Contrastes

Hola amigo/a de internet,

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Judio laico  sentado en el puerto de Yaffa en la ciudad de Tel Aviv

Siempre he usado la palabra escrita como mi método expresivo preferido. Me gusta escribir ideas. Pensamientos. Relatar algo de lo que pasa en mi vida. Relaté en este blog mi aventura minimalista de los último años. He relatado también algunos problemas que he tenido y muchas cosas buenas que me han pasado.

Si has leído alguna de mis entradas, sabrás que me gusta fotografiar. En este último tiempo me la he pasado fotografiando más en serio que antes.

Compré una pequeña pero poderosa cámara (Sony alpha 6000)  para que reemplace a mi vieja Nikon D-80. Con ella me he tirado un poco a las calles a fotografiar por aquí por allá. Me he dedicado a hacer en este último tiempo lo que se  conoce como “Fotografía callejera” o “Street Photography”. La fotografía me gusta mucho porque la imagen ayuda con creces a las palabras a la hora de expresar una idea (Por algo los periódicos vienen con fotos). O como dicen por ahí: Una imagen vale más que mil palabras. Por eso me he decidido a cambiar un poco el formato e incluir imágenes mías sobre el tema que quiero tocar.

Sé que este último tiempo no he escrito. Supongo que se debe al calor que tanto me sancocha las ideas. Vivir en el medio oriente no es fácil y es más dificil aún en el verano. Intentaré publicar más seguido a partir de ahora para todo el que quiera leerme y ver alguna de mis fotos.

A partir de hoy el blog pasará a ser un blog de Street Photography mezclado con fotoperiodismo o si quieres lo puedes llamar un blog de fotografía acompañado de las historias raras que siempre me pasan. Diciéndolo de otro modo: Lo mismo que antes con más fotos. Dejaré un par de imagenes del fin de semana en Tel Aviv.

Si te gustan, me avisas!

Sobre las imágenes:

Este par de fotos demuestran el contraste de la sociedad israelí. El liberalismo y el ostracismo. El avance hacia los ideales occidentales y el conservadurismo extremo. 

La sociedad aquí vive entre un tira y afloja de dos polos completamente opuestos. Que, obviamente repercute en el manejo del problema palestino y el conflicto eterno en el que Israel está sumergido. Mucha gente no lo sabe, pero las tensiones entre religiosos y laicos en Israel son inmensas. A veces más fuertes y dolorosas que el conflicto que tiene Israel con sus vecinos árabes. Es una tensión que no se distiende nunca y más bien aumenta a medida que\ hay un crecimiento demográfico incesante de la población religiosa. 

En otras entradas publicaré de que trata el conflicto y cómo eso repercute en mi vida a la hora de querer ir a algún lado el día sábado (Shabat) o a la hora de querer casarme con alguien.

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Judío religioso ortodoxo caminando por las calles de la laica y casi “sodómica” Tel Aviv.

 

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Pequeñas victorias

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Mi mejor amigo en el Hospital…

El síndrome de Guillain Barre es una pasada. Hay gente que muere por su culpa. Hay gente que queda mal. Hay gente a la que no le pega tan fuerte (como a mí). Hay gente a la que le destruye la vida. Hay gente a la que la desmorona psicológicamente. Hay gente a la que la hace renacer como el Ave Fénix.

El común denominador es que te dé como te dé, no te deja indiferente.

Siempre he sido de las personas que se fijan en las cosas pequeñas. Siempre me he sentido agradecido por tener poco. Por tener agua limpia. Una casa. Una esposa. Vivir en una sociedad industrializada. Siempre me he fijado y me he percatado de la suerte que he tenido. Trato de fijarme en las cosas chicas que solemos pasar por alto. El diablo está en los detalles dicen. La felicidad también.

Pero nunca me había fijado en mis dedos mientras me cierro los botones de la camisa. Ni en ellos mientras tecleo. Nunca me había percatado de esos miles de movimientos que hacemos a diario de manera inconsciente. ¿Amarrarme un zapato? ¿Escribir con un lapicero? ¿Caminar?

