¿Los minimalistas consumen?

He sido un consumidor toda mi vida. He comprado por impulso. He comprado cosas que no he necesitado y que no voy a necesitar jamás. He gastado ingentes cantidades de dinero en artículos que lo único que han hecho es rellenar mi casa de basura. Artículos sin personalidad, comprados sencilla y llanamente porque la publicidad supo hacer su trabajo en mí. Y yo no supe defenderme de ella.

Cuando decidí ser consciente de mis hábitos de consumo y además de eso, ser consciente de mi propia vida; hice una recapitulación de las cosas que realmente me importan o que realmente necesito para sobrevivir de una manera aceptable y en lo personal, seguir considerándome una persona feliz. Llegué a la conclusión de que realmente necesito muy pocas cosas para sobrevivir y no necesito prácticamente nada para ser feliz.

No te equivoques. No estoy hablando de tener la vida de un cavernícola, o de una persona que tiene dos mudas de ropa y un plato donde comer. Me refiero a que con lo “básico” que hay en cualquier casa es más que suficiente. Tengo un televisor que uso como pantalla de computadora y donde veo películas y series por Internet. Tengo un par de laptops. Una cámara fotográfica  Reflex de Nikon. Un sistema de parlantes de computadora. Pesas. Un par de muebles de ikea. Una cama. Y todo lo que va en una cocina: Platos. Cubiertos y vasos. Tengo un auto Hyundai Getz del 2005.

Tengo un perro también. O él me tiene a mí.

Esas son mis pertenencias. Y la verdad es que no necesito más que eso. Vivo (junto con mi esposa) en un  departamento que tiene 65 metros cuadrados. Está en el centro urbano de Gush Dan. Conformado por Tel Aviv y los barrios periféricos de la ciudad.

¿A veces una persona que se considera minimalista compra cosas?

Si. A veces compro cosas. El minimalismo de cada uno es relativo o lo que cada un cree conveniente. No soy un extremista que dice que comprar es una abominación. Solo propongo el consumir lo que realmente necesitamos. O vamos a usar. Propongo también el consumir artículos de la más alta gama posible que te puedes permitir (menos los autos, que hacen el mismo trabajo los que tienen asientos de piel como los que no.) así no tendrás que reemplazar (tus cosas) en mucho tiempo. Mi cámara reflex tiene cinco años y fotografía como nueva. Por dar un ejemplo. Hay un dicho por ahí que dice: lo barato sale caro. Es muy cierto, pero además de eso te puedo decir: Si compras barato, vas a comprar más, mucho más.

Pero aún así consumo. Es lógico. Tengo intereses y hobbies. Me gustaría comprar una cámara Go Pro. Me encantan los deportes de aventura y me gustaría filmar de cuando en cuando lo que hago. Pero soy consciente que es un producto caro, muy publicitado, que quizás se puedan encontrar alternativas mejores y más baratas. Aunque es un producto que ha probado su nivel de alta gama, de fiabilidad, de resistencia en diversas condiciones. La decisión es mía y la  tomaré teniendo en cuenta todas las variables y razonando los pros y los contras.

Pienso mucho antes de hacer una adquisición y al no hacerlo por impulso aparecen todos los contras posibles. Si al cabo de una semana que he pensado detenidamente en comprar o no el producto, aún le encuentro más pros que contras, lo compro y punto.

En resumen: Consumo, pero pienso mucho antes de hacerlo.

Consumir de manera responsable y no automática es mejor para tu bolsillo, para la ecología, para evitar el desorden en tu casa, para que no relaciones la felicidad con el hecho de acumular artículos.

Que tengas un buen fin de semana.

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Regálate

Poco a poco me he ido deshaciendo de cosas. Solo de cosas que realmente no uso o necesito. Cada fin de semana limpio (a fondo) el departamento con Dafna. Casi siempre encontramos algo que no usamos y que solo guardamos por que nos trae un recuerdo simpático o sencillamente nos zambulle en la nostalgia de un tiempo pasado. Y como dicen por ahí que ” Todo tiempo pasado fue mejor…” Quizás por eso y solo por eso nos es tan difícil desprendernos…

Quizás ese es el problema o gran parte de “nuestro” problema. Solemos identificar los objetos (desde la ropa hasta los recuerdos de viajes) con momentos de nuestro pasado y pensamos que si nos desprendemos del objeto, pues nos estamos desprendiendo del “recuerdo y el momento” en sí mismo.

Para ser sincero. Al principio me fue muy difícil deshacerme de ciertos objetos. Aunque estaba seguro de que no tenían ninguna utilidad para mi. Me fue difícil deshacerme de ropa de una época lejana aunque sabía que no me la volvería a poner jamás. Me dolía botar un recuerdo de algún país que había visitado aunque no hacía más que llenarse de polvo en una esquina. Era muy difícil hasta que aprendí el hábito de dar.

