Muerto pero feliz

Después de unos 15 minutos de Kettelbells swings...
Después de unos 15 minutos de Kettelbells swings…

Este artículo se basa en un par de cosas que me gustan:

El minimalismo y el deporte.

A veces la gente me saca de quicio con eso de que no tienen suficiente equipo para hacer ejercicio en casa o que no tienen un abono en un gimnasio o que no tienen un abono en un box de crossfit o que no tienen dinero para el yoga o que sencilla y llanamente: No tienen tiempo.

La verdad es que en este blog hemos hablado más de cien veces acerca del manejo del tiempo. Decir No tengo tiempo no es más que una burda mentira o un desconocimiento absoluto de lo que es el manejo del tiempo. Decir no tengo tiempo para hacer ejercicio, es decir: No quiero hacer ejercicio. No me dan ganas. Soy un flojete. No me importa. No me gusta. No lo considero relevante. Prefiero cien veces que me digan esas cosas a que me digan el popular: No tengo tiempo.

En lo que respecta al equipo. Lo mismo. Quiero hacer ejercicio pero no tengo equipo. No tengo el dinero para inscribirme en el gimnasio. O no tengo plata para ser cool y meterme en un box de Crossfit. Tampoco tengo para comprarme equipo propio y tener un buen gimnasio en casa. No hago ejercicio por eso. Por falta de equipo. “Porque créeme si te digo que si tuviese todo eso, sí haría ejercicio sin pensarlo dos veces…” Sí, te creo.

El punto es que no necesitas nada de equipo y casi nada de tiempo para estar en forma. Y no estoy hablando de estar un poco en forma, sino, estar en la mejor forma de tu vida. Se necesitan 15 minutos al día. Seis veces por semana. Nada de equipo. Nada más. Nada menos.

Hace años que entreno. He realizado todo tiempo de cosas. El gimnasio tradicional. El box de crossfit. Calistenia en el ejército.  He corrido innumerables kilómetros y llegado a correr 15 km tres veces por semana como método para mantenerme en forma. Lo he hecho de esas maneras porque eso es lo que estaba de moda o eso es lo que decía todo el mundo que se debía hacer para estar en forma.

Hace unos años me salí un poco de los convencionalismos del entrenamiento y empecé a probar conmigo mismo. Que resulta. Que no resulta. Que funciona mejor. Que funciona peor. Lo voy a dejar simple como me gusta y como te gusta a ti.

Los ejercicios HIIT (High Intensity Interval Training) son los más efectivos en la mayoría de los  aspectos del acondicionamiento físico. En resumen: Hacer intervalos y mantener el pulso alto durante un periodo corto de tiempo (digamos entre 7 a 15 minutos) es mucho más efectivo que mantener una actividad física aeróbica con el pulso “normal” por un largo tiempo (digamos más de 40 minutos).

No vamos a entrar en especificaciones técnicas ni en cómo tu cuerpo reacciona a la actividad física a alta intensidad. Lo único que importa que entiendas es que entrenamientos cortos, rápidos e intensos (algunos ejercicios de crossfit, carrera en intervalos, ejercicios de peso corporal en intervalos) son más efectivos a corto y a largo plazo que entrenamientos largos a muy baja intensidad (correr, ir al gimnasio una hora y media mientras levantas un par de kilos) Digamos que el factor no tengo tiempo queda bastante reducido sabiendo que no necesitas casi nada de tiempo para tener una forma física buenamente aceptable en cualquier estándar.

Para muchos de ejercicios de intervalos no necesitas equipo. Hacer sprints demanda un par de buenas zapatillas para correr. Pero hacer lagartijas y squats de peso corporal en casa no demandan de nada salvo de ganas y solamente de eso. Si tienes una barra (de esas que se cuelgan en la puerta) vas de sobra. Tienes para trabajar intervalos como este:

5XPull Ups (barras)

10XPush Ups (Lagartijas)

15X Squats (sin peso)

Sin parar, durante 10 minutos. Dándole la mayor cantidad de vueltas posibles al circuito. Yo personalmente le doy 12. Pero si le das 3 o 4 vas bien al principio. Lo que importa es que te sientas lo suficientemente agitado para NO poder mantener una conversación de una manera normal con alguién

Si no tienes una barra puedes cambiar las Pull Ups por abdominales o hacer cualquier otro tipo de combinación con los números si es que no te cuadran muy bien. Es cosa de imaginación.