No me fijé en ellos hasta que no los pude hacer más. Y de pronto me di cuenta que no hay riqueza más grande en este mundo que el estar sano. En el estar “normal”. En el ser una persona sin ninguna tara. Ser la persona que era antes del primero de Febrero. Ser eso que ya no soy. Porque me dio Guillain Barre y el Guillain Barre es una pasada.

Un día mi cuerpo decidió atacarse a sí mismo. Algo así como una masturbación sádica. Una especie de daño autoinfligido. Ok Vale. Mi cuerpo no se quiere. Pero yo quiero a mi cuerpo. Yo lo quiero porque es el único que tengo. Si pudiera pasarme a un nuevo modelo quizás no me haría tantos rollos. Pero solo tengo este modelo año 81. Y este que tengo decidió comerse sus propios nervios.

Si tu cuerpo se ataca a sí mismo y se come sus nervios entras en pánico. Al menos un par de minutos maldije mi suerte. Luego respiré. Pensé en los avances de la medicina moderna y me dije a mí mismo: Me van a sacar de esto.

Me pudo haber dado en Somalia. Pero me dio en Israel (uno de los lugares con la medicina más avanzada del mundo). Dentro de la muy mala suerte de ser el uno del uno en cien mil a los que les da Guillain Barre. Tuve  buena suerte. Muy buena suerte. Tuve un equipo médico de primera. Un MRI en menos de lo que canta un gallo.  Pruebas y más pruebas. Fisioterapia. Y todo casi de gratis.

Han pasado casi 40 días desde que se me presentó el primer síntoma. Hoy he vuelto al trabajo. Hay cosas que se me hacen raras aún como echar azúcar en una tasa o escribir este artículo sin que me cansen los dedos. Me levanto en las noches sin sentir las manos a veces. Asusta: Sí. Creo en la ciencia: También. Cuando me atasco con alguna sensación  desagradable respiro un par de veces y pienso en que pusimos un hombre en la luna. Pienso en que descubrimos los misterios de la materia. La edad de las galaxias y lo que es el síndrome de Guillain Barre y cómo tratarlo. Cuando lo veo así, todo miedo desaparece.

Después de todo lo que ha pasado puedo decir que he aprendido a disfrutar mucho más de las pequeñas victorias. Cerrarme el cierre del pantalón o escribir este artículo de 600 palabras.

 

 

 

 

 

Yo NO soy Spartacus

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Acabo de terminar la primera temporada de Spartacus.

Spartacus fue una serie que comenzó allá por el año 2011. El actor que protagonizó la primera temporada murió trágicamente después de terminar  las filmaciones y luego de salir de vacaciones. Un cáncer raro se lo llevó en menos de seis meses después de su detección. Su nombre era Andy Whitfield. Tenía 39 años.

Las enfermedades raras siempre me han dado miedo. Son raras porque se dan pocos casos y  nadie sabe realmente qué hacer con ellas. A veces ni siquiera ser hermoso. Famoso. Guapo y millonario te salva. Te mueres y ya. Y nadie entiende cómo fue posible que te haya pasado justo a ti. Ni siquiera tú mismo lo entiendes.

Hace una semana quise escribir un mail en el trabajo. Mis dedos no se movieron. Sé que es algo dificil de creer o de entender cuando alguien te cuenta que quiso mover sus dedos y no pudo. Pero créeme: Yo los quise mover y no pude.

En ese momento me di cuenta que algo malo realmente me estaba pasando.

Había sentido cosas raras en las piernas unos días antes. En los brazos también. Pero nunca había estado en un estado en el cual mi cerebro le mandaba una señal a mi mano y mi mano no respondía.

Mis manos dejaron de responder bien a partir de ahí. Mis dedos se volvieron torpes. Me dieron ganas de llorar porque sabía que algo nada prometedor me estaba sucediendo.

