¿Los minimalistas consumen?

He sido un consumidor toda mi vida. He comprado por impulso. He comprado cosas que no he necesitado y que no voy a necesitar jamás. He gastado ingentes cantidades de dinero en artículos que lo único que han hecho es rellenar mi casa de basura. Artículos sin personalidad, comprados sencilla y llanamente porque la publicidad supo hacer su trabajo en mí. Y yo no supe defenderme de ella.

Cuando decidí ser consciente de mis hábitos de consumo y además de eso, ser consciente de mi propia vida; hice una recapitulación de las cosas que realmente me importan o que realmente necesito para sobrevivir de una manera aceptable y en lo personal, seguir considerándome una persona feliz. Llegué a la conclusión de que realmente necesito muy pocas cosas para sobrevivir y no necesito prácticamente nada para ser feliz.

No te equivoques. No estoy hablando de tener la vida de un cavernícola, o de una persona que tiene dos mudas de ropa y un plato donde comer. Me refiero a que con lo «básico» que hay en cualquier casa es más que suficiente. Tengo un televisor que uso como pantalla de computadora y donde veo películas y series por Internet. Tengo un par de laptops. Una cámara fotográfica  Reflex de Nikon. Un sistema de parlantes de computadora. Pesas. Un par de muebles de ikea. Una cama. Y todo lo que va en una cocina: Platos. Cubiertos y vasos. Tengo un auto Hyundai Getz del 2005.

Tengo un perro también. O él me tiene a mí.

Esas son mis pertenencias. Y la verdad es que no necesito más que eso. Vivo (junto con mi esposa) en un  departamento que tiene 65 metros cuadrados. Está en el centro urbano de Gush Dan. Conformado por Tel Aviv y los barrios periféricos de la ciudad.

¿A veces una persona que se considera minimalista compra cosas?

Si. A veces compro cosas. El minimalismo de cada uno es relativo o lo que cada un cree conveniente. No soy un extremista que dice que comprar es una abominación. Solo propongo el consumir lo que realmente necesitamos. O vamos a usar. Propongo también el consumir artículos de la más alta gama posible que te puedes permitir (menos los autos, que hacen el mismo trabajo los que tienen asientos de piel como los que no.) así no tendrás que reemplazar (tus cosas) en mucho tiempo. Mi cámara reflex tiene cinco años y fotografía como nueva. Por dar un ejemplo. Hay un dicho por ahí que dice: lo barato sale caro. Es muy cierto, pero además de eso te puedo decir: Si compras barato, vas a comprar más, mucho más.

Pero aún así consumo. Es lógico. Tengo intereses y hobbies. Me gustaría comprar una cámara Go Pro. Me encantan los deportes de aventura y me gustaría filmar de cuando en cuando lo que hago. Pero soy consciente que es un producto caro, muy publicitado, que quizás se puedan encontrar alternativas mejores y más baratas. Aunque es un producto que ha probado su nivel de alta gama, de fiabilidad, de resistencia en diversas condiciones. La decisión es mía y la  tomaré teniendo en cuenta todas las variables y razonando los pros y los contras.

Pienso mucho antes de hacer una adquisición y al no hacerlo por impulso aparecen todos los contras posibles. Si al cabo de una semana que he pensado detenidamente en comprar o no el producto, aún le encuentro más pros que contras, lo compro y punto.

En resumen: Consumo, pero pienso mucho antes de hacerlo.

Consumir de manera responsable y no automática es mejor para tu bolsillo, para la ecología, para evitar el desorden en tu casa, para que no relaciones la felicidad con el hecho de acumular artículos.

Que tengas un buen fin de semana.

Simplificando el éxito

Ser exitoso.

Eso es lo que me dijeron que debía ser. Cuando era un niño. Cuando era un tímido adolescente enclenque. Cuando las personas encargadas de mi crianza y mi entorno parecían enfocados en eso: Hacer de la nueva generación, una generación llena de hombres (y mujeres) exitosos.

¿Pero qué es el éxito?

¿El éxito es tener un doctorado en biología molecular y dar cátedras acerca del tema?

¿El éxito es darle la vuelta al mundo siguiendo tus sueños?

¿El éxito es tener una cuenta bancaria holgada y tener la capacidad de comprarte lo que de la gana?

¿El éxito es ser un buen padre o madre y ofrecerle mejores oportunidades a tus hijos que las que tú tuviste?

¿El éxito es ser el hijo que se hace cargo del padre enfermo?

