Rock Sheloshim

El popular(en Israel) Tuna. Uno de los compositores más prometedores en el mercado Hebreo.

Rock shloshim, im jalomot she mebihim mi hashanot hatishim…

Rock de los treintas, con sueños que traemos desde los años noventas…

Hace unos días escuché el coro de una nueva canción en hebreo. Rock shloshim. Algo así como el Rock de los treintas. La verdad es que no suelo ser muy fan de escuchar música rock en hebreo. Tampoco soy de los que se mueren por el rock en español. Para mí, los tipos de música  encajan de maravillas solo con el idioma que los vio nacer. El rock debe ser en inglés. La cumbia en español. La Bossa Nova en portugués y las canciones de los pioneros agricultores en Eretz Israel solo pueden ser en hebreo. Hay excepciones por supuesto. Hay hermosas piezas que cuadran de maravilla sin importar el idioma o la clave en la que estás compuestas. Rock de los treintas es una de ellas.

La música no tiene nada de interesante. Un rock simplón. Su gran virtud es la letra. El coro me hizo pensar en el hecho de que estoy viviendo mis sueños de los años 90s. Sí. Mis sueños de adolescente calentón y lleno de acné. Esos mismos sueños que se generaban mientras escuchaba a Oasis de soundtrack. Siendo aquel  tipejo enclenque y escuálido lleno elucubraciones que lo empujaban a pensar en los treintas de una manera lejana. Tan lejana como si llegar a los treintas tuviese algo que ver con un viaje interestelar al estilo Star Trek.

Hoy por hoy. Soy el resultado de aquellos impulsos primarios. De aquellos sueños vagos en los que alucinaba el vivir una vida llena de aventuras (y vaya que las viví). Los mismos que hacían verme siendo parte de la mafia de Nápoles o en su lugar un Indiana Jones buscando El Dorado en las selvas impenetrables del Perú. Soy el resultado de lo que se me pasó por la mente en esa década en la que Kurt Cobain se voló la cabeza y en la que Bill Clinton recibió  buenas dosis de sexo oral. En los 90s dejé de ser un niño para convertirme en un hombre. Casi en el hombre que soy hoy. Salvo que hoy ya he visto el final de Los Soprano, mientras que en aquellos años recién había saboreado el comienzo. He visto que los X Files se fueron a la mierda. He visto como las novelas que leí durante aquella década le dieron forma a mi estilo de escritura. Soy lo que soy porque aquellos sueños de antaño están aquí y ahora. Aquí conmigo. Son parte de mí. Son Yo.

Te dejo la canción de cualquier manera. Sé que no vas a entender mucho. Salvo que hables hebreo. Pero que más da. Si alguién me pusiera música en Farsi, la escucharía también. El video es bastante interesante. Pese a que crecí al otro lado del planeta mis 90s fueron bastante parecidos a los de Tuna. Supongo que los tuyos también se parecieron bastante a los míos…

Así qué, a por ello…

Anuncios

Anti Curriculum Vitae

Terminé el colegio a regañadientes. En quinto de secundaria desaprobé ocho cursos de trece en un bimestre. Mi profesor de física me odiaba y yo lo odiaba más porque obligaba a todos a comprar el libro de física que él había escrito. Mucha gente me dijo: “Cuando dejes el colegio no te imaginas cuanto lo vas a extrañar…” ¿Saben que? No lo extraño una mierda.

Entré a una academia preparatoria para poder postular a la escuela de oficiales de la marina. Estudié un año ahí. No recuerdo un solo concepto de todo lo que repasé ahí. Solo sé que hice trampa en casi todos los exámenes para que mi papá se sienta orgulloso de mí al recibir las notas cada mes.

Seno. Coseno. Tangente. Secante. Cosecante. En medio de un entrenamiento militar bastante arduo era obligado a aprender todos aquellos conceptos y demás mamarrachos matemáticos para poder “destacar” y ser un mejor “militar”. Nunca entendí la relación entre la termodinámica y ser Rambo así que dejé la marina sin gloria y con pena. Perdí un par de meniscos también.

Escuela de derecho. Leyes. Aburrimiento y más aburrimiento. ¿Quién demonios puede ser abogado? Desde que estudié derecho dejé de confiar en los abogados y los empecé a compadecer. Cuanta cochinadilla se puede estudiar en un año de derecho. No recuerdo una sola ley orgánica ni menos aún un solo párrafo de mi libro de derecho Romano. No recuerdo nada de la universidad salvo los Burger Kings que me comía en la avenida Javier Prado.

De paro. Claro con veinte años y sin nada estudiado no podía hacer otra cosa que no hacer nada. Fue la mejor época de mi vida.

Busqué una visa para un sueño. Soñé el sueño americano en una fábrica de lapiceros en New Jersey. Me decían Tortuga porque era muy lento levantando cajas. Mis manos estaban acostumbradas a rascar mis pelotas y no al cartón raspador y formador de cayos. Me dejé la barba y el pelo largo. Era por primera vez yo contra el sistema. De vez en cuando me escondía en algún almacén y me dormía de lo más profundo soñando con volver a Lima.

De vuelta en Lima. De paro nuevamente. Gastando la plata que había ahorrado en EEUU. Me creí un señor millonario. La plata me duro cuatro meses. Al quinto estaba nuevamente “soñando”.

Arkansas. Caballos. Vaqueros. White Trash. Fusiles de retrocarga siendo vendidos en los K-Mart. Trabajé en construcción. Construí bases de cemento en algún sitio cerca a Tenesse. Me accidenté. Me quemé las piernas con algún químico. Un tornado se llevó la casa de al lado de mi casa. Mi vida era un silo lleno de mierda hasta el tope. Extrañé las clases de Derecho Romano.

De vuelta en Lima. Nuevamente gastando el dinero que había ahorrado con tanto sufrimiento y tanto tornado. Se me presentó una oportunidad: Ir a Israel. Me dije a mi mismo: “No puedo perder nada si no tengo nada”.

Israel. Calor. Trabajando en un kibutz en la galilea del sur. Soy un flamante ayudante de cocinero. Cocinamos para novecientas personas cada día. Me gusta lo que hago. Aprendí a cortar como un ninja. Aprendí que la vida da vueltas y que nunca es tarde para comenzar de nuevo. Me gustaba hacer el arroz.

Unidad de paracaidistas del ejercito de Israel. No se como llegué ahí. Soy un veterano combatiente. Me he soplado una guerra completa en el Líbano. He matado gente y la gente me ha querido matar a mi. La vida si que da vueltas y que se vaya a la mierda mi profesor de física del colegio. Creo que trabajar el cemento y el cartón me hicieron más rudo que el resto. Gané demasiado en el ejercito. Amé mi trabajo de punta a punta. Por fin me sentía realizado siendo un francotirador y peleando en una guerra que no era mía pero que pasó a serlo.

Cuerpo de seguridad de la Unión Europea. No se como llegué aquí pero hoy desperté y me di cuenta de que era el jefe. Soy el jefe. No quiero ser el jefe. Quiero ser yo. Estoy realizado con lo que soy. Sencilla y llanamente porque “Soy”. Estoy en una situación realmente increíble. He hecho demasiadas cosas en mi vida. Al fin y al cabo se han terminado entrelazando y han dado lugar al nudo llamado: Yo.

Everest. Un sueño de niño. Lo voy a escalar algún día “en serio”. En Setiembre solo lo voy a acariciar. Mi próximo trabajo: “Montañísta”.