Lima me llega

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Plaza de Armas deLima. Atrás, la Catedrál.

En Moby Dick, Herman Melville dice cosas poéticamente obscuras sobre Lima.

“¿No es el recuerdo de sus terremotos demoledores de catedrales, ni el embate de sus frenéticos mares; ni la infecundidad de sus cielos sin lágrimas, pues que nunca producen lluvias, ni el espectáculo de sus vastos espacios donde se alzan botareles inclinados, yacentes piedras sillares y cruces terciadas (como en un astillero de tumbadas flotas ancladas), ni sus avenidas suburbanas con paredones que se apoyan los unos contra los otros como revueltos mazos de naipes, lo que hace que Lima, la sin lágrimas, sea la más extraña y triste ciudad que usted pueda ver? Ello se debe a que Lima ha tomado el velo blanco, y existe el más alto horror en esta blancura, que define su tribulación. Vieja como Pizarro, esta blancura mantiene siempre nuevas sus ruinas, no admite el jovial verdor de su decaimiento: extiende sobre sus rotos terraplenes el rígido palor de una apoplejía que fija sus propias distorsiones”

No voy a escribir un post para quejarme de Lima ni para enumerar las cosas malas que tiene. Para mí Lima es una ciudad de mierda y punto. Si no eres peruano y quieres viajar a Perú, usa Lima como punto de escala y nada más. Hazme caso, no hay nada que hacer ahí, salvo comer. Ah! eso sí, si quieres comer delicioso, quédate en Lima. Fuera de eso: Nacas.

Hace cinco años que no viajaba a Lima y casi todo el mes de Octubre lo he pasado ahí. En la casa en la que crecí con la familia que me vio nacer, crecer e irme. Me encontré con algunos amigos. A varios de ellos no los había visto por casi veinte años. Desde aquel último día de cole, allá por Diciembre del año 96.

Además de eso:

He visto más amigos. He ganado tres kilos. He perdido un amigo también. Me he enterado que hay mucha gente que conocí y  ahora están muertos.  He visto a la gente un poco más vieja. Más cansada. Muy parecida a mí que estoy cada año un poquito más viejo y más cansado. He renegado mucho. He bebido Pisco sours. He abrazado a mi abuela fuerte. He dormido en mi cuarto de la infancia junto a mi peluche Kevin. Me he encontrado con mi madre y mi hermano que vinieron desde el norte del continente para cruzar sus vacaciones con las mías. He sobrevivido al asqueroso Jet Lag.

A mi parecer Lima es abominable. No me gusta su cielo plomo. No me gusta el caos vehicular. No me gusta que se deba a jugar a la ruleta rusa cada vez que cruzas una pista. No me gusta que sea la segunda ciudad más insegura del continente (después de Caracas). No me gusta ahora y no me gustaba hace 15 años cuando me fui. La gente limeña siempre orgullosa de su urbe me decían hace quince años: ¿Por qué no te largas si tanto te jode? Pues me largué. Ahora me dicen que no tengo el derecho a opinar porque me he ido y no sé de lo que estoy hablando. Una verdadera paradoja limeña.

El Perú es demasiado bonito para desperdiciar tu tiempo en la gris y sucia Lima.

Pero mi familia y amigos viven aún en Lima. Debo pisarla de cuando en cuando y a pesar de sufrir día a día con el horroroso tráfico y hacerme el Jason Bourne para que no me asalten, debo decir que han habido muchos buenos momentos compartidos con la gente que más quiero.

Nostalgia pura diran algunos.

Puede ser.

Porque pese a la horribilidad de la ciudad, el olor del aire cuando el mar está movido no lo he sentido en ningún sitio del mundo y ese suave aroma me arrastra a la niñez y a mis primeros amores y a mis comienzos vitales. Odio Lima pero amo recordar. Y Lima me arrastra por el jardín de los recuerdos hasta el punto que no lo hace ningún otro sitio. Porque me he matado a puñete limpio en Lima. Me he enamorado hasta las lágrimas. He estudiado en un colegio de sacerdotes cerca al mar. He hecho amigos para toda la vida. He vivido en una casa cálida y familiar con la mejor gente del mundo. En resumen, he hecho todo lo que jamás haré en ningún otro lugar y con ninguna otra gente.

Recordar es volver a vivir dicen, y este Octubre he vivido mis primeros veinte años condensados.