¿Exitoso es el que tiene muchas parejas casuales a lo largo de la vida o el que tiene solo una?

Podría seguir haciendo mil preguntas más.

Recién entrado a mis treintas me pregunté a mi mismo si me podía considerar «exitoso».  No importa cuantos logros haya tenido en la vida. De acuerdo a lo que percibo y entiendo de la palabra «éxito»: No soy exitoso.

No lo soy porque no sé lo que el éxito significa. Y según mi experiencia de vida el hecho de ser «exitoso» en el  tener una cuenta bancaria holgada y poder comprarte lo que quieras, no necesariamente implica  que seas «exitoso» como padre. El hecho de que le hayas dado la vuelta al mundo treinta veces no necesariamente te da el «éxito» en el aspecto sentimental. El éxito al fin y al cabo y como yo lo entiendo, es una palabra vaga a la que se le pueden dar millones de connotaciones diferentes.

Tengo un esposa, un perro y estoy sano. Es lo que tengo en la vida y soy feliz. ¿Eso me hace menos exitoso que el cardiólogo que tiene una gran casa, pero que odia a su mujer y se siente miserable cada segundo que está dentro de esa casa? La respuesta es: No lo sé. Como dije antes, el éxito es un concepto tan vago y al mismo tiempo tan puntual que considerarte «exitoso» o considerar al alguien «exitoso» es una reverenda falacia.

Por eso, y como este es un blog que habla de simplificaciones, he decidido quitar el concepto de «exitoso» de mi vida. Obviamente si no puedo ser «exitoso» tampoco puedo ser un «perdedor». Pero de la palabra «perdedor» hablaremos en otro momento.

Eso es, queridos lectores: Mi punto de vista personal. El que quiera seguir buscando el éxito, bienvenido sea y que tenga mucha suerte. Yo, por mi parte, no tengo tiempo para eso. Tengo demasiadas cosas interesantes que buscar y aprender en la vida.

Deja de compararte

Deja de compararte.

Deja de compararte con el vecino de al lado.

Deja de compararte con el amigo de Facebook.

Deja de compararte con tu mejor amigo.

Deja de compararte con tu hermano.

Si a ellos les va excelente, eso no implica que a ti te este yendo mal. Sé feliz por ellos y para ellos.

Si a ellos les va mal, eso no implica que a ti te este yendo excelente. Sé compasivo y ayuda.

Trato cada día de no compararme con el resto. Digo que «trato» porque no lo puedo lograr al cien por ciento. Mucha veces suelo compararme con un amigo en Facebook, con algún otro compañero en el trabajo o con el escritor de algún otro blog.

Pero apenas soy consciente de lo que estoy haciendo. Lo dejo ahí. Sé por experiencia propia que el acto de auto-comparación, no es nada más, que dañino y una perdida de tiempo y de energías. Por experiencia soy consciente de que nunca nos comparamos con la persona en sí misma, sino con el ideal que tenemos de ella.

Por ejemplo:

Compararte con tus amigos en las redes sociales es tonto. Ellos muestran lo mejor de sus vidas. Las mejores fotos de sus vacaciones. Lugares increíbles. Situaciones espectaculares. Pero hay que ser conscientes de que esos perfiles de nuestros amigos de facebook no son realmente nuestros amigos. Son una parte realmente ínfima de lo que son. Y esa parte ínfima mostrada, la mayoría de las veces, es la mejor parte.

Mucha gente que es mi amiga en Facebook, cuando habla conmigo, lo primero que me dice es lo espectacular que es mi vida. Tienen razón, mi vida es espectacular pero no precisamente por mi perfil de facebook. Lo que pongo en facebook es publicidad. Son los mejores instantes de mi vida. Los lugares más bonitos que he visto. Los mejores textos que he escrito. Las mejores fotos que he tomado. No pongo los momentos «reales» y «rutinarios» de mi día. Mis achaques. Mi cansancio. Mi aburrimiento. Mi hastío. Mis problemas en el trabajo. Mis problemas maritales. Mis deudas. Mis dudas. Mis hongos en los pies y un largo etcétera. Todo lo que esta en mi perfil de facebook soy yo. Pero TODO lo que NO esta en mi perfil de facebook también soy yo. Y si sé que casi todo mi YO se encuentra fuera de facebook, entonces entiendo que el resto de perfiles espectaculares de mis amigos, son exactamente iguales al mio: Pura publicidad. No son realmente ellos. El perfil es un espejismo y punto.

