9 Problemas que se pueden resolver poseyendo menos

Hay pequeños problemas que nos cargan de estrés en el día a día. Nos quitan tiempo y, porque no decirlo, nos hacen un poco irritables también.

El sencillo hecho de tener un poco menos de cosas puede disminuir considerablemente algunos de ellos. Incluso eliminarlos por completo. Como resultado: Menos estrés, más tiempo para lo que te gusta, mejor calidad de vida y mucho mejor productividad.

Aquí una pequeña lista de esos problemitas que nos encontramos día a día y con los que ( a veces) no es tan difícil lidiar.

  1. Hay mucho que limpiar: No hay que ser un genio para entender que mientras menos cosas tienes, menos cosas debes limpiar. Al tener una casa más vacía la velocidad y la calidad con la que la limpias aumenta. Si no eres tan ordenado y tan limpio (como yo que soy un desastre) puedes encontrar en el hecho de tener menos cosas, una solución simple para automáticamente ser más limpio y ordenado.
  2. Estoy muy estresado: Las cosas estresan. Es verdad. Mientras más cosas acumulamos, más gasto generamos, menos tiempo libre tenemos, más nos vemos amarrados al trabajo intentando tener el solvento suficiente para “mantener” el nivel de nuestras cosas. Gastamos tiempo limpiándolas o reparándolas o sencillamente buscándoles algún remplazo actualizado en Ikea.
  3. No puedo decidir que ponerme: Las modas están diseñadas para que mantengas un cierto nivel de consumo periódico de ropa. Cada año y en cada temporada. Una solución práctica es usar prendas neutrales que se pueden combinar entre si. Colores planos que al mismo tiempo pueden ser elegantes o deportivos. Como el negro o el gris. Otra solución es usar un “uniforme”  todos los días. En mi caso siempre uso una camiseta negra y un pantalón cargo de color caqui. Esos pequeños cambios en el guardarropa disminuirán considerablemente tu consumo de ropa. Gastas menos y tu armario está mucho más limpio y ordenado.
  4. Mi casa es muy pequeña: La mayoría de nosotros sentimos la necesidad de encontrar algo más grande de lo que tenemos. Si vives en los Estados Unidos, esa necesidad es prácticamente una obligación. Ahora, hay que entender que el espacio no es realmente lo que importa sino la distribución y la cantidad de cosas que tengas que meter dentro de tu residencia. Por ejemplo yo y mi esposa más nuestro pastor alemán nos acomodamos bastante bien en un departamento de 70 metros cuadrados. Ese es el tamaño estándar de un departamento en el centro de Israel. No tenemos un montón de cosas y sentimos que el departamento tiene mucho espacio y mucha luz. Solemos jugar con el perro como si estuviese en un parque, porque hasta espacio para correr tiene. Es cuestión de distribuir bien los ambientes y de no llenarse de cosas inútiles.
  5. No tengo suficiente dinero: Hemos tocado este tema muchas veces en el blog. La mayoría de problemas de dinero (por no decir todos) está basado en la simple premisa: “Gastamos más de que ganamos”. Si nos damos cuenta de esto. Y entendemos que los bancos “no son nuestros amigos” y no te prestan dinero porque tienes una linda sonrisa, sino, más bien, ganan mucho de ti en intereses abusivos. Si entendemos que no tenemos que comprar tantas cosas para sentirnos felices y empezamos a gastar menos. Automáticamente nuestra cuenta bancaria va a reflejar una inmensa mejoría.
  6. No tengo suficiente tiempo: Considera la frase “El tiempo es oro” . Mira tu tiempo como si de dinero se tratase. Tener tiempo para rascarte las bolas o leer Dostoievski es un lujo. Y es el más grande lujo que podemos darnos. ¿Como llegamos a él? Pues trabajando menos horas o pasando menos horas camino al trabajo. ¿Y cómo hacemos eso te dirás? Pues simple: Consumismos menos. Vivimos en una casa más chica y mejor distribuida. Compramos inteligentemente y no por impulso. No nos endeudamos con el banco. No es tan difícil.
  7. Amarrado al deseo de los demás: Solemos desear lo que el resto tiene. Y por eso muchos de los deseos de esta época son colectivos. Buen momento para pensar ¿Porqué todos deseamos lo mismo? La respuesta a está pregunta quizás demande un post completo pero para resumirlo en una palabra, a la respuesta la vamos a llamar: “Publicidad”. No se imaginan lo potente y poderosa que es. Lo que es importante es entender que nuestros deseos o la mayoría de ellos están diseñados y preconcebidos en alguna agencia publicitaria. Hay maneras de independizarce. Por ejemplo: Bota tu Televisor por la ventana. O en todo caso se mucho más selectivo cuando te enfrentas a la publicidad. Entiende lo que están haciendo contigo. Entiende que tus deseos y los de todos tus vecinos están siendo manipulados.
  8. No puedo aprender nada nuevo: La mayoría de veces no tenemos tiempo o dinero para intentar estudiar algo nuevo o aprender a pilotear un Cessna por ejemplo. Si aprendemos a gastar menos y a redistribuir nuestro tiempo, entonces podemos hacernos un “hueco” tanto en tiempo como en capital que nos permita estudiar un titulo universitario o un curso en Internet. Depende de lo que queramos.  Aprender cosas nuevas es una de las actividades que jamás deberíamos abandonar. Siempre hay un idioma nuevo. Siempre hay una historia desconocida o un curso en alguna universidad demasiado interesante para dejarlo pasar.
  9. No ver la verdadera dimensión de las “cosas”: Con la palabra “cosas” me refiero a eso precisamente: Cosas. Las cosas físicas no tienen ningún significado salvo el que nosotros mismos les damos. Nosotros les damos un sentido y somos nosotros los que nos identificamos con ellas. Somos nosotros los que pensamos que vamos a ser más rápidos usando zapatillas Nike. Somos nosotros los que decidimos que estatus nos da o nos quita un Rolex. Somos nosotros los que decidimos la marca de auto que da más prestigio o menos. Hay que entender que eso esta solamente en nuestra mente. Intentamos proyectar una imagen de nosotros mismos. Un espejismo, para lo cual usamos marcas, prendas, cortes, caballos de fuerza y estilos que le digan “al resto” lo que somos. O lo que nosotros queremos que el resto piense que somos. La verdadera dimensión de las cosas es que son solo eso: Simples trastos sin mayor sentido del que nosotros queremos darles.