Espero no ver a Lima un buen tiempo para dejar que la nostalgia haga lo suyo y me llame como ella sola sabe.

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Niños a las afueras de Lima. Distrito de Pachacamac.

 

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La famosa Costa Verde en Lima, en una foto que le hace bastante bien…

 

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Un despatriado

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Última foto que le tomé a Machu Picchu en el 2004. Los archivos digitales son más grandes ahora. Tanto que da vergüenza mostrar una foto de 2 megapixeles…. 🙂

 

No soy muy aficionado al calor. Prefiero el frío. Aún así, este verano para mí ha sido el más insoportable de todos. No sé si es el calentamiento global o soy yo el que se está haciendo viejo. Pero siento que me ahogo. Como un goldfish fuera de la pecera.

El año pasado en estás épocas estaba con mi esposa en los Pirineos.Disfrutando del aire límpio de la montaña. Este año estoy aquí (en Tel Aviv) con calor.

Viajamos el próximo mes a Perú. No sé si a las montañas, pero estoy seguro que la temperatura va a estar mucho más agradable que aquí.

Tengo 35 años. Me gusta tomar fotos que nadie ve. Me gusta escribir cosas que nadie lee. En unas semanas me voy de viaje al otro lado del mundo. Por casi un mes al país que me vio nacer y por el cual no siento ningún afecto.

Tampoco le tengo mucho afecto  a Israel. Lo siento como el lugar en el que vivo. He conocido gente maravillosa. Pero hay tantos problemas. Tanta tensión. Tanto odio. Tanta incertidumbre que te es imposible sentirte tranquilo o como en casa.

Creo que me siento un ciudadano del mundo. Me jode cuando ISIS explota  Paris o cuando vuelan medio Alepo. Odio cuando los palestinos le disparan cohetes a civiles israelíes y el mundo no dice nada. Aunque aborrezco la muerte de niños palestinos dentro de lo que se conoce como daños colaterales y nadie tampoco hace nada.

Me molestan muchas cosas que pasan alrededor del mundo. Y me siento conectado con la mayoría del planeta. Pero no tengo una identidad nacional. No soy un patriota. Ni beso una bandera. No en el medio oriente. No en sudamerica. No en Europa. No en Norteamerica. Sencilla y llanamente no me siento parte de.

Quizás me siento así porque tengo mucho calor. Y cuando tengo mucho calor me quiero ir de Israel y vivir en Islandia. Todos los años me pasa. En el verano es cuando peor me siento en Israel. Mucho calor y mucha guerra. Me ha tocado ir a tres guerras. Dos de ellas en el verano. Quizás por ello estoy traumado.

Puede ser…

Al Perú no lo quiero porque me robaban. O me querían robar todo el tiempo. No lo quiero por la corrupción. Por la falta de educación de la gente. No es que yo sea educado, pero me doy cuenta que no lo soy y hago lo posible para mejorarlo. No quiero al Perú porque tienen la mentalidad en el siglo XIX. Que si violan a una chica es la culpa de ella (de la chica) por vestirse con minifalda. Por provocar. Nop, eso no lo puedo aguantar. Por eso, apenas pude puse las patitas en un avión y me fuí de ahí para siempre. Y no deseo  volver jamás… a vivir.

Pero ahora vuelvo. No a vivir, sino a visitar. A los que quedan. A la gente que al cabo de los años se ha vuelto irreconocible porque toda una vida nos ha pasado a todos por encima. Los muchachos que deje están más gordos y calvos. Las chicas que bese son madres de familia de muchos retoños.  Las discotecas en las que baile están “pasadas de moda” o ya no existen. Los precios que disfrute se fueron a la mierda y ahora todo es mucho más caro. La vida que viví ahí ha desaparecido por completo.

No soy muy nostálgico. Pero sé que recorriendo algunas calles de Lima voy a sentir ganas de llorar por lo mucho que han cambiado. Salí del perú hace 14 años. He vivido en dos países desde entonces. He perdido mi identidad nacional y me he convertido en la cosa que soy: Un despatriado. Un fotógrafo mediocre. Un veterano. Un escritor que aburre. Un esposo en el sofá viendo Netflix.Un barbudo con tatuajes que camina en medio de Tel Aviv sin sentirse en casa. Un huevón que toma vino blanco chileno, pese a ser peruano,  en el medio del medio oriente.