Lo mismo sucede cuando te comparas con el vecino. Con tu hermano. Con tu mejor amigo. Tú eres maravilloso como eres. Ellos son maravillosos como son. Pero todos tenemos nuestros lados malos y nuestros lados oscuros. El hecho de compararnos es destructivo por la sencilla razón de que comparamos lo peor de nosotros con lo mejor de ellos. Y eso querido amigo: Es una burda falacia.

Así que hazte un favor y deja de compararte.

 

Una vida simple

Hace menos de una año empecé a simplificar mi vida.

Le quité la televisión. Le quité las dos comidas a la semana que me comía en algún restaurante. Le quité los gastos hormiga (esos que te la pasas haciendo sin que te des cuenta y al fin del día tu billetera ya no tiene billetes). Le quité cosas (me deshice de casi la mitad de mi ropa y de muchas cosas que no me servían para nada y que estaban metidas en casa). Reduje el tamaño de mi departamento (nos mudamos a uno más pequeño). Arranqué de cuajo la publicidad (ya que no veo televisión y la bloqueé en la computadora) y no me dejo dominar por ella. Trabajo menos horas que antes.

En cambio mi vida aumento en:

Tengo más dinero en el banco. Tengo más tiempo. Veo lo que yo decido ver por Internet (y sin publicidad). Me he vuelto más creativo (porque tengo  más tiempo libre). Tengo más tiempo con mi esposa. He adquirido la habilidad de dejar de importarme por las cosas. He sumado a mi vida unos cuantos libros más. Mi estado físico está en el mejor nivel de mi vida (tengo tiempo para entrenar todos los días). Mi mente está buscando una salida para dejar de trabajar (de la manera usual) y pasar a trabajar de lo que me gusta (que es escribir). Y sobre todo he salido del circulo de convenciones preestablecidas por la sociedad de consumo. Ya no estoy ahí.

Una vida simple:

No escribo este blog para hacer dinero. No lo hago siquiera como catarsis. Lo escribo porque tengo ganas de ayudar al resto. No me importa si tomas los consejos que pongo aquí o no. Al fin y al cabo lo que escribo aquí es lo que todo el mundo sabe que se debe hacer.

Todos sabemos que lo material en si mismo no es la fuente de la felicidad ni del placer en la vida.

Todos sabemos que deberíamos ser dueños de nuestro propio tiempo.

Todos sabemos que es mejor tener ahorros que tener deudas.

Todos sabemos que nada es gratis y que los bancos no son tus amigos.

Escribo para dar un testimonio de que si se quiere vivir una vida simple, se puede sin necesidad de sacrificar nada de importancia. Puedes tener más tiempo y más dinero disminuyendo algo tan simple como la televisión por cable.

Yo no llevo a cabo todo lo que esos maestros del minimalismo recomiendan. Estoy muy lejos de ello aún. Y es más, no quiero llegar a ningún límite como esos jamás. Pero he cambiado unos cuantos hábitos simples y pequeños y mi vida es mejor. Y si la mía mejoró, la tuya también puede mejorar y mucho.

Quizás este blog sirva solo como testimonio de una pequeña parte de mi vida. En ese año 2013/14 en el que me incliné por el minimalismo y por una vida más frugal y menos consumista. Quizás en diez años no recuerde en absoluto  todo lo que escribí aquí. Pero si me mantengo en el rumbo. Si no renuncio a como estoy haciendo las cosas, quizás en diez años siga escribiendo este blog (mucho mejor de lo que lo hago hoy en día) y quizás mi vida haya mejorado mucho más de lo que ya ha mejorado hasta hoy.

Estos consejos. Palabras. Recuerdos. Y experiencias están puestos aquí para ti. Nadie me paga un centavo por el tiempo que dedico a esto. No lo busco tampoco. Solo hago lo que cualquier persona simpática hace cuando se encuentra algo realmente bueno. Comparte la marca, el link, la tienda, el restaurante con sus amigos y con los que no son sus amigos. Y por eso después de encontrar el minimalismo, quiero compartir mis experiencias y recomendárselo a todos y a cada uno de ustedes queridos lectores.

 

Mantente fuera de la zona de confort

En el ejercito aprendí que el límite de resistencia de una persona es veinte veces superior a lo que ella piensa. Aprendí a estar fuera de mi zona de confort una hora, un día, un mes, un año, siempre.

Podemos hacer cosas increíbles. Todos somos capaces de aprender a estirar nuestros límites poco a poco.

