Salud por los años camaradas

dsc04113
Los “viejos” del grupo 

El otro día caminé 28 kilómetros. Hacía frío. Partí con mi unidad desde un asentamiento judío cerca del mar muerto(-430 metros bajo el nivel del mar) . Subímos hasta la ciudad de Ariel en Czisjordania  (706 metros sobre el nivel del mar). Un ejercicio militar de rutina que nos costó seis soldados con hipotermia y uno con una fractura de tibia.

A los 35 años caminar esa cantidad de kilómetros con más de 1000 metros de desnivel positivo y con peso, no es tarea fácil.

Hacia afuera no mostré ni el más mínimo gesto de queja que no esté dentro de las habituales frases de “esto es una mierda” y me burlé sin reparo de los que se iban quedando atrás. Los más jóvenes subían con más facilidad. De los más “viejos” yo iba adelante siempre intentando mantener el ritmo. Hasta que llegó el momento en el que sentí que mi pulso estaba por los cielos y que no podía parar de jadear como un buey después de haber jalado un arado por más de dos días seguidos.

Pensé en la ley de la vida. En el orden natural. Los viejos dan su espacio a los más jóvenes. Los jóvenes son los dueños del mundo. Los que nos empezamos a hacer viejos comenzamos a jadear como burros borrachos. Pensé en que antes dejaban a los viejos sentados al pie de un árbol esperando morir.   Pensé en todo eso durante unos cuantos segundos mientras tomaba aliento y esperaba a los rezagados .

Por primera vez en mucho tiempo sentí que había gente a la cual le era más fácil que a mí. Eso me dolió. Me rasgó el ego. Me hizo sentirme  Xavi antes de dejar el Barca. Un soldado joven se me acercó y me preguntó si estaba bien. Me dijo que se me escuchaba respirando pesado. Muy pesado.

Le dije que estaba llevando una mochila de 20 kilos y que yo peso 93 kilos. Mover una masa así demanda una mayor cantidad de energía. Yo sabía que le estaba mintiendo. Sabía que mi mochila pesaba 10 kilos. Pero no podía decirle que me estaba desmoronando en ese preciso momento y que si no paraba un par de minutos más, mi corazón iba a explotar.

Un par de horas después vi a aquel joven soldado sobre una camilla siendo evacuado con hipotermia. Y sonreí para mis adentros. Supongo que si me mirabas de reojo te dabas cuenta que estaba sonriendo. Soy una porquería, lo sé. Pero me sentí tan bien viéndolo hecho mierda  mientras que yo, después de llegar a Ariel a las tres de la mañana,  me sentía  como uno de los soldados que habían puesto la bandera en Iwo Jima después de quemar japoneses con lanzallamas.

dsc04169
Después de “tomar” la Universidad de Ariel

“Tomamos” la universidad de Ariel. Ese era el objetivo del ejercicio. “Matamos” a los de ISIS que habían “secuestrado” pseudos profesores y alumnos. Nos sentamos luego a esperar la llegada de los buses que nos tenían que llevar de vuelta a la base. Hacía mucho frío y nadie decía mucho. Yo me acurruque conmigo mismo y me puse a pensar en que hace 10 años este tipo de cosas no me eran tan difíciles. Me puse a pensar en que los años no pasan en vano. En que por más fuertes que seamos, el tiempo lo es más.

Por otro lado me sentí bien arrastrando mi cuerpo decadente colina arriba a punta de mentadas de madre mentales. Y percibí que, si bien, mi cuerpo no es el mismo de antes. Mi mente es más fuerte. Mucho más.

Entonces, salud por los años camaradas.

dsc04191
Esperando buses con frío. Ciudad de Ariel 6:00 am.

 

Anuncios

Light…

Me gusta escribir. Disfruto haciéndolo.

Hace un tiempo este blog hablaba de minimalismo.

Hace un tiempo era yo un minimalista convencido.

Lo sigo siendo, pero más light.

Más adecuado a la democracia que se debería llevar en un hogar saludable. Ya no tiro los libros. Ya no boto las tasas que sobran.

Aún así abrazo la idea de que menos es más o menos es mejor. Amo la sensación de simpleza que te da un ambiente vacío. O la tranquilidad que te da una mente sin pensamientos extra.