 

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 Última foto en Tel Aviv (ayer en la tarde). Desde mi teléfono LG4… Cómo avanzó la tecnología en estos últimos años!!!

 

 

80s: Duraznos, fajos de billetes, amores infantiles y apagones…

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Mis duraznos…

Cuando era niño comerme duraznos en conserva era un lujo.

En los años 80s el Perú era un país inestable política y económicamente hablando. Los duraznos me gustaban mucho. Aunque subían de precio cada día. Era feo ser un niño enamorado de los duraznos en un país en el que no sabes si al día siguiente habría pan para comer o leche para tomar. No eramos pobres. No eramos ricos. Éramos la clase media y estábamos jodidos.

La moneda se devaluaba tanto que mi padre venía con bolsas llenas de dinero. Así cobraba el sueldo. Yo pensaba que era millonario. No lo era. Un día me dijo que sacara todas las bolsas que tenía guardadas debajo de la cama. Sacó un fajo de billetes y los quemó en el jardín sonriendo. Aquel mismo día aquel fajo había dejado de valer nada. Nunca olvidaré su rostro mientras lo quemaba.

A los seis o siete años me enamoré de una niña en el colegio. Era mucho más alta que yo. No solo los duraznos huían de mí. También lo hacían las niñas que me gustaban. Aquella muchacha  se fijaba en mí mientras me iba a multiplicar a la pizarra.Su mirada me quemaba en la espalda. Nunca me equivoqué en ninguna multiplicación sólo para impresionarla. No funcionó.

Había también una guerrilla Marxista-Maoísta-Leninista llamada Sendero Luminoso. Y otra llamada MRTA (Movimiento revolucionario Tupac Amaru).Mataron a mucha gente. A muchos policías. A muchos militares. A mucha gente inocente. La represión del estado no se hizo esperar y se generaron setenta mil muertos en una guerra interna que duró casi 20 años. Crecí con apagones  mientras las torres de alta tensión eran voladas casi a diario y mientras se escuchaban los bombazos a lo lejos. Crecí con mi padre y sus granadas al lado. Sus pistolas y su paranoia justificada. Crecí deseando aquellos putos duraznos en almíbar transparente y viscoso. Pero eran caros y los fajos de billetes de mi viejo no alcanzaban para nada y al día siguiente alcanzaban para menos aún. Hiperinflación le llaman. El Perú alcanzó la irrisoria suma de 7000% de inflación anual en 1990.

Yo quería comer duraznos y que la niña me haga caso. No me importaban ni los maoístas ni los números que salían en la tele. Ni tampoco me importaban los ministros que lloraban en vivo. Ni tampoco los amigos de mi viejo que morían a borbotones. Veía lo que pasaba pero era un niño. Un niño que solo veía las cosas buenas. El universo de la delicia en una  lata de conserva o el amor entero de la humanidad en los ojos acuosos de una niña que me amaba en silencio.

 

 

Mario Vargas Llosa, el escritor, la sociedad, la educación y porque odio mi colegio

Muestra de la cucufatería de una congresista peruana. Insinuando que el apoyo de Vargas Llosa al aborto, está directamente relacionado con el hecho de que le fue infiel a su mujer. En este caso a su primera mujer: Su tía política Julia Urresti.

Mi mamá me dijo que cuando termine el colegio lo iba a extrañar el resto de mi vida.

Yo tenía ocho o nueve años en aquel momento. El colegio no me gustaba. Pero como mi mamá decía que lo extrañaría, pensé que en algún momento de los años venideros, me enamoraría de él.

Eso nunca paso.

Mi época escolar es el tiempo más abominable que he vivido hasta hoy. Yo empecé a ser yo, solo cuando dejé el colegio atrás.

Muchos de mis amigos recuerdan la época escolar como Sus Años Maravillosos. Cuando recuerdan su primer beso o la primera tomada de mano con alguna chiquilla entre aula y aula. Entre clase y clase. Cual Kevin Arnold mientras una voz en off cuenta lo increíble de la experiencia. Muchos recuerdan el colegio como un lugar casi celestial y recuerdan a los profesores como unos segundos padres. Unos pedagogos que malearon su carácter y su manera de ser. Cual Platón en su Academia influenciando en las mentes de los mozos atenienses de la época.

