: “No te puedes salir con la tuya hoy….” ¿Bueno y que hay con eso? se dirán ustedes. Todos al fin y al cabo sentimos miedo al rechazo. Ninguno de nosotros al fin y al cabo quiere “fracasar”. Bueno escribo estás lineas para decir de que voy a “fracasar” a lo grande. Quiero que me rechacen y que me hagan mierda. Es más me voy a plantear proyectos que tienen muy poca probabilidad de éxito para ser rechazado por el destino. Por la gente. Por mis jefes. Por mi mujer y sentir ese desprecio como un baldazo de agua fría. Muy fría en mi cara.

Como he escrito en algunos posts de este blog. He enfrentado en los últimos años la mayoría de mis fobias. Le tengo terror a la altura y me metí a la unidad de paracaidístas del ejercito de Israel. Le tengo terror al dolor físico y me puse a boxear sin piedad y a recibir muchos puñetes sudorosos en mi hermoso rostro.  El terror a hablar con la mujeres no lo voy a superar por el bien de mi matrimonio. Ese miedo lo voy a dejar. Supongo que mi esposa preferiría incrementarlo. Mi nuevo reto es enfrentar el rechazo y el fracaso. Voy a fracasar. Quiero fracasar y lo voy a amar. Escribo estás lineas sabiendo que nadie o casi nadie las va a leer. Eso es un puto fracaso si te esperas mil visitantes por día en tu blog. Pero no me importa voy a seguir escribiendo.  ¿Saben porque? Porque me voy a cagar en el rechazo de la gente y en el hecho de ser un blogero “fracasado”. Voy a subir al campo base del Everest y puede ser que fracase en el intento. Puede ser que me quiebre en la mitad o al primer paso. Voy a sentir aquel fracaso. Voy a llorar y voy a seguir caminando porque el fracaso y el rechazo que siente la montaña más alta del mundo por mi me va a importar un comino. No voy a volver a fracasar porque ese concepto de mierda lo voy a quitar de mi mente. Sencilla y llanamente no voy a tener más miedo a no hacer por tener miedo a no hacerlo bien. Por tener miedo a no caer bien. Por tener miedo a ser rechazado. Por tener miedo a no ser aceptado. Por no ser leído. Ni ser escuchado. Me va a chupar un huevo fracasar y por ende voy a hacer las cosas más increíbles del mundo.

Incertidumbre

Me siento algo decepcionado conmigo mismo. No puedo controlar el clima. La filosofía Zen dice que con las justas te puedes controlar a ti mismo. Pero eso de controlar al resto de cosas (aunque sea un poquito) naca la pirinaca. Todo lo que sucede en el universo y en la casa de tu vecino se debe (en mayor o en menor parte) a una pequeña concepción ideológica y científica. Sin introducirnos demasiado en explicaciones estilo Stephen Hawking podemos resumir de que el universo esta supeditado a una ley o principio simple: La incertidumbre. Obviamente tú y yo somos parte de este universo y obviamente tú y yo nos movemos y tomamos decisiones basándonos en la incertidumbre. En resumen y en español gentil: Tú y yo no podemos controlar ni mierda ni siquiera al uno por ciento. Todo es incertidumbre.

Una salsa de antaño decía: “La vida es así…No la he inventado yo…”. Pues sí. Es así. Pensamos que nuestras decisiones o el hecho mismo de “tomar decisiones” nos da cierto poder sobre nosotros mismo, sobre nuestros hijos, sobre los gobernantes, sobre el planeta, sobre tu profesor de física, sobre tu mujer, sobre tu perro. Estamos acostumbrados a la secuencia lineal de Decisión- Acción- Reacción. Si decido tirar la pelota a Ringo y luego alzo la pelota y la arrojo en una dirección, espero (porque casi siempre sucede) de que Ringo va a correr para traerla de vuelta. He concebido de qué,  como hasta el día de hoy siempre ha sido así, la próxima vez que lo haga “va a ser” de esa manera: Ringo va a correr a la velocidad de un rayo entusiasmado y con la lengua afuera hacia la dirección, en la cual, la pelota está dando botes. Luego la va a meter en su boca babosa y va a regresar trotando hacia mí. Es lo que debería pasar pero ¿sabes qué? Puede ser que no pase. Y ¿Sabes por qué? Por el bendito principio de incertidumbre. Hay una infinita gama de posibilidades y de opciones que pueden hacer que Ringo NO me traiga la pelota. Puede distraerse con otra cosa. Puede aparecer otro perro. Puede caer un meteorito en el parque. Puede ocurrirme un infarto. Puedo sencilla y llanamente tirar la pelota en un sitio de donde él no la pueda extraer. Las probabilidades de que esa pelota retorne a mi mano son ínfimas respecto a las que podrían hacer de que esa pelota jamás regrese a mí. La incertidumbre es demasiado poderosa.