Un par de días después mis piernas fallarían por primera vez.

Si eres una persona física como yo. Solo puedes a atinar a pensar que eso no te está pasando a ti. Que quizás te has equivocado. Que aquella sensación en la que las piernas flaquearon fue algo imaginario. Algo muy lejano de la realidad. Hasta que flaquearon de nuevo. Y al día siguiente flaquearon  una  vez más.

Me jodí, me dije.

Escribo estas líneas unos días después de aquel último incidente. Lo hago desde una cama en el ala de neurología de un hospital de Tel Aviv. Después de no poder caminar casi nada, he vuelto a hacerlo con dificultad. Cada día que pasa me sale un poco mejor.

Hace tres semanas  podía hacer cinco squats con 120 kilos. Hoy casi no me puedo mantener en pie con los ojos cerrados. La vida es así.

Al menos puedo teclear estas palabras para compartir lo que siento.

Al menos puedo ver que no me ha ido tan mal como al pobre Spartacus.

Al menos tengo un buen pronóstico. Aunque tengo una enfermedad rara. Y como ya te dije. Nadie sabe mucho de las enfermedades raras. Y las enfermedades raras me dan un poco de miedo. Como me lo daba el sexo cuando era virgen. O como me lo daba la guerra antes de verla. Ahora me tocó lidiar con una. O es ella o soy yo. Sé  con seguridad que esta vez seré yo el que gane.

Ganaré esta vez porque yo NO soy Spartacus.

 

 

 

 

Tú y yo

¿Qué piensas que vas a conseguir con todo esto? No lo sé. ¿No lo sabes? No. Puedo aguantar una vida entera pensando. Al fin y al cabo no son tantos años. Puedo escribir lo que pienso. ¿Escribir para qué? ¿Para quién? Para nadie. Para mí mismo. ¿Y por qué demonios no escribes en un cuaderno o en un diario y en vez de eso ventilas tu mierda cerebral en un blog que te cuesta dieciocho dólares al año y además de eso lo haces público? No lo sé. ¿No lo sabes? Sí lo sabes y lo sabes bastante bien. Eres un exhibicionista barato. Te gusta que te vean. Que te lean. Que te observen. Que te admiren. Que te odien. Pero quieres que te conozcan. La verdad que no quiero que me conozcan. No digas eso. ¿No? ¿No estás pendiente todo el tiempo de cuanta gente lee las tonterías que escribes? ¿No te gustaría que te lean mil personas en un día? Si me gustaría. Entonces porque dices o piensas que no eres un exhibicionista. Lo eres y acéptalo. Bueno quizás sí. ¿Quizás? Me da risa tu cobardía. No puedes aceptar lo que realmente eres: Un nudista sentimental. No entiendo porque me criticas tanto si tú eres yo. ¿Somos el mismo no lo sabes? Está bien que yo sea tú. Está bien que sea una voz dentro de tu cabeza. Pero sabes que soy la voz que siempre tiene la razón y por eso critico tus estupideces. Este blog es una estupidez. Esa granada que tiraste cerca a Ramala fue una estupidez. Te grité y te rogué que no lo hicieras pero no me hiciste caso. Y ahí estás cargado de pesadillas y sin poder dormir bien. ¿Sabes por qué? Porque eres un imbécil. No me hables así por favor. Somos el mismo. Somos lo mismo. Pues no lo somos. Yo soy inteligente y tú eres un papanatas. Escribiendo idioteces en un blog. Publicando tus fotos estúpidas en facebook como si a alguien le interesase. Entiende esto: A nadie le importas una mierda. Acéptalo y vas a poder dar un paso más hacia tu propia liberación. Le importo a mi madre. A mi hermano. A mi esposa. A mis amigos. Yo sé que hay gente a la cual le importo. Pues te voy a decir las cosas claras. Tu madre se ha olvidado de ti hace ya bastante tiempo. Tiene una vida a cincuenta mil kilómetros de ti. Tu hermano está mucho más desconectado de ti de lo que piensas. Le importa una mierda lo que escribes y tu manera “irracional” de vivir. Tu esposa. A ella le das lástima. Eres un ser humano que da lástima. Y ella te la tiene. Solo por eso sigue contigo. Solo por eso te mira con algo de pena cada vez que le pides que lea un nuevo post tuyo. Eres un pobre infeliz del que nadie se preocupa. Acéptalo. Supéralo y libérate. Deja de escribir cosas que nadie lee. No pierdas tu tiempo en filosofar. Que si un mundo mejor. Que si un mundo peor. Que el sistema para arriba. Que el sistema para abajo. Vete directamente  a la mierda y actúa. ¿Actuar? ¿A que demonios te refieres? Me refiero a que hay que cambiar el mundo por medio de las acciones y no escribiendo estupideces ni pensando en los huevos del gallo. ¿Qué tipo de acciones? Haces preguntas de un niño de cinco años. ¿Cómo se cambian los sistemas. Los gobiernos. Las políticas…? Volando cosas pues. Lo has visto en la guerra. El volar cosas funciona. Realmente cambia las cosas. ¿Estás chiflado? Dices que eres mi voz racional y ¿me aconsejas volar cosas? Por dios. Estás enfermo. No. ¿No que? Los dos estamos enfermos. No somos dos psicópata del infierno. Soy yo solo. No. ¿No que?. Estás hablando conmigo ahora: Somos dos. No me jodas eres la voz que toda persona escucha dentro de sí misma. Claro que soy una voz: Soy tu propia voz y si soy un psicópata que te manda a volar cosas soy tú mismo mandándote a volar cosas. ¿No te das cuenta? No puede ser. Voy a dejar de hacerte caso. Así que mejor cállate. Eres un débil de mierda. Sabes que ese es el camino. La sangre y la pólvora son el detonante del cambio. ¡Cállate! No me voy a callar. Bueno ¿sabes que?. Voy a escribir de está estupidez en ese blog de dieciocho dólares que tanto odias. No me jodas maricón. En serio la gente va a pensar que de además de exhibicionista, estás completamente chiflado. Yo no estoy chiflado. El chalado eres tú. Tú eres yo cretino del demonio. No no no. Tú eres yo. ¿O yo soy tú? Ya me enredaste el cuento psicópata. Ja Ja Ja. Te enredas solo porque además de un manicomio necesitas un profesor de redacción.