Para mí. Los Años Maravillosos fueron una serie televisiva que en nada se parecía a mi vida en el colegio. Era el menor de la clase. Era un debilucho, enclenque y enano. Era pacífico. Era infantil. Las niñas me rechazaban todas. Las que tenían buenos modales, me decían que quizás en algunos años, cuando crezca un poco. Porque yo les llegaba a los pezones y de ahí no pasaba. Y ellas se reían a escondidillas cuando les mandaba alguna carta desconsolada haciendo mis primeros pininos  como escritor. Para mí, los profesores fueron unos monstruos abusivos. Unos burócratas que repetían lo que decía la enciclopedia Escuela Nueva que era la que daba el estado peruano a todos los colegios. Y por ende año tras año leías y releías el mismo libro con la única diferencia que cambiaba de color y aumentaban uno que otro tema en matemáticas, en física y en química. Historia siempre quedaba igual.

Siempre me interesé en el porque de las cosas. Y precisamente por eso, los profesores me odiaban. No soportaban que dudara de la veracidad de hechos que con tan ardua exactitud te brindaba la enciclopedia Escuela Nueva. Les jodía que alguien se aburra en su clase pero la hacían aburrida hasta morir. En la secundaria escribí un ensayo sobre el terrorismo en el Perú. Mi profesora de literatura lloró frente a la clase leyéndolo. Lloró porque estaba embarazada y al parecer tenía las hormonas revueltas. Me dijo que tenía que escribir. Que eso era lo mío. Pese a que es la única profesora de la que tengo un buen recuerdo, no le hice caso, como no le hice caso a ninguno de mis profesores. Todos decían que yo era un pobre diablo inmaduro. Pero muy dentro de mí, sabía que los pobres diablos eran ellos. Enseñando cosas sin ganas. Repitiendo de memoria lo que estaba escrito en syllabus del año.

Pobres inútiles.

La cultura en mi país de nacimiento está como está porque nunca se ha invertido en la educación. Y si te quieres educar lo tienes que hacer por tu cuenta. En tus horas libres. Aprender un idioma nuevo por tu cuenta. Ampliar la cantidad de libros que lees por tu cuenta. Desarrollar tu sentido crítico por tu cuenta. Todo es por tu cuenta y con tu plata (o la de tus viejos). El sistema educativo estatal y el particular solo hacen de guarderías para los niños. Para que los padres trabajen y no tenga que preocuparse donde diantres dejarlos. No aprendí nada en el colegio. Salvo a pelear con chicos mucho más grandes que yo. Y a ser rechazado por chicas mucho más grandes que yo. Aprendí que la mayoría es una especie rebaño siguiendo todo lo que le dan a seguir. Sin preguntar ¿por qué? ¿Para qué?

Todas estás sensaciones y recuerdos brotaron de lo más profundo de mí cuando vi el lío en el que se había metido  Mario Vargas Llosa. La revista Hola lo jodió con unas fotos fuera de lugar. El Perú se olvidó de la economía. De los friajes. Del presidente corrupto. De la primera dama a la que le encanta vestirse con Oscar de la Renta. De la inflación. De la subida del dolar. Para hacer mierda (todos juntos como una buena nación) al escribidor infiel.

Como respuesta a tal insufrible cargamontón Mario (lindo nombre) Vargas Llosa le escribió una carta a todos los peruanos diciendo que son unos cacasenos por inmiscuirse en su vida privada.

Lo cito textualmente:

“Con todo respeto a los peruanos que me critican, les respondo que son unos metiches graduados, unas Ña Catitas con ventana, antiapóstatas beligerantes y una horda vorágine de cacasenos sin vida propia”

Eso le escribió a su propio pueblo. A la gente que nació en el terruño que lo vio nacer  a él también.

Para muestra otro botón:

“Mequetrefes, insanos, ah, mercenarios de la moral. Todos ellos trafican con la vida privada y los peores son los consumidores de esa sociedad del espectáculo. Ahora yo soy la caca de elefante, exhibida en un diario de cincuenta centavos. Ojalá que por lo menos algún joven o niño se interese por mis obras y finalmente me juzguen por ellas y no por lo que hago o dejo de hacer en el catre”

¿Y saben qué?