Todo este rollo pseudo  filosófico intenta explicar una cosa bien simple. No puedo controlar el sencillo hecho de tirarle la pelota a mi perro. Y si no puedo controlar eso. ¿Cómo  puedo controlar algo un poco más complejo aún? Digamos mi vida. Joder, si nos ponemos a pensar bien, en cada segundo que pasa se nos cierran infinitas posibilidades de hacer tal o cual cosa y se nos abren otras infinitas posibilidades de hacer esto o aquello. La incertidumbre juega a veces a nuestro favor. En fin. Empecé este post diciendo que me sentía decepcionado conmigo mismo porque no puedo controlar el clima. He llegado a la conclusión de que no puedo controlar nada (ni siquiera la trayectoria de la pelota de mi perro). Es algo egoísta decir de que yo he llegado a tal conclusión. Los filósofos budistas de hace miles de años llegaron a ella hace tiempo y se dieron cuenta de que la mejor opción para tratar la “falta de control” es no poner resistencia y dejarte llevar por la incertidumbre: “Si un problema tiene solución ¿para qué preocuparte? y si un problema NO tiene solución ¿para qué demonios preocuparte?” Simple y simpático pensamiento Zen. Una lástima que no soy budista y me sigo preocupando en que no puedo controlar el clima. ¿Y sabes por qué? Porque últimamente estoy leyendo los pronósticos de vuelos desde Katmandu a Lukla (donde empieza la travesía al campo base del Everest) He revisado los últimos siete años y he terminado jalándome los pelos. En resumen: No se puede pronosticar una mierda. Hay semanas enteras que no se puede volar a Luckla tanto en Setiembre (el mes en que viajamos) como en Octubre o Noviembre (los mejores meses para viajar) Hay semanas enteras despejadas en la época de lluvias y hay otra en las que la visibilidad se reduce a un metro a la redonda.

Hemos decidido ir al Everest pero ¿Eso es suficiente para que lleguemos?. Las posibilidades de que NO pongamos los pies en la montaña más alta del mundo son infinitas. Aunque las posibilidades de que un chileno, un inglés y un par de peruanos,  que  hace un par de meses eran meros desconocidos, que ha su vez suelen amar a los perros,  que ha su vez son israelíes, que ha su vez hayan decidido cruzar juntos Jordania, Qatar, India para llegar a Nepal, y que ha su vez hayan abrazado con cariño e inocencia el sueño de llegar al Everest entrenando en el mar muerto… Las posibilidades de que semejante conjunción de casualidades y mezclas de opciones se diese y se esté dando son (creo yo) más ínfimas que las anteriores. Como dije antes: La incertidumbre juega, a veces, a nuestro favor.

Y si es así entonces…

Everest Base Camp IV

Después de un fin de semana lleno de emociones (vease el link de aquí) hemos decidido tomarnos esta semana de descanso. Al menos no vamos a hacer ningún trekking exigente. Esta semana recibí mis flamantes botas Salomon Quest GTX. Las he probado andando por la calle y dando vueltas por la casa. Hasta este momento las siento deliciosas. Pero su prueba final va a ser en algún caminata en terreno difícil para ver si valen tanto como se las pinta. He recibido también una de las linternas frontales que nos hacían falta. La Petzl Tatinka. Linterna simple pero que cubre con los requisitos de ser resistente al agua y tener un alcance de hasta veintitrés metros de iluminación con las pilas bien cargadas. En nuestro último trekking en el desierto de Judea comprobé que nuestra organización del equipo y de la logística tienen una cuantas grietas bastante grandes que deben ser reparadas cuanto antes (para eso se hacen las caminatas de práctica) Por ejemplo:

