Una vida simple

Hace menos de una año empecé a simplificar mi vida.

Le quité la televisión. Le quité las dos comidas a la semana que me comía en algún restaurante. Le quité los gastos hormiga (esos que te la pasas haciendo sin que te des cuenta y al fin del día tu billetera ya no tiene billetes). Le quité cosas (me deshice de casi la mitad de mi ropa y de muchas cosas que no me servían para nada y que estaban metidas en casa). Reduje el tamaño de mi departamento (nos mudamos a uno más pequeño). Arranqué de cuajo la publicidad (ya que no veo televisión y la bloqueé en la computadora) y no me dejo dominar por ella. Trabajo menos horas que antes.

En cambio mi vida aumento en:

Tengo más dinero en el banco. Tengo más tiempo. Veo lo que yo decido ver por Internet (y sin publicidad). Me he vuelto más creativo (porque tengo  más tiempo libre). Tengo más tiempo con mi esposa. He adquirido la habilidad de dejar de importarme por las cosas. He sumado a mi vida unos cuantos libros más. Mi estado físico está en el mejor nivel de mi vida (tengo tiempo para entrenar todos los días). Mi mente está buscando una salida para dejar de trabajar (de la manera usual) y pasar a trabajar de lo que me gusta (que es escribir). Y sobre todo he salido del circulo de convenciones preestablecidas por la sociedad de consumo. Ya no estoy ahí.

Una vida simple:

No escribo este blog para hacer dinero. No lo hago siquiera como catarsis. Lo escribo porque tengo ganas de ayudar al resto. No me importa si tomas los consejos que pongo aquí o no. Al fin y al cabo lo que escribo aquí es lo que todo el mundo sabe que se debe hacer.

Todos sabemos que lo material en si mismo no es la fuente de la felicidad ni del placer en la vida.

Todos sabemos que deberíamos ser dueños de nuestro propio tiempo.

Todos sabemos que es mejor tener ahorros que tener deudas.

Todos sabemos que nada es gratis y que los bancos no son tus amigos.

Escribo para dar un testimonio de que si se quiere vivir una vida simple, se puede sin necesidad de sacrificar nada de importancia. Puedes tener más tiempo y más dinero disminuyendo algo tan simple como la televisión por cable.

Yo no llevo a cabo todo lo que esos maestros del minimalismo recomiendan. Estoy muy lejos de ello aún. Y es más, no quiero llegar a ningún límite como esos jamás. Pero he cambiado unos cuantos hábitos simples y pequeños y mi vida es mejor. Y si la mía mejoró, la tuya también puede mejorar y mucho.

Quizás este blog sirva solo como testimonio de una pequeña parte de mi vida. En ese año 2013/14 en el que me incliné por el minimalismo y por una vida más frugal y menos consumista. Quizás en diez años no recuerde en absoluto  todo lo que escribí aquí. Pero si me mantengo en el rumbo. Si no renuncio a como estoy haciendo las cosas, quizás en diez años siga escribiendo este blog (mucho mejor de lo que lo hago hoy en día) y quizás mi vida haya mejorado mucho más de lo que ya ha mejorado hasta hoy.

Estos consejos. Palabras. Recuerdos. Y experiencias están puestos aquí para ti. Nadie me paga un centavo por el tiempo que dedico a esto. No lo busco tampoco. Solo hago lo que cualquier persona simpática hace cuando se encuentra algo realmente bueno. Comparte la marca, el link, la tienda, el restaurante con sus amigos y con los que no son sus amigos. Y por eso después de encontrar el minimalismo, quiero compartir mis experiencias y recomendárselo a todos y a cada uno de ustedes queridos lectores.

 

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Volviéndome minimalista

Tengo menos cosas que antes. Muchas menos.

Nos mudamos a un nuevo departamento (“nuevo” porque nunca hemos vivido ahí, aunque es mayor que mi abuela.) y eso me brindó la posibilidad de organizar algunas cuantas cosas. Deshacerme de otras cuantas y como resultado ganarme un montón de espacio.

Tengo espacio y es rico. Tengo orden por donde paso la mirada y me siento pleno. No tengo distracciones a mi vista: No fotos. No cuadritos. No adornitos. Tengo una caja de incienso y es mi único adorno. Siento que respiro mejor. Me siento más liviano.