Yo soy

¿Qué soy? Que pregunta más simple. O quizás no tanto. ¿Qué soy? o ¿Quién soy?

No sé que responder. Los mejores filósofos no consiguieron una respuesta coherente cuando se hicieron esas mismas preguntas. Tan simples. Tan complejas. Quizás lo primero que puedo responder es: No sé. No sé lo que soy ni sé quién soy. Me conozco treinta y dos años y aún no me conozco (valga la redundancia). He sido muchas cosas. He sido y soy muchas personas diferentes. No es que me sienta con un problema de desdoblamiento de personalidad. No. Creo que todos nosotros somos más de uno solo. Cambiamos como los camaleones de acuerdo a la situación en la que estamos inmersos. Somos unos mutantes temporales. Somos la evolución diaria de la vida.

Soy un bebe. Mis dientes salen de mis encías y lloro. Lloro porque duele. Lloro porque no hace mucho que he nacido y ya se lo que el dolor.

Soy un niño recibiendo a su hermano menor envuelto en paños. Veo los ojos cerrados. Los pliegues del rostro. El secreto de la vida. El olor lácteo de su boca.

Soy un niño en la escuela aprendiendo tonterías. Dibujando el mapa del Perú diez veces a la semana para el curso de geografía o historia. Tengo amigos. No se jugar al fútbol. Bailo marinera.

Soy un adolescente enamorado. Las hormonas me hacen mierda. La testosterona me remueve las vísceras y me hace pensar en cosas en las que nunca he pensado antes. Amo platónicamente. Odio el ser y estar. Me masturbo sin serenidad.