Siempre hay gente que tiene menos que tú. Siempre hay gente que necesita lo que tú ya no necesitas. Aunque a veces es difícil que nos demos cuenta de aquello.

Hace unos años comenzaron a expandirse corrientes alternativas de sostenibilidad y ecología: El minimalismo. El reciclaje. El uso de productos orgánicos. El favorecer a los pequeños productores en vez de a las grandes corporaciones. El ahorro energético. La búsqueda de lo reducido y eficiente al lado de lo aparatoso e inepto. Así, gente empezó a escribir de aquello. Otros empezaron a pelear por ello. Otros nos sentimos identificados e intentamos cambiar de a poquitos. Otros tantos hemos empezado a esparcir la idea a intentar llegar a un poco más de personas que se sientan influenciados para trabajar por todos y para todos.

Cuando leí suficiente y aprendí, me fue mucho más fácil desprenderme de lo sobrante en mi vida. Doné y dono ropa con cariño. Sé que existen personas que la necesitan mucho más que yo. No solo eso. Con esa línea de pensamiento me he deshecho de artefactos y cacharros aparatosos  a los que no les dabamos el más mínimo uso en casa y sabemos que otra gente los podría usar o aprovechar mejor de lo que nosotros lo hacemos.

Poco a poco mi departamento se ha ido quedando con lo que realmente usamos. Queremos o nos gusta. Ahora hay mucha más luz. Todo se ve más amplio. Más ordenado. Sencillo. Y tranquilo (dejando de lado al pastor alemán loco que corre de un lado a otro).

Si quieres desprenderte de un par de cosas y te es realmente difícil. Piensa en la gente que realmente las podría aprovechar más que tú.

Además de regalarle algo a ellos. Regálate a ti mismo un poco más de espacio. De luz. Y la sensación de que has hecho algo realmente bueno por alguien.

Reciclando

¿Reciclar?

Somos cazadores-recolectores. Es lo que hemos sido por más de un millón de años. La tecnología nos ha dado un portazo en la cara y estamos aquí: Sentados. Sedentarios. Bajo el neón en la oficina. Frente a la computadora llenando tablas de excell. Suplicando porque termine el día. Llorando para montarnos en el auto y atascarnos en el tráfico de regreso a casa. Somos monos nucleares. Somos macacos que pueden recitar Shakespeare. La evolución de los últimos cien mil años nos ha empujado demasiado rápido a construir una sociedad tecnológica en la que hemos “enterrado” nuestra esencia.

Estamos hechos para correr. Diseñados para el movimiento. Nuestro cuerpo se enferma cuando no lo movemos. Nuestra mente se daña cuando estamos estáticos. Así que: ¿Por qué demonios no lo hacemos casi nunca? Somos el resultado de un fallo evolutivo. Deberíamos estar corriendo atrás de nuestra comida. Rascando manzanos. O asaltando parras. Deberíamos estar moviéndonos de un sitio para otro. Tomando agua de un riachuelo. Mirando el campo a nuestros pies. Oliendo las flores y respirando el diáfano aire con olor a eucalipto. Quizás matándonos de cuando en cuando. Pero viviendo. Secándonos al sol. Comiendo gusanos y fresas. Escalando alguna colina. Despertándonos con el sol rascándonos los ojos. Durmiéndonos después de preguntarnos de que está hecha la luna y de contar estrellas. Viendo los arcoiris y tratando de encontrar su principio y su fin. Persiguiendo a algún antílope. Siendo perseguidos por una jauría hambrienta de lobos que van a terminar haciéndose amigos nuestros. Bajando por algún valle a gran velocidad para aventarnos en algún río limpio. Gastando gran parte de nuestro tiempo y nuestra vida haciendo lo que los animales suelen hacer bastante bien: Dormir y jugar. Haciendo el amor con todo el mundo. Queriéndonos como un clan. Como una familia.

Pero no. Estamos aquí sin saber como. Después de dos guerras mundiales. Con armas que pueden borrarnos del mapa a todos nosotros y todos los seres vivos del planeta. Tirándonos gases químicos los unos a los otros. Ensuciando el planeta sin pensar en nuestros hijos. Haciendo mierda el mañana. Devastando las selvas. Chorreando mierda en los lagos. Ríos. Mares. “Plastificando” nuestra vida. Succionando las últimas reservas ecológicas. Derritiendo el ártico y el antártico. Matando de hambruna a los débiles. Comprando. Comprando. Comprando. Agotando todas las esperanzas de las próximas generaciones por tener una vida “normal” en un mundo “habitable. Creciendo en número. No respetando al resto de entes vivos. No entendiendo que no somos nada más que uno de ellos con un poco más de buena (o mala) suerte. No viéndonos a nosotros mismo mientras vemos a algún animal a los ojos. Jugando a  ser dioses en el mundo que hemos “creado”. El mismo mundo que nos va a ver desparecer por nuestra ignorancia y nuestra estupidez.

¿Reciclar? ¿Esa es su solución?

No me jodan.