Hasta hace un par de años atrás sentía esa constante necesidad de “querer más”. Querer más dinero para comprar más:

  • Más símbolos de estatus: Un mejor carro, una casa más grande y bonita con un jardín grande y bonito, un mejor mobiliario, pagarme unos viajes a los lugares más exóticos del mundo, grandes cantidades de ropa, más tecnología. Que la pantalla plana aquí. Que los 600 gigas de memoria por allá.

Eso era yo. Quizás me parecía a la gran mayoría de personas en el mundo. Quizás lo único que quería era mejorar. Ya que de niño me enseñaron que para mejorar y destacar debes de tener más. Y no solo tener más. Debes demostrar lo que tienes. Enseñarlo sin miedo para que todos se den cuenta de que no eres un pobre diablo. Cómprate un lindo auto y sal y siéntete de puta madre mientras todos te miran en la calle. Ponte unos lindos jeans de marca y una camisa de diseñador para que vean tu éxito y que de casualidad no se hueveen y piensen que te estás quedando atrás, porque el resto ya están comprando sus  lindos autos y ya estan usando jeans de marca y camisetas de diseñador. ¡Compite! La vida es una jungla y tienes que ser competitivo y sobresalir. Mostrarle al resto de pobres diablos lo que vales y que te lo vean puesto.

¿Pero y si en verdad las cosas no son como me las enseñaron? o  ¿Qué pasa si no quiero jugar el juego que todo el mundo juega?

Me hice estas preguntas hace un par de años y he llegado a dos simples conclusiones.

  • Las cosas no son como me las enseñaron: La realidad que vivieron mis padres en Lima de los años sesenta, setenta, ochenta y noventa no es la que a mí me tocó vivir y por ende la perspectiva que tengo de “lo que es la vida” es muy diferente de lo que era para ellos. Además cada ser humano reacciona de manera completamente diferente a los mismos estímulos. Yo por lo que he visto y vivido no en uno, sino en los varios países que he vivido, he perdido todo tipo de credibilidad en este juego.
  • Si no quiero jugar al juego que todo el mundo juega no pasa nada: Como mucho lo único que puede pasar es que seas más feliz.

Y es verdad.

Desde que he dejado de correr al trabajo y pedir horas extras para pagar las deudas de mi tarjeta de crédito que estaba algo agotada después de comprar tanta porquería. Desde que tengo dos días a la semana completamente libres y me he puesto a buscar con ahínco un tercero. Desde que he dejado de comprar ropa. Desde que he reducido mi armario en un ochenta por ciento y aún tengo cincuenta prendas que ponerme. Desde que me he inclinado hacia los espacios abiertos y ordenados en vez de lo relleno y desordenado. Desde que aprecio mucho más lo que tengo  que lo que no tengo. Desde que tengo un perro que me ha “enseñado” que con dormir, comer y jugar basta para ser feliz. Desde que todo eso ha pasado, puedo decir que sí, me siento mucho mejor, mucho más rico y ¿porque no? Mucho más felíz.

Es cierto. No se cambia de la noche a la mañana. Y es difícil dar el primer paso. Pero el primer paso es precisamente este. El haber leído que hay gente como tú que se hace preguntas y que hay maneras alternativas de vivir mejor. El minimalismo es una de ellas.

Te lo recomiendo.

 

La guerra y la felicidad

La verdad es que no necesito muchas cosas para ser feliz.

Quizás no necesite nada en absoluto.

La felicidad al fin y al cabo es una forma de ver la vida y no un sentimiento propiamente dicho. Y si mi forma de ver la vida me hace feliz entonces las cosas sobran ¿No?

Pero volviendo al principio: No necesito muchas cosas para ser feliz. Necesito cosas sí. Necesito las básicas. Un hogar caliente. Un POCO de ropa. A mis seres queridos vivos y sanos. Y creo que nada más. Tan simple como eso.