Yo tengo una Kettelbell y hago intervalos con ella. A veces hago 7 minutos, a veces 15, a veces 20. Siempre termino jadeando. Me la compré luego de haber hecho muchos meses (y hasta años) de ejercicios con peso corporal. Al principio no es necesaria para nada, pero con el tiempo y mientras te vas haciendo más fuerte, tu cuerpo va pidiendo mayores desafíos.  Si un día piensas en comprar algo de equipo, con una Kettelbell vas de sobra.

Así que el equipo queda también de lado como excusa.

Ni el tiempo, ni el equipo.

El ejercicio puede ser minimalista. Potente. Formador y forjador. No tienes que ganar un euro en el rollo. No tienes que pasarte una hora en algún gimnasio. No tienes que reventar tus bolsillos comprando suplementos de ningún tipo. Solo necesitas ganas y punto.

Así que a mover el cuerpo chaval que la vida se nos pasa mientras nos las pasamos sentados en el sofá (o frente a la computadora). Ahora mismo voy a levantar mi trasero de esta silla y me voy a hacer unos 10 minutos de intervalos…Voy a terminar muerto pero feliz!

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Diez tips para mejorar la relación Trabajo-Vida

Está entrada está basada en una publicación en el diario The Guardian. La leí hace unos días y me pareció bastante concisa y que iba directo al grano. Quizás te sirva para conseguir un mejor balance Trabajo-Vida.

Ahí van los diez punto:

1.- Aléjate del e-mail:  Una de las caballos de troya con los cuales tu oficina se logra meter en tu vida. En tu casa. En tu familia. En una cena con tus amigos. En medio de las sábanas de tu cama. Es el famoso, querido y odiado: e-mail. No es que el e-mail sea algo malo y destructivo. No lo es. Nos ahorra muchísimo trabajo y ha hecho que nuestra manera de trabajar sea más eficiente. Pero al mismo tiempo, ha convertido nuestro tiempo libre en casa, en tiempo rentable para la oficina. Los jefes te exigen ver el e-mail en horas que no son de trabajo. Se sorpenden mucho, si es que han mandado un e-mail a las 8 de la noche y al día siguiente, muy temprano en la mañana, aún no lo has leído. En casa trato de estar alejado del e-mail lo más que puedo. No siempre lo logro (por el tipo de trabajo que hago) pero uso todas las triquiñuelas posibles para no checkearlo casi nunca. La que más uso es la escoger una hora específica, digamos 8 de la noche para checkearlo en casa. Nunca antes, nunca después. Si es que me puedo saltear las 8 de la noche y no checkearlo. Mil veces mejor.

2.- Solo di que no: Decir que no, es una de las mejores cosas que puedes hacer en la oficina. Si le dices “Si” a todo, vas a ser un eterno esclavo del sistema. Las tareas se te van a acumular de tal manera que no vas a poder cumplir con todos ni con todas. Si logras hacerlas, no las vas a hacer de la mejor manera posible, porque sencilla y llanamente novas a tener el tiempo suficiente para tanta tarea junta. Cuando no puedas o sientas que te estás sobrecargando di NO y no des más justificaciones al respecto. Eso no implica ser rudo o algo por el estilo. Decir NO es un derecho perdido y la gente del trabajo tiene que comenzar a entender de que tú, de cuando en cuando, puedes y debes decir NO.

3.- No trabajes duro, trabaja inteligente: Está comprobado de que eres más productivo si que estás más descansado. Es obvio: Tu cerebro necesita de suficientes horas de sueño para estar al máximo de su capacidad creativa y para tener la capacidad de solucionar problemas de la manera más óptima posible. Aprende a generar descansos dentro del trabajo. Aprende a racionar tu tiempo. Busca técnicas de productividad. Las puedes encontrar en este blog o en muchos otros. Lo importante es, que cuando llegues a descansar. Descansa. Cuando llegues a casa. Quédate en casa. Cuando llegues a la cama. Pues duermete. He sido criado en la lógica de hacer primar el trabajo sobre el sueño. El fin justifica los medios, me han dicho por ahí. En el ejército en una unidad de élite como la mía, se despreciaba el sueño. El sueño era para los débiles y para los cobardes. Para los flojos y para los enfermos. Gracias a la ciencia, esa perspectiva está cambiando mucho. Estudios en soldados han demostrado y demuestran cada día más que la falta de sueño, genera que los huesos se descalcifiquen, que los músculos no se regeneren después de un esfuerzo intensivo, que tu capacidad para operar de una manera más o menos aceptable después de 24 horas sin sueño, descienda de la de un soldado de élite, a la de un recluta con una semana en el ejército. Pierdes gran parte de tus capacidades y tu razonamiento se vuelve bastante torpe. Lo he sentido en carne propia. Hacer mediciones topográficas después de tres días sin dormir se hace prácticamente imposible. Hacer mediciones de viento, gravedad, velocidad y distancias (para francotiradores como yo) en segundos se vuelven tareas impracticables. Lo mismo que pasa en el cerebro y cuerpo de los soldados, pasa en el cerebro y cuerpo de los oficinistas desvelados.  Hay que trabajar duro y descansar con la misma pasión también.

