Perdido

Este par de semanas he estado bajo mucha presión en el trabajo.

Me ha sido difícil concentrarme bien. Me he sentido desbordado por las tareas y por los jefes. He sentido que he decepcionado. He sentido que me han decepcionado también.

Quizás cuando las cosas pierden equilibrio en un lado de la vida, desequilibran al resto. No sé si eso te pasa a ti. Pero conmigo sucede que cuando las cosas andan mal en algún aspecto de mi vida, ese aspecto malogrado irradia mala onda al resto.

Estando presionado en el trabajo, no podía no sentirme presionado estando ya en casa. No logré desconectarme de lo que pasaba en lo oficina y las preocupaciones me han seguido hasta la cama. Una que otra noche me he despertado a las tres de la mañana pensando en lo que me iba a enfrentar al día siguiente.

Hoy, las cosas llegaron a un punto bastante álgido en mi oficina. Y a eso de las dos de la tarde me puse a pensar  que no he escrito en el blog un buen tiempo, porque ni siquiera he tenido la mente limpia para eso. Me puse a pensar  que lo mismo que quiero transmitir en las cosas que he escribo, lo he dejado de lado estás dos semanas: He sido desorganizado. He sido impulsivo. Me he dejado llevar por las críticas. He traído todo eso a casa y he perdido un poco el rumbo aquí también.

Una de las cosas que he aprendido es que todos perdemos el rumbo de cuando en cuando. Nuestra vida no puede ser perfecta todos los días. A todas horas. Todos los meses. Todos los años.

Cosas malas suelen pasar. Y nosotros solemos reaccionar a veces de una manera positiva, a veces de una manera no tan positiva y a veces de una mala manera. Y está bien a veces reaccionar “mal”. No siempre puedo ser la persona que controla sus sentimientos al cien por cien. No siempre puedo ser la persona que deja el teléfono llegando a casa y que no se desespera checkeando mails del trabajo a las once de la noche. A veces soy así también, aunque no quiero ser así.

Y eso es lo que sé. Que no siempre las cosas se van a dar como yo quiero o de la manera en la que yo quiero que salgan. Las variables en la vida de cada uno de nosotros son infinitas. Y a esa inmensidad de incertidumbre la debemos abrazar y aceptar como parte de la vida. Porque la vida es eso mismo: Incertidumbre.

Pero al mismo tiempo podemos tratar de vivir la vida de la manera que nosotros queramos y siguiendo el camino que nos hemos propuesto a seguir. Mi camino es el de no complicarme demasiado. Mi camino es el de simplificar. Inclusive mis pensamientos dañinos y mis más grandes elucubraciones filosóficas. Simplificar los malos momentos. Reducir. Minimizar el impacto que las cosas tienen sobre mí.

No siempre puedo hacer esto. Al menos no todo el tiempo. Como en estás últimas dos semanas. Hay momentos en la vida en la que las vivencias me desbordan  y que la presión es tal, que me hace sentir que puedo perder el rumbo en mi vida simple. Aunque como te darás cuenta. Me he dado cuenta de esto bastante rápido y no he seguido mis días sin preguntarme lo que está pasando conmigo.

Así que he respirado mucho hoy. He meditado y me he echado en el mueble a tomar una siesta llegando del trabajo. He apagado el teléfono (como solía hacerlo antes). He bloqueado mis mails en casa (como solía hacerlo antes). Estoy disfrutando de mi té Earl Grey mientras escribo un post en mi computadora. Intentado explicar el porque me sentía tan fuera de mí en estás dos ultimas semanas.

Pienso que de vez en cuando está bien perdernos, para volvernos a encontrar. De vez en cuando está bien para mí perderme, para volver a encontrarte a ti al otro lado del monitor.Quizás si no te tuviera, sería mucho más difícil para mí acordarme de quien soy a veces. Acordarme de lo que he escrito. De lo que predico.

Como siempre, mucho te lo debo a ti que lees estás líneas.

Bueno, aquí estoy escribiendo de nuevo. Tratando de a poquitos simplificar los malos ratos que he pasado en la oficina en este último tiempo. Porque mi vida no es mi oficina. Mi vida son las letras que fluyen de mi mente. Las palabras que imprimo en la pantalla. Las frases que digo. Lo que veo. Lo que recuerdo. Lo que huelo. Lo que me roza el pellejo. No un par de mails tristes enviados a destiempo por gente triste que no entiende lo bonito que suele ser la vida.

Dar

Tengo que dar. Dar más de mí.

Hace un tiempo atrás creía que recibiendo, teniendo, quitando, reteniendo iba a lograr más que otorgando, dando, regalando, donando.