Puede haber gente a la cual le puedo parecer un bicho raro. O que quizás digan u opinen  que hablo de cosas irreales. La mayoría de gente que me conoce de niño o de joven puede pensar así y  está bien que lo hagan. Pueden pensar lo que quieran. Esto es un viaje personal y el que me quiere acompañar en el mismo es bienvenido.

Pero dejemos a la gente de lado. Decía que soy feliz. Y soy feliz porque ESTOY SATISFECHO CON LO QUE TENGO. No necesito NADA MÁS. Lo digo en serio. Nada. No me vendría mal tener un avión o una casa en Malibú pero el tenerlos o no, no influenciaría en lo más mínimo en el grado de satisfacción y felicidad que tengo.

Pero ¿Cómo puede ser que sea feliz? ¿Cómo puede ser que no desee las cosas que todo el mundo quiere? ¿Una casa grande? ¿Un auto deportivo equipado a full? ¿Hijos corriendo por el parque? ¿Ser el dueño de una compañía y vestirme a traje a diario? La respuesta es simple: Aprendí que el solo hecho de respirar es un milagro y a la vez un regalo.

¿Y cómo aprendiste eso? Te dirás.

¿Fuiste a un monasterio budista en los Himalayas? ¿Has estado en algún templo Zen del Japón? ¿Has recibido las energías místicas de la tierra santa? Pues no señores y señoras. Sencilla y llanamente….fui a la guerra.

La guerra puede hacer de un hombre dos cosas. O lo mata o lo cambia. A mi me cambió. Y pienso que en el sentido positivo de la palabra CAMBIO. Tengo compañeros que han cambiado para mal. Otros para muy mal. Otros están perfecto y otros están enterrados. Pero NINGUNO de nosotros es lo que solía ser antes de.

Y sí, aprendí que el solo hecho de respirar es un regalo. Aprendí que el solo hecho de abrazar a mi esposa y oler la fragancia que emanaba de su cuello me hacía llorar de felicidad. Aprendí a apreciar lo pequeño. Lo microscópico. La voz de mamá en el teléfono. El abrazo de un hermano. Las palabras y sonrisas de los amigos. Aprendí que nuestro tiempo pasa rápido y no voy a desperdiciarlo comprando tonteras o desesperándome por comprarlas. Aprendí a satisfacerme con lo que hay en casa. Con una mirada. Con un café. Con una carrera por el campo. Con una montaña a mi lado. Aprendí que ESTOY VIVO y eso es mi mayor riqueza. A quien demonios le importa un Porsche Panamera si tengo lo único que quiero tener. Si tengo TODO lo que siempre quise.

Es cierto. Tuvieron que pasarme un par de guerras por encima para que tome PERSPECTIVA de lo que realmente importa para mí. Y ahora estoy aquí compartiéndolo contigo querido lector o lectora. Amigo o amiga fiel.

Eres un persona super inteligente y entenderás que no todos necesitamos una guerra (o un par) para entender lo que realmente importa para nosotros. Las guerra déjalas para los cabezas de chorlito como yo. Tú busca por ti mismo lo REALMENTE IMPORTANTE para ti. Mira a los lados. Inspecciona en tu mente. Abre tu corazón. Busca con ahínco esas pequeñas cosas QUE REALMENTE te hacen rico. Tómalas. Arrúllalas. Disfrútalas todo lo que puedas (si te das cuenta son gratis)  y bueno, como ya sabes:  Simplifica el resto…

 

Bienestar, satisfacción y felicidad

He estado en romance con el minimalismo hace más de un año y medio. Consumo menos. Soy más feliz.

Hace unos años atrás cuando me importaba lo que llamamos “status” día a día sentía un vacío horrible. Sentía un vacío por no ser lo que “debería” de ser según mis padres y mi familia. Por no vestir las prendas de vestir que usan los “ganadores”. Por no manejar los coches de los “chicos bien”. Sentía un vacío horrible por ser la persona que me tocó ser y no ser alguien diferente que no me tocó ser.

