De un tiempo a esta parte

Hace unos meses atrás opté voluntariamente por tener menos cosas. Fui deshaciéndome poco a poco de uno que otro cachibache, de una que otra prenda de vestir, de una que otra parte de mi vajilla, de uno que otro gasto innecesario. Y con la perspectiva que  solo te puede dar el tiempo, miro a mi alrededor y veo cuanto realmente hemos cambiado de a poquitos y sin apurarnos. Por ejemplo:

  • Salidas a comer: Antes al menos una o dos veces a la semana salíamos a comer a algún restaurante. O en su contrario hacíamos algún pedido a la casa. Además en mi día  a día solía (en las horas de trabajo) comer una hamburguesa por aquí, que un cafecito por acá y así sucesivamente. Hoy no hemos eliminado al cien por ciento las salidas a comer (salir a comer tiene su encanto) pero sí las hemos disminuido notablemente. Además de eso he cortado en un casi cien por ciento mis “comiditas” diarias en las horas del trabajo. Cómo solo lo que me llevo de casa preparado. Cómo más sano y me ahorro una buena pasta.
  • Salidas al cine: Donde vivo el cine es caro. Muy caro. Hace un año solíamos ir al cine una vez por semana. Era un gasto considerable si se le sumaba el pop corn y las bebidas. Hoy, las salidas al cine han sido completamente canceladas y las hemos reemplazado por el cine en casa. Más cómodo, infinitamente más barato y te puedes parar para ir al baño cuando quieras. Pero como en todo en esta vida, los extremos y extremismos nunca son positivos así que nos damos permiso para ir al cine para ver una película como “Gravity” por ejemplo. Que si no se viera en la pantalla grande y en tercera dimensión perdería toda su razón de ser.
  • Televisión por cable: Bueno ya hablé de esto en el post anterior así que solo me queda decir que la cancelamos y somos más felices.
  • Ejercicio pagado: Antes iba a boxear a un gimnasio. Me encantaba. Regresaba molido a palos a casa y me sentía Brad Pitt en “The Fight Club” el único problema es que pagaba cien dólares mensuales para que me peguen y para pegarle a alguien. Descubrí al mismo tiempo que lo que me atraía era el hecho de que llegaba exprimido a casa. Sentía que realmente había trabajado al máximo. Pero siguiendo con los recortes. Lo recorté con el dolor de mi alma y de mis puños. Así que busqué un reemplazo y encontré el Crossfit. Lo bueno de este tipo de ejercicios es que puedes pagar por ellos en un “Box” de Crossfit o hacerlos de gratis en tu casa o en el parque. Así que me decidí por lo segundo. Los hago gratis. Mejoro cada semana. Termino completamente molido y sonriendo estúpidamente como Edward Norton en “The fight Club”.
  • Paseos todos los fines de semana: Nos encanta pasear. Trekking, Hiking, en auto o como sea. Antes solíamos salir todos los fines de semana de paseo. Tomábamos el auto temprano y nos íbamos a alguna reserva natural, al desierto o al bosque y pasábamos el día de una manera sana y divertida. Pero como todo en esta vida, las mejores diversiones son las que más cuestan. Y el solo hecho de viajar cuatrocientos km todos los fines de semana nos terminó por reventar la billetera. Además de que en un país tan pequeño como Israel, al cabo de un año a ese ritmo, lo terminamos conociendo prácticamente todo. No hay casi una reserva natural o sendero de hiking que no conozcamos. Así que hemos decidido racionalizar los paseos a uno “excelente” una vez por mes.
  • Ropa: Nunca hemos sido grandes compradores de ropa pero ahora compramos mucho menos. Esta semana compre un par de zapatillas Salomon que sirven tanto para el deporte como para el tipo de trabajo Pseudo táctico que realizo. Así maté dos pájaros de un tiro. Fuera de eso. No me he comprado ropa en un año y medio o quizás un poco más.
  • Horas de trabajo: Al haber disminuido drásticamente nuestros gastos, ahorramos más, al ahorrar más tenemos tranquilidad y al estar tranquilos (monetariamente hablando) podemos decidir cuanto trabajar. Antes trabajaba seis días por semana en uno de esos días trabajaba doce horas. Además de estar disponible por teléfono las horas en las que estaba en casa. Hoy trabajo cinco días a la semana, ocho horas por día. Ni un minuto más. Mi vida no es mi trabajo, sino lo que pasa antes y después de él. Trato de no responder llamadas de la oficina en las horas que estoy en casa. Tampoco leo los correos electrónicos que no llegan en horario de oficina. Así tengo mucho más tiempo para mi y para lo que quiero hacer. No importa si lo que quiero hacer es dormir a las cuatro de la tarde. Si es lo que quiero lo hago. Tengo tiempo para entrenar. Para escribir. Para estar con mi esposa. Para pensar. Para meditar. Para cocinar y para dormir ocho horas todas las noches.
  • Limpieza y orden: Esto es simple de entender. Al tener menos cosas, menos cosas tienes que limpiar y mantener en orden. Hace un año nuestro departamento era mucho, muchísimo más desordenado de lo que es ahora. Hoy por hoy todo está en su sitio. El departamento ventilado. Con buena luz. En una tranquila simpleza.