Digamos que crees que puedes pasarte un día sin comer y no más de eso. Pues tu límite real está aproximadamente en los veinte días. Con práctica un ser humano puede pasarse 30 días sin probar bocado antes de morir de inanición. Este ejemplo solo sirve de referencia para que entendamos uno de nuestros límites biológicos más simples. Y si algo tan necesario y vital como la comida puede ser llevado a límites tan extremos, pues créeme que muchas de nuestras actividades cotidianas las podemos llevar a extremos mucho más impresionantes que ese.

Mucha gente dice que para aprender y crecer en la vida hay que aprender a salir de la zona de confort de cuando en cuando. En el ejercito  por ejemplo, te enseñan  a estar fuera de la zona de confort todo lo que puedas. ¿ Y sabes qué? Es impresionante cuanto se puede hacer fuera de ella.

La mayoría de nuestros límites físicos son mentales. Obviamente nuestro cuerpo es una máquina constituida de carne y huesos y a estos los podemos llevar al límite, pero su límite está mucho más lejos de lo que nosotros pensamos, creemos o queremos creer. Nuestro primer límite es el que nosotros mismos nos ponemos al decir. Eso para mí y para mi cuerpo es imposible.

Para dar un ejemplo:

Mucha gente quiere comenzar a entrenar un deporte. Quieren comenzar a correr. Quieren llevar una dieta más sana y así sucesivamente. Pero muchos de ellos pierden la moral bastante rápido después de correr el primer kilómetro y de haberse dado cuenta cuan fuera de forma están. A todos nos ha pasado algo así. A mí me me ha sucedido en los primeros días de entrenamiento en el ejercito en el desierto con cuarenta grados centígrados sobre mi cabeza. Me ha pasado también la primera vez que salí a correr a los 23 años y al cabo de doscientos metros sentía que mi corazón se quería parar. Me ha pasado cuando por primera vez me mudé solo y de pronto todo era muy difícil. Me ha pasado cuando me casé y por primera vez ya no era yo solo en este mundo. Me ha pasado cuando intenté escribir por primera vez un post. Me ha pasado la primera vez que intenté minimilizar mis cosas. Me ha pasado cada vez que he intentado algo nuevo y la cantidad de práctica que tenía en ese ALGO NUEVO  era  nula.

Cada vez que hemos intentado hacer algo nuevo hemos estado fuera de nuestra zona de comfort. En el ejercito es fácil. Porque los sargentos y los oficiales te presionan hasta tu límite en los entrenamientos. Siempre tienes a  alguien diciéndote que si puedes. Además de eso tienes compañeros que pasan por la misma mierda que tú y te sirven de ejemplo y eso te facilita aún más el asunto.

En nuestra vida diaria estamos solo NOSOTROS. No hay nadie empujándonos al límite ni amigos que nos den el ejemplo. Ni nada. Estamos solos y conocernos a nosotros mismos y conocer nuestros límites depende solo de NOSOTROS. Salir de la zona de confort es difícil. Lo sé. Pero te voy a dar el tip que yo uso día a día para estar fuera de ella.

Razono sobre la situación difícil a la que me voy a someter y sobre los beneficios que voy a obtener de ella.

Por ejemplo:

Sé que entrenando voy a estar más sano. Me voy a ver mejor. Y voy a ser más fuerte (no solo físicamente). Así que pese que a mi cuerpo no le de la gana de moverse. Razono sobre los efectos positivos del ejercicio y OBLIGO a mi cuerpo a moverse. Sé que en un mes me lo voy a agradecer.

Al levantarme temprano los fines de semana. Sé que voy a tener más tiempo para mi solo. Voy a poder sentir la tranquilidad de la ciudad. Voy a poder escribir con mayor tranquilidad. Voy a poder limpiar el departamento antes de que mi esposa se levanté. Voy a poder sorprenderla con un desayuno hecho. Razono sobre los efectos positivos que me da el hecho de levantarme temprano y  me OBLIGO  a hacerlo.

Sé que dejando las redes sociales de lado voy a ser más productivo y a tener más tiempo para estar con los que quiero. Voy a poder pasar tiempo «real» con mi esposa. Con mis amigos. Conmigo mismo, pensando, meditando o no haciendo nada. Voy a poder ser más creativo. Voy a poder leer libros de papel. Voy a poder pensar en un nuevo post que escribir para que tú lo leas. Razono sobre los efectos positivos de estar menos tiempo en Facebook y me OBLIGO a desconectarme.

Y así sucesivamente.