A pasitos de bebe

El blog acaba de cumplir su primer año. Estoy feliz por eso. Gracias a todos los lectores de siempre. Gracias a los que se toman unos minutos cada semana para repasar las líneas de un nuevo post. Estás líneas no tendrían sentido sino existiese alguien que las leyese. Y ya que tú existes del otro lado de la pantalla. Pues estos agradecimientos van para ti.

Yendo al tema del post:

Todos tenemos hábitos. Nuestra vida se basa en ellos. Algunos son buenos. Otros no tanto. Y algunos son malos. La calidad de nuestra vida se basa al tipo de hábitos que constituyen nuestro día a día. Muchos de nosotros queremos adquirir nuevas aptitudes que nos hagan sentir que estamos mejorando. Por ejemplo: El dejar de fumar. O el comenzar a correr. O el tener una dieta más sana.

Sé que es difícil  adquirir un hábito como el correr si es que toda tu vida has sido sedentario. O el dejar de fumar si toda tu vida lo has hecho. Según mi experiencia y observando a las personas que me rodean he aprendido que se necesitan unas cuantas cosas para adquirir un buen o eliminar un mal hábito. Se necesita un alto grado de motivación y se necesita comenzar a “Pasos de Bebe”.

La motivación idónea es importante. Si quieres correr, por ejemplo, es mejor motivarte pensando en la salud que vas a adquirir en vez del resultado estético que vas a obtener. La gente que hace deporte “por salud” lo hace de por vida y son constantes hasta la vejez. Se sienten bien. Se sienten fuertes y activos. Si lo haces para caber en el bikini en el verano. Una vez que lo hayas logrado el ejercicio pierde todo su sentido y lo vas a dejar de hacer hasta la próxima primavera, cuando se acerque el próximo verano y tengas que esforzarte por encajar en tu bikini de nuevo. He ahí un ejemplo clásico de lo que una motivación verdadera puede influir en tu comportamiento de una manera mucho más profunda que una motivación superficial que con el paso del tiempo se ira desgastando hasta desaparecer completamente.

La motivación es importante para mantener un hábito vivo. Pero para comenzar uno nuevo “Los pasos de bebe” son la respuesta.

Mucha gente se despierta un día y dicen: Quiero correr una Maratón. Salen corren seis kilómetros. Se lesionan. Al día siguiente no se pueden mover y desisten de sus sueños de correr porque se sienten débiles ya que seis kilómetros los han destruido. Eso suele pasar con cualquier hábito nuevo que queremos adquirir y de manera impetuosa nos sumergimos en el mismo y nos desgastamos al poco tiempo porque no hemos empezado “gradualmente” a trabajar el hábito.

Correr, por ejemplo, es un trabajo arduo para alguien que ha sido sedentario por veinte años. Es necesario entender que necesitamos darnos confianza en el hábito nuevo que estamos intentado adquirir. Por ejemplo: Pongo una meta realista. Digamos unos 500 metros hoy. Los troto despacio y los termino sin lesionarme y hasta con una sensación de tarea cumplida. Al día siguiente me pongo la meta de unos 600 y el día después 700. Poco a poco aprendo a confiar en mis posibilidades de terminar lo que me propongo al mismo tiempo que me fortalezco gradualmente. Ese es el secreto en la adquisición de un nuevo hábito. IR DESPACIO. 

No es lo mismo que en el primer día que decides levantarte a correr y quieres ir a por 5 kilómetros. A los dos estás hecho polvo y te sientes mal contigo mismo por el hecho de que no pudiste completar lo que te propusiste. Pierdes la confianza en ti mismo. Y las ganas de correr desaparecen porque te diste cuenta de que “no vales para eso”, o “es mucho para ti”.

Uso el ejemplo del correr porque es así como yo aprendí a amar el deporte. De a poquitos. Avanzando kilómetro a kilómetro y conociéndome un poquito más a mi mismo a medida que pasaba el tiempo. Así he podido llegar a correr maratones y a entrenar seis veces por semana y a intentar una infinidad de deportes que van desde el boxeo hasta el pin pon. Así mismo cambié mi dieta y me he deshecho en gran parte de las cosas nocivas que comía día a día. Poco a poco. Un día se fueron las bebidas gaseosas. Otro día la mayoría de lácteos. Otro día la mayoría de azúcar. Y así con “pasos de bebe”he avanzado a ser una persona mucho más sana de lo que era hace unos cinco años atrás.

Recapitulando:

  • Nuestros día a día está constituido de hábitos. Algunos buenos. Algunos malos.
  • Se pueden adquirir nuevos hábitos. Y se pueden eliminar los malos.
  • Para eso se necesita una “Motivación Verdadera” e “Inteligente”.
  • Y lo más importante: La adquisición de un hábito debe ser gradual.
  • Debemos aprender a confiar en nuestras capacidades y ser realistas en nuestras metas.

He usado mucho el ejemplo del correr. Pero es obvio de que esta lógica sirve para cualquier hábito nuevo por ejemplo: El escribir, el dejar el azúcar, el dejar la pornografía, el ser más tolerantes, el meditar, el beber ocho vasos de agua por día, el aprender un idioma nuevo. Y un infinito etc.

 

Introducción al ejercicio minimalista

En la primera parte de mi vida, no fui nunca una persona activa.  Era un niño o un muchacho al que le gustaba moverse poco. Prefería leer o ver televisión a estar haciendo barras o push ups. Nunca me gusto el ejercicio.

Hoy en día soy una persona que ama el deporte. Lo amo porque me hace sentir bien. Porque hace que me vea bien. Porque hace que esté mucho más saludable.

Soy un deportista amateur por unos seis años. He hecho prácticamente de todo. Pesas, running, artes marciales, croosfit. En algunos tiempos me he dedicado un poco más a unos y en otros un poco más a otros. Me ha ido bien y me siento bastante bien.