4.- Deja el trabajo en el trabajo: Claro. Una vez que sales de la oficina el trabajo debe quedarse ahí. No siempre es posible con tanta tecnología y con tanto mail que llega fuera de las horas de trabajo, pero como he dicho antes. Hay que disminuir drásticamente nuestra exposición a los mails en horas de casa. Hay que tratar de considerar que nuestra casa es un templo o una fortaleza. Yo la veo más como fortaleza, ya que me gusta todo lo relaciona con soldados y cosas así. Intento por todo los medios evitar que mi enemigo “trabajo de oficina” conquiste mi fuerte ” casa”. Si tengo que tirarle aceite hirviendo a alguien para lograrlo, pues lo hago. El fin justifica los medios en este caso.

5.- Olvidate de la perfección: Haz las cosas bien. Sé una persona que rinde en un alto nivel, pero no seas perfeccionista. Los perfeccionista no tienen vida. No tienen tiempo para tenerla. Viven y mueren para el trabajo. Y lo más seguro es que mueran un día en su trabajo de un paro cardiaco y que nadie se acuerde de la perfección de su manera de trabajar.

6.- No seas un martir: Los martires en las guerras, mueren primero y se ganan una bonita medalla de reconocimiento. Su mujer va a recibirla. Todos los van a recordar con respecto y con cariño, ¿pero sabes que? Ellos YA NO viven más. El martirio no es algo que debamos desear o algo a lo que aspirar. Podemos quizás aspirar a un sacrificio corto para conseguir un beneficio para nosotros o para nuestro grupo. Un mártir es el que se desprecia su vida y la considera un precio justo para conseguir algún objetivo. No creo que existan muchos objetivos en este mundo, salvo luchar por la casa, por el hogar y por tu pueblo, que puedan ser validos para el martirio. La vida es hermosa y sacrificarla para que tu organización o  para que tu jefe quede bien con alguien más, pues no vale la pena. Créeme que en unos años cuando estés desgastado y no hagas el trabajo como antes, nadie, ni siquiera ese mismo jefe, se va a acordar de que un día lo diste todo por él.

7.-Baja un poco tu deseo de adrenalina: ¿Quieres adrenalina? Anda a saltar en paracaídas en tu tiempo libre, vete a un safari a Africa, o voluntarizate a Medicos sin fronteras, pero no la busques llenandote de tareas en la oficina. Buscando esa sensación de que eres “indispensable”. No eres indispensable, créemelo. Eres reemplazable tal como Steve Jobs lo fue. No busques dejar tu sangre adrenalínica en el trabajo. No lo vale.

8.-Piensa acerca de tu retiro: No me refiero al dinero, que sería bueno que pienses en él. Me refiero a que si tu trabajo es tu vida, ¿Qué vas a hacer cuando esa “vida” se termine? Muchos jubilados entran en una depresión profunda, por el único hecho que no están haciendo lo que toda la vida han hecho. No importa si lo que han hecho toda la vida fue ser policías o basureros, abogados o ingenieros forestales. Muchos se desmoronan cuando reciben la carta de jubilación y pasa así porque estaban interesados en UNA SOLA cosa. Abre tu mente e interesate en miles más. Puedes elegir desde el tejido con palitos hasta la escalada en roca. Hay millones de actividades que puedes empezar a hacer hoy. Tu trabajo debe ser solo una de ellas. No la única.

9.-Hazlos esperar: No le digas sí a todos y menos aún cuando les digas sí, te hagas el proactivo y soluciones lo que te piden en menos de cinco minutos. Si lo haces, se van a acostumbrar de que siempre seas así. Que tu rendimiento debe ser de esa manera y si un día no lo eres, van a quejarse de lo mal y lento que estás haciendo las cosas. Hazlos esperar, desde el principio. Tomate tu tiempo en responder un mail. Tomate tu tiempo en responderles un mensaje de texto. Tienes una vida: Acuérdate de eso. Tu trabajo es solo una parte insignificante de ella.

