Paul Walker ha muerto

Paul Walker ha muerto. Lo sé yo. Lo sabes tú.

No voy a mentir. Pese a que no fui un gran seguidor suyo ni de sus películas, la noticia de su muerte me dolió. Una persona como él: Exitosa, en la flor de la vida, guapa, sana, con todo el futuro por delante. Sencillamente en un instante estuvo y al siguiente ya no.

Ayer me dí cuenta que, ¡joder!, hasta Paul Walker también podía morir.

Y no creo que yo solo me dí cuenta. La mayoría de amigos y conocidos con los que traté del tema  sentían una punzada en el corazón mientras decían. “¿Cómo puede ser?” Todos nos consternamos juntos pensando en como podía ser que algo tan trivial como la muerte exista. Y que exista hasta para Paul Walker. La estrella de Hollywood. El héroe de las películas de acción. El chico de mirada afable. Hasta a él le llega la hora. Hasta para él termina la función.

Pensando luego en las conversaciones con mis compañeros. Y en todo lo que he escuchado en la televisión me he dado cuenta que la gente realmente se siente sorprendida. No tanto porque Paul Walker ha muerto. Sino porque hasta Paul Walker puede encontrar la muerte en cualquier instante. Y si él puede. Pues quizás cualquiera de nosotros también.

Esto es lo que sucede: La muerte de Paul Walker planteó en la mente (al menos de manera momentánea) la infinita fragilidad de la vida. La muerte de una estrella de Hollywood nos hizo reflexionar algunos instantes acerca de que nuestro tiempo es finito. Hasta a los ricos y famosos se les puede terminar en el cenit de su existencia. Por ende a cualquier mortal de a pié, también.

Quizás recibimos unos segundos de perspectiva y recordamos (al menos por unos momentos) que nuestro tiempo es finito.

El tiempo es finito y además es escaso. Y es precisamente la indiferencia que sentimos sobre aquella premisa la que nos mantiene en un estado catatónico. Esperando al futuro. Sintiendo y pensando que está vida (a pesar de todo lo que nos han dicho y contado) no se va a terminar nunca.

Paul nos hizo pensar en la muerte. Al menos por un instante. Al pensar en la muerte pensamos en la vida. La vida que debemos aprovechar al máximo. Porque se termina. Y se puede terminar en la cúspide de todo. Al comienzo o al final.

El tiempo de Paul fue corto. Como el tuyo. Como el mío. Así que, a vivir lo que queda y a vivirlo bien.

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Solo escribe

Solo escribe. Hasta que te canses. No importa si tu perro te esta lamiendo el pie. No importa si ella esta tirada en el sofá insolada. No importa si están pasando el último capitulo de Game Of Thrones. No importa si no se te ocurre nada. Solo escribe.

Solo escribe y acuérdate de los buenos tiempos. Hay tanto porque escribir. Quizás hay tan poco también. Quizás los temas se repiten demasiado y hasta se vuelven banales de tanto repetirlos. Puedes escribir de lo que recuerdas. Y lo mejor de todo es que puedes escribir “de la manera en que lo recuerdas”. La memoria engaña y engaña más con el paso del tiempo. Los rostros se hacen borrosos. Los gestos se pierden en la bruma. Los olores de antaño se engullen en el aire del presente. Pero recuerdas. Y eso al fin y al cabo es lo que importa. Tu primer recuerdo: El spagetti que  comiste en la sala de partos del hospital un día después de que tu hermano nació. Un recuerdo brumoso del año mil novecientos ochenta y cuatro. Puedes acordarte de más cosas. Niñez feliz. El colegio como centro de reclusión para la gente pensante. Las peleas en las que siempre perdías. La presión por mejorar. Una canción de Kiss. Juguetes. Julio Verne. La familia en la mesa del comedor. El bastón de mi abuelo. El olor del aderezo. La vida pasando con una velocidad asombrosa hasta que tu voz empezó a cambiar. Y a partir de ahí paso más rápido aún. Tu primer beso. Los viajes a sitios lejanos. La luminosidad del futuro en el que todo son esperanzas. Los partidos de futbol. La primera vez que tocaste el sexo de una mujer. El dolor del amor. La luminosidad de la juventud.

Solo escribe. Escribe de la guerra. La guerra te enseña muchas cosas. Muchas cosas acerca de ti mismo. Muchas cosas acerca de la vida misma. Muchas cosas acerca de la muerte. Solo escribe. De lo que somos. De lo que tú eres. De lo que fuiste antes de convertirte en lo que te estás convirtiendo cada segundo que pasa. Escribe de tu madre. Escribe de lo que es ser un ser humano en esta época. En este planeta. En esta vida. Escribe de tu padre y de tu relación tortuosa con él. Escribe de lo que es ser parte de la “Nueva generación” de autómatas que no piensan. Y no poder hacer nada por ello. Escribe de la estupidez y del consumismo. Escribe de las mil y un maneras en que la gente desperdicia su vida. Solo escribe.

Solo escribe. De los amigos perdidos. De los amigos ganados. De los idiomas adquiridos. De los amores terminados. Escribe y hazlo rápido porque el tiempo se agota y lo sabes. Escribe de ella. De tu amor intenso. De alguna que otra noche loca de pasión intensa. La piel de gallina. El mar que asoma por la ventana. El cuarto menguante que apunta al sur. El aire empolvado del medio oriente. El color inspiracional del amanecer. Una mezcla de cosas. Toda tu vida es una mezcla de vidas. De lugares. De sabores. De sexo. De dolor. De muerte. De colores. De situaciones. Una mezcla imposible según las estadísticas. Así que escribe de eso también.

Solo escribe. De una vez y para siempre y déjate ya de huevadas.