Disfruto de una vida simple. Simple como La Vie en Rose.

Te recomiendo que  intentes minimalizar un día.

Tratar de deshacerte de todo lo que no necesitas. De las personas que te traen abajo. De las malas canciones. De los libros que nunca volverás a leer…

Yo lo intenté y me fue bien.

 

 

 

Lima me llega

dsc03084
Plaza de Armas deLima. Atrás, la Catedrál.

En Moby Dick, Herman Melville dice cosas poéticamente obscuras sobre Lima.

“¿No es el recuerdo de sus terremotos demoledores de catedrales, ni el embate de sus frenéticos mares; ni la infecundidad de sus cielos sin lágrimas, pues que nunca producen lluvias, ni el espectáculo de sus vastos espacios donde se alzan botareles inclinados, yacentes piedras sillares y cruces terciadas (como en un astillero de tumbadas flotas ancladas), ni sus avenidas suburbanas con paredones que se apoyan los unos contra los otros como revueltos mazos de naipes, lo que hace que Lima, la sin lágrimas, sea la más extraña y triste ciudad que usted pueda ver? Ello se debe a que Lima ha tomado el velo blanco, y existe el más alto horror en esta blancura, que define su tribulación. Vieja como Pizarro, esta blancura mantiene siempre nuevas sus ruinas, no admite el jovial verdor de su decaimiento: extiende sobre sus rotos terraplenes el rígido palor de una apoplejía que fija sus propias distorsiones”

No voy a escribir un post para quejarme de Lima ni para enumerar las cosas malas que tiene. Para mí Lima es una ciudad de mierda y punto. Si no eres peruano y quieres viajar a Perú, usa Lima como punto de escala y nada más. Hazme caso, no hay nada que hacer ahí, salvo comer. Ah! eso sí, si quieres comer delicioso, quédate en Lima. Fuera de eso: Nacas.

Hace cinco años que no viajaba a Lima y casi todo el mes de Octubre lo he pasado ahí. En la casa en la que crecí con la familia que me vio nacer, crecer e irme. Me encontré con algunos amigos. A varios de ellos no los había visto por casi veinte años. Desde aquel último día de cole, allá por Diciembre del año 96.

Además de eso:

He visto más amigos. He ganado tres kilos. He perdido un amigo también. Me he enterado que hay mucha gente que conocí y  ahora están muertos.  He visto a la gente un poco más vieja. Más cansada. Muy parecida a mí que estoy cada año un poquito más viejo y más cansado. He renegado mucho. He bebido Pisco sours. He abrazado a mi abuela fuerte. He dormido en mi cuarto de la infancia junto a mi peluche Kevin. Me he encontrado con mi madre y mi hermano que vinieron desde el norte del continente para cruzar sus vacaciones con las mías. He sobrevivido al asqueroso Jet Lag.

A mi parecer Lima es abominable. No me gusta su cielo plomo. No me gusta el caos vehicular. No me gusta que se deba a jugar a la ruleta rusa cada vez que cruzas una pista. No me gusta que sea la segunda ciudad más insegura del continente (después de Caracas). No me gusta ahora y no me gustaba hace 15 años cuando me fui. La gente limeña siempre orgullosa de su urbe me decían hace quince años: ¿Por qué no te largas si tanto te jode? Pues me largué. Ahora me dicen que no tengo el derecho a opinar porque me he ido y no sé de lo que estoy hablando. Una verdadera paradoja limeña.

El Perú es demasiado bonito para desperdiciar tu tiempo en la gris y sucia Lima.

Pero mi familia y amigos viven aún en Lima. Debo pisarla de cuando en cuando y a pesar de sufrir día a día con el horroroso tráfico y hacerme el Jason Bourne para que no me asalten, debo decir que han habido muchos buenos momentos compartidos con la gente que más quiero.

Nostalgia pura diran algunos.

Puede ser.