10.-Hazte tus propias reglas: Yo tengo las mías. Este blog esta lleno de reglas que me he propuesto seguir. Que he aprendido de mucha gente inteligente desperdigada por el mundo y por la internet. Hay algunas reglas que sigo con mayor fidelidad. Hay otras en las que soy medio flojillo, pero siempre busco mejorar mi relación trabajo-vida. Busco dejar de lado esa sensación de que mi trabajo es mi vida. He aprendido que no lo es. Es solo una parte de ella. Una parte que a veces me gusta y otras, no tanto. Una parte que hay saber manejar para que no interrumpa en las otras, también importantes, partes de tu existencia: La familia, los amigos, los hobbies y la infinidad de actividades y hábitos que conforman lo que llamamos vida.

Bueno, espero que estos 10 puntos te sirvan de algo y te ayuden un poquito a dejar la ofi en la ofi.

Gracias por leer.

Perdido

Este par de semanas he estado bajo mucha presión en el trabajo.

Me ha sido difícil concentrarme bien. Me he sentido desbordado por las tareas y por los jefes. He sentido que he decepcionado. He sentido que me han decepcionado también.

Quizás cuando las cosas pierden equilibrio en un lado de la vida, desequilibran al resto. No sé si eso te pasa a ti. Pero conmigo sucede que cuando las cosas andan mal en algún aspecto de mi vida, ese aspecto malogrado irradia mala onda al resto.

Estando presionado en el trabajo, no podía no sentirme presionado estando ya en casa. No logré desconectarme de lo que pasaba en lo oficina y las preocupaciones me han seguido hasta la cama. Una que otra noche me he despertado a las tres de la mañana pensando en lo que me iba a enfrentar al día siguiente.

Hoy, las cosas llegaron a un punto bastante álgido en mi oficina. Y a eso de las dos de la tarde me puse a pensar  que no he escrito en el blog un buen tiempo, porque ni siquiera he tenido la mente limpia para eso. Me puse a pensar  que lo mismo que quiero transmitir en las cosas que he escribo, lo he dejado de lado estás dos semanas: He sido desorganizado. He sido impulsivo. Me he dejado llevar por las críticas. He traído todo eso a casa y he perdido un poco el rumbo aquí también.

Una de las cosas que he aprendido es que todos perdemos el rumbo de cuando en cuando. Nuestra vida no puede ser perfecta todos los días. A todas horas. Todos los meses. Todos los años.

Cosas malas suelen pasar. Y nosotros solemos reaccionar a veces de una manera positiva, a veces de una manera no tan positiva y a veces de una mala manera. Y está bien a veces reaccionar “mal”. No siempre puedo ser la persona que controla sus sentimientos al cien por cien. No siempre puedo ser la persona que deja el teléfono llegando a casa y que no se desespera checkeando mails del trabajo a las once de la noche. A veces soy así también, aunque no quiero ser así.

Y eso es lo que sé. Que no siempre las cosas se van a dar como yo quiero o de la manera en la que yo quiero que salgan. Las variables en la vida de cada uno de nosotros son infinitas. Y a esa inmensidad de incertidumbre la debemos abrazar y aceptar como parte de la vida. Porque la vida es eso mismo: Incertidumbre.

Pero al mismo tiempo podemos tratar de vivir la vida de la manera que nosotros queramos y siguiendo el camino que nos hemos propuesto a seguir. Mi camino es el de no complicarme demasiado. Mi camino es el de simplificar. Inclusive mis pensamientos dañinos y mis más grandes elucubraciones filosóficas. Simplificar los malos momentos. Reducir. Minimizar el impacto que las cosas tienen sobre mí.

No siempre puedo hacer esto. Al menos no todo el tiempo. Como en estás últimas dos semanas. Hay momentos en la vida en la que las vivencias me desbordan  y que la presión es tal, que me hace sentir que puedo perder el rumbo en mi vida simple. Aunque como te darás cuenta. Me he dado cuenta de esto bastante rápido y no he seguido mis días sin preguntarme lo que está pasando conmigo.

Así que he respirado mucho hoy. He meditado y me he echado en el mueble a tomar una siesta llegando del trabajo. He apagado el teléfono (como solía hacerlo antes). He bloqueado mis mails en casa (como solía hacerlo antes). Estoy disfrutando de mi té Earl Grey mientras escribo un post en mi computadora. Intentado explicar el porque me sentía tan fuera de mí en estás dos ultimas semanas.