  • Falta de un botiquín de primeros auxilios. Creo que es la cosa mas importante que encontré y que no se como, hasta el día de hoy, no hemos necesitado “realmente” de uno. Debemos darle a uno de los cuatro el cargo de “médico” y el se debe hacer responsable del kit de primeros auxilios y de su abastecimiento. Obviamente deberá contemplar también la fecha de caducidad de los productos y aprender (si es que no lo supiese) el uso de vendajes y para que sirve cada pastilla o ungüento dentro de su kit. (Gracias Ben por hacernos dar cuenta que necesitamos un botiquín…)
  • Cantidad de agua. Este punto es menos relevante para el Himalaya. Ya que nuestra capacidad de deshidratación y nuestra capacidad de conseguir agua son completamente diferentes a las que tenemos en un desierto de medio oriente. Pero, ya que, nuestros entrenamientos hasta que lleguemos a Nepal se van a dar en esta calurosa zona del mundo. Debemos tomar las prevenciones del caso. Lo primero que he echo es agrandar mi Camel Back de uno de dos litros a uno de tres. Pienso que lo mínimo necesario para salir a un trekking de unas cuantas horas en esta temporada en Israel son cinco litros de agua por persona y ni una gota menos. Debemos enseñar (a los que aún no saben) cual es la importancia de racionar bien el agua de acuerdo al esfuerzo físico y a la temperatura exterior. La mayoría de cosas aquí descritas las hemos comprobado en carne propia en el último trek.
  • Aguante mental.  Algo que observe en Judea fue que nos quebramos mentalmente demasiado fácil. Tenemos que  ser conscientes de que a cuatro mil metros de áltura va a ser difícil. De que va a doler. De que físicamente quizás lleguemos al límite y tenemos que aprender a trabajar con eso. Trabajar con la sensación de cansancio. Trabajar con el dolor y con la fatiga sin que melle demasiado nuestro estado de ánimo y nuestra capacidad de reaccionar ante problemas imprevistos. Tenemos que aprender a convivir con la incomodidad.
  • Trabajo en equipo. Tenemos que entender que somos un equipo. Tenemos que empezar a trabajar como tal. Para llegar a la meta (Everest Base Camp) nos necesitamos los unos a los otros. Tenemos que aprender a repartir responsabilidades a cada uno y que cada uno haga su parte del trabajo. Obviamente entendiendo las limitaciones físicas de cada miembro (en mi caso personal: Mi tan odiada Acrofóbia) y trabajando conjunta e individualmente para sacar el máximo provecho de esas mismas limitaciones.

Estamos aún en época de aprendizaje y tenemos mucho que mejorar. Nos quedan exactamente noventa días para viajar a Jordania y así empezar nuestro periplo hacia la mejor experiencia de nuestras vidas. Vamos a ir mejorando individualmente y como equipo. Vamos a llegar al valle de Kumbu y lo vamos a subir todo hasta el último camino del mundo. Y al final de ese camino nos vamos a encontrar una de las fronteras más impresionantes de la tierra: El Everest.

Everest Base Camp III

Me la paso últimamente buscando toda la información posible sobre el Everest Base Camp trek. Llegué ayer a un blog que se llama EBC trekker donde tenían una detallada mapeada, sobre los “te houses” y los recorridos diarios, además de información bastante importante sobre el tramite de permisos en Katmandú. Joder!!! de solo pensar que me quedan tres meses y medio para ir a escabullirme por esas alturas me emociono más de la cuenta. En fin, en este post voy a tratar de enumerar mis avances hasta el día de hoy en lo que acondicionamiento físico se refiere y además la cantidad de equipo que estoy acumulando (de a poquitos) hasta Setiembre. Comencemos.

