Dar

Tengo que dar. Dar más de mí.

Hace un tiempo atrás creía que recibiendo, teniendo, quitando, reteniendo iba a lograr más que otorgando, dando, regalando, donando.

No es que algo específico haya cambiado mi manera de ver las cosas. Pero he aprendido a dar.

El cambio se ha dado de ha pocos. Lentamente. Quizás hayan sido los viajes que he hecho y la perspectiva que he ganado. Quizás hayan sido las cosas feas y no tan feas con las que me he encontrado en la vida. Pero dar se ha convertido en algo mucho más preponderante en mí que recibir.

Este blog y estás palabras son un poco de eso. No tengo ninguna intención aquí salvo  que leas sobre mi experiencia de vida y en como el tener un poco menos, hizo de mí una persona un poco más feliz. En este instante te estoy dando el tiempo que uso para escribir estás palabras. Quizás ellas te ayudarán a ver el punto de vista de otra persona que piensa parecido a  ti o que quizás piensa completamente diferente.

En estos últimos años he sentido mucha más satisfacción dando de mí al resto que recibiendo. He aprendido que tengo palabras en la boca que pueden ayudar. Manos y brazos fuertes que pueden levantar muebles y refrigeradores. Tengo también muchas cosas materiales a las que otras personas pueden dar un mejor uso. Y dando todo eso no he hecho más que crecer. He sentido una infinita sensación de plenitud. Dando, ayudando y haciendo para el resto, que recibiendo algo de alguien.

Si nunca te has voluntarizado, donado, o creado algo para alguien de gratis. No te imaginas lo que te estás perdiendo. Hacer feliz a la gente conocida o desconocida es un regalo inmenso. Más aún cuando no se espera ninguna recompensa por ello.

Da tu tiempo a los que más quieres. Da tus cualidades a gente que las necesite. Da tu energía a una causa que consideras justa. Una vez que lo haces, el mundo se vuelve un mejor lugar para ti y para los demás. El sentir la energía que desprende la gratitud de la gente, no tiene precio.

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El corazón de Ringo

 

El corazón de Ringo es más grande de lo normal. Es más grande de lo normal porque tiene una falla congénita. Tiene un soplo y eso evita de que bombee la sangre como debería. Al no poder bombear bien, el corazón de Ringo hace un sobre-esfuerzo continuo y como todo músculo sometido al trabajo: Crece. Al crecer, su corazón ocupa más espacio del que debería. Por lo tanto invade el espacio de los pulmones y el de la traquea. Al rozar constantemente la traquea le produce una tos seca. Una tos de perro. Más en las noches que en los días. Más cuando se agita que cuando está tranquilo. El corazón de Ringo está matándolo de a pocos. Dicho corazón tiene un mal corazón y nos está haciendo pasar un muy mal rato.

Los que lean esto y no sean muy aficionados a los animales les va a ser muy difícil entender lo que es para uno tener un amigo “de cuatro patas” enfermo. Enfermo crónico. Un amigo con cola que nos alegra la vida todos los días aunque a veces se coma las cosas y haga mierda mis libros. Un amigo que llegó para quedarse. Un amigo que cambió las perspectiva con la cual observábamos a la vida “no humana”. En el ejercito uno hace los mejores amigos que uno puede hacer. En el ejercito uno aprende que “Nunca se deja a nadie atrás”. Ringo es mi amigo. Lo quiero como tal. La decisión más fácil en estas instancias sería “mandarlo a dormir”. Hemos decidido que no: “Nunca se deja a nadie atrás”.

No somos millonarios. No nos sobra el dinero. Vamos a afrontar lo que sea necesario para que nuestro “amigo querido” viva lo más que pueda lo mejor que pueda. Así nos cueste. Así nos duela. El vínculo de amistad que tenemos es a muerte. Yo sé que él moriría por nosotros. Y por lo tanto estamos dispuestos  a hacer todo lo humanamente posible para que él no tenga que morirse. Lo queremos. Lo estimamos. Lo necesitamos.