Suelo intentar que la gente pasiva deje de serlo. Siempre que encuentro a alguien a quien quiero (amigo o familiar) hablando de lo mucho que le gustaría hacer deporte pero que no tiene el dinero o el tiempo para hacerlo, trato de explicarle a veces de buena manera y a veces de muy mala manera, que para mover el cuerpo no necesitas dinero y prácticamente nada de tiempo. Y que toda esas excusas que nos ponemos son solo eso: excusas que evitan que hagamos algo diferente. Que evitan que cambiemos.

Hace mucho tiempo que no pago un gimnasio. Más de cinco años. Así que el dinero no es un factor para determinar el hecho de que estés en forma o no. He descubierto que los entrenamientos cortos y de alta intensidad son incluso mejores que los largos y de baja intensidad (como las máquinas en el gimnasio) Los entrenamientos cortos se pueden hacer con peso corporal y pueden llegar a ser muy exigentes. Incluso extremadamente exigentes. El que piense lo contrario que intente hacer un Murph en menos de cuarenta minutos.

Lo  único que quizás se necesita para lograr un entrenamiento exigente es una barra para hacer pull ups. Venden muchos tipos y a muy bajos precios, se pueden instalar en cualquier puerta de la casa. Con una barra la cantidad de ejercicios que se pueden lograr son prácticamente infinitas.

Un ejemplo de ejercicio con peso corporal en casa podría ser un circuito que se vería algo así:

5X pull ups.

10X push ups

15X squats

20X sit ups

Este circuito se podría repetir cuantas veces sea necesario y dependiendo del estado físico de cada uno. Se puede empezar con un circuito y se puede llegar a diez circuitos  o más. Para lograr ejercicios más exigentes se puede añadir una kettelbell o un par de mancuernas o una pelota de peso. Así se puede llegar a un nivel de entrenamiento profesional.

El hecho es de que se puede construir ejercicios con prácticamente nada de equipo y llevarlos a un nivel mucho más exigente que en el gimnasio tradicional de pago. El tiempo máximo de entrenamiento no debería ser más de quince minutos para los principiantes y no más de media hora para avanzados, entre tres a cinco veces por semana.

Recomiendo el sistema de entrenamiento Tabata con ejercicios de peso corporal. Un Tabata es realizar un ejercicio durante veinte segundos a alta intensidad con diez segundos de descanso, repitiendo este ciclo por cuatro minutos. Se puede hace uno, dos, tres o hasta cuatro Tabatas que vendrían a ser 16 minutos de ejercicio relativamente intenso. Y que si se han hecho dando todo de uno, pues, de cuatro Tabatas no se puede pasar.

Resumiendo: El dinero no es necesario para tener un  entrenamiento exigente (jamás he estado en mejor condición física y solo entreno en casa o en el parque) El tiempo tampoco es un factor. Con sesenta minutos a la semana de entrenamiento se puede tener un excelente estado físico. Con seis horas a la semana se puede llegar a niveles atléticos sorprendentes.

Todo es cuestión de saber organizar los entrenamientos y buscar los que generan más beneficios en mucho menos tiempo. Los ejercicios cortos a alta intensidad generan masa muscular y contribuyen a la quema de grasas. Eso evita que te la pases levantando pesas un día y al otro salgas a trotar  cuarenta minutos y entrenes seis veces por semana entre ocho y diez horas para lograr los mismos resultados que tendrías con tres horas semanales de ejercicios bien planificados.

No hay excusa para quedarse quietos. Con equipo o enteramente sin el mismo.

Se puede ser un atleta minimalista. Solo necesitas el peso de tu cuerpo. La calle donde correr y un piso limpio de dos por dos donde entrenar.

Para ti

Para ti.

No tengo mucho que regalarte porque la verdad es, que no tengo mucho. Tengo lo necesario y un poco más. ¿Y sabes qué? Me siento bien así. Las cosas son tonteras que dejamos regadas por la vida. La vida es lo que sucede mientras buscamos descuentos en el centro comercial. Sabes como pienso. Sabes como soy.

Pero estás palabras no son para hablar de mi, ni de lo que pienso de las teorías de consumo. Estás palabras están teledirigidas a tu mente. A tu razón y a tu corazón. Las estoy plasmando en esta pantalla en blanco porque son la mejor manera que tengo de expresarme. Son las mejores herramientas que puedo usar para decirte lo que eres para mi. Y si no vas a ser para mi algún día, bueno, solo quiero decirte lo que eres y punto.

Podría empezar con la frase de “Café Tacuba”: “Eres… lo que más quiero en este mundo, eso eres…” pero eso sería cursi y al mismo tiempo repetitivo y hasta infantil. Sé  que no tengo la necesidad de decirte que eres la persona que más quiero en el mundo para saber que tú sabes que es así. No quiero usar una retórica repetida para decir lo que ya todo el mundo sabe. Lo que tú ya sabes. Lo que yo sé. Lo que todos sabemos.

Así que voy a usar la palabra que mejor te describe: “Amiga”. Eso has sido. Eso eres y eso seguirás siendo hasta el ocaso de mi existencia. Eres mi mejor amiga. Eres la persona en la que más confío. En la que deposito mis sueños y mis pesadillas. Y créeme, ser mi amiga no es tan fácil (por alguna razón nunca he hecho buenos amigos salvo con tres o cuatro almas caritativas) No es tan fácil porque, precisamente, yo soy muy difícil. Pero has sabido manejarme en mis peores momentos. En los que he estado en los límites de dejar de ser yo. Y has estado más que excelente en nuestros mejores momentos. Me has divertido. Me has acompañado. Me has sonreído y me has acurrucado. Y porque por más cursi que sea, es lo que hace todo el mundo cuando está enamorado de otra persona así lo nieguen y así renieguen.

Y he aquí la sorpresa: Seguimos enamorados después de una década y media rodando de un lado para otro. Quizás lo estemos porque crecimos juntos la mitad de tu vida. Quizás lo estemos aún porque los dos somos Acuario. Quizás y solo quizás, hemos aprendido a aceptarnos el uno al otro con toda nuestra carga de defectos y de cosas feas. Y sí. Te voy a ser sincero: También tú tienes defectos. Pero los he aprendido a querer como se quiere a un cachorro que ha veces te mete un mordisco o se mea en tu pie.