Y bueno después de esta pequeña introspección he llegado a la conclusión de que tener menos cosas ha influenciado en mi entendimiendo de lo que es felicidad, riqueza, diversión, tranquilidad, desarrollo. Ha cambiado mis conceptos sobre la cantidad de tecnología, comida, ropa, “diversión” que necesitamos para “realmente” sentirnos satisfechos.

Al fin y al cabo he aprendido a sentirme “satisfecho” con lo que tengo y con lo que hay y he aprendido a agradecer por tenerlo.

En resumen: Minimalizar te hace bien a ti, a tu casa y a tu billetera 🙂

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Simplificando hábitos

Simplificar. Simplificar no es eliminar. No es limpiar. No necesariamente es deshacerse de algo. De alguien. De un mal habito. Puede serlo pero necesariamente lo es.

No. Simplificar sencilla y llanamente significa hacer las cosas más simples. Simple. La vida puede ser resumida a una simpleza casi utópica o en su contrario puede volverse un enredo de magnitudes galácticas. Todo al fin y al cabo depende de “tu punto de vista”. Uno de nuestros principales problemas vitales es el de no poder controlar nuestro “punto de vista”. Nuestro “punto de vista” está formado por todo lo que hemos aprendido. Desde lo que nos han enseñado nuestros padres desde que nacimos. Hasta lo que vemos hoy día en los muros de nuestros amigos en Facebook. Es algo que está en constante evolución. Al menos en parte.

Pensemos que se trata de una pirámide. En la que las rocas más grandes y pesadas se encuentran en la base misma. Llamemos a esa base nuestra infancia. Lo que papá y mamá. Tíos y tías te dijeron en tu primera infancia. Las reprimendas. Los elogios. A veces los golpes o en su lugar las caricias son los primeros formadores de una personalidad incipiente que sirve de base al resto de nuestro aprendizaje vital. En la infancia somos “programados” para ser como somos. Para pensar como pensamos. Para sentir como sentimos. Luego nos dedicamos a adquirir información (la parte alta de nuestra pirámide). De nuestro entorno. De los medios de comunicación (televisión, radio, internet) De las personas con la que te relacionas día a día en la escuela. En la zona en la que vives. En los trabajos en los que te desenvuelves.

Gran parte de los hábitos adquiridos durante este “aprendizaje” son parte de nuestra “forma de ser” cotidiana. Vivimos con hábitos que arrastramos desde nuestra primera infancia. Con ellos nos desenvolvemos hoy. Con ellos solemos afrontar los problemas de deudas. De pareja. Laborales y un largo etc. Nuestras más antiguas herramientas vitales son lo que en algún instante de nuestra infancia aprendimos o escuchamos de alguna de las personas mayores que nos rodeaban (y no necesariamente tiene que ser cierto o válido lo que nos dijo) y con ellas trabajamos hoy. Gracias  a esto podemos entender ahora cuando nos preguntamos: ” ¿Y yo que estoy haciendo mal?” y realmente no entendemos que ha veces las cosas salgan mal aplicando lo que supuéstamente esta bien. Todo  “debería”estar bien. Pero no es así.

Así vuelvo a la primera palabra de este post: “Simplificar”.  ¿Quieres una vida más “feliz”? : Simplifica. Simplifica hábitos dañinos. (la mayoría los conoces: Beber en exceso. Fumar. Comer mal y en exceso. Hablar mal del resto. Y un largo etc. que no vale la pena enumerar aquí) Pero hay otros que sencilla y llanamente están ahí dentro de ti. Piensas que están bien para ti y para el resto porque fue lo que te enseñaron pero en verdad son hábitos dañinos que te generan dolor gratis a ti y a los demás. Para simplificar estos hábitos de nuestras vidas tenemos que hacer un esfuerzo consciente de entender que tal o cual hábito es dañino para mí o no. El secreto es ser consciente de que estos hábitos nocivos que existen en nosotros y a veces forman parte importante de nuestro modo de ser o de nuestra personalidad.  Unos ejemplos: El  inconformismo excesivo. El desear más y mejor en extremo. El clasificar a la gente por lo que tiene. El no vivir el presente y pensar más en el futuro y en el pasado. El no apreciar realmente lo que se tiene. El esperar que todo “sea perfecto”.  El creer que “el sueño americano” (casa hermosa, carro del año, dos hijos con pelo castaño, un buen jardín) es el ingrediente primordial de la felicidad. Y muchos más.

Aprendiendo a simplificar hábitos dañinos y además  adquiriendo otros nuevos que pueden ayudarnos a mejorar (comenzar a hacer algún deporte, leer, escribir, o simplemente aprender a contemplar) podemos sin mayor esfuerzo cambiar nuestro “punto de vista” vital. Al cambiarlo la vida es si misma adquiere matices completamente nuevos. Muchos de ellos hermosos.

¿Parece difícil?. Lo es. Al menos al principio.

¿Que si se puede hacer?. Claro que sí.

Yo lo he hecho y lo sigo haciendo. De a poquitos pero contaste. Un hábito a la vez. Como una garúa de Junio en Lima.