Resumiendo:

  • Nuestro aguante fuera de la zona de confort es infinitamente más grande del que creemos.
  • Estar fuera de la zona de confort hace que aprendamos y que crezcamos como personas.
  • Razonar el porque debes estar fuera de la zona de confort en tal o cual actividad o situación te ayuda a estar fuera de ella, imaginándote en las cosas positivas que adquieres estando fuera de la misma.
  • Mientras más te encuentres fuera de la zona de confort tu resistencia mental se agranda exponenciálmente. Las unidades de operaciones especiales de la mayoría de los ejercitos del mundo lo entienden y trasmiten  a sus soldados: Al final ellos piensan literalmente que no hay nada que no puedan llevar a cabo.

 

A los 23 años pensé que moriría corriendo 2 km. Hoy a los 33 sé que puedo correr 200 km si es que necesito hacerlo.

 

 

Foco

Aprender a enfocarme es quizás uno de los hábitos que más rédito me ha dado.

Enfocarse requiere práctica, constancia y estar en ello la mayoría del tiempo.

Cuando aprendes a estar enfocado, tu efectividad aumenta de manera exponencial y por ende tu productividad se dispara hacia las nubes. Prácticamente todo mejora cuando te enfocas. Tu trabajo. Tus relaciones. Tus entrenamientos. Tu manera de escribir. Tu día a día y por ende todos tus días.

Pero mantenerte enfocado cuesta. Es difícil renunciar a todas las distracciones que nos rodean y dedicarnos a UNA sola tarea (al fin y al cabo, a eso se le llama foco). Más aún, hoy en día, con los teléfonos funcionando como recordatorios de que hay un mundo inmenso y excitante que suplica por un poquito de nuestra atención. Te llueven whatsapps, notificaciones de Facebook, notificaciones del mail, una llamada perdida, un mensaje de texto, un tweet. Todo eso está ahí haciendo que te sientas ocupado. Útil. Vivo. Acompañado. Pero ¿enfocado?…nop.

Porque enfocarse es renunciar. Renunciar a todas las infinitas posibilidades de hacer infinitas cosas y dedicar TODA tu atención solo a UNA. Y esa única cosa se va a convertir en tu mundo entero en ese preciso instante.

Hemos crecido en un mundo multitasking, en el que hacer varias cosas a la vez es visto como productivo. Aunque si haces un pequeño experimento  y te dedicas a hacer cinco cosas a la vez, o en su lugar, las mismas cinco cosas en un orden de una tras otra; te darás cuenta que terminas antes haciéndolas una por una.

Un proverbio Zen dicta: «Cuando camines, camina. Cuando comas, come…»

Y esto lo puedes llevar a cualquier rincón de tu vida. Desde tu productividad en la oficina. Dedicándote a hacer una tarea tras otra y no todas a la vez. Hasta tu relación de pareja: Cómo puedo estar con alguien cuando estoy metido en el teléfono. Sumergido en el mundo paralelo del Instagram o del Facebook. Obviamente, físicamente, puedo estar con alguien y estar a su lado. Pero mi mente no está ahí. Así que no estoy. Y cada vez estamos menos. Y cada vez nos enfocamos menos en las personas reales que nos rodean. El aprender a enfocarte te puede ayudar a controlar eso. Cuando estés con alguien pues aprende a estar. No hagas más nada por unos minutos que estar ahí. prestándole atención, identificándote con esa persona, interactuando al cien por cien.

Como dije antes: Enfocarte requiere práctica y constancia. Puedes tener todas las intenciones del mundo de querer vivir una vida dentro del foco pero si estás rodeado de distracciones lo más probable es que no puedas hacerlo. Así que primero lo primero.

Para empezar a enfocarte debes eliminar TODAS  o la mayoría de las distracciones que te rodean.

¿Quieres escribir? Apaga tu teléfono. Créeme que no va a pasar nada si lo haces. ¿No lo quieres apagar? Ponlo en silencio. Pon la pantalla hacia abajo y déjalo ahí. No lo voltees hasta que hayas terminado la cantidad de palabras que te habías propuesto escribir. Este proceso es el que yo repito cada vez que escribo un post o cualquier cosa. Es magnífico.

¿Quieres tener un buen entrenamiento? Pues lo mismo. Concéntrate en cada uno de los músculos que estás activando. Piensa en tu respiración, en tu resistencia, en la velocidad con la que late tu corazón. Si tu cuerpo está en actividad, pues préstale TODA tu atención. Obviamente apaga el teléfono también.