No es que algo específico haya cambiado mi manera de ver las cosas. Pero he aprendido a dar.

El cambio se ha dado de ha pocos. Lentamente. Quizás hayan sido los viajes que he hecho y la perspectiva que he ganado. Quizás hayan sido las cosas feas y no tan feas con las que me he encontrado en la vida. Pero dar se ha convertido en algo mucho más preponderante en mí que recibir.

Este blog y estás palabras son un poco de eso. No tengo ninguna intención aquí salvo  que leas sobre mi experiencia de vida y en como el tener un poco menos, hizo de mí una persona un poco más feliz. En este instante te estoy dando el tiempo que uso para escribir estás palabras. Quizás ellas te ayudarán a ver el punto de vista de otra persona que piensa parecido a  ti o que quizás piensa completamente diferente.

En estos últimos años he sentido mucha más satisfacción dando de mí al resto que recibiendo. He aprendido que tengo palabras en la boca que pueden ayudar. Manos y brazos fuertes que pueden levantar muebles y refrigeradores. Tengo también muchas cosas materiales a las que otras personas pueden dar un mejor uso. Y dando todo eso no he hecho más que crecer. He sentido una infinita sensación de plenitud. Dando, ayudando y haciendo para el resto, que recibiendo algo de alguien.

Si nunca te has voluntarizado, donado, o creado algo para alguien de gratis. No te imaginas lo que te estás perdiendo. Hacer feliz a la gente conocida o desconocida es un regalo inmenso. Más aún cuando no se espera ninguna recompensa por ello.

Da tu tiempo a los que más quieres. Da tus cualidades a gente que las necesite. Da tu energía a una causa que consideras justa. Una vez que lo haces, el mundo se vuelve un mejor lugar para ti y para los demás. El sentir la energía que desprende la gratitud de la gente, no tiene precio.

Sobre el tiempo

Siempre escribo acerca de tomarnos un tiempo para nosotros. El hecho mismo de minimalizar está conceptuado para que nos quede más tiempo libre. Al eliminar las cosas extra. Al ser más productivos y eficaces. Al ser más organizados, queda algo muy importante de residuo: Tiempo. Disfrutar de ese tiempo que de pronto existe es una de los mejores daños colaterales de lo que significa vivir con menos.

Hoy me quedé en casa. No he ido al trabajo. No por flojera o desidia, sino porque tengo descanso médico. El hecho de quedarme en medio de la semana en casa con todo el tiempo del mundo para mí, me hace bastante feliz, para decirlo de algún modo. Cuando me puse a diminuir gastos y vivir con un poquito menos, hace más de una año y unos meses, descubrí que podía trabajar un día menos a la semana. De seis días de trabajo pasé a cinco. El haber hecho eso ha sido una de las mejores decisiones que he tomado en la vida. No hay nada que el dinero pueda comprar comparado con la calidad de descanso y la corriente creativa que se genera cuando tienes más tiempo libre. Mi sueño para este 2015 es bajar a cuatro días por semana. Trabajar cuatro días y seguir ganando lo mismo que ganaba cuando  trabajaba seis. Para eso debo ser mucho más consciente aún acerca de mis gastos. Debo conservarlos con la rienda corta. Debo ser un poquito más ordenado de lo que soy ahora. Aunque poco a poco he ido mejorando y mucho. Con práctica y más práctica.

Se dice que en la vida no hay nada gratis. Según mi experiencia, eso es bastante cierto. Por eso con cosas estoy comprando tiempo libre. En vez de llenarme de utensilios me lleno de más tiempo libre poco a poco. Quizás un día pueda vivir sin salir de la casa una sola hora al día, solo trabajando  4 horas diarias y haciendo lo que me apasiona: Escribir. Pero para eso hace falta trabajo. Invertir tiempo ahora, para que luego ese tiempo regrese en forma de un rédito increíble.

Acuérdate de algo: El tiempo es tu bien más preciado. Cuando vas a la oficina o al lugar en el que trabajas, estás vendiendo tu bien más preciado a alguien más a cambio de dinero. No digo que este mal o bien. Solo digo la verdad. Es un facto. Todos lo hacemos. Lo que opino es que tenemos que ser más conscientes de que eso es lo que realmente está sucediendo. Estamos realizando una transacción monetaria simple y concreta.

Una de las cosas que he aprendido por experiencia es que el tiempo es un bien finito y vale mucho, muchísimo más de lo que te paga tu jefe o tu empresa por él. Por eso mientras más tiempo libre te puedas generar para ti, automáticamente te estás haciendo más rico, mucho más rico.