Cuando conseguía en algún momento algún símbolo de status (un auto, un poco de dinero, una buena camiseta de una marca italiana) lograba sentir cierto bienestar. Cinco minutos después mi cerebro y mis ojos ya estaban buscando otra fuente “externa” para conseguir ese mismo bienestar que comenzaba a desvanecerse en mis narices . Ahora tenía un carro bonito pero mi amigo tenía mejores bíceps que yo. Luego me daba cuenta de que mi vecino tenía un novia que era una modelo en la TV  Y mi mejor amigo tenía una vocación que le devoraba las entrañas. Yo no tenía nada de eso. Solo tenía el carro nuevo. Mi bienestar se esfumaba y me embarcaba en una nueva búsqueda de las “cosas que aún me faltaban”: Una novia modelo, unos bíceps de campeonato, una vocación que me consuma, unas llantas de magnesio, una manguera verde como la del vecino o cualquier otra cosa que no “tuviera” para que yo “de una buena vez pueda ser feliz” y así, al fin: sentirme satisfecho.

Y aquí relaciono los dos conceptos: el de bienestar y el de satisfacción. Para sentirte bien contigo mismo debes tener un alto grado de satisfacción. Para satisfacernos consumimos (eso es lo que nos han enseñado desde chiquitos. ¿Quieres ser y sentirte mejor? Pues debes tener más) aunque esa satisfacción desaparece muy pronto. ¿Qué hacemos ahora que la satisfacción se fue? pues consumimos de nuevo. Al hablar de consumo abarco gran parte de nuestras acciones diarias desde comprar ropa  hasta comer helados de manera grosera. Pasando por navegar en un mar de mujeres hasta el uso excesivo de alcohol y drogas. La raíz de la gran mayoría de nuestros males es la eterna búsqueda de la satisfacción porque jamás estamos satisfechos.

A veces suena horrible lo que voy a decir y mucha gente hace pucheros cuando escucha la siguiente frase: Soy feliz. Es como si te tuvieras que disculpar por decirlo o al menos justificarte. No tengo nada que justificar ni le debo explicaciones a nadie así que lo voy a poner de nuevo: Soy feliz. Lo soy porque estoy realmente satisfecho con lo que tengo. Con lo que soy como persona. Con la gente que me rodea. Ahora quiero enseñarte a ti a que te sientas como yo (solo si tu quieres).

En este bitácora voy a escribir de minimalismo y porque es bueno para la mayoría de nosotros. Además de eso voy a escribirte a ti. Sí a ti. Yo que soy exactamente como tú.

Y si yo pude mejorar y sentirme feliz ¿Por qué tú no?

Conformista

Cuando era niño quería ser astronauta. Cuando cumplí los once años  me dí cuenta que no era muy bueno en las matemáticas. Además alguien me contó que para ser astronauta debía ser estadounidense o canadiense. En el peor de los casos ruso. Y yo solo era un chico peruano de once años muy malo en  álgebra. Así que decidí renunciar a mi sueño. Acepté la situación  y aprendí a vivir con la realidad que me toco vivir: Me conformé con el hecho de que nunca sería astronauta.

Así como el sueño de surcar el cosmos metido en una lata se extinguió, muchos otros sueños míos han visto un amanecer meteórico y un pronto crepúsculo. Se han extinguido así como han aparecido. Antiguamente al darme cuenta que uno de mis sueños no se iba a cumplir sentía una profunda frustración. Me sentía mal conmigo mismo porque la “suerte” no me favorecía o porque “mi fuerza de voluntad” no era lo suficientemente alta para llevar a buen puerto algún proyecto. Me sentía culpable por “decepcionarme” a mí mismo y “decepcionar” al resto. La mayoría de nosotros sentimos alguna que otra vez este tipo de sentimientos. La razón es que muchos de nuestros sueños y deseos sencilla y llanamente NO son realistas. Si me pongo a pensar. La mayoría de cosas que siempre quise fueron insertadas en mi mente por la publicidad o por otras personas (padres, familia, amigos) Obviamente muchas de esos pequeños memes inoculados se convierten en sueños “inalcanzables” que aumentan nuestra eterna sensación de Insatisfacción: Bienvenidos al mundo occidental.