¿Quieres pasa un buen momento de pareja? Concéntrate en el instante. Enfócate en él o en ella. Conversa, sonríe, mírala/lo a la cara. No tejes que un tweet te arruine el momento.

Y así sucesivamente. Enfocarte en una sola actividad/tarea va a hacer que seas más eficiente. Esa eficiencia va a dejarte más tiempo libre y ese tiempo libre lo puedes llenar haciendo cosas que te gustan.

Sigo aprendiendo cada día. Hay días que pierdo el foco completamente y me encuentro nuevamente en la multitaréa. Pero apenas me doy cuenta, regreso al foco lo más pronto posible y produzco más en menos.

 

 

 

 

Aprende a decir que No

Aprende a decir no.

No a los amigos. No a la familia. No a la pareja. No a todos los que quieres.

No porque los quieras o los estimes debes decirle que sí a todo lo que ellos quieren de ti. La vida es demasiado corta para decirle sí a todo y a todos.

Antes solían invitarme a alguna reunión de amigos. A una boda. A una despedida de soltero. A un juego de fútbol. A una cena romántica, y solía ir a regañadientes.  Iba por cumplir. Para no quedar mal. Para no ser anti-social. Iba pero no disfrutaba yendo. Con esto no digo que no quiero a mis amigos o que no me guste pasar tiempo con ellos. Me gusta darles mi tiempo. Mis palabras y mis energías, pero me gusta hacerlo de acuerdo a la cadencia que yo quiero. He aprendido a decir que No tanto a mi familia como a mis amigos. Y si, los que dicen que son mis amigos, no entienden eso. Al parecer, tengo que cambiar de amigos.

Pero cuando decido dedicarles mi tiempo. Realmente se los dedico. Soy cien por ciento de ellos. Los escucho, los ayudo, les converso, les bromeo. No pienso en otra cosa que no sea en hacerlos sentir bien. Porque el tiempo que estoy pasando con ellos lo estoy dando desde lo más profundo de mí. He decidido regalarles unas cuantas horas y he decidido hacerlo bien.

No tengo tiempo para ser hipócrita y asistir a citas y a encuentros a los que no me dan las ganas ni las fuerzas de asistir. Prefiero decir que no para que esos mismos amigos y  familiares entiendan que cuando estoy con ellos es porque realmente quiero y porque los quiero. Porque mi tiempo vale mucho para mí y lo estoy compartiendo con ellos. Dándome al máximo durante todo ese instante y no estar pensando en largarme o mirando la hora para ver a que hora comienza el partido del Barca.

Por eso, de un tiempo a esta parte, no tengo reparo en decir que No a una invitación que no me convence. A una invitación que me ponga en la incomoda situación en la que me vea obligado a buscar alguna excusa. No busco más excusas. Solo digo que  No, gracias y punto.

Amo a mi familia. Amo a los muy pocos amigos que tengo y por eso les digo No cuando realmente no quiero verlos.  Pero cuando sí lo quiero hacer, los veo con las más grandes de las alegrías. Los abrazo con el más sincero de los abrazos, y los miro con la más amorosa de las miradas.

Minimalismo y Creatividad

La primera piedra tallada. La Capilla Sixtina. El hombre en la luna. Y la tecnología que te permite leer esto se lo debemos a una sola cosa:

La creatividad. 

Todos somos creativos. El ser humano es un animal creativo. Unos inventamos la Internet. Otros hacemos pendientes. Unos escribimos. Otros desarrollamos motores que nos lleven al espacio. Unos componemos las piezas más deliciosas de la música clásica. Otros creamos energía limpia que ayuda a mantener el mundo verde para nuestros hijos.

Creo que entiendes el punto. Todos somos creativos. Todos tenemos algo que inventar. Todos tenemos algo que decir. Todos tenemos algo que dar.

Pero tenemos un problema.

La mayoría de nosotros no explota su lado creativo. Y no lo hacemos porque no tenemos tiempo. Y no tenemos tiempo porque solemos estar trabajando en trabajos que realmente no necesitan nuestra capacidad creativa. Y la verdad es que pasamos demasiadas horas en este tipo de trabajos y cuando llegamos a casa estamos molidos y tenemos aún que dedicar tiempo a la familia. ¿Cuándo podemos ser creativos? ¿Con que energías?

Si nos mantenemos trabajando doce horas por día en una oficina, seis días por semana lo más probable es que nunca vayamos a tener la oportunidad de explotar nuestra lado creativo. Quizás solo podamos tejer con palillos gorritos para nuestros nietos cuando tengamos ochenta años. Pero eso no tiene porque ser así.