Soy un joven cadete. Soy la nada existencial. No valgo nada. Soy propiedad militar. Vestido de blanco. De negro. Sin personalidad. Como todos. Como ninguno. Escribo mucho. Julio Verne me acompaña.

Soy un inmigrante. Trabajo el cemento en un país del norte. Hablan otro idioma. Es el sueño de todo sudaca. Irse a trabajar al norte. El sueño es una mierda. ¿Un futuro mejor?. No. El país del norte no te garantiza nada. Solo tornados.

Soy un vago. El sistema me ha paseado por medio mundo y me ha enseñado a no respetarlo. No quiero trabajar en un trabajo de mierda. Soy más que eso. Soy el “más inteligente” de todos. Nadie me entiende. Yo no me entiendo.

Soy un comunitario en el medio oriente. Trabajo para todos y todos trabajan para mi. Cocino. Empaqueto ollas de plástico. Corro en los campos agrícolas donde el apocalípsis se llevará a cabo. La vida me sonríe. Yo le sonrío de vuelta.

Soy un soldado. La unidad de operaciones especiales. Un francotirador. Soy la guerra en un zona sin paz. Soy la vida o la muerte de otra persona. Decido los destinos en fracciones de segundo. Muchos de los otros deciden el mio.

Soy un veterano. Soy un soldado de reserva. Soy el que trae el pasado a sus espaldas. Las guerras me persiguen. El olvido me rehuye. No puedo dormir.

Soy un oficinista armado. Trabajo frente a una computadora. Controlo. Bebo café. Mucho café. No puedo dormir. Es lo que hay. Hay que levantarse temprano a trabajar. Checkear el e-mail. Mandar tablas de excel.

Soy un esposo. Soy un compañero no perfecto. A veces malo. A veces bueno. Soy todo lo que puedo ser y amo. Soy la pareja de siempre. El tipo que siempre va a estar.

Soy el amo y señor de un perro.

Soy un filósofo amateur. Un escritor gratuito que nadie lee. Soy un pacifísta armado. Un asesino sensible. Soy más de lo que puedo ser y sigo siendo. Soy hijo. Soy hermano. Soy un desconocido en las calles del mundo. Soy un aventurero. Soy un cobarde infeliz a veces. Soy un amigo. A veces rastrero. A veces traicionero. Soy solamente yo. Todo lo que está escrito aquí y mucho más.

Aunque me guste. Aunque no.

Debe ser difícil

Debe ser difícil. El que te hayas levantado temprano. Muy temprano todas la mañanas pensando en los pequeños que duermen plácidamente en sus camas. Hubieses querido saludarlos. Al menos darles una caricia. Preferiste no hacerlo. No querías molestarlos y debías aún llegar al trabajo.

Debe ser más difícil todavía ser ejemplo cuando tú mismo te la pasas aprendiendo día a día. Nadie te ha enseñado a ser padre y muchas veces no sabes que demonios hacer o que decir. Pero debes hacerlo. Eres el que debe estar ahí y hacer lo correcto. Debes ser ejemplo de vida y ser ejemplo a la hora de afeitarte. Ser ejemplo a la hora de anudarte la corbata. Ser ejemplo a la hora de opinar. De decir. De tratar. Ser ejemplo de amigo. Ser ejemplo al sacarle brillo a los zapatos. Al recortarte las puntas del bigote. Al acomodarte las canas. Ser ejemplo como consejero. Como mariscal de campo que nunca abandona a sus soldados. Que los recibe acongojado en las victorias. Que los empuja hacia adelante en las derrotas.

Debe ser difícil ser creador de vidas y existencias. Ser guía. Ser monitor y ser ejemplo. Debe ser difícil entregar gran parte de tu existencia para que se dé de la manera más cómoda posible la existencia de otros. De esos pequeños individuos que te arrancan una sonrisa cuando te traen el desayuno a la cama o cuando se les cae un diente. Debe ser más difícil aún verlos hacerse hombres o mujeres y que tomen su rumbo. Verlos salir de debajo de tu capa. Irse hacia lo desconocido como un día tú también lo hiciste.