Porque pese a la horribilidad de la ciudad, el olor del aire cuando el mar está movido no lo he sentido en ningún sitio del mundo y ese suave aroma me arrastra a la niñez y a mis primeros amores y a mis comienzos vitales. Odio Lima pero amo recordar. Y Lima me arrastra por el jardín de los recuerdos hasta el punto que no lo hace ningún otro sitio. Porque me he matado a puñete limpio en Lima. Me he enamorado hasta las lágrimas. He estudiado en un colegio de sacerdotes cerca al mar. He hecho amigos para toda la vida. He vivido en una casa cálida y familiar con la mejor gente del mundo. En resumen, he hecho todo lo que jamás haré en ningún otro lugar y con ninguna otra gente.

Recordar es volver a vivir dicen, y este Octubre he vivido mis primeros veinte años condensados.

Espero no ver a Lima un buen tiempo para dejar que la nostalgia haga lo suyo y me llame como ella sola sabe.

DSC03635.jpg
Niños a las afueras de Lima. Distrito de Pachacamac.

 

DSC03204.jpg
La famosa Costa Verde en Lima, en una foto que le hace bastante bien…

 

Lo que nos gusta

He hablado innumerables veces de que debemos de hacer lo que nos gusta.

Estoy intentando con todas mis fuerzas hacer lo que quiero (al menos la mayor cantidad del tiempo).

Soy empleado y por ende no soy independiente. Debo de venderle 8 horas al día a alguien para poder tener ganar un salario. Eso consume una tercera parte de mi día. Las otras dos “hago lo que quiero”. Es un poco mentira: Ocho horas me las paso durmiendo y así no quiera dormir, debo de hacerlo.

Bueno, esto tú ya lo sabes. Seguro te pasa lo mismo a ti (si es que estás en mi misma situación). He intentado fugarme del sistema, tratando de abrir un negocio pasivo en Internet. No me ha ido tan bien. Eso quiere decir que tengo que seguir conformándome con el dinero de mi empresa. Y con el hecho de que debo de seguir vendiéndole mi tiempo. Este blog, siendo completamente sincero, fue creado con la intención de volverse parte de un sistema de producción de dinero. Dinero que me ayudaría a liberarme del otro sistema al que estoy atado. ¿Y que haría después de que me liberase? Nada del otro mundo: Darle la vuelta al planeta tantas veces como sea posible. Conocer cuanto sea posible y reventarme hinchado de experiencias que me empujasen hasta la saciedad vital.

Ya que el negocio pasivo no funcionó. No porque no le haya puesto ganas (bueno, en verdad soy algo flojón) sino más bien porque no tengo ni la más remota idea de como hacer que las cosas funcionen en la Internet. Pues creo que me voy a conformar con hacer del blogging un buen pasatiempo. Es en lo que se ha convertido para mí, al fin y al cabo.

Empezó siendo un pasatiempo y terminó siendo un pasatiempo. Amaba escribir por escribir. Decir lo que me viniera en gana y compartir las cosas buenas que el minimalismo hizo por mí. Por mi vida. Por mi familia y por mi existencia. Luego las cosas se pusieron algo tensas cuando comencé a pensar en las estadísticas y en como rentabilizar mi trabajo. Porque un blog (si es que eres de los que no escriben un blog) es muchísimo trabajo. Es escribir el contenido. Es mantener la audiencia. Es decir las cosas que debes de decir, aunque después de un tiempo, no tengas muchas cosas que decir (no sé si me entiendes). Es editar y editar. Es corretear atrás de las estadísticas y ver una y otra vez lo que hiciste mal o lo que hiciste bien y darte cuenta si tus tropiezos de cegatón te están llevando por buen camino o no.

Convertí este blog en un blog de minimalismo porque el minimalismo es algo que ha influido demasiado para bien en mi vida. Si no has leído mucho acerca del tema y te interesa que te lo resuma, pues ahí va: Deshazte de lo superfluo, invierte tu energía en todo lo demás. La mayoría de nuestras vidas están basadas en cosas, actividades y en relaciones superfluas. Después de mi cambio minimalista he quedado con muy pocos (y muy buenos) amigos. He quedado con casi nada de cosas en casa. Pero he quedado mucho más feliz y completo que antes. Por eso me interesó que la gente lea de mis experiencias. Que a veces ese “menos es más” es el paso adecuado a dar.