Usa tu tiempo con sabiduría. No lo despilfarres trabajando sin sentido. Se consciente de lo mucho que estás dando y de lo poquito que estás recibiendo a cambio. No digo que dejes el trabajo o algo parecido (todos tenemos que poner comida en la mesa). Solo digo que seamos conscientes de que nuestro tiempo NO es oro. Es mucho más que eso y vale la pena tratar de usarlo mejor de la manera en la que solemos. Crea algo. Viaja más. Haz más el amor. Estudia más. Lee más. Toma más café. Duerme más. Sueña despierto más. Escribe. Canta. Toca guitarra. Salta en paracaídas o haz lo que te de la gana. Esta es tu vida y créeme: Se va a terminar.

Una semana de vacaciones (del teléfono)

Este blog se trata de minimalismo, pero también de vida simple. De practicidad. De desconexión.

No soy un extremista que vive sin cosas o sin teléfono celular. Trato de tener un horario para todo. Para usar Facebook. Para trabajar. Para dormir. Para escribir. Así, organizando bien mis asuntos produzco más y me queda mucho más tiempo para lo que realmente me importa  o me gusta hacer. Una de las cosas con las que más trabajo es el teléfono celular. Lo tengo conmigo siempre, aunque trato de contestar solo hasta cierta hora del día a la gente con la que trabajo (16:00).

Hace mucho tiempo que no había pasado un solo día sin tener el celular prendido aunque sea medio día. Estar al tanto de una llamada. Estar al tanto de un mail. De una burbuja de Facebook. De un inocente mensaje de mamá por Whatsapp. Siempre ha sido así desde unos años atrás (en este último año me he establecido horarios para no estar mirando el teléfono a cada rato como un autómata y más bien dedicarle tiempo a la gente de carne y hueso que está frente a mí en determinado instante). Hace muchos años que no me quedaba un día sin teléfono. Mi vida era ordenada y sistemática. Hasta que me fui de vacaciones a Italia y me zambullí en las olorosas y nada saludables aguas de Venezia.

Supongo que si has estado en Venezia sabes a que me refiero cuando digo “aguas olorosas”. Si no has estado allá, no importa. Sabes que Venezia es una ciudad rodeada y entrecruzada por canales y canaletas y que su plaza principal: La Piazza San Marcos se encuentra al borde del mar adriático. La historia que les voy a contar es simple (como todo en este blog) y va algo así:

Un niño en el borde de la Piazza San Marcos juega junto al mar. Tiene un polo amarillo. Unos shorts Jeans. Es rubio. Me mira a los ojos y luego prosigue con su juego. Me gusta la imagen (la del niño jugando al borde del adriático) y me pongo en posición para sacarle una foto. Pongo mi ojo derecho en el visor de la cámara y me horrorizo al ver que el niño se esta resbalando y está a punto de caer al mar. No pienso nada y doy los cinco pasos que me separan de él, corriendo. El niño cae. Yo logro tomar su mano antes de que se sumerja en el agua y los dos caemos al helado mar. Debajo del agua solo pensé en el pasaporte que estaba en mi bolsillo derecho. Además de eso sentí la necesidad de tocar piso y me horroricé al sentir una profundidad pasmosa. El brazo del niño seguía sujeto a mi mano y creo que le quebré un hueso de lo fuerte que lo apreté. Nadé hacia arriba y cuando saqué la cabeza del agua vi a un grupo de gondoleros que me estiraban sus manos para sacarnos del agua. Estiré mi mano izquierda, me arrastraron hacia afuera,  jalé al niño conmigo y vi que otras personas habían saltado al agua al vernos caer y por un momento tuve esperanzas en la humanidad 🙂 . Las esperanzas se terminaron cuando sentado en las centenarias piedras que asfaltan la plaza y más mojado que Fliper, me di cuenta que la cámara Go Pro de mi amiga estaba muerta. Luego de meter las manos a los bolsillos percibí que mi teléfono (recién comprado) estaba completamente ahogado. El pasaporte empapado. Y la mamá del niño dándome gracias en Checo. El punto clave de esta historia es: Que mi teléfono murió de manera heroica aquel día.

El primer día sin teléfono fue el más difícil. Me sentía como un Junkie sin su respectiva dosis de heroína. Algo me faltaba. Sentía que me habían extraído algo del cuerpo. Quizás el páncreas o un riñón. Era realmente insoportable. Al cabo de 24 horas esa sensación menguo y dio paso a una sensación de tranquilidad que no sentía desde la época del jardín de infantes. No tenía teléfono y era feliz sin él.