Pero no quiero hablar de tus defectos. Todos los tenemos, así que no es muy interesante hablar de lo que todo el mundo tiene. Prefiero hablar de dos de tus virtudes. Tienes muchas más pero me demandaría un libro escribirlas todas. En este día solo voy a hablar de dos. Quizás las que a mi, personalmente, gustan más.

A pesar de que sueles pensar de que no eres tan valiente, pues te voy a informar que eres la persona más valiente que conozco (te lo digo yo que me he comido una guerra y una operación a gran escala contra la franja de Gaza y he visto muchos valientes correr de un lado a otro). Eres extremadamente valiente. Te acuerdas en Nepal, en la niebla, a cinco mil metros de altura cuando todo era más que difícil y subiste otros cuatrocientos sesenta metros de desnivel a pesar del dolor y del cansancio. Y eso es lo de menos…

Te he visto construir una vida entera desde la nada al otro lado del mundo. Sin idioma. Sin amigos. Sin trabajo.  Te he visto aprender a hablar un idioma ininteligible. Te he observado de reojo mientras ibas a la universidad a estudiar en ese idioma raro. Te he visto graduarte. Trabajar. Crecer y desarrollarte. Guardando siempre la serenidad que te identifica. Sin apurarte. Sin correr. Caminando despacito por la vida como si de algo demasiado fácil se tratase. Y aunque no te des cuenta y repitiendo lo anterior: Eres jodidamente valiente.

Además de eso:

Eres la persona más inteligente que conozco. Absorbes lo que se te enseña como si fueras Bob esponja. Lo has demostrado cuando los dos juntos aprendimos a hablar hebreo y al cabo de un año podías hacer todos los trámites bancarios juntos y yo con las justas podía ir a comprar a la panadería. Nadie me entendía. Ja.

En estos nueve años en Israel te he visto recorrer el camino que va desde el inmigrante analfabeto hasta la mujer que trabaja en su propia oficina dueña de su horario y de su tiempo. Aunque no te lo creas: Eres increíble.

Y solo me queda dar gracias. Gracias a la suerte que te cruzaste en mi camino o que yo me crucé en el tuyo. No importa. Al fin y al cabo aquí estamos. Después de dar vueltas por todos lados. Después de haberla pasado bien y haberla pasado mal. Con todo lo que significa el existir.

Siempre me gusta hablar de las ínfimas posibilidades que hemos tenido de existir (lo que convierte la vida, precisamente, en un milagro) Las posibilidades son más microscópicas aún para que que se haya dado el hecho  de que los dos hayamos existido justo en el mismo tiempo (pudiste haber nacido hace cien años o hace cien mil) y en el mismo espacio (pudiste haber nacido en Papua Nueva Guinea o en Irlanda) pero se dio que crecimos cerca, no muy lejos el uno del otro ni en edad ni en metros de distancia. Estás ahora conmigo y me haces feliz.

Gracias por estar siempre y feliz cumpleaños.

 

Diez verdades que suelen doler

Estuve leyendo bastante este fin de semana y me topé con un artículo que me enumeraba diez verdades que suelen doler y que solemos olvidar muy pronto. El artículo estaba en ingles en una página que no he podido volver a encontrar. Voy a tratar de recordarlo lo mejor que pueda. Además de eso voy a aportar lo que pueda al mismo.

Hay verdades totales para todos nosotros. Algunos nos percatamos de ellas antes. Otros un poco después. Al fin y al cabo en algún momento y en algún lugar de nuestra vida terminamos convenciéndonos de su autenticidad y quizás podemos arrepentirnos un poquito por no haberlas escuchado o no haberles prestado atención un poco antes. Muchas veces estás verdades vienen de la boca de un padre. De un buen amigo. De tu pareja o de alguien que se interesa por ti realmente.

Diez verdades:

1.-La vida humana promedio es muy corta.

Pues sí. Y como todos los sabemos vivimos un promedio de ochenta años. Todos muy dentro de nosotros sabemos que vamos a morir. Sabemos que  todo lo que llamamos vida va a terminar. Y eso nos pone en una especie de paradigma filosófico: “Si la vida se va a terminar haga lo que haga. Me preocupe por lo que me preocupe. Entonces ¿Debo pasármelas pensando en como voy a vivir los últimos años de mi vida  y en las comodidades que podría tener en ese momento? O sencillamente ¿Dejar de lado el mañana y vivir cada día como si fuera el último sin pensar en nada más que en el presente?”

Pues para mí. Ni lo uno ni lo otro. Hay que ser conscientes de nuestra mortalidad y de que quizás lleguemos a envejecer y que debemos guardar un poco de pan para Mayo pero al mismo tiempo tenemos que entender que lo que llamamos vida es lo que está sucediendo en este preciso instante. Sí, ahora que estás leyendo estás lineas frente a ti. Y ahora y solo ahora eres dueño de tu tiempo y de tu destino. El futuro puede tener un y mil millones de variables. No las puedes dominar todas. Ni siquiera las puedes imaginar en su total magnitud. Es mucho más realista vivir el hoy de la mejor manera posible. Entendiendo que va a haber un mañana.

Vive tu vida hoy. La muerte no es la peor desgracia en la vida. La peor desgracia es que en el último día de tu existencia te arrepientas de como viviste tu vida y de que no viviste lo suficiente. Sé valiente. Sé arriesgado. Conoce. Curiosea. Ama. Ahora.

2.- Tú solo vas a vivir una sola vez la vida que has creado para ti mismo.

Tu vida es tuya y solamente tuya. Otras personas te pueden aconsejar y recomendar sus puntos de vista. Pero tu vida la debes vivir como a ti te de la gana. No pierdas el tiempo siguiendo concejos que van en contra de tu intuición. Sigue lo que la razón y el corazón de dicen que esta bien. No recrimines al resto por tus errores. Las responsabilidades por tus actos buenos o malos son solo tuyas. Aprende a sentirte orgulloso de lo que vas construyendo con tu existencia día a día. Aprende a corregir tus propios errores diarios. No tienes demasiado tiempo para perder el tiempo divagando. Tienes que creer en ti porque eso es lo único que te va a empujar a hacer. Si yo pensara que escribo muy mal. No estaría escribiendo estás lineas y publicándolas para que todo el mundo las lea. Creo en mi mismo y en mi capacidad de transmitir lo que siento por medio de la palabra escrita. Pero no solo me quedo creyendo que lo hago. Escribo y lo plasmo. 