El único problema acerca del minimalismo o escribir acerca del mismo, es que el tema es chico. Cuantas veces le puedes dar vueltas al mismo punto. Si eres un poco inteligente y has leido 100 posts acerca de minimalismo, te habrás dado cuenta que (al menos teóricamente) dominas bastante bien el tema. Yo leí mucho antes de aplicarlo en mi vida. Hoy, un par de años después de haberlo hecho, me puedo considerar un minimalista “experto”. Pero por más experto que sea, no puedo encontrar tópicos que no sean ya redundantes y escribir de ellos.

Hay blogs de minimalismo que sobreviven años de años. El mío lo ha hecho. Me he valido de herramientas algo tramposas como las listas o los tips repetidos y sencillamente presentados con una nueva retórica. Considero que NO puedo seguir hablando de minimalismo. Al menos no todo el tiempo. Esto ya lo dije en un post hace algunas semanas. Invertí mi tiempo últimamente en los conceptos de las microaventuras y me ha ido bien. Bien a nivel personal y bien a nivel creativo. Me siento mucho más entusiasmado de lo que tengo que contar. De lo que tengo que decir. De lo que tengo que mostrar.

Y creo que ahí reside el meollo del asunto. Ya que este no es un blog que gana dinero, al menos que sea un blog  que me produzca placer al escribirlo (y a ustedes al leerlo). Y para que eso suceda, debe ser escrito desde la vena. Desde el lugar en el cual las cosas tienen importancia y no son superfluas ni son para llenar contenido ni para que Google me encuentre más rápido. Deberían ser cosas que me inspiren a mí y que los inspiren a ustedes queridos lectores. Al fin y al cabo, todo se lo debo a ustedes.

No sé realmente cuantos de ustedes leen de manera sostenida el blog en este punto. Me ha pasado que en los últimos seis meses las estadísticas me han dejado de importar mucho menos y por alguna rara ley de Murphy tengo más visitas en el blog. No sé cuantos de ustedes lo hacen de manera rutinaria. A los que lo hacen así o a los que lo hacen asá: Gracias.

Minimum es un blog que me gusta. Me ha ayudado a producir una ingente cantidad de contenido original y no tan original. He puesto innumerables horas en su producción y edición. Me ha hecho crecer como escritor. Me ha hecho crecer como persona. Ha hecho que sea leído por gente maravillosa. Y es lindo ver que hay gente que valora realmente todo el trabajo que se le puso a todo esto (aunque sean muy pocos). Y me basta solo con haber ayudado a una sola persona para que todo esto haya valido la pena.

Minimum va a seguir existiendo en los archivos del blog. Los posts van a seguir aquí para los que quieran leerlos. No voy a quitar absolutamente nada. Tampoco estoy cerrando el blog. Estoy sencilla y llanamente cambiándole de cara.

En unos días Minimum dejara de ser Minimum y se volverá otra cosa. No estoy seguro qué aún. No voy a dejar de escribir de minimalísmo pero si voy a dejar de escribir solo de minimalísmo. Quizás el blog cambie un poco de cara. Quizás se vuelva un poco más visual. Quizás las microaventuras sean parte clave del mismo. Quizás pueda compartir otras cosas que sé (que aprendí en mi vida de no bloggero) como todo tipo de tips de campo, outdoors, deportes y demás. No lo sé.

Estoy seguro de que el cambio, a pesar de ser visualmente grande, va a ser muy pequeño en la esencia misma de las palabras que tengo que decir y que ustedes van  leer. Espero que me acompañen también en este nuevo camino. Medio irregular todavía. Sin mapa y sin derrotero fijo.

Así que volviendo al principio:

He hablado innumerables veces de que debemos de hacer lo que nos gusta.

Micro Aventura en el Valle del Ayarkon
Micro Aventura en el Valle del Ayarkon…Israel.

Mudanza

Ayer me mudé. O mejor dicho: Nos mudamos. Mi esposa, mi perro y yo nos hemos pasado de nuestro antiguo departamento a uno que está en un edificio a quince metros del anterior.

Por ende decidimos pasar las cosas sin usar una empresa de mudanzas.

Bueno según mis creencias. Soy un poco minimalista y no tengo la cantidad de cosas y cachibaches que la mayoría de gente guarda en sus casas (o al menos eso era lo que yo pensaba). La verdad es que no supe hasta ayer cuanta porquería un par de personas pueden acumular en un departamento pesé a que no son consumidoras. Pesé a que no son compradoras compulsivas. Pesé a que a simple vista parecieran que no tienen NADA.