Pienso que de vez en cuando está bien perdernos, para volvernos a encontrar. De vez en cuando está bien para mí perderme, para volver a encontrarte a ti al otro lado del monitor.Quizás si no te tuviera, sería mucho más difícil para mí acordarme de quien soy a veces. Acordarme de lo que he escrito. De lo que predico.

Como siempre, mucho te lo debo a ti que lees estás líneas.

Bueno, aquí estoy escribiendo de nuevo. Tratando de a poquitos simplificar los malos ratos que he pasado en la oficina en este último tiempo. Porque mi vida no es mi oficina. Mi vida son las letras que fluyen de mi mente. Las palabras que imprimo en la pantalla. Las frases que digo. Lo que veo. Lo que recuerdo. Lo que huelo. Lo que me roza el pellejo. No un par de mails tristes enviados a destiempo por gente triste que no entiende lo bonito que suele ser la vida.

Sobre el trabajo

Desde que era un niño aprendí que el trabajo o trabajar es una parte vital en nuestra existencia. En nuestra cultura se honra al trabajador esforzado. A aquel que está de pie antes de que salga el sol y regresa a casa después de que este se ha ocultado. De sol a sol, dice la frase. Admiramos a aquellos hombres que se rompieron los lomos construyendo lo que vemos. A aquellos que pusieron las columnas y los cimientos de nuestra civilización. Trabajaron duro, sin descanso. Hay que seguir trabajando fuerte en honor a ellos y en honor al pan que llevamos a casa. En honor a tener una vida mejor. En honor a darle un mejor futuro a nuestros hijos. En honor de crecer mucho más como personas. En honor de que es lo que se debe hacer. Porque es lo que nos enseñaron: Tener trabajo es lo mejor que le puede pasar a alguien por estás épocas y todo el mundo no puede estar equivocado ¿no? o ¿sí?

La mayoría de nuestros puntos de vista. Tanto educativos como laborales han sido generados a mediados del siglo XVIII, durante la revolución industrial. Hemos heredado de nuestros padres y abuelos normas de conducta diseñadas específicamente para aumentar la productividad. Una sociedad para ser considerada moderna y que entre al juego del mercado mundial, debe ser una sociedad productiva. No solo que soporte sus necesidades propias (las de la sociedad) sino que produzca la mayor cantidad de excedentes para que se promuevan el intercambio de bienes a mayor o menor escala. Si entiendes esto, te vas a dar cuentas que el sistema en el que vivimos está diseñado hace casi 300 años por gente que pensaba como hace 300 años. Desde Adam Smith llegando a las ideas de Marx y Engels un siglo después. Por consiguiente  gran parte de los ideales y factores culturales modernos están pre diseñados en aquellos tiempos.

Solo escribo de esto porque trato de buscar, en un contexto histórico, la razón por la cual sentimos esa adoración por el trabajo. No solo por el trabajo en si mismo. Sino por el hecho de gastar nuestros días trabajando. Produciendo.

No voy a discutir si trabajar como lo venimos haciendo está bien o mal. Vivimos en una sociedad en la que debemos trabajar para poder subsistir. Trabajar, al fin y al cabo, soporta nuestra subsistencia y nos brinda bienestar. No solo material, sino que nos suele dar una razón por la cual existir. Por la cual levantarnos. Nos sentimos útiles. Productivos. Somos indispensables.

El trabajar está bien, pero ¿el trabajar más es mejor?

Hay un punto en que las cosas positivas se vuelven negativas. El exceso de ejercicio genera lesiones. El exceso de trabajo puede hacer que vivas TODA tu vida sin haber vivido y además de eso te puede matar de estrés. Y aquí es donde entra el facto de que en los últimos cincuenta años trabajamos cada vez más. No te dejes engañar con eso de las horas laborables. Eso de que se trabajan 8 horas al día es bastante simpático pero no es cierto. La gente de hoy trabaja desde casa. Si no te llevas el trabajo a casa no eres productivo y si otro lo va a ser mucho más que tú ¿Por qué no reemplazarte entonces? Trabajar y nuestro trabajo se ha convertido en el centro de nuestra existencia. El trabajo que hacemos es lo que somos. No somos personas. No somos organismos biológicos inteligentes. Somos abogados, ingenieros, médicos, soldados. En algún remoto lugar de estos últimos trescientos años hemos perdido nuestro carácter y nuestra humanidad para ser parte de un sistema productivo y especializado en generar riqueza.