3.- Estar más ocupado no significa que seas más productivo.

Hace un par de años comencé a rediseñar  mi vida. Antes me la pasaba ocupado todo el tiempo. Contestando el teléfono a todas horas. Revisando los e-mails que me apresuraba en contestar. Pensando constantemente en lo que me esperaría en la oficina al día siguiente. Me sentía útil sintiéndome ocupado. Me sentía importante sintiéndome ocupado. Estar ocupado es adictivo. Me gustó hasta que me di cuenta que el estrés me mantenía cansado todo el día. Se me subía la presión de cuando en cuando. Me enojaba mucho. Decidí cambiar mis hábitos laborales. Aprendí que la productividad no implica el cuan ocupado estés o te sientas sino en como administrar el tiempo de la manera más rentable posible. Así hoy por hoy trabajo solo las horas de la oficina y estoy completamente libre en casa. Prácticamente no recibo ninguna llamada de nadie del trabajo en mi tiempo libre. En resumen: Tengo mucho más tiempo para hacer lo que quiero en mi tiempo libre y mi trabajo se sigue haciendo a la perfección. Todo por organizar.

4.- Vas a fallar mucho antes de llegar a ser exitoso en algo.

Fácil. No puedes ser muy bueno en algo si es que no has sido muy malo en lo mismo al principio.  Salvo que seas un prodigio. A todos nosotros nos costo trabajo aprender algo y más aún llevarlo a la perfección. Me equivoqué mucho antes de aprender a hablar español. Y ahora es mi lengua materna. Me equivoqué mucho y me caí bastante antes de caminar y aquí estoy corriendo de un lado al otro. Todo. Absolutamente todo lo que quieras aprender lo vas a poder aprender si es que le pones el empeño necesario (y lo repites hasta el hartazgo pese a las equivocaciones) Puedes hablar chino mandarín si quieres o hebreo en mi caso. Al final, la llave del  éxito se encuentra en la constancia.

5.- Pensar y hacer son dos cosas completamente distintas.

Para llegar a ser exitoso en algo tan simple como en amarrarte los zapatos tienes,  por lo menos, dejar solo de pensar  que un día te los vas a amarrar y debes pasar a la acción. Tomar el pasador, tomar el otro y comenzar a anudar. Puedes pasarte toda la vida pensando en hacer cosas grandiosas pero si no las haces, todas esas horas de elucubraciones no habrán valido de nada. A mi lo que me apasionan son lo viajes. Me encanta viajar. Si me propongo ir a un sitio sé que lo voy a hacer porque confío en mi mismo. Sé que quizás me tome un par de años y constancia con los ahorros y los preparativos. Pero si quiero llegar por ejemplo a la cima del Everest. Estoy seguro de que lo voy a hacer (o al menos moriré en el intento). A lo que voy es que el pensamiento no sirve de nada si es que no se ve acompañado de una acción correspondiente. Obviamente que todos tenemos proyectos inconclusos, Que se quedan a medias. Que se quedan solo en ideas. Pero que se queden así solo porque otros proyectos mejores absorbieron nuestras energías y nuestro tiempo. Un acto vale más que mil palabras y un hecho más que un millón de pensamientos. No importa si no te sale nada bien. Todo es cuestión de constancia. Práctica y fuerza de voluntad

6.- No tienes que esperar unas “Disculpas” para perdonar.

Perdonar es una actitud. Dejar pasar lo que ya paso. Dejar que cualquier acto o dicho en contra tuyo no sea más que algo que ayudo a ser lo que eres en este preciso momento. Unas “disculpas” siempre son bien recibidas pero si ya dejaste ir la ofensa el perdonar te va a ser mucho más fácil.

7.- Algunas personas sencillamente no son para ti.

Hay personas que sencillamente no hacen click con lo que somos. Con nuestra esencia. Con nuestra personalidad. No hacen click con nosotros y hay que entenderlo. No hay que forzar las relaciones que sentimos que no van para ningún lado. No solo las de pareja, sino también las de amigos y hasta familiares. Hay personas que sencilla y llanamente no van a aceptarte a ti como eres y tú no vas a aceptar su manera particular de ver las cosas y eso esta bien. A eso se le llama diversidad de pensamiento y hay que entender de que es algo presente en la mayoría de relaciones humanas. No todos te van caer bien. No todos o todas pueden ser potenciales parejas. No tu familia por el hecho de tener tu sangre te va a aceptar como eres ni tu a ellos.  Hay que sobrellevar el hecho de que hay personas que nos dañan y que pese a la importancia que tengan hasta ese momento en nuestras vidas, hay que dejarlas ir.

8.- No es el trabajo de otra gente quererte sino que es el tuyo propio.

Amate. Sé que tienes defectos y  puede ser que tengas defectos horribles pero te tienes que aprender a querer por lo que eres, por quien eres, por lo que has sido y por lo que vas a ser. A veces solemos esperar los feedbacks de los demás. Sus demostraciones de cariño. Sus muestras de amor. Y cuando no las tenemos nos sentimos vacío e insatisfechos. Nos sentimos No queridos. Esto cambia bastante cuando te llegas a creer que eres una persona maravillosa y que si bien es lindo cuando otra gente te ama, pues no es lo más importante en tu existencia porque tú te amas de sobra y sabes lo que vales y lo que eres. Aprender a reconocer tu valor es uno de los mejores descubrimientos que puedes hacer en tu vida. Descubrir America no es nada al lado de encontrar tras la bruma la inmensa belleza de tu existencia.

9.- Lo que tienes NO es lo que tú eres.