Al tercer día perdí la necesidad absoluta de chequear cualquier cosa. Miré al resto de gente absorbidas por las pantallas de sus teléfonos y me sentí libre de una penosa y ardua esclavitud de años. Se habían roto las cadenas y yo era más hombre libre que Dyango.

Al cumplir la semana sin teléfono y justo antes de subir al avión de regreso a casa. Me dije a mi mismo: No quiero otra vez un teléfono. Esto es demasiado hermoso para no vivirlo siempre. Una letanía increíble se apodero de mí. Una falta de stress que daba risa. Las horas se hicieron más largas. Los días más bellos. Me sentí un marihuanero consumado…

Hasta que aterricé en mi país y lo primero que escuché fue: Necesitas un teléfono urgente. No se puede vivir sin teléfono. A las dos horas tenía mi viejo iphone 4 trabajando de maravillas. La gente del trabajo llamándome a las 23:00 de la noche para actualizarme de los rollos del trabajo que habían sucedido durante mis  vacaciones.

Al día siguiente volví a mi rutina de ponerle horario al teléfono. Y no contestar a nadie después de las 16:00 de la tarde. Me he borrado de todos los grupos inútiles de Whatsapp. He vuelto a dosificar mi exposición al e-mail y tengo que hacer lo mismo pronto con el facebook que se me ha antojado muy rico en estos últimos días.

Lo que he aprendido después de mi gélido chapuzón en el mar del norte de Italia es que vivir un buen rato sin teléfono no hace más que hacerte sentir bien. Si superas la barrera de las primeras 24 horas, créeme que vas lograr sentir algo muy cercano a eso que llamamos felicidad.

Hazte un favor en las vacaciones y deja el teléfono en casa.

Viajar Ligero

Viajar ligero es más liberador. Es menos complicado. Es menos cansado. Esta premisa no solo se limita a los viajes, sino a la vida misma.

Soy un “fan” del viaje ligero. Incluso antes de optar por “minimalizar” otros aspectos de mi vida. Desde muy chico, me gusto siempre llevar mochilas con pocas cosas a los campamentos Scout. Luego, desde que empecé a pasar tiempo en los aeropuertos, soy de los que llevan una mochila de unos 40 litros y meten ahí todo lo que necesitan para un mes de viaje.

En el ejercito soy de los que pueden usar un solo uniforme de combate un mes y oler a “homeless”. Esa faceta mía no se la recomiendo a nadie…:) El punto de este post es tratar de explicar los beneficios de la ligereza en el viaje y obviamente, su  analogía, con la vida misma.

Conozco a mucha gente que suelen empacar de todo para todo lo que “pudiera” suceder en el camino. Y en gran parte se debe al sentimiento de seguridad que te ofrece tener más cosas en la maleta y supuéstamente estar preparado para “cualquier” inconveniente o para “cualquier” situación.

Pero si pensamos un poco. Fácilmente llegaremos a la conclusión de que el número de inconvenientes y de situaciones a los que nos podemos enfrentar son infinitos. “Y por más cosas que metamos en la mochila, en la maleta o en la vida misma, no vamos a poder prepararnos para todo lo que pudiese suceder.”

La vida es un viaje largo y dependes mucho más de tu capacidad de improvisación antes de las cosas que cargues contigo. Viajar y vivir ligero te ayudan a ser mucho más flexible a la hora de tomar una decisión. Una de las cosas que he aprendido en la vida militar, es simplificar al mínimo la cantidad de equipo que voy a cargar conmigo. La mayoría de veces puedo llegar a cargar con él 50, 60 o 70 kilómetros. Y nadie en su sano juicio quiere una mochila de 80 kilos. Si racionalizas bien tu equipo te darás cuanta que con 20 kilos vas de sobra y al mismo tiempo eres mucho más eficaz al momento de entrar en acción.

Así que simplifica lo que lleves en la mochila la próxima vez que te vayas de viaje. Recuerda que no puedes estar preparado absolutamente para todo. No puedes llevar todos los estilos de ropa ni todos los artilugios electrónicos del momento. Suelo ver gente en los aeropuertos viajando con dos o tres maletas (una sola llena de zapatos). Para quince días de viaje. Lleva esa analogía a tu propia vida. No te llenes de cosas porque te haces pesado y lento. Te vuelves falto de reacción y torpe. Ir ligero de viaje y en la vida, no es más ni menos que hacerte un regalo a ti mismo.

¿Los minimalistas consumen?

He sido un consumidor toda mi vida. He comprado por impulso. He comprado cosas que no he necesitado y que no voy a necesitar jamás. He gastado ingentes cantidades de dinero en artículos que lo único que han hecho es rellenar mi casa de basura. Artículos sin personalidad, comprados sencilla y llanamente porque la publicidad supo hacer su trabajo en mí. Y yo no supe defenderme de ella.