Al desear lo inalcanzable nuestra capacidad de sentirnos completos con lo que somos, con lo que tenemos, con la vida que nos toco vivir se reduce a la mínima expresión. No todos nosotros podemos ser estrellas de cine. No todos podemos tener su carisma. No todos podemos tener su belleza. Aunque lo deseamos inconsciente y conscientemente….El hecho de que la publicidad nos condicione a creer de que usando Dior vas a ser tan interesante como  Charlize Theron o comprándote un Omega vas a tener el sexappeal  de Daniel Craig es una burda y triste mentira. Gran parte de nuestro eterno problema de insatisfacción esta constituido por lo inmensamente irreales que son nuestras expectativas.

No vas a ser una súper modelo. Siento decepcionarte pero no vas a ser Brad Pitt. Hay muy pocas pocas posibilidades que tengas la plata de Mark Zuckerberg. Si hay una manera de combatir nuestra eterna insatisfacción es disminuyendo considerablemente nuestras expectativas. En otra palabras. Aprender a ser un conformista inteligente. Conformista: una palabra que en la cultura moderna es casi casi un insulto. En una cultura en la que te inculcan “que esta vida es una guerra” en la cual hay “ganadores y perdedores” en la que tienes que ser “competitivo” en la que “no te puedes quedar atrás” en la que tienes que “luchar para salir adelante” en una sociedad así, ser un conformista es por decirlo de otra manera : Ser un perdedor. Ser el que se queda atrás. Ser el pobre diablo de a pie.

Llegando al grano de este post y mi recomendación para que seas más feliz. Te sientas más tranquilo contigo mismo. E inclusive seas una mejor persona: Confórmate y disminuye tus expectativas. El razonamiento es simple:

Menos expectativas = más felicidad

¿Como así?

Sintiéndote rico con mucho menos: Quizás sintiéndote como Mark Zuckerberg (cuando ganó su primer millón) cuando te des cuenta que te has levantado por la mañana y estás sano. Todos los días me siento muy multimillonario por eso.

Esperando mucho menos de la gente: Espera lo que menos puedas de las personas. Piensa que son de lo peor apenas los conoces. Así jamás te pueden decepcionar. Así vas a apreciar mucho más cada actitud buena que tengan para contigo, para con otras personas, para los animales, para consigo mismos. Vas a apreciar realmente lo que es una palabra de cariño de un amigo o el beso tierno de tu esposa.

Esperando mucho menos de tu vida: Vive. Pero no siempre esperes lo mejor. Es más te recomendaría que esperes lo peor siempre. Así cada pequeña cosa buena que te pase día a día la vas a notar mucho más. Piensa en cuando te emocionaste por última vez por darte cuenta que existes. Supongo que hace tiempo no lo haces. Quizás has pensado más veces en lo difícil que es vivir. Cuando ya el solo hecho de que respires es un “milagro” evolutivo. No esperes una mierda que ya tienes bastante.

Esperando nada de los bancos: Los bancos no son tus amigos. No regalan dinero. En el mejor de los casos te roban poco. Sus prestamos son ficticios y engañosos. Nunca esperes nada bueno de ellos. No quiero que los robes tampoco. Pero si hay alguien que algún día debe pagar por el sufrimiento de la gente en el mundo. Esos son los banqueros privados y en banco vaticano.

Esperando mucho menos de ti mismo: No te desesperes y tomatelo con calma. Deja de fijarte en lo que hace el resto y piensa en ti. Vivir frustrado contigo mismo es como tener una papa guayro dentro del culo. ¿No eres muy guapo o guapa? A quien demonios le importa. No eres el centro del universo. Nadie te está mirando y además de eso siempre va a haber alguien que por error o no se va a enamorar de ti. ¿No eres muy exitoso? Explícame que es éxito. Bill Gates se ve aburrido. Steve Jobs hizo teléfonos y computadoras de puta madre y murió de un cáncer atroz que ni con todo su dinero pudo vencer. El éxito es una palabra engañosa. Puedes ser un exitoso padre de familia y vender emolientes en la esquina del mercado. Puedes ser el gerente general de General Motors y ser una porquería de padre, madre, hijo o persona. ¿Éxito? No lo necesitas para ser feliz. ¿Tu vida es aburrida? ¿Las fotos de tus amigos en facebook son mejores que las tuyas? Pues la vida es aburrida. No es un secreto. La mayoría del tiempo estamos metidos en una rutina a la que no se le puede llamar “Diversión”. El secreto es saber nadar en ese aburrimiento y encontrar los islotes de momentos kodak. Hay millones de ellos y esos súbelos a facebook. En resumen “Conformate” con lo que tienes, con lo que eres, con la carita que posees, con las virtudes que guardas en el pecho, con las piernas chuecas que mueves. Eso eres tú y amalo.