El tipo tiene razón. La cultura está tan deformada en el Perú y la educación de la gente tan retorcida que la nación entera se rasga las vestiduras porque un escritor de 80 años se ha separado de su mujer que también es su prima hermana para estar con Isabel Preysler, madre de Enrique Iglesias. Ex de Julio.

Cuando escuché la noticia de que Vargas Llosa salía con alguien diferente a su mujer de tanto tiempo, sonreí. Sonreí porque el tío hace lo que le da la gana y parece haberse dado cuenta que vivimos una sola vez y hay que hacer lo que hay que hacer.

Por otro lado sentí asco al ver como toda la prensa amarillista del Perú. De Lima y balnearios  y de cualquier otro huarique nacional, hicieron mierda al único premio Nobel peruano por el hecho de tener una relación con una mujer que no era su esposa.

Y esa capacidad cacasena de pensar se la debemos a los colegios de Lima que nunca jamás nos enseñaron a pensar. Nos enseñaron a seguir y a obedecer ordenes y a vivir en la doble moral de que si no te encuentran, pues todo bien. Dios perdona el pecado pero no el escándalo. Pero si te encuentran haciendo algo fuera de lo permitido te crucifican en una clase de primaria o de secundaria o de Universidad y no importa si ganaste el Nobel o no y se lo dedicaste a tu país. Igual te van a hacer mierda porque te lo mereces. Porque no eres lo que ellos esperaban de ti. No seguiste al rebaño como te enseñaron que deberías hacerlo.

Si lees esto mamá: Te quiero mucho pero NO. No extraño el colegio. Aborrezco los recuerdos que tengo de él. Aborrezco cada cosa idiota que me enseñaron. Aborrezco la estupidización a la que quisieron someterme y de la cual Lord Byron, Dickens y Kundera me libraron en su debido momento. Si no fuera por ellos, sabe dios. Ahorita estaría loquito en la casa, enojado con Vargas Llosa por hacer lo que le da la gana.

Fe de erratas 1: Al parecer, la carta de Mario Vargas Llosa al pueblo peruano es apócrifa. Una rumiante ironía de nuestros amigos de La Mula.com. El hecho  de que la carta no sea verdadera no disminuye ni un poquito la tendencia al raje y al maleteo de la sociedad limeña. Y al preciso hecho que se rasgan las vestiduras por lo que hace un hombre de 80 años. Hoy he vuelto a ver como el decano de la prensa nacional sigue publicando más fotos de la revista ¡Hola!. Gracias El Comercio por entregarnos siempre, contenido de alta calidad.

Fe de erratas 2: Use la palabra escribidor como sinónimo de escritor. Cuando es un antónimo. Gracias a un compañero de caminatas de antaño caí en cuenta de aquel error garrafal. Estando en la épocas en que puedes escribir y publicar lo que te da la gana sin que nadie te lo edite, tener un amigo así hace que las cosas sean más fáciles para mí. Gracias nuevamente.

Nostalgia

Estamos alejados. Mi relación con ella nunca fue de lo mejor. La gente solía criticarme. Me decían que si no la quería era como si no quisiese a mi propia madre. Mi madre también me criticaba por eso. Hace once años que la dejé. Hace once años que en muchos aspectos no he dejado de añorarla. Pero así es la vida. Con la distancia nace la nostalgia y ya soy poco objetivo. Mis sentimientos por ella se han vuelto borrosos. Se han extinguido de mi carcasa. La tierra que me vio nacer ha dejado de ser para mí lo que debería: Una patria.

Sé que quizás las cosas que escribo suenen algo tontas o inmaduras o en el peor de los casos hasta traicioneras. Pero no amigos peruanos. No soy un traidor. Solo soy un expatriado. Soy un tipo que perdió el vinculo con la tierra que lo vio nacer para bien o para mal. Hay momentos en los que aún soy “un peruano” de corazón. Por ejemplo: Cuando juega la selección. Cuando Vargas Llosa se gana un Nobel o cuando Ivan Thais critica la “Papa a la Huancaína”. Hay otros momentos en los cuales me siento tan lejos de mi peruanidad que me siento un ciudadano del mundo sin hogar fijo y sin refugio. Por ejemplo cuando Ollanta habla huevadas o Nadine es voceada para ser presidente o Fujimori habla de indultos o la Herradura se queda “nuevamente” sin arena. En esos momentos siento vergüenza ajena y me quiero “eyectar” automáticamente de mi identidad nacional. Hay muchos momentos en los cuales sencilla y llanamente “no me siento parte de…” . Por ejemplo: Cuando la gente habla de “Combate” y “Esto es Guerra” o de las pachotadas que sigue diciendo Carlos Cacho. Ahí si mi cordón umbilical con el aguaje, la quinua, las alpacas, la costa, la sierra y la selva, se va directamente a la mierda.