Puedes tener una linda casa, una linda esposa, unos lindos hijos y sentirte una mierda. Puedes inclusive realmente ser una mierda. Las  cosas realmente no tienen nada que ver con lo que realmente eres tú. Puedes ser bueno o malo. Un exitoso o un perdedor y la cantidad de cosas que tengas acumuladas en tu casa no van a brindar casi ninguna información al respecto. Las cosas son solo eso: Cosas. Sin ningún valor específico, salvo el que le damos según la sociedad en la que vivimos.

Tenemos que crear una cultura propia que nos evite el bombardeo mediático del marketing. Tenemos que ser fuertes para entender que en este tipo de economía que tenemos, nos impulsan todos los días a consumir más y más, cuando la verdad es que nos la podemos arreglar con muchísimo menos. Hay que dejar la televisión de lado. Hay que dejar la prensa amarillista de lado. A quien demonios le interesa que Ellen Page sea lesbiana o no. Cada minuto de tu VIDA que uses pensando en el sueño de comprar algo nuevo y hermoso se lo estás regalando al lavado de cerebro del sistema. Es un pobre minuto perdido y tristemente desperdiciado.

Elige tus lecturas. Elige lo que ves. Ama tu vida y se celoso del tiempo que regalas al estar sentado dos o tres horas en el sofá viendo publicidad o el culo de Kim Kardashian. El tiempo que gastas frente a la publicidad  son los minutos, las horas, los días más desperdiciados de tu existencia.

10.- Todo cambia. Cada segundo.

Ama el cambio. La vida puede dar giros inesperados cada segundo de nuestra existencia. Los buenos momentos no duran por siempre y se tornan en malos. Al igual que lo malos dejan de serlo y se van a volver buenos. Porque eso es la vida. Un fluido consecutivo de cambios microscópicos (en el caso de la edad) que nos llevan de ser un ser cabezón y blandito bebe cagón a ser un anciano en la banca de un parque recordando los mejores tiempos. La vida es cambio. Evolución e involución. Mejoramos para desmejorar. Maduramos para morir y eso es lo le da, precisamente, la exquisitez a nuestra existencia. Que nada es igual. Que nada se mantiene. Que todo sigue su camino. Que la función continua con o sin nosotros. Que no somos el centro del universo y debemos aprender a fluir con él. Sacándole el jugo a nuestros momentos. Viendo más amaneceres. Mojándose con más lluvias. Perdonando más y odiando menos. Entendiendo que si estamos mal hoy. Pues no va a durar para siempre porque todo cambia en este mundo. Y hasta el mismo mundo cambia día a día. Recibe el cambio. Abrázalo y llévalo a dar un paseo.

 

33

Y hasta aquí he llegado. Hasta este preciso instante plasmando estás precisas palabras. Llegando a ti que me estás leyendo. Habiendo vivido una vida que no imaginé que viviría, cuando a la edad de seis años me imaginaba como iba a ser yo “a la edad de cristo”.

No soy cristo. De eso estoy seguro. Aunque a veces me gusta dejarme la barba. Aunque viva en Israel y conozca el Jerusalén  antiguo bastante bien. Aunque me guste el café de Nazaret y aunque haya pasado noches frías en Belén. No soy cristo y me siento bastante bien no siéndolo.

Pero por alguna gracia de la suerte. De la teoría de las probabilidades. De la teoría del caos. Del efecto mariposa. O de cualquier otro efecto: Llegué a este día en el que me toca cumplir la edad en la que cristo murió crucificado en el monte que está a cincuenta kilómetros de mi ventana. Y lo único que puedo decir a todo ese enredo de artilugios físicos, minutos, horas, días, meses, años, que se iniciaron con el inicio del universo y pasaron por el polvo que mis padres se dieron en un otoño austral del año ochenta para que yo. Si señores y señoras. Yo, llegue a estar frente a este teclado, tecleando los pormenores filosóficos de mi existencia a los treinta y tres años.

Pero este post no es más que una ínfima explicación de lo que un ser pseudo inteligente opina sobre la existencia del todo y de si mismo en un contexto de asombro constante. Porque estoy asombrado de que existo. De que puedo pensar acerca de tú existencia y la del gato del vecino. Y vivo asombrado de lo inmensamente imposible que era que yo este aquí. Pero aquí estoy. Tuvieron que ganar específicos espermatozoides en todos y cada uno de los polvos que se metieron mis ancestros y con toda la inmensidad de las estadísticas y de la probabilidad en mi contra: Aquí estoy.

Asombrado y agradecido de ser. De oler. De rozar. De amar. De odiar.

Agradecido de no haber tenido una existencia tenue. Agradecido de la paz del hogar. Del dolor que he sentido en la guerra. De los padres vivos. De los enemigos muertos. De sentir que me resiento y me entristezco y aborrezco. Porque siento. Agradecido de ver. De orgazmear. De reír. De llorar. De recordar y de olvidar.

No sé a que le estoy agradecido. Quizás a la suerte. Quizás a la evolución. Quizás a cada una de las personas que compartió conmigo desde una parte insignificante hasta años y vidas completas conmigo. A los que me hicieron. A los que me deshicieron. A los que me amaron y a los que me siguen amando. A los que se han, ya, olvidado de mí y los que siempre me van a odiar.

Porque al fin y al cabo tengo la suerte de ser curioso. Y  de darme cuenta de que mi vida y mi consciencia van en contra de todas las leyes evolutivas. Y me admiro de mi mismo por el solo hecho de que respiro y de que como. Por el solo hecho de que veo y escucho. Huelo y amo.

Y queda un año menos de vida y por ende un año más vivido. Paseado y recorrido. Un año aprovechado en muchos aspectos y no tanto en otros. Un año que me ha hecho darme cuenta que comprar estupideces no te hace feliz. Un año en el que he hecho mucho más ejercicio que en cualquier otro y en el que me he llevado al límite. Un año en el que la neblina del High Camp en el Annapurna a las cuatro de la mañana hizo que me diera cuenta de que a veces los abismos y la muerte te esperan debajo de un manto blanco y silencioso. Un año en el que no me he cansado de enorgullecerme de mi compañera por seguirme y por dejarse seguir a todos los sitios donde hemos ido. Un año en el que mi familia ha estado más lejos que nunca y los parches tecnológicos ya no nos ayudan mucho.