Algo tan simple como tomar una siesta se ha convertido en algo mal visto. Hay países que mantienen el hecho de descansar en la tarde como parte inherente de su cultura y son vistos por otros países más productivos como sociedades zánganas y ociosas. Los españoles, los italianos, los portugueses, los griegos son vistos como ineficientes y vagos por sociedades europeas del norte de Europa. Sociedades en las que la gente está programada para producir por lo menos 11 meses de 12. Doce horas por día. Cinco días a la semana. Lo más posible. Lo más rápido posible. Lo mejor posible.

¿Pero cuál de los dos puntos de vista es el mejor?

Según mi experiencia. El punto de vista equilibrado es el mejor de todos: No trabajando en exceso. No dejando que el trabajo sea el centro de tu existencia. El trabajo debe ser una actividad como cualquiera de las muchas que debes estar haciendo en esta loca aventura que se llama vida. El trabajo debe ser algo en lo que gastamos un poco de nuestro tiempo y nos mete en el sistema. Algo que nos da orden. Algo que nos facilita las cosas. No algo que nos exprime y nos quita la vida sin darnos cuenta.

La mayoría de nosotros sabemos como funciona el sistema. Todo lo que he puesto aquí no es nuevo par ti. Aunque a veces es bueno leerlo en algún sitio para recordar porque hacemos lo que hacemos y porque vivimos como vivimos. Yo antes trabajaba duro y parejo. Hoy me tomo siestas y me siento mucho más feliz así. Si no lo haces, te lo recomiendo encarecidamente. Me importa un rábano que me digan zángano o que no me vean trabajando a mil por hora todo el día. Soy el más productivo en el trabajo durmiendo más que todo el mundo.  Y soy más productivo precisamente porque descanso. Porque recargo energías. Porque sé cuando parar a respirar.

Ayer me tomé la tarde y fui a la playa saliendo del trabajo. Me tomé una cava, comí quesos y vi el sunset. En medio de la semana laboral, me sentí en medio de las vacaciones.

Sobre el tiempo

Siempre escribo acerca de tomarnos un tiempo para nosotros. El hecho mismo de minimalizar está conceptuado para que nos quede más tiempo libre. Al eliminar las cosas extra. Al ser más productivos y eficaces. Al ser más organizados, queda algo muy importante de residuo: Tiempo. Disfrutar de ese tiempo que de pronto existe es una de los mejores daños colaterales de lo que significa vivir con menos.

Hoy me quedé en casa. No he ido al trabajo. No por flojera o desidia, sino porque tengo descanso médico. El hecho de quedarme en medio de la semana en casa con todo el tiempo del mundo para mí, me hace bastante feliz, para decirlo de algún modo. Cuando me puse a diminuir gastos y vivir con un poquito menos, hace más de una año y unos meses, descubrí que podía trabajar un día menos a la semana. De seis días de trabajo pasé a cinco. El haber hecho eso ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en la vida. No hay nada que el dinero pueda comprar comparado con la calidad de descanso y la corriente creativa que se genera cuando tienes más tiempo libre. Mi sueño para este 2015 es bajar a cuatro días por semana. Trabajar cuatro días y seguir ganando lo mismo que ganaba cuando  trabajaba seis. Para eso debo ser mucho más consciente aún acerca de mis gastos. Debo conservarlos con la rienda corta. Debo ser un poquito más ordenado de lo que soy ahora. Aunque poco a poco he ido mejorando y mucho. Con práctica y más práctica.

Se dice que en la vida no hay nada gratis. Según mi experiencia, eso es bastante cierto. Por eso con cosas estoy comprando tiempo libre. En vez de llenarme de utensilios me lleno de más tiempo libre poco a poco. Quizás un día pueda vivir sin salir de la casa una sola hora al día, solo trabajando  4 horas diarias y haciendo lo que me apasiona: Escribir. Pero para eso hace falta trabajo. Invertir tiempo ahora, para que luego ese tiempo regrese en forma de un rédito increíble.

Acuérdate de algo: El tiempo es tu bien más preciado. Cuando vas a la oficina o al lugar en el que trabajas, estás vendiendo tu bien más preciado a alguien más a cambio de dinero. No digo que este mal o bien. Solo digo la verdad. Es un facto. Todos lo hacemos. Lo que opino es que tenemos que ser más conscientes de que eso es lo que realmente está sucediendo. Estamos realizando una transacción monetaria simple y concreta.