Para eso existe lo que se llama Administración inteligente de los recursos.

El tiempo es nuestro más preciado recurso y es el que mejor debemos administrar. Y aquí entra el minimalismo en la ecuación.

Lo voy a simplificar porque precisamente en eso se basa este blog. En decir las cosas simples y directas:

Si tienes más cosas vas a tener más gastos por ende más deuda. Si tienes menos cosas vas a tener menos gastos por ende menos deuda. Si tienes menos deuda puedes trabajar menos. No necesitas hacer esas cuatro horas extras que haces día a día. No necesitas ahogarte el fin de semana en trabajos que te ayuden a mantenerte.

El secreto es simple: Tener menos = Más tiempo libre.

Si decides tener menos. Vas a tener más tiempo. Vas a ser más creativo. Al explotar tu lado creativo vas a poder encontrar mejores maneras de administrar de manera inteligente tus recursos y así te vas a ir afinando. Vas a entrar a un vortéx que va a hacer que cada vez seas mejor administrando tu tiempo y el resto de tus recursos.

Hace un año yo trabajaba mucho. Gastaba mucho también.

Trabajaba ocho horas diarias cinco días a la semana y un día del fin de semana trabajaba doce horas. Eso me llevaba a trabajar 52 horas semanales. Recuerdo que llegaba a casa bastante cansado y con un solo día para descansar a la semana. Lo dedicaba a hacer un poco de deporte o salir a un trekking. Mi lado creativo estaba bastante muerto por entonces.

Cuando decidimos tener menos. Comenzamos con un proceso de purga de las cosas y gastos innecesarios. De pronto no había necesidad de que trabaje el día de fin de semana de doce horas y pasé a trabajar cinco días a la semana, ocho horas por día. Mi vida solo ha mejorado desde ahí.

Hoy trabajo cuarenta horas a la semana. Empiezo a las siete de la mañana y termino a las tres. Mis tardes están libres y mis fines de semana completamente libres. Gracias a eso. Además de entrenar crossfit como un loco, ese tiempo libre,  me ha permitido explotar mi creatividad como nunca antes. Escribo Minimum desde hace seis meses y tengo otro blog más. Tengo millones de ideas que se me cruzan en la cabeza sobre como hacer para seguir disminuyendo mis horas de trabajo y llegar al punto en que puedo administrar absolutamente el total de mi tiempo. Aún no he llegado ahí, pero estoy en camino.

Gracias a que no tengo gastos superfluos. Gracias a que he salido de la competencia de consumo puedo administrar mis recursos. Mi tiempo. Mi dinero. Mi creatividad en cosas  que realmente me interesan y me ayudan a crecer de la manera en la que YO quiero crecer.

Si no has intentado aún el tener un poco menos. Te  lo recomiendo. Es como tirar un bendito peso de encima de tus hombros. Te permite crear más. Crecer más y liberarte más de un sistema que lo único que ha hecho es aprovecharse de ti.

 

Tres experiencias que cambiaron mi vida

Hay cosas que nos cambian. Hay experiencias que nos modelan.

Hay tres puntos de quiebre en mi vida que marcaron bastante mi forma de ser y construyeron mi personalidad actual.

Quiero compartir esas tres experiencias/hechos contigo. Quizás te ayuden a pensar en tus propios puntos de quiebre y cómo llegaste a ser la persona que eres hoy.

Hechos que marcaron mi vida:

El día que conocí a mi esposa: Tuve la suerte de conocer, a la que sería mi esposa, bastante joven. Hemos crecido juntos. Nos casamos jóvenes. Nos mudamos a un país lejano juntos y juntos hemos seguido por mas de catorce años. Mi esposa es quizás las persona que más me ha moldeado y quizás sea la persona a la que más he moldeado en este mundo. Los dos nos hemos enseñado cosas y hemos hecho esta primera parte de la vida de la mano, uno junto al otro, sin separarnos demasiado pero dejándonos respirar. Le doy gracia a ella por hacer de mí la persona que soy y por inspirarme cada instante de mi vida.

La guerra: Espero que nunca hayas estado en una guerra. A mi me tocó ir  a una. De la guerra no tengo nada bueno que decir, salvo el hecho que me enseñó a encontrarle la perspectiva adecuada a las cosas. Si hubiese sido más inteligente hubiese encontrado esa perspectiva mirando a las estrellas y dándome cuenta de cuan microscópicos son mis problemas. Pero necesité de unos cuantos obuses, cohetes RPG y amigos muertos y heridos para entender que  vivir es un milagro y que debo dar gracias por cada bocanada de aire. Estar vivo es el más grande de los regalos que he tenido.