Cuando decidí ser consciente de mis hábitos de consumo y además de eso, ser consciente de mi propia vida; hice una recapitulación de las cosas que realmente me importan o que realmente necesito para sobrevivir de una manera aceptable y en lo personal, seguir considerándome una persona feliz. Llegué a la conclusión de que realmente necesito muy pocas cosas para sobrevivir y no necesito prácticamente nada para ser feliz.

No te equivoques. No estoy hablando de tener la vida de un cavernícola, o de una persona que tiene dos mudas de ropa y un plato donde comer. Me refiero a que con lo “básico” que hay en cualquier casa es más que suficiente. Tengo un televisor que uso como pantalla de computadora y donde veo películas y series por Internet. Tengo un par de laptops. Una cámara fotográfica  Reflex de Nikon. Un sistema de parlantes de computadora. Pesas. Un par de muebles de ikea. Una cama. Y todo lo que va en una cocina: Platos. Cubiertos y vasos. Tengo un auto Hyundai Getz del 2005.

Tengo un perro también. O él me tiene a mí.

Esas son mis pertenencias. Y la verdad es que no necesito más que eso. Vivo (junto con mi esposa) en un  departamento que tiene 65 metros cuadrados. Está en el centro urbano de Gush Dan. Conformado por Tel Aviv y los barrios periféricos de la ciudad.

¿A veces una persona que se considera minimalista compra cosas?

Si. A veces compro cosas. El minimalismo de cada uno es relativo o lo que cada un cree conveniente. No soy un extremista que dice que comprar es una abominación. Solo propongo el consumir lo que realmente necesitamos. O vamos a usar. Propongo también el consumir artículos de la más alta gama posible que te puedes permitir (menos los autos, que hacen el mismo trabajo los que tienen asientos de piel como los que no.) así no tendrás que reemplazar (tus cosas) en mucho tiempo. Mi cámara reflex tiene cinco años y fotografía como nueva. Por dar un ejemplo. Hay un dicho por ahí que dice: lo barato sale caro. Es muy cierto, pero además de eso te puedo decir: Si compras barato, vas a comprar más, mucho más.

Pero aún así consumo. Es lógico. Tengo intereses y hobbies. Me gustaría comprar una cámara Go Pro. Me encantan los deportes de aventura y me gustaría filmar de cuando en cuando lo que hago. Pero soy consciente que es un producto caro, muy publicitado, que quizás se puedan encontrar alternativas mejores y más baratas. Aunque es un producto que ha probado su nivel de alta gama, de fiabilidad, de resistencia en diversas condiciones. La decisión es mía y la  tomaré teniendo en cuenta todas las variables y razonando los pros y los contras.

Pienso mucho antes de hacer una adquisición y al no hacerlo por impulso aparecen todos los contras posibles. Si al cabo de una semana que he pensado detenidamente en comprar o no el producto, aún le encuentro más pros que contras, lo compro y punto.

En resumen: Consumo, pero pienso mucho antes de hacerlo.

Consumir de manera responsable y no automática es mejor para tu bolsillo, para la ecología, para evitar el desorden en tu casa, para que no relaciones la felicidad con el hecho de acumular artículos.

Que tengas un buen fin de semana.

Simplificando el éxito

Ser exitoso.

Eso es lo que me dijeron que debía ser. Cuando era un niño. Cuando era un tímido adolescente enclenque. Cuando las personas encargadas de mi crianza y mi entorno parecían enfocados en eso: Hacer de la nueva generación, una generación llena de hombres (y mujeres) exitosos.

¿Pero qué es el éxito?

¿El éxito es tener un doctorado en biología molecular y dar cátedras acerca del tema?

¿El éxito es darle la vuelta al mundo siguiendo tus sueños?

¿El éxito es tener una cuenta bancaria holgada y tener la capacidad de comprarte lo que de la gana?

¿El éxito es ser un buen padre o madre y ofrecerle mejores oportunidades a tus hijos que las que tú tuviste?

¿El éxito es ser el hijo que se hace cargo del padre enfermo?

¿Exitoso es el que tiene muchas parejas casuales a lo largo de la vida o el que tiene solo una?

Podría seguir haciendo mil preguntas más.

Recién entrado a mis treintas me pregunté a mi mismo si me podía considerar “exitoso”.  No importa cuantos logros haya tenido en la vida. De acuerdo a lo que percibo y entiendo de la palabra “éxito”: No soy exitoso.