Por lo bueno. Por lo malo. Por lo bonito y por lo feo. Gracias queridos 32 que se van. Hasta nunca.

De café en café

El otro día invitamos a una pareja de amigos a nuestro departamento. Hicimos una pequeña cena. Hablamos de banalidades. Bebimos unos vasos de cerveza cuando de pronto nos deslizamos al tema del blog: El minimalismo.

Ella dijo que el minimalismo le parecía una estupenda idea para gente que prácticamente no tiene vida. En cambio “ella” no podría dejar de salir con una amiga aquí, con un par de amigos por allá, gastando dinero en restaurantes y en cafés unas cuantas veces a la semana, que jamás podría dejar de trabajar en uno de los tres o cuatro trabajos en los que lo hace para mantener el “nivel” de vida que lleva. Que si dejara de hacer las cosas como las está haciendo hasta ahora, sentiría que el resto la pasan mejor que ella. Que ella se está perdiendo de algo. Que la vida se le está escurriendo entre los dedos.

Y ella tiene razón.

Tiene razón en el sentido de que no quiere que la vida se le escurra entre los dedos y que quiere aprovecharla al máximo. Y eso esta bien.

El problema es que al querer absorver el máximo de experiencias en el menor tiempo posible, pues adquirimos muchas que no valieron la pena ni el esfuerzo ni el tiempo que nos gastamos en ellas.

Si nos inclinamos por la cantidad en vez de la calidad, nos vamos a sentir inundados en experiencias que no representan mucho para nosotros. Experiencias de las cuales nos vamos a olvidar a los cinco minutos. Experiencias ligeras y sin peso que no representan nada. Solo un relleno del tiempo para no sentir de que lo estamos perdiendo.

En cambio si elegimos la calidad sobre la cantidad. Cada experiencia se vuelve triunfal. Grandiosa. Remarcable. Perenne en nuestra memoria y pasa a formar parte de nuestra “vida” o de las memorias que conforman lo que llamamos “nuestra existencia”.

Como se lo dije a ella. No tienes que vivir a mil para disfrutar a mil. Puedes no salir esta noche a correr por la ciudad de café en café y quedarte en casa disfrutando de un té, viendo una buena película o leyendo un buen libro. Teniendo una buena plática o haciendo el amor. Depende de lo que más os guste. Es interesante como yo antes pensaba como ella y no podía encontrar en las cosas pequeñas y simples el placer que les encuentro hoy en día.

Me gusta estar en casa en vez de en el café de la esquina. Mi café es mucho mejor y puedo escuchar la música que quiero. Prefiero comer en casa que en el restaurante del chef tal por cual que te vende papas sancochadas a veinte euros. Prefiero estar con la gente que quiero y que me importa en vez de pasar el rato con “amigos” a los que les importas un pepino. Prefiero minimalizar todo ese sobrante vivencial que la gente joven se pone en los hombros por miedo a que “otros” lo pasen mejor que ellos.

Todos podemos pasarlo bien. Todos podemos vivir al máximo. Escogiendo con cuidado la calidad de nuestras experiencias. Las personas con las que las compartimos. Los viajes que hacemos. Los besos que nos damos. Las comidas que nos comemos. Porque vivimos una sola vez y la vida es demasiado corta para vivirla a lo loco corriendo de café en café.

No necesito nada

Y lo he dejado todo de lado. Bueno, no exactamente todo. Tengo cosas (pocas). Tengo esposa. Tengo perro. Tengo familia. Tengo amigos. Pocos pero buenos.

Tengo. Al fin y al cabo TODO lo que tengo lo voy a terminar dejando. Así compre un Porsche Carrera, también se va a terminar quedando aquí. Es injusto lo sé. Pero así lo es y así lo seguirá siendo.

Pero de todo lo que tengo quizás es el tiempo lo que más vale. Quizás los minutos que se escurren entre mis dedos y construyen mi vida son mi verdadera riqueza. Quizás más aún que la esposa, la familia, los amigos y el perro. Los minutos valen más que su peso en oro. No los valoramos como deberíamos creo yo. Da risa que pensemos más en el Porsche Carrera cuando lo más preciado que tenemos: El tiempo, se quede de lado, escapándose de manera desapercibida respiro a respiro. Latido a latido. Ahí mismo va. Despacio, despacio.

Lo que nos diferencia de los animales es que somos conscientes de que un día vamos a morir. De que un día la fiesta se va a terminar. De que un día la función va a dejar de continuar, al menos para nosotros. Ellos no piensan en eso y viven sus vidas de acuerdo a su instinto y la viven bien. Nosotros de tanto pensar hemos dejado de pensar en lo que realmente importa (el entender el peso de nuestra mortalidad) y nos hemos explayado en pensamientos del tipo “que corte de pelo me queda mejor” o “quiero un departamento con vista a..” o una pareja así o asá.

Ja. Somos realmente idiotas. O de tanto pensar nos hemos estupidizado. O quizás  mi perro es más inteligente que yo. Quizás mi perro me mira con lástima mientras contemplo en este preciso instante una propaganda de la nueva Go Pro Hero 3 porque sabe que mientras la miro estoy perdiendo lo más valioso que tengo. Mi tiempo. El mismo que para él es inexistente. Su hermosa vida circular evita que se entere que un día va a morir y que sienta lástima de si mismo.

Pero en este instante estoy escribiendo sobre el tiempo presente y estoy siendo consciente de la fragilidad de la existencia y de lo bello de su simpleza y de que no necesito nada, salvo el respirar hondo para sentirme vivo.

No necesito nada.

 

Mi perro es feliz.

Mi perro es feliz. No tiene muchas cosas. Tiene una cama hecha de un cojín viejo. Tiene una cadena en el cuello. Tiene un collar anti pulgas. Tiene dos pelotas de tenis con las que juega y ahí termina su riqueza “material”. Como lo dije antes: ” Mi perro es feliz”.

Yo quisiera ser feliz como él. Ver la vida con la simpleza e inocencia con la que él la mira. Vivir el momento sin pensar en lo que paso ayer ni en lo que va a pasar mañana. Sentirme feliz porque tengo un cojín viejo en el cual dormir. Comida en la mañana y en la noche. Tres salidas al día. Un contenedor con agua fresca y dos humanos que me quieren incondicionalmente.