Acondicionamiento Físico:

  • Tres sesiones de Croosfit semanales. De no mas de 35 minutos por sesión. En cada sesión vario los ejercicios y el orden de las rutinas. Ejemplo de una de sesión de entrenamiento: 10 dominadas, 20 push ups, 25 squats, con esos tres ejercicios formo un pequeño circuito que realizo cuatro veces lo que me demora unos siete u ocho minutos (obviamente el circuito se realiza sin ningún tipo de descanso) Terminando el primer circuito (básico) empiezo con un circuito de aislamiento de ciertas partes del cuerpo que quiero fortalecer. Biceps, triceps, pantorrillas, trapecios y antebrazos. También en circuito, completando los 35 minutos de entreno. Lo que consigo con esto, es que entreno cada parte de mi cuerpo por lo menos tres veces por semana. Siento que a medida que pasan las semanas mi resistencia aerobica y anaerobica mejoran de manera exponencial. También la fuerza y la potencia explosiva aumentan mucho. Prácticamente no hay Hipertrofia (me mantengo siempre en el mismo peso: 85 kg)
  • Dos o tres sesiones de Running trail de 10 km cada una. Esta es una meta que tengo, la cual no he podido mantener por mucho tiempo porque la semana pasada me he lesionado corriendo con las Minimus de New Balance por un camino muy empedrado. Una de las piedras me hizo mucho daño en la almohadilla metatarsal del pie derecho. No he podido volver a correr desde entonces. Espero que le lesión evolucione de la mejor manera posible y me sane cuanto antes para que pueda volver a correr.
  • Un día de trekk por terreno montañoso y difícil con un promedio de 10 km por caminata. Hasta este momento faltando 3 meses y medio he realizado solo un camino de trail de 9 km de dificultad media en los montes de Jerusalén.
  • Debería tener un día de descanso a la semana. Así que las semanas que haga trekking voy a correr solo dos veces y las que no, tres veces. Tengo que planificar mejor mis entrenamientos de running-trekking para que así llegue con una buena base de kilómetros a Katmandú.

Equipamiento:

  • He comprado por Internet la mochila de Deuter “Futura pro 42”. Estoy esperando con ansias que aterrice por estos lares.
  • Head lamp de Princetoon Tec. Tengo una, debo comprar otra para Dafna.
  • Zapatos de trekking. Tengo los Asolo más fuertes de la tierra. El único problema es que están algo viejos y con muchos kilómetros de caminatas civiles y militares, además de muchos combates (literalmente) debajo de sus suelas. Creo que que me he decidido por los Salomon Quest GRX. Hoy voy a averiguar su precio  con el importador de Israel. (aquí los equipos de montaña son muy caros)
  • Medias de trekking de la lana de Redhead o alguna marca similar.
  • Botiquín de primeros auxilios haciendo hincapié en las pastillas contra el mal de altura.
  • Toallas comprimibles.
  • Pastillas de purificación de agua.
  • Sistemas de hidratación.
  • Fleece, cortavientos, chaqueta de gore tex.
  • Pantalones de fleece mas pantalones de trekking ligeros.
  • Geles y barritas energéticas.
  • Bolsas de dormir -10 grados centigrados.

Las cosas de la lista son cosas que tengo o que ya estoy en proceso de compra. Siempre una lista ayuda a ordenar un poco las ideas y ver lo que se tiene y lo que falta… Así que continuará…

Everest en Compañía

Siguiendo con los post acerca de nuestra futura travesía por los Himalayas. Tengo que expresar que estoy bastante contento porque un par de amigos se han unido a nuestra aventura. Ya no somos dos solitarios andantes entre montes, sino cuatro y cuatro es un numero bonito. Dos son compañía pero a veces también son soledad, tres siempre son multitud y cuatro es un numero tan simétrico que es bastante imposible de que te sientas demasiado solo o demasiado acompañado. Si quieres quedarte solo, los otros tres se la pueden pasar compartiendo y si quieres estar con amigos tienes los suficientes para ganar bastante calor humano como para escupir una sonrisa cuando las cosas se ponen feas. Cuatro es un número tan simétrico en el mundo que en las mesas hay cuatro patas y en los autos cuatro ruedas, los mundiales de fútbol se juegan cada cuatro años y las olimpiadas también, Cesc Fabregas usa el cuatro en su camiseta inspirado seguramente en cuando le va durar su contrato en el Barcelona (cuatro estaciones) osea un año más. Y por último, para mí, cuatro es el número del ticket para conseguir un sueño: el Everest Base Camp.

