Dar

Tengo que dar. Dar más de mí.

Hace un tiempo atrás creía que recibiendo, teniendo, quitando, reteniendo iba a lograr más que otorgando, dando, regalando, donando.

No es que algo específico haya cambiado mi manera de ver las cosas. Pero he aprendido a dar.

El cambio se ha dado de ha pocos. Lentamente. Quizás hayan sido los viajes que he hecho y la perspectiva que he ganado. Quizás hayan sido las cosas feas y no tan feas con las que me he encontrado en la vida. Pero dar se ha convertido en algo mucho más preponderante en mí que recibir.

Este blog y estás palabras son un poco de eso. No tengo ninguna intención aquí salvo  que leas sobre mi experiencia de vida y en como el tener un poco menos, hizo de mí una persona un poco más feliz. En este instante te estoy dando el tiempo que uso para escribir estás palabras. Quizás ellas te ayudarán a ver el punto de vista de otra persona que piensa parecido a  ti o que quizás piensa completamente diferente.

En estos últimos años he sentido mucha más satisfacción dando de mí al resto que recibiendo. He aprendido que tengo palabras en la boca que pueden ayudar. Manos y brazos fuertes que pueden levantar muebles y refrigeradores. Tengo también muchas cosas materiales a las que otras personas pueden dar un mejor uso. Y dando todo eso no he hecho más que crecer. He sentido una infinita sensación de plenitud. Dando, ayudando y haciendo para el resto, que recibiendo algo de alguien.

Si nunca te has voluntarizado, donado, o creado algo para alguien de gratis. No te imaginas lo que te estás perdiendo. Hacer feliz a la gente conocida o desconocida es un regalo inmenso. Más aún cuando no se espera ninguna recompensa por ello.

Da tu tiempo a los que más quieres. Da tus cualidades a gente que las necesite. Da tu energía a una causa que consideras justa. Una vez que lo haces, el mundo se vuelve un mejor lugar para ti y para los demás. El sentir la energía que desprende la gratitud de la gente, no tiene precio.