Una de las cosas que he aprendido por experiencia es que el tiempo es un bien finito y vale mucho, muchísimo más de lo que te paga tu jefe o tu empresa por él. Por eso mientras más tiempo libre te puedas generar para ti, automáticamente te estás haciendo más rico, mucho más rico.

Usa tu tiempo con sabiduría. No lo despilfarres trabajando sin sentido. Se consciente de lo mucho que estás dando y de lo poquito que estás recibiendo a cambio. No digo que dejes el trabajo o algo parecido (todos tenemos que poner comida en la mesa). Solo digo que seamos conscientes de que nuestro tiempo NO es oro. Es mucho más que eso y vale la pena tratar de usarlo mejor de la manera en la que solemos. Crea algo. Viaja más. Haz más el amor. Estudia más. Lee más. Toma más café. Duerme más. Sueña despierto más. Escribe. Canta. Toca guitarra. Salta en paracaídas o haz lo que te de la gana. Esta es tu vida y créeme: Se va a terminar.

Una semana de vacaciones (del teléfono)

Este blog se trata de minimalismo, pero también de vida simple. De practicidad. De desconexión.

No soy un extremista que vive sin cosas o sin teléfono celular. Trato de tener un horario para todo. Para usar Facebook. Para trabajar. Para dormir. Para escribir. Así, organizando bien mis asuntos produzco más y me queda mucho más tiempo para lo que realmente me importa  o me gusta hacer. Una de las cosas con las que más trabajo es el teléfono celular. Lo tengo conmigo siempre, aunque trato de contestar solo hasta cierta hora del día a la gente con la que trabajo (16:00).

Hace mucho tiempo que no había pasado un solo día sin tener el celular prendido aunque sea medio día. Estar al tanto de una llamada. Estar al tanto de un mail. De una burbuja de Facebook. De un inocente mensaje de mamá por Whatsapp. Siempre ha sido así desde unos años atrás (en este último año me he establecido horarios para no estar mirando el teléfono a cada rato como un autómata y más bien dedicarle tiempo a la gente de carne y hueso que está frente a mí en determinado instante). Hace muchos años que no me quedaba un día sin teléfono. Mi vida era ordenada y sistemática. Hasta que me fui de vacaciones a Italia y me zambullí en las olorosas y nada saludables aguas de Venezia.

Supongo que si has estado en Venezia sabes a que me refiero cuando digo “aguas olorosas”. Si no has estado allá, no importa. Sabes que Venezia es una ciudad rodeada y entrecruzada por canales y canaletas y que su plaza principal: La Piazza San Marcos se encuentra al borde del mar adriático. La historia que les voy a contar es simple (como todo en este blog) y va algo así:

Un niño en el borde de la Piazza San Marcos juega junto al mar. Tiene un polo amarillo. Unos shorts Jeans. Es rubio. Me mira a los ojos y luego prosigue con su juego. Me gusta la imagen (la del niño jugando al borde del adriático) y me pongo en posición para sacarle una foto. Pongo mi ojo derecho en el visor de la cámara y me horrorizo al ver que el niño se esta resbalando y está a punto de caer al mar. No pienso nada y doy los cinco pasos que me separan de él, corriendo. El niño cae. Yo logro tomar su mano antes de que se sumerja en el agua y los dos caemos al helado mar. Debajo del agua solo pensé en el pasaporte que estaba en mi bolsillo derecho. Además de eso sentí la necesidad de tocar piso y me horroricé al sentir una profundidad pasmosa. El brazo del niño seguía sujeto a mi mano y creo que le quebré un hueso de lo fuerte que lo apreté. Nadé hacia arriba y cuando saqué la cabeza del agua vi a un grupo de gondoleros que me estiraban sus manos para sacarnos del agua. Estiré mi mano izquierda, me arrastraron hacia afuera,  jalé al niño conmigo y vi que otras personas habían saltado al agua al vernos caer y por un momento tuve esperanzas en la humanidad 🙂 . Las esperanzas se terminaron cuando sentado en las centenarias piedras que asfaltan la plaza y más mojado que Fliper, me di cuenta que la cámara Go Pro de mi amiga estaba muerta. Luego de meter las manos a los bolsillos percibí que mi teléfono (recién comprado) estaba completamente ahogado. El pasaporte empapado. Y la mamá del niño dándome gracias en Checo. El punto clave de esta historia es: Que mi teléfono murió de manera heroica aquel día.