No voy a poner los profiles de los amigos que se nos han unido. Basta con decir que son personas con las que te dan ganas de andar en los confines del planeta. Y con eso cierro el tema.

Pasando al tema del equipo. Hoy he comprado la mochila que me va a acompañar en el camino: Una Deuter Futura pro 42. La primera compra de unas cuantas que tengo que hacer para completar el equipo que me falta. Necesito un par de cortavientos y unos zapatos de montaña nuevos. Mis pobres Salomon hacen agua (literalmente) los pienso remplazar por el modelo Salomon Quest con membrana de Gore Tex. Fuera de eso estamos prácticamente listos con respecto al equipo.

Hemos empezado un programa de entrenamiento basado en crossfit (insanity y crossfit tradicional con pesos muertos) y en carreras largas a paso moderado. Estoy intentando planificar salidas de treking largas los fines de semana. Se hace un poco difícil porque cuatro personas adultas tienen unas rutinas que a veces se entrecruzan las unas con las otras. O por el contrario, el clima no ayuda mucho y hasta el momento lo único que hemos caminado son 4 miserables kilometros en un día muy lluvioso. El próximo fin de semana vamos a realizar nuestro primer treking serio en el desierto de Judea, cerca del mar muerto.  Si llueve aquel día lo voy a tomar como un serio símbolo de mal agüero, aunque sea yo, la persona menos supersticiosa de este mundo.

En fin esas son las novedades y los pequeños  avances (y grandes también porque nos hemos enriquecido como grupo) que hemos hecho. Redondeando con el numero cuatro. Nos quedan exactamente cuatro meses para pisar Nepal.

Everest Base Camp

En uno de nuestros trekkings en la meseta del Golán. Frontera de Israel y Siria.

Desde hace unos años siento algo indescriptible cuando escucho hablar  de cumbres altas, de nieve, de sudor frío, de arduas jornadas de caminata, de sobreponerse al cansancio y al frío por la única y fútil tarea de subir una montaña. No soy  un montañista profesional. Es más, no soy un montañista, pero me encanta la vida al aire libre, me encantan los retos, me encanta probarme a mi mismo y me encanta sentirme vivo. Siento que la montaña te puede brindar  aún grandes aventuras. Aventuras que en su mayoría se encuentran  en peligro de extinción. Las navegaciones peligrosas por el cabo de hornos, la búsqueda de nuevos continentes, la conquista de los polos, la conquista misma de lo que somos. Seres curiosos e inconformes.

De niño amé a Juio Verne y leí cada una de sus historias. Supongo que gran parte de mi personalidad de hoy en día se la debo a aquel hombre visionario e imaginativo. Mis héroes fueron siempre los navegantes tirados en alguna isla desierta, el capitán Nemo, los viajantes al centro de la tierra y muchos más. Esa amplia gama de emociones me convirtió en un junkie de las aventuras, de la emoción y de los viajes.

Hoy por hoy, a los 32 años he decidido cerrar este año con la aventura más ambiciosa que he tenido hasta hoy: Llegar al campo base del Everest. Y hacerlo además acompañado de mi querida compañera (me costo seis meses convencerla…). Un proyecto que nos demandará un mes desconectados de nuestra vida, una logística relativamente elevada, un vuelo a las alturas de Katmandú y una caminata de 18 días y todo por el sencillo y llano placer de llegar al confín mismo del planeta.

Espero que todo salga como lo estamos planeando. Espero que el mal de altura no nos arruine los planes. Espero que disfrutemos lo inseguro porque eso mismo es lo que sazona una aventura. Me gustaría poner unas cuantas entradas en el blog en forma de bitácora que narre como vamos avanzando en el proceso de construir un viaje al Everest y que sirva de referencia para las personas que lo deseen.

En este preciso instante acabo de mandar un SMS a mi jefe diciéndole que me voy a Nepal en Setiembre.

Me acaba de responder: “¿¿¿¿Que????”