No suelo vivir pegado a la realidad de Perú. No soy un peruano fanático de lo que pasa en Lima. No leo los periódicos peruanos todos los días. Es más: Cada vez me importa menos lo que pasa por allá. ¿Y saben que? Duele no ser “Parte de…”. Es el precio que pagamos los que nos hemos ido “para siempre”. Perder el cariño de tu tierra y no ganar el cariño materno de otra. Porque como dicen: Madre hay una sola. Y en este caso mi “madre” esta lejos lejos y yo tengo una sarta de sentimientos encontrados cuando pienso en ella.

Hay momentos en los que me toca discutir con algún chileno sobre la nacionalidad del Pisco y bueno lo defiendo como si fuera una patente mía. Aunque siendo sincero después de tantos años afuera. Cualquier tipo que hable español pasa a ser tu connacional así haya nacido en Santiago y tú en Lima. Es algo que logra la distancia también. Te enseña a ver las cosas con la perspectiva idónea. Los “Sudacas” somos todos lo mismo y por ende nuestras nacionalidades se diluyen de a poquitos y dan paso a una especie de comunidad sudamericana que al fin y al cabo es lo que realmente somos.

Escribo esto porque estoy pensando en mi país. Escribo esto porque me importa. Acabo de leer un titular acerca de que Carlos Alcantara teme que lo secuestren porque su película es muy exitosa. No me jodan. Eso es un titular del “decano” de la prensa nacional. Repaso los titulares en los periódicos y lo único que siento es algo de pena (y nauseas) por una sociedad mal informada a propósito. No dejemos de lado que te llenan los titulares con culos. ¿Culos? Sí. Mujeres desnudas para llamar la atención del “lector”. Sin palabras. Al comenzar este párrafo quise escribir algo entrañable y bonito hacia mi país y hacia mi gente. Entré a la pagina de “El Comercio” y se me revolvió el hígado y ya perdí la inspiración. ¿Se dan cuenta de lo que me pasa con algunas cosas en mi terruño?

Joder este post no tiene ni pies ni cabeza. Está tan enredado como mis sentimientos por el calor de Chiclayo, las arenas de Máncora, los balcones del centro de Lima, las nieves de Huaráz, la selva del Manu, el lago navegable más alto del mundo, el cañón más profundo del planeta, el Cóndor Pasa, la chicha morada, la maldita boa, el suspiro limeño, el Cuzco, el Misti, el Pisco (que se jodan los chilenos amigos), La Ciudad y los Perros, Jaime Bayly, La incontrastable, la ocopa, el ceviche, el mote, las conchas negras, las chicas alegres, los muñecos de año nuevo, el barrio de Magdalena, la criollada, la gente buena, los goles del chorri, los políticos de mierda, los choros de la Javier prado, la quinua, la kiwicha (que es la comida de la NASA), los buses de dos pisos, los manglares, las cucardas, Los Heraldos Negros, los comunistas de antaño, los terrucos locos, el mate de coca, los buenos amigos, las pichanguitas, Trampolin a la Fama, la rica Pilsén Callao, la punta y el Cantolao, el olor del mar, la neblina panza de burro, Bryce, la mazamorra, los tamáles de la tía de la vuelta, el frijol colado de la morena, la causa a la limeña, el raffting en el Apurimac, el camello Soto, el gol del Beto Carranza en cerro de Pasco, los andes, los andenes, el olor de la pachamanca, las ruinas de Chavin de Huantar, las Malcriadas del Trome, la U, la clasica toda la marinajavierpradobenavideshigueretaterminalllll, función estelar, juguete de motta, el Panetón, el chocotón, la nieve artificial en navidad, la pampa de la quinua, el jockey club, mi viejo, la lúcuma, los truenos de Iquitos, el Foker, los compañeros del colegio, los amigos de siempre, la gelatina royal y tu chancay de a veinte….

Esa es mi tierra. Así es mi Perú.