Pues la NADA vino en forma de polvo, papeles inservibles, pelo de perro y cuarenta “paseitos” al nuevo departamento ida y vuelta llevando las “pocas” cosas que tenemos.

Suelo estar en forma. Puedo hacer lo que decida hacer (físicamente hablando) Puedo escalar. Nadar. Correr un sin fin de kilómetros. Montarme caminatas de días en el ejercito o hacer ejercicios de crossfit seis veces por semana. Pero aún con un buen estado físico la cantidad de desgaste que tuve en aquella mudanza fue brutal.

El nuevo departamento se ve tan igual como el antiguo. Pareciera que no tiene NADA dentro. Pero sé todo lo que me costó poner todo lo que ESTÁ ahí.

Así que a revisar debajo de los tapetes de ahora en adelante…:)

 

¿Soy Feliz?

Estoy entero. Miro mis brazos. Miro mis piernas. Los dedos de mis manos. Los dedos de mis pies. He podido perder alguna parte de mi en muchas circunstancias y no ha sido así. Tengo compañeros que han perdido una que otra parte. Yo no.

Estoy sano. Mi corazón late. Mi cerebro procesa la información con rapidez. Me muevo con facilidad y con celeridad. Puedo ver amaneceres y atardeceres. Puedo oler la tierra mojada después de un día de lluvia. Puedo tocar los labios rojos de ella o acariciar el lomo peludo de un amigo.

Soy fuerte. Me enfrento a “problemas” todos los días y los resuelvo y sobrevivo. Me enfrento a los años y los aguanto.  Me siento capaz de subir a la montaña más alta o de bucear a las profundidades azules de la tierra. Puedo correr con potencia. Puedo amar con ímpetu.

Estoy joven. Y no por los años. Sino porque mantengo la curiosidad por el mundo. Porque me sorprende el olor del buen café en la mañana. O me excito cada día por el olor púrpura que brota de su cabellera. Puedo ver la hermosura del vacío en un desierto en invierno. Puedo sentirme lleno flotando en las olas del mediterráneo sin nada más que no sean mis recuerdos.

Estoy hambriento. De ver. De oler. De conocer. De experimentar sobre mi mismo. De crecer. De envejecer. De fluir por la vida de la “mejor” manera. De conocer gente que vale. De vivir.

Tengo amigos. No millones. No miles. No cientos. No decenas. Quizás diez. Quizás menos aún. Morirían por mi. Yo moriría por ellos.

Tengo familia. No estoy solo en el mundo. Hay gente que me ama incondicionalmente. Hay gente a la que amo sin reparos. Hay lazos de sangre para corroborarlo. Familia. Mis mejores recuerdos están invadidos de momentos familiares. De que sirve ser feliz si no lo puedes compartir con tu familia y hacerlos felices también.

Aprecio lo que tengo. No quiero más. Es más que suficiente. Tengo todo. Tengo toda la música del mundo a mi disposición. Tengo toda la sabiduría del planeta en mi teléfono. Te tengo a ti. He puesto mis pies en varios sitios del planeta sacando lo mejor de ellos. He estado cerca de la muerte tanto que he entendido que es estar vivo. Soy inmensamente rico por el sencillo y llano hecho de que me doy cuenta cuan rico soy.

Mi vida es maravillosa. La vida es maravillosa. Cuantas variables se tuvieron que conjugar en el espacio-tiempo para que yo exista aquí y ahora. Las posibilidades de que YO existiera eran ínfimas y aquí estoy. Como no sorprenderme de eso. Como no sorprenderme cada día de que te puedo acariciar. De que puedo escuchar el viento en el desierto. De que puedo sentir el frescor del mar fortaleciéndome los músculos. Del naranja intenso del cielo. Del prodigio tecnológico que significa que puedas leer esto. Del campo de cebolla en el que caminé una noche de luna llena. De los matices del sexo. De los olores en la cocina de la abuela. De la vida a nuestro alrededor. De las yemas de mis dedos tecleando en este tablero en este preciso instante.

¿Que si soy Feliz?

Pues…Sí.