Quizás últimamente he aprendido mucho de él. Así lo siento mientras escribo con él a mis pies. Siento que dormir la siesta como él lo hace no tiene nada de malo. Siento que jugar a cada rato y pasarla bien, como él lo pasa,  no tiene porque avergonzarme. Siento que se puede ser inmensamente feliz con el solo hecho de correr por la playa, zambulléndose de cuando en cuando. Sintiendo la arena bajo las patas desnudas. Sacudiendo la cola de un lado al otro mostrando lo que se siente en el corazón sin vergüenza. Sin temor. Sin que le importe lo que diga la gente u otros perros por lo feliz que es.

Y así quiero ser yo. Solamente como él. Viéndolo todo simple. Disfrutando de lo poco porque sé que es mucho. Amando sin condiciones a los que me aman.  Disfrutando de lo ligera. Amena y deliciosa que es la vida cuando uno se diluye en el momento. En el exquisito murmullo del instante. En el loco éxtasis de correr atrás de una bola como si la vida misma se te fuera en ello…

Criticando a los demás

El decidir tener menos no está relacionado específicamente con el hecho de tener “menos cosas”. Tengo menos cosas que antes. Me siento bien con eso, pero no solo ahí termina el asunto.

Decidir tener menos está relacionado también con el hecho de deshacerte de lo que no importa (no necesariamente material) y concentrarte en lo que sí importa y en lo que sí vale. Decidir deshacerte, por ejemplo, de malos hábitos y actitudes (fumar, beber en exceso, mentir, criticar al resto, procrastinar, envidiar lo que tienen otros, comer en exceso y la lista puede ir hasta el infinito).

Poco a poco he ido trabajando en algunos malos hábitos que tengo o que he tenido. Me he deshecho de algunos y me estoy desprendiendo de otros de a poquitos y paso a paso. En este post quiero abordar uno de los hábitos que más daño me ha hecho y con el que más daño he hecho a la gente que me rodea. “El hábito de criticar al resto”.

Nací y crecí en una sociedad en la que la crítica al resto es pan del día a día. Criticamos a los políticos día y noche, criticamos a la farándula tarde y mañana, criticamos a los deportistas las veinticuatro horas del día, criticamos a la gente por como se viste y por como se afeita, criticamos a las personas por como hablan o por como se peinan, criticamos por el sencillo hecho de criticar sin intentar aportar una solución al “problema” o a lo que pensamos que es un problema. Criticamos porque nos hace sentir bien hacerlo. Tirando al resto al piso con nuestras críticas nos sentimos mejor. Embarramos a todo el mundo con el barro de nuestra crítica y ahí si podemos sentirnos satisfechos de que todos estamos en el mismo lodazal.

Una sociedad “rajona”. Eso es lo que somos en Lima. Para verlo tuve que alejarme del Perú casi diez años y vivir en el otro lado del mundo. La crítica existe en todos lados. Pero no la crítica virulenta que va en contra la persona misma. En otros lados se critican los actos de los políticos pero no se le critica al político en si mismo. Se critica el bajo rendimiento de un futbolista pero no se le hace un linchamiento mediático. Criticas las malas conductas de tu alumno pero buscas las razones por las cuales actúa de tal o cual manera. Criticas con consistencia y para mejorar.

El factor social influye en nuestra manera de pensar. La mayoría de gente de Lima que encuentro en el exterior critica mucho y de muy mala onda. Además de la influencia de la sociedad, está el mismo hecho de que criticar al resto nos hace sentir de puta madre. Hablar mal de fulano o de zutano nos hace sentir bien y nos hace entender de que no estamos “tan mal” en el escalafón social que existe en nuestras mentes. Criticamos, porque al menos por un instante, nos hace sentir excelente. Algo así como una piteada a un buen cigarro. Muy en el fondo de tu corazón sabes que está mal pero no puedes dejar de hacerlo. Es demasiado placentero y es de fácil acceso. Solo tienes que buscar una victima y “rajar” de ella o si eres un poco más valiente, criticarla directamente a la cara y decirle que su look no te parece, que su manera de pensar es un estupidez, que su manera de caminar o de bailar es la de un retardado mental.

Las críticas destructivas dañan. Eso lo he entendido a mis 28 o 29 años. Llevo casi tres años intentando no criticar a las personas. A veces suelo recaer y critico de mala onda a alguien. Aunque suelo arrepentirme al instante de lo que he hecho. Soy consciente de que no está bien y de que no sirve para nada. Es un mal hábito que esta desapareciendo en mí y doy gracias por ello.

“Las personas no van a ser como tú quieres. Las personas son como son.” Esas son dos premisas que debemos adoptar si es que queremos dejar de lado el hecho de criticar al resto. No podemos cambiar a la gente a nuestro gusto. No son mascotas y no necesariamente quieren hacer lo que nosotros queremos. Y tenemos que aceptarlo y aprender a vivir con ello.

La diversidad y la pluralidad de la gente es lo que al fin y al cabo enriquece las relaciones humanas. Dentro de una familia la gente puede (y debe) ser diferente. Los hijos no tienen porque ser copia de los padres. Son personas cada una con una individualidad y personalidad específica. Está en los padres y educadores entender donde terminan las críticas de aporte formativo para con los hijos y alumnos y donde comienzan las palabras que adormecen el desarrollo de la personalidad individual.

Criticar por criticar está mal. Criticar al otro porque no nos gusta como se ve o como habla está pésimo. Criticar a las espaldas de alguien es de cobardes. Aunque criticar frente a frente a alguien para intentar cambiar una conducta que te jode solo a ti y no le hace daño a nadie más, es un comportamiento netamente egoísta y destructivo para tu relación con esa persona.

Hay hábitos que estoy eliminando de mi vida. El criticar sin sentido es uno de ellos. Minimalizar hábitos dañinos es lo mejor que me ha podido pasar. Cada vez me siento mejor conmigo mismo entendiendo todo lo malo que tenía (y  tengo aún) dentro.