 

“Cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”

Edward Olivia

Ringo

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Cuando Ringo llego a mi vida habían pasado unos buenos años sin que yo haya tenido una mascota. Quizás unos doce o trece. En mi niñez siempre hubieron perros en la casa, de los cuales tengo los recuerdos más simpáticos, pero siendo sincero, no recuerdo el tipo de relación íntima que tuve con ellos.

Antes de Ringo, habíamos tenido la usual vida de una pareja sin hijos. Compartíamos un piso, pagábamos las cuentas, nos levantábamos a trabajar, paseábamos los fines de semana, hacíamos el amor de cuando en cuando, tomábamos café con leche, usábamos medias de lana en el invierno y mucho aire acondicionado en el verano, nuestro auto olía a Glade, nuestro piso parecía un ambiente de exhibición de Ikea, nuestros fines de semana  estaban llenos de mañanas largas en la cama (al menos en los días lluviosos), Banana Pancakes,  música de Jack Jhonson, algún que otro libro, running, trabajo, mucho trabajo y a dormir. En resumen: Una vida común y corriente.

No se cuando, ni donde pero en algún momento de ese eterno cargamontón cíclico llamado Rutina, decidí tener un cachorro. No por altruismo,  no por amor a los animales, no para evitar que un cachorro menos vaya al matadero, no por falta de compañía y no para participar en exhibiciones…Decidí tener un perro porque sentía que me faltaba algo”. Quería algo que criar y que no fueran plantas (siempre he tenido mala suerte con las plantas. Se mueren apenas entran en mi casa). Las plantas me aburren porque están muy quietas. Quizás yo también les aburro a ellas y por eso se me mueren sin despedirse.

Ringo aterrizó una noche en casa. Hace un año ya. Un amigo conocía a una amiga que conocía a otra amiga que estaba dando en adopción a un cachorro pastor alemán. Llegó flaco y cabezón. Las orejas desproporcionadamente inmensas para su cuerpo, le daban un aspecto de maestro Yoda con cara de perro.  No voy a ser demasiado específico respecto a todas las diabluras que hizo en un año. Solo voy a mencionar que le encantan los buenos libros . Platón descansa en sus entrañas al igual que Tolstoi. Pedazos de alfombra pueblan su flora intestinal, muchos lapiceros han esparcido su tinta en su estomago canino y muchas diarreas hemos limpiado con pundonor. No voy a mencionar tampoco en lo que se ha convertido mi auto. Solo voy a decir que el olor a Glade ha desaparecido. Se ha ido para dar paso a un olor a lobezno mezclado con aliento perruno.

Pero Ringo es mucho más que eso. Ha cambiado nuestras vidas para bien. No pensé nunca en la vida, compenetrarme tanto (sentimentalmente hablando) con algo no humano. Sé que es un perro y sé que nunca va a poder decir una sola palabra. Aunque siento que me habla con los ojos, usando la miradita y de solo verlo un instante me doy cuenta de cuanto me quiere y de cuanto yo lo quiero a él. Quizás estoy delirando un poco, pero siento que tener una mascota te hace ver las cosas en proporción. Te hace entender el cuan cerca de los animales estamos. Lo ínfimo que son las diferencias entre una especie y otra. Tanto así que pueden llegar a quererse superando las diferencias de ADN. Somos más humanos (y lo digo por experiencia) cuando nos acercamos a lo animal y entendemos la magnitud de nuestro parecido. Sentir esas sensaciones te convierte sin más ni menos en mejor persona, en mejor amigo y de por si en mejor ser humano.

Así que si sientes que te falta algo” y tienes el tiempo y los recursos para adoptar a algún ser vivo para que te quiera sin ponerte condiciones: Hazlo sin reservas que no te vas a arrepentir. O quizás estás dudando entre hacerlo o no: Hazlo sin miedo, te puedo garantizar que es una de las mejores decisiones que he tomado en mi vida.

Hasta pronto.

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