No lo soy porque no sé lo que el éxito significa. Y según mi experiencia de vida el hecho de ser “exitoso” en el  tener una cuenta bancaria holgada y poder comprarte lo que quieras, no necesariamente implica  que seas “exitoso” como padre. El hecho de que le hayas dado la vuelta al mundo treinta veces no necesariamente te da el “éxito” en el aspecto sentimental. El éxito al fin y al cabo y como yo lo entiendo, es una palabra vaga a la que se le pueden dar millones de connotaciones diferentes.

Tengo un esposa, un perro y estoy sano. Es lo que tengo en la vida y soy feliz. ¿Eso me hace menos exitoso que el cardiólogo que tiene una gran casa, pero que odia a su mujer y se siente miserable cada segundo que está dentro de esa casa? La respuesta es: No lo sé. Como dije antes, el éxito es un concepto tan vago y al mismo tiempo tan puntual que considerarte “exitoso” o considerar al alguien “exitoso” es una reverenda falacia.

Por eso, y como este es un blog que habla de simplificaciones, he decidido quitar el concepto de “exitoso” de mi vida. Obviamente si no puedo ser “exitoso” tampoco puedo ser un “perdedor”. Pero de la palabra “perdedor” hablaremos en otro momento.

Eso es, queridos lectores: Mi punto de vista personal. El que quiera seguir buscando el éxito, bienvenido sea y que tenga mucha suerte. Yo, por mi parte, no tengo tiempo para eso. Tengo demasiadas cosas interesantes que buscar y aprender en la vida.

Deja de compararte

Deja de compararte.

Deja de compararte con el vecino de al lado.

Deja de compararte con el amigo de Facebook.

Deja de compararte con tu mejor amigo.

Deja de compararte con tu hermano.

Si a ellos les va excelente, eso no implica que a ti te este yendo mal. Sé feliz por ellos y para ellos.

Si a ellos les va mal, eso no implica que a ti te este yendo excelente. Sé compasivo y ayuda.

Trato cada día de no compararme con el resto. Digo que “trato” porque no lo puedo lograr al cien por ciento. Mucha veces suelo compararme con un amigo en Facebook, con algún otro compañero en el trabajo o con el escritor de algún otro blog.

Pero apenas soy consciente de lo que estoy haciendo. Lo dejo ahí. Sé por experiencia propia que el acto de auto-comparación, no es nada más, que dañino y una perdida de tiempo y de energías. Por experiencia soy consciente de que nunca nos comparamos con la persona en sí misma, sino con el ideal que tenemos de ella.

Por ejemplo:

Compararte con tus amigos en las redes sociales es tonto. Ellos muestran lo mejor de sus vidas. Las mejores fotos de sus vacaciones. Lugares increíbles. Situaciones espectaculares. Pero hay que ser conscientes de que esos perfiles de nuestros amigos de facebook no son realmente nuestros amigos. Son una parte realmente ínfima de lo que son. Y esa parte ínfima mostrada, la mayoría de las veces, es la mejor parte.

Mucha gente que es mi amiga en Facebook, cuando habla conmigo, lo primero que me dice es lo espectacular que es mi vida. Tienen razón, mi vida es espectacular pero no precisamente por mi perfil de facebook. Lo que pongo en facebook es publicidad. Son los mejores instantes de mi vida. Los lugares más bonitos que he visto. Los mejores textos que he escrito. Las mejores fotos que he tomado. No pongo los momentos “reales” y “rutinarios” de mi día. Mis achaques. Mi cansancio. Mi aburrimiento. Mi hastío. Mis problemas en el trabajo. Mis problemas maritales. Mis deudas. Mis dudas. Mis hongos en los pies y un largo etcétera. Todo lo que esta en mi perfil de facebook soy yo. Pero TODO lo que NO esta en mi perfil de facebook también soy yo. Y si sé que casi todo mi YO se encuentra fuera de facebook, entonces entiendo que el resto de perfiles espectaculares de mis amigos, son exactamente iguales al mio: Pura publicidad. No son realmente ellos. El perfil es un espejismo y punto.

Lo mismo sucede cuando te comparas con el vecino. Con tu hermano. Con tu mejor amigo. Tú eres maravilloso como eres. Ellos son maravillosos como son. Pero todos tenemos nuestros lados malos y nuestros lados oscuros. El hecho de compararnos es destructivo por la sencilla razón de que comparamos lo peor de nosotros con lo mejor de ellos. Y eso querido amigo: Es una burda falacia.

Así que hazte un favor y deja de compararte.

 

Una vida simple

Hace menos de una año empecé a simplificar mi vida.