El primer día sin teléfono fue el más difícil. Me sentía como un Junkie sin su respectiva dosis de heroína. Algo me faltaba. Sentía que me habían extraído algo del cuerpo. Quizás el páncreas o un riñón. Era realmente insoportable. Al cabo de 24 horas esa sensación menguo y dio paso a una sensación de tranquilidad que no sentía desde la época del jardín de infantes. No tenía teléfono y era feliz sin él.

Al tercer día perdí la necesidad absoluta de chequear cualquier cosa. Miré al resto de gente absorbidas por las pantallas de sus teléfonos y me sentí libre de una penosa y ardua esclavitud de años. Se habían roto las cadenas y yo era más hombre libre que Dyango.

Al cumplir la semana sin teléfono y justo antes de subir al avión de regreso a casa. Me dije a mi mismo: No quiero otra vez un teléfono. Esto es demasiado hermoso para no vivirlo siempre. Una letanía increíble se apodero de mí. Una falta de stress que daba risa. Las horas se hicieron más largas. Los días más bellos. Me sentí un marihuanero consumado…

Hasta que aterricé en mi país y lo primero que escuché fue: Necesitas un teléfono urgente. No se puede vivir sin teléfono. A las dos horas tenía mi viejo iphone 4 trabajando de maravillas. La gente del trabajo llamándome a las 23:00 de la noche para actualizarme de los rollos del trabajo que habían sucedido durante mis  vacaciones.

Al día siguiente volví a mi rutina de ponerle horario al teléfono. Y no contestar a nadie después de las 16:00 de la tarde. Me he borrado de todos los grupos inútiles de Whatsapp. He vuelto a dosificar mi exposición al e-mail y tengo que hacer lo mismo pronto con el facebook que se me ha antojado muy rico en estos últimos días.

Lo que he aprendido después de mi gélido chapuzón en el mar del norte de Italia es que vivir un buen rato sin teléfono no hace más que hacerte sentir bien. Si superas la barrera de las primeras 24 horas, créeme que vas lograr sentir algo muy cercano a eso que llamamos felicidad.

Hazte un favor en las vacaciones y deja el teléfono en casa.

Revisión de lo últimos seis meses de minimalismo

En esta nueva vida que es tener las cosas que realmente necesito y prescindir del resto, he aprendido a que con el tiempo que “ahorro” teniendo menos cosas, se pueden hacer muchísimas actividades  que antes no podía por la falta de tiempo. Por la falta de energías. Por las pocas ganas que me quedaban después de trabajar seis días a la semana con algunos días de doce horas al día.

Eso es lo que quiero compartir con ustedes. El concepto es simple.

Ten menos cosas y el tiempo libre en tu vida va aumentar de una manera inversamente proporcional.

Les quiero contar sobre las cosas y proyectos que he empezado a desarrollar en estos últimos seis meses y que antes no podía llevar a cabo por falta de tiempo.

  • Ejercicio diario: De media hora a cuarenta minutos entrenando Crossfit o corriendo. Este último año he llegado al mejor estado físico de mi vida.
  • Escritura diaria: Ahora escribo todos los días sin excusas.
  • Leer en otros idiomas: Me he propuesto leer más fluido en otros idiomas. He mejorado mucho leyendo en ingles (estoy terminando ya dos libros en ese idioma) y he mejorado muchísimo más leyendo en hebreo.
  • He abierto un nuevo blog: He decidido abrir un nuevo blog. En él intento compartir contenido cultural variado. Algo así como un magazine. Publico entre dos a tres posts diarios, todos los días. El blog se llama Interselecciones. Si quieres darle un vistazo, eres más que bienvenido.
  • Mejorar mi nivel de ingles hablado: Quiero llegar a tener un nivel bastante alto en ingles y para eso lo estoy practicando todos los días, leyendo y hablando todo lo que pueda.
  • Aprender Italiano: Estoy empezando a aprender la gramática del Italiano. Pensé que por saber español, aprender otro idioma Romance no sería tan difícil, pero lo es. La gramática en Italiano no es tan fluida como pensé.
  • Aprender a ser más productivo: Con la mejor administración de mi tiempo, me he dado más tiempo para aprender a darme cada vez más tiempo. Sé que suena confuso, pero si le siguen la línea, tiene bastante lógica. En resumen: Cada vez aprendo a manejar mi tiempo mejor.

Y lo mejor de todo: Estoy mucho menos estresado.

Tener menos cosas, es gastar menos, gastar menos es que puedes decidir trabajar menos, trabajar menos te deja más tiempo para hacer lo que te dé la gana. La decisiones de hacer o de no hacer con tu tiempo lo que te dé la gana, las tomas solo tú.