Concluyendo. Deja de lado las expectativas que te insertan en el cerebro por medio de canales publicitarios. Deja de escuchar todo el tiempo a tus papás. Ellos no siempre tienen la razón. No dejes que te bombardeen de sueños inalcanzables y obviamente no te frustres por aquellos deseos creados. Disminuye tus expectativas mil veces y sé un millón de veces más feliz.

No voy a ser un astronauta y lo acepto frente al espejo.

“Me están pasando  tantas cosas buenas que no me esperaba…”

¿Soy Feliz?

Estoy entero. Miro mis brazos. Miro mis piernas. Los dedos de mis manos. Los dedos de mis pies. He podido perder alguna parte de mi en muchas circunstancias y no ha sido así. Tengo compañeros que han perdido una que otra parte. Yo no.

Estoy sano. Mi corazón late. Mi cerebro procesa la información con rapidez. Me muevo con facilidad y con celeridad. Puedo ver amaneceres y atardeceres. Puedo oler la tierra mojada después de un día de lluvia. Puedo tocar los labios rojos de ella o acariciar el lomo peludo de un amigo.

Soy fuerte. Me enfrento a “problemas” todos los días y los resuelvo y sobrevivo. Me enfrento a los años y los aguanto.  Me siento capaz de subir a la montaña más alta o de bucear a las profundidades azules de la tierra. Puedo correr con potencia. Puedo amar con ímpetu.

Estoy joven. Y no por los años. Sino porque mantengo la curiosidad por el mundo. Porque me sorprende el olor del buen café en la mañana. O me excito cada día por el olor púrpura que brota de su cabellera. Puedo ver la hermosura del vacío en un desierto en invierno. Puedo sentirme lleno flotando en las olas del mediterráneo sin nada más que no sean mis recuerdos.

Estoy hambriento. De ver. De oler. De conocer. De experimentar sobre mi mismo. De crecer. De envejecer. De fluir por la vida de la “mejor” manera. De conocer gente que vale. De vivir.

Tengo amigos. No millones. No miles. No cientos. No decenas. Quizás diez. Quizás menos aún. Morirían por mi. Yo moriría por ellos.

Tengo familia. No estoy solo en el mundo. Hay gente que me ama incondicionalmente. Hay gente a la que amo sin reparos. Hay lazos de sangre para corroborarlo. Familia. Mis mejores recuerdos están invadidos de momentos familiares. De que sirve ser feliz si no lo puedes compartir con tu familia y hacerlos felices también.

Aprecio lo que tengo. No quiero más. Es más que suficiente. Tengo todo. Tengo toda la música del mundo a mi disposición. Tengo toda la sabiduría del planeta en mi teléfono. Te tengo a ti. He puesto mis pies en varios sitios del planeta sacando lo mejor de ellos. He estado cerca de la muerte tanto que he entendido que es estar vivo. Soy inmensamente rico por el sencillo y llano hecho de que me doy cuenta cuan rico soy.

Mi vida es maravillosa. La vida es maravillosa. Cuantas variables se tuvieron que conjugar en el espacio-tiempo para que yo exista aquí y ahora. Las posibilidades de que YO existiera eran ínfimas y aquí estoy. Como no sorprenderme de eso. Como no sorprenderme cada día de que te puedo acariciar. De que puedo escuchar el viento en el desierto. De que puedo sentir el frescor del mar fortaleciéndome los músculos. Del naranja intenso del cielo. Del prodigio tecnológico que significa que puedas leer esto. Del campo de cebolla en el que caminé una noche de luna llena. De los matices del sexo. De los olores en la cocina de la abuela. De la vida a nuestro alrededor. De las yemas de mis dedos tecleando en este tablero en este preciso instante.

¿Que si soy Feliz?

Pues…Sí.