Le quité la televisión. Le quité las dos comidas a la semana que me comía en algún restaurante. Le quité los gastos hormiga (esos que te la pasas haciendo sin que te des cuenta y al fin del día tu billetera ya no tiene billetes). Le quité cosas (me deshice de casi la mitad de mi ropa y de muchas cosas que no me servían para nada y que estaban metidas en casa). Reduje el tamaño de mi departamento (nos mudamos a uno más pequeño). Arranqué de cuajo la publicidad (ya que no veo televisión y la bloqueé en la computadora) y no me dejo dominar por ella. Trabajo menos horas que antes.

En cambio mi vida aumento en:

Tengo más dinero en el banco. Tengo más tiempo. Veo lo que yo decido ver por Internet (y sin publicidad). Me he vuelto más creativo (porque tengo  más tiempo libre). Tengo más tiempo con mi esposa. He adquirido la habilidad de dejar de importarme por las cosas. He sumado a mi vida unos cuantos libros más. Mi estado físico está en el mejor nivel de mi vida (tengo tiempo para entrenar todos los días). Mi mente está buscando una salida para dejar de trabajar (de la manera usual) y pasar a trabajar de lo que me gusta (que es escribir). Y sobre todo he salido del circulo de convenciones preestablecidas por la sociedad de consumo. Ya no estoy ahí.

Una vida simple:

No escribo este blog para hacer dinero. No lo hago siquiera como catarsis. Lo escribo porque tengo ganas de ayudar al resto. No me importa si tomas los consejos que pongo aquí o no. Al fin y al cabo lo que escribo aquí es lo que todo el mundo sabe que se debe hacer.

Todos sabemos que lo material en si mismo no es la fuente de la felicidad ni del placer en la vida.

Todos sabemos que deberíamos ser dueños de nuestro propio tiempo.

Todos sabemos que es mejor tener ahorros que tener deudas.

Todos sabemos que nada es gratis y que los bancos no son tus amigos.

Escribo para dar un testimonio de que si se quiere vivir una vida simple, se puede sin necesidad de sacrificar nada de importancia. Puedes tener más tiempo y más dinero disminuyendo algo tan simple como la televisión por cable.

Yo no llevo a cabo todo lo que esos maestros del minimalismo recomiendan. Estoy muy lejos de ello aún. Y es más, no quiero llegar a ningún límite como esos jamás. Pero he cambiado unos cuantos hábitos simples y pequeños y mi vida es mejor. Y si la mía mejoró, la tuya también puede mejorar y mucho.

Quizás este blog sirva solo como testimonio de una pequeña parte de mi vida. En ese año 2013/14 en el que me incliné por el minimalismo y por una vida más frugal y menos consumista. Quizás en diez años no recuerde en absoluto  todo lo que escribí aquí. Pero si me mantengo en el rumbo. Si no renuncio a como estoy haciendo las cosas, quizás en diez años siga escribiendo este blog (mucho mejor de lo que lo hago hoy en día) y quizás mi vida haya mejorado mucho más de lo que ya ha mejorado hasta hoy.

Estos consejos. Palabras. Recuerdos. Y experiencias están puestos aquí para ti. Nadie me paga un centavo por el tiempo que dedico a esto. No lo busco tampoco. Solo hago lo que cualquier persona simpática hace cuando se encuentra algo realmente bueno. Comparte la marca, el link, la tienda, el restaurante con sus amigos y con los que no son sus amigos. Y por eso después de encontrar el minimalismo, quiero compartir mis experiencias y recomendárselo a todos y a cada uno de ustedes queridos lectores.

 

Mantente fuera de la zona de confort

En el ejercito aprendí que el límite de resistencia de una persona es veinte veces superior a lo que ella piensa. Aprendí a estar fuera de mi zona de confort una hora, un día, un mes, un año, siempre.

Podemos hacer cosas increíbles. Todos somos capaces de aprender a estirar nuestros límites poco a poco.

Digamos que crees que puedes pasarte un día sin comer y no más de eso. Pues tu límite real está aproximadamente en los veinte días. Con práctica un ser humano puede pasarse 30 días sin probar bocado antes de morir de inanición. Este ejemplo solo sirve de referencia para que entendamos uno de nuestros límites biológicos más simples. Y si algo tan necesario y vital como la comida puede ser llevado a límites tan extremos, pues créeme que muchas de nuestras actividades cotidianas las podemos llevar a extremos mucho más impresionantes que ese.

Mucha gente dice que para aprender y crecer en la vida hay que aprender a salir de la zona de confort de cuando en cuando. En el ejercito  por ejemplo, te enseñan  a estar fuera de la zona de confort todo lo que puedas. ¿ Y sabes qué? Es impresionante cuanto se puede hacer fuera de ella.