La lejanía: Estar lejos de la familia es difícil. Estar lejos de los amigos. Del país en el que naciste y creciste es doloroso. Sentir esa sensación de que eres de allá y de acá al mismo tiempo todos los días de tu vida, desgasta. Pero la lejanía te hace apreciar. Te hace añorar la caricia de mamá y las recetas de la abuela. Las dulces palabras de la tía preferida o los sermones de papá. La lejanía te enseña a desenvolverte solo, pues no hay quién te ayude. Y te vuelves la persona más autosuficiente del mundo.

Sé que quizás no hayas vivido o vivas experiencias parecidas a las mías pero eso no importa. Tanto para ti como para mi es  bueno entender cuales son esos puntos de quiebre de la vida que te llevan hasta donde estás. Y te hacen sentir y pensar como sientes y piensas.

Medita un par de minutos al respecto.

 

 

 

 

A veces fallo

A veces fallo.

A veces fallo y está bien.

Fallo como amigo, como marido, como hijo, como compañero de trabajo, como comandante, como hermano, como ser humano.

Yo debería ser perfecto porque eso es lo que me enseñaron. Eso es lo que me programaron.

Una vocecita me llama la atención cada vez que me equivoco. Me expresa su decepción. Me comunica que no soy tan bueno como pensaba. Me dice que mejor deje lo que estoy haciendo porque nunca lo voy a poder a hacer bien.

He aprendido a escuchar esa voz recriminadora. Entenderla como lo que es y a no prestarle atención. He entendido que esa voz es una reacción lógica en mi personalidad. Quizás es la voz de mi padre o de mi madre diciéndome que el fallar esta mal. Que el equivocarse es pésimo. Que no debemos cometer errores. Que hay errores que son fatales y un largo etc.

Pero he aprendido que el fallar esta bien (porque cuando fallas, aprendes). Sé que es una frase común, pero es verdad. No se mejora cuando todo lo haces bien. Mientras más te equivocas al aprender algo, más experiencia has adquirido y vas a ser capaz de solucionar muchos más problemas en ese ámbito. Y la mayoría de veces el fallar no necesariamente trae una carga explosiva que va a destruir tu vida. La mayoría de nuestras equivocaciones en el día a día son fácilmente corregibles y no le generan daño a nadie.

Hace un tiempo atrás, si realmente me proponía algo y no lo lograba, sentía una frustración indescriptible. Me echaba la culpa por mi falta de consistencia y abandonaba lo que estaba intentando lograr por el sencillo hecho de que no me sentía lo suficientemente bueno para conseguir lo que me había propuesto.

Me sentía auto decepcionado.

Hoy he aprendido a fallar y no hacer demasiados dramas por ello. No lavé los platos ayer. Pues hoy los voy a lavar y mañana también. No salí a correr hoy. Pues mañana lo voy a hacer. No pasa nada si es que en vez de entrenar seis veces a la semana, he entrenado cinco. Me gusta minimalizar y deshacerme de todas las cosas extras que hay en casa, y si no lo hago hoy, pues mañana tengo una nueva oportunidad para hacerlo. Le he jugado un mal rato a mi pareja, pues me voy a disculpar y hacer lo mejor que pueda para que ella se sienta bien. Me he desconectado de mi familia mucho estás semanas, pues mañana los voy a llamar y les voy a decir cuanto me importan.

Casi cualquier equivocación tiene arreglo y si no la tiene, no hay porque seguir incrustado en ella.

Fallar te enseña. Pero quedarte atascado en el fallo es lo que te limita. Y para no quedarte atascado lo mejor que puedes hacer es entender que todos fallamos. Barack Obama y Bono de U2 lo hacen. La gente se equivoca todo el tiempo. Lo que cambia entre personas, es la capacidad que tienen para reaccionar a un error o equivocación. La frustración es una reacción bastante humana al fallo. Pero siendo lógicos, no nos lleva a nada, solo a limitarnos y a jodernos la auto estima.

Esto es lo que me digo todos los días antes de sentirme frustrado por algo que no he hecho bien:

Si fallas, no pasa nada. (casi el cien por ciento de las veces, no pasa nada en serio)

Y al día siguiente, lo intento de nuevo.