Eres el héroe de la niñez. El guía de la adolescencia. El amigo de la juventud y el padre de siempre. Debe ser difícil ser todo eso y mucho más. Las pocas palabras existentes en los lenguajes no son capaces de engranar la idea de lo que es ser padre. De lo que tú estás dispuesto a hacer por tus hijos. De todo lo que has dado y de todo lo que vas  dar. Debe ser difícil estar en tu lugar.

Feliz día papá y padres de este mundo.

Solo escribe

Solo escribe. Hasta que te canses. No importa si tu perro te esta lamiendo el pie. No importa si ella esta tirada en el sofá insolada. No importa si están pasando el último capitulo de Game Of Thrones. No importa si no se te ocurre nada. Solo escribe.

Solo escribe y acuérdate de los buenos tiempos. Hay tanto porque escribir. Quizás hay tan poco también. Quizás los temas se repiten demasiado y hasta se vuelven banales de tanto repetirlos. Puedes escribir de lo que recuerdas. Y lo mejor de todo es que puedes escribir “de la manera en que lo recuerdas”. La memoria engaña y engaña más con el paso del tiempo. Los rostros se hacen borrosos. Los gestos se pierden en la bruma. Los olores de antaño se engullen en el aire del presente. Pero recuerdas. Y eso al fin y al cabo es lo que importa. Tu primer recuerdo: El spagetti que  comiste en la sala de partos del hospital un día después de que tu hermano nació. Un recuerdo brumoso del año mil novecientos ochenta y cuatro. Puedes acordarte de más cosas. Niñez feliz. El colegio como centro de reclusión para la gente pensante. Las peleas en las que siempre perdías. La presión por mejorar. Una canción de Kiss. Juguetes. Julio Verne. La familia en la mesa del comedor. El bastón de mi abuelo. El olor del aderezo. La vida pasando con una velocidad asombrosa hasta que tu voz empezó a cambiar. Y a partir de ahí paso más rápido aún. Tu primer beso. Los viajes a sitios lejanos. La luminosidad del futuro en el que todo son esperanzas. Los partidos de futbol. La primera vez que tocaste el sexo de una mujer. El dolor del amor. La luminosidad de la juventud.

Solo escribe. Escribe de la guerra. La guerra te enseña muchas cosas. Muchas cosas acerca de ti mismo. Muchas cosas acerca de la vida misma. Muchas cosas acerca de la muerte. Solo escribe. De lo que somos. De lo que tú eres. De lo que fuiste antes de convertirte en lo que te estás convirtiendo cada segundo que pasa. Escribe de tu madre. Escribe de lo que es ser un ser humano en esta época. En este planeta. En esta vida. Escribe de tu padre y de tu relación tortuosa con él. Escribe de lo que es ser parte de la “Nueva generación” de autómatas que no piensan. Y no poder hacer nada por ello. Escribe de la estupidez y del consumismo. Escribe de las mil y un maneras en que la gente desperdicia su vida. Solo escribe.

Solo escribe. De los amigos perdidos. De los amigos ganados. De los idiomas adquiridos. De los amores terminados. Escribe y hazlo rápido porque el tiempo se agota y lo sabes. Escribe de ella. De tu amor intenso. De alguna que otra noche loca de pasión intensa. La piel de gallina. El mar que asoma por la ventana. El cuarto menguante que apunta al sur. El aire empolvado del medio oriente. El color inspiracional del amanecer. Una mezcla de cosas. Toda tu vida es una mezcla de vidas. De lugares. De sabores. De sexo. De dolor. De muerte. De colores. De situaciones. Una mezcla imposible según las estadísticas. Así que escribe de eso también.

Solo escribe. De una vez y para siempre y déjate ya de huevadas.