La mayoría de nuestros límites físicos son mentales. Obviamente nuestro cuerpo es una máquina constituida de carne y huesos y a estos los podemos llevar al límite, pero su límite está mucho más lejos de lo que nosotros pensamos, creemos o queremos creer. Nuestro primer límite es el que nosotros mismos nos ponemos al decir. Eso para mí y para mi cuerpo es imposible.

Para dar un ejemplo:

Mucha gente quiere comenzar a entrenar un deporte. Quieren comenzar a correr. Quieren llevar una dieta más sana y así sucesivamente. Pero muchos de ellos pierden la moral bastante rápido después de correr el primer kilómetro y de haberse dado cuenta cuan fuera de forma están. A todos nos ha pasado algo así. A mí me me ha sucedido en los primeros días de entrenamiento en el ejercito en el desierto con cuarenta grados centígrados sobre mi cabeza. Me ha pasado también la primera vez que salí a correr a los 23 años y al cabo de doscientos metros sentía que mi corazón se quería parar. Me ha pasado cuando por primera vez me mudé solo y de pronto todo era muy difícil. Me ha pasado cuando me casé y por primera vez ya no era yo solo en este mundo. Me ha pasado cuando intenté escribir por primera vez un post. Me ha pasado la primera vez que intenté minimilizar mis cosas. Me ha pasado cada vez que he intentado algo nuevo y la cantidad de práctica que tenía en ese ALGO NUEVO  era  nula.

Cada vez que hemos intentado hacer algo nuevo hemos estado fuera de nuestra zona de comfort. En el ejercito es fácil. Porque los sargentos y los oficiales te presionan hasta tu límite en los entrenamientos. Siempre tienes a  alguien diciéndote que si puedes. Además de eso tienes compañeros que pasan por la misma mierda que tú y te sirven de ejemplo y eso te facilita aún más el asunto.

En nuestra vida diaria estamos solo NOSOTROS. No hay nadie empujándonos al límite ni amigos que nos den el ejemplo. Ni nada. Estamos solos y conocernos a nosotros mismos y conocer nuestros límites depende solo de NOSOTROS. Salir de la zona de confort es difícil. Lo sé. Pero te voy a dar el tip que yo uso día a día para estar fuera de ella.

Razono sobre la situación difícil a la que me voy a someter y sobre los beneficios que voy a obtener de ella.

Por ejemplo:

Sé que entrenando voy a estar más sano. Me voy a ver mejor. Y voy a ser más fuerte (no solo físicamente). Así que pese que a mi cuerpo no le de la gana de moverse. Razono sobre los efectos positivos del ejercicio y OBLIGO a mi cuerpo a moverse. Sé que en un mes me lo voy a agradecer.

Al levantarme temprano los fines de semana. Sé que voy a tener más tiempo para mi solo. Voy a poder sentir la tranquilidad de la ciudad. Voy a poder escribir con mayor tranquilidad. Voy a poder limpiar el departamento antes de que mi esposa se levanté. Voy a poder sorprenderla con un desayuno hecho. Razono sobre los efectos positivos que me da el hecho de levantarme temprano y  me OBLIGO  a hacerlo.

Sé que dejando las redes sociales de lado voy a ser más productivo y a tener más tiempo para estar con los que quiero. Voy a poder pasar tiempo “real” con mi esposa. Con mis amigos. Conmigo mismo, pensando, meditando o no haciendo nada. Voy a poder ser más creativo. Voy a poder leer libros de papel. Voy a poder pensar en un nuevo post que escribir para que tú lo leas. Razono sobre los efectos positivos de estar menos tiempo en Facebook y me OBLIGO a desconectarme.

Y así sucesivamente.

Resumiendo:

  • Nuestro aguante fuera de la zona de confort es infinitamente más grande del que creemos.
  • Estar fuera de la zona de confort hace que aprendamos y que crezcamos como personas.
  • Razonar el porque debes estar fuera de la zona de confort en tal o cual actividad o situación te ayuda a estar fuera de ella, imaginándote en las cosas positivas que adquieres estando fuera de la misma.
  • Mientras más te encuentres fuera de la zona de confort tu resistencia mental se agranda exponenciálmente. Las unidades de operaciones especiales de la mayoría de los ejercitos del mundo lo entienden y trasmiten  a sus soldados: Al final ellos piensan literalmente que no hay nada que no puedan llevar a cabo.

 

A los 23 años pensé que moriría corriendo 2 km. Hoy a los 33 sé que puedo correr 200 